Imágenes,
de arriba hacia abajo: estela neohitita con escena de banquete, de
Marash. Siglo IX a.e.c.; estatua del rey Tarhunza, del reino de
Malatya; base de columna con dos esfinges en Zincirli (Sam'al),
datada en el siglo VIII a.e.c.; figura sedente neohitita o aramea,
datada entre los siglos X y VIII a.e.c.; relieve neohitita de
Karkemish, datado en el siglo VIII a.e.c.; panorámica del yacimiento
de la ciudad hitita y neohitita de Kultepe; ortostato con relieve del
reino de Malatya y; mapa de algunos Estados neohititas. Los reinos
luvitas, reinos luvio-arameos o reinos sirio-hititas (en la
historiografía tradicional neohititas); Estados surgidos después de
la caída del imperio Hitita en 1200 a.e.c.
Estos reinos o
principados, que los asirios denominaron como hattayu y hattu,
y los hebreos htym, conformaron núcleos de población con una
reducida relevancia política y con no muy amplia extensión
territorial, que mantuvieron una parte de las características
culturales hititas en la Siria septentrional. Los territorios al
norte de las montañas del Anti Tauro y el Amanus, que formaran parte
del imperio de Hatti desde una perspectiva política, contaron con
una población luwita y un componente hurrita bastante amplio, en
tanto que los estados meridionales a partir de esta referencia
geográfica, que habían sido reinos dependientes del imperio hitita
(siglos XV al XIII a.e.c.), mantenían una población semita con
algunos grupos étnicos hurritas, así como una clase dirigente de
luwitas e hititas, en particular, militares, funcionarios de palacio
y gobernantes.
La formación de
estos estados tiene como fundamento la expansión territorial del
Imperio hitita entre los siglos XIV y XIII a.e.c., así como las
migraciones de los grupos conocidos como hititas jeroglíficos una
vez desmembrado el imperio. Desde un punto de vista cronológico
estos reinos abarcan desde el Hitita Reciente I (hacia 1000-950
a.e.c.) hasta el Hitita Reciente IIIb (750-700 a.e.c.). En el siglo
XII a.e.c. se documenta el Estado de Tabal (una confederación de
pueblos), Karkemish, Kummuhu, Malatya, Arpad y Ya’diya, y tal vez
también Alepo, Guzana, Adana, Luhuti y Til-Barsio, entre otros, en
tanto que en la siguiente centuria los grupos étnicos arameos del
norte de Siria fundan el reino de Saram. A la par, dinastías de
origen arameo se establecen en algunos principados neohititas, como
es el caso de Bit-Adini, en Til-Barsip, Bit-Bahiani en Guzana, o
Bit-Agushi en Arpad, por ejemplo.
Entre los siglos
XII y XI a.e.c. se lleva a cabo una fase formativa signada por un
cierta dependencia política del Reino Asirio en época de reinado de
Tiglat-Pileser I (1115-1077 a.e.c), que acaba ocupando los
importantes reinos de Karkemish y Malatya. Ya entre los siglos XI y
X, debido a las divisiones internas del Reino Asirio, los Estados
neohititas extienden su dominio en la costa libanesa hasta Israel,
contactando con este reino en la época de David y Salomón (desde
1015 a 930 a.e.c.). De hecho, en los textos hebreos se les conoce
como hijos de Hatti o Heth. El siglo IX, una fase con una dinámica
política y territorial semejante a la de las ciudades-reino
fenicias, sufre las condiciones que surgen de la expansión militar
asiria durante los reinados de Assurnasirpal y Salmanasar III, a
partir de 875 a.e.c. y hasta el último cuarto del siglo. Estos reyes
asirios resultan vencedores de una coalición hitita-aramea en la
batalla de Lutibu debilitando, de paso, al reino de Urartu en virtud
de una expedición llevada a cabo en 856 a.e.c. La ocupación, no
obstante, fue más teórica que real, siendo, más probablemente una
sumisión solamente teórica o centrada en el pago de tributos. En
cualquier caso, la amenaza militar asiria fue un severo condicionante
de las alianzas y acuerdos entre los estados arameos y las
ciudades-reino fenicias con los reinos sirio-neohititas.
Para el siglo
VIII a.e.c. se documenta la presión que ejerce Urartu sobre los
principados neohititas, en particular en la época de Argishti I y
Sadurni II, momento en el que es tomado Malatya y otros reinos se ven
en la obligación de pagar tributos al reino de Urartu. Asimismo,
acontece la creación de una coalición anti asiria controlada por
Urartu.
Los asirios
establecen gobernadores (turtanu) en Til Barsip con la
finalidad de controlar los territorios nororientales de la zona
neohitita. No obstante, acciones militares directas ulteriores,
llevadas a cabo por Tiglat-Pileser III, quien derrota a la coalición
urarto-neohitita, culminan con la anexión asiria. El rey asirio
somete al pago de tributos a un buen número de reinos neohititas
(Gurgum, Malatya, Tuwana, Atuna, Tabal, y otras). Posteriormente,
Sargón II (segunda mitad del siglo VIII), en reacción a una
rebelión que propicia Frigia, anexiona todos los Estados neohititas,
convirtiéndolos en provincias del Reino asirio, siendo gobernadas
por un encargado o un jefe de la circunscripción (bel pihati).
Las unidades
políticas del norte de Siria tenían como característica básica
que las comunidades étnicas base de la población no se reconocían
como hititas. Así, el calificativo étnico y cultural lo obtuvieron
en los registros de los Estados próximos. Esto pudo deberse a que
los grupos originarios del reino de Hatti eran de poca relevancia, a
que hubiese una estructura social mixta a consecuencia de
migraciones, a un éxodo provocado por el expansionismo asirio, o a
las deportaciones. La definición como hitita pudo proceder del hecho
de que en estos Estados el poder político fuese detentado por una
clase social que procediese del antiguo territorio de Hatti.
En las
inscripciones regias y religiosas, así como en los textos
administrativos se usaba la lengua luwita, mientras que el panteón
religioso de estos reinos sirio-hititas mostraba un mestizaje cultual
derivado de la mezcla étnica entre grupos anatolios y comunidades se
sustrato arameas y cananeas. Las principales deidades de las ciudades
eran Kubaba, deidad femenina asociada con los cultos de la fertilidad
y el concepto de diosa madre, y Thasmah, divinidad de la
climatología, los fenómenos atmosféricos, sobre todo de la
tempestad, y de la fertilidad en el campo. Eran deidades que
protegían a las monarquías neohititas. La reina y el rey, en el
marco de la estructura religiosa, ejercían el rol de gran
sacerdotisa y sumo sacerdote. Uno de los rasgos religiosos más
destacados era la adivinación y la predicción del futuro, de ahí
la realización de prácticas de avispicina (análisis del vuelo de
las aves), y epatoscopia (predicción del futuro tras el examen del
hígado de animales sacrificados).
La estructura
política de estos estados neohititas se conoce gracias a textos
hebreos y asirios. En ellos se menciona un poder político unificado
unipersonal, con casi total seguridad un rey, una suerte de monarca
absoluto que contaría con un sustancial apoyo de la fuerza militar,
lo que conllevaría la configuración de dinastías hereditarias,
como fue el caso de Gurgum o Karkemish. Algunos monarcas neohititas,
como los de Karkemish y Malatya, portaron, entre 1200 y 700 a.e.c.,
los apelativos de Gran Rey y de Héroe, como se puede apreciar en las
inscripciones jeroglíficas halladas en el norte de Siria y en el
sudeste de Anatolia. En el reino de Karkemish, en particular,
coexistieron los conocidos como señores del país y los grandes
reyes, probablemente dos ramas de poder paralelo en el mismo reino,
algo constatable a partir del 1000 a.e.c.
Al lado de los
reyes, las inscripciones citan a los jueces o tarwani. En
Sam’al, en una inscripción del rey Kilamua de 827 a.e.c., se
mencionan dos grupos entre la población, los ba’rir, de
ascendencia aramea, y los mushkab, agricultores. Se puede
asegurar que, como ocurría con las ciudades reino fenicias, no había
una idea de Estado común entre los reinos neohititas, aunque hubo
ciertos intentos. Únicamente el reino de Kizzuwatna intentó
configurar, en el siglo X, una estructura política supraestatal que
agrupaba unidades políticas de Cilicia (reinos de Tuwanna, Tobal,
Taro, Hupisna). Asimismo, el reino de Malatya, en los siglos IX y
VIII a.e.c., intentó encabezar una confederación, llamada Milid,
con los núcleos de Gurgum y Kummanu.
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Prof.
Dr. Julio López Saco
UM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA-UFM,
abril 2026.