7 de agosto de 2016

Rasgos básicos de la religión griega de la antigüedad


La mayoría de los griegos de la antigüedad tomaban la existencia de sus dioses como algo garantizado y, por tanto, no requerían ni credo ni dogma. El lugar de la fe lo cubría el mito y el ritual, lo que implicaba una actitud más que una convicción. La religión griega ofrecía, entonces, escasa guía en la conducta y precaria explicación acerca del ordenamiento del mundo. Para responder a estos aspectos se recurrió a la filosofía. Muy pocos griegos podrían haber sido tildados de ateístas, salvo quizá el caso de Diágoras de Melos. Sócrates, hay que recordarlo, no fue, en realidad, acusado de ateísta, sino de no participar en los festivales mayores. Sí hubo muchos agnósticos, del tipo Protágoras, por ejemplo.
Aunque los dioses presidían todo tipo de asuntos humanos, su interés por tales era reducido. La buena voluntad de los dioses dependía del sacrifico que recibían. Arrogantes, crueles y hasta teatreros, los dioses olímpicos, por ejemplo, fueron descritos como sobrehumanos en poder pero infrahumanos en moral. Pero no eran ni buenos ni malos en sí mismos, sino que constituían una inestable combinación de ambos elementos.
La diferencia con el Dios neotestamentario, entendido desde esta perspectiva como un inofensivo trabajador social de género indeterminado, es casi absoluta. Los olímpicos cuidaban poco de la humanidad, con la que mantenían una relación bastante distante. No puede haber amistad entre dioses y humanos porque no hay intercambio mutuo de sentimientos. Se dirá, sin embargo, que una afinidad unía a Odiseo con Atenea, o a Hipólito con Afrodita (en el Hipólito de Eurípides), pero el primero sufrió una temible enemistad con Poseidón y el segundo con la propia diosa a lo largo del desarrollo de la tragedia.
Aunque los dioses eran antropomórficos, en origen encarnaban aspectos del mundo natural y de la psique humana. La primera generación de olímpicos (Hera al margen), es decir Zeus, Deméter, Poseidón, Hestia y Hades, personificaban fuerzas de la naturaleza, en tanto que la segunda generación, Hefaistos, Ares, Atenea, Hermes, Apolo, Artemis y Afrodita, representaban atributos humanos. Eso sí, no hubo un Príncipe de la Oscuridad a quien temer.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP, Granada. Agosto 2016