19 de marzo de 2010

Origen de la moneda republicana romana

El primer intento de amonedación se adscribe a Servio Tulio, y lo conforma el Aes Rude o Aes Infectum. Se trataba de un lingote de cobre en bruto. Tras este primer paso vendría el Aes Signatum, caracterizado por llevar un signo o marca. A partir de este momento, un peso fijo estaría determinado por ese signum. Su origen podría estar ligado a la autoridad del Estado o a la actividad económica privada, especialmente a la de banqueros y comerciantes. Hacia 289 a.n.e. aparece el Aes Grave, que lleva una impronta oficial en la que se indica su valor legal. Su peso sería equivalente a la libra romana, unos 325 gramos, motivo por el que se le denomina también Aes Librarum. Todas estas monedas no eran fruto de la acuñación. Del Aes Librarum se hicieron numerosos múltiplos: el Semis, el Trieus, el Cuadravis, el Sestavis y la Uncia, que pudieron responder a las necesidades propias de las transacciones comerciales. Estas monedas clasificadas como romanas no llevaban el nombre de la ciudad, sino un distintivo simbólico: la proa de un barco en el anverso y el culto a los dióscuros en el reverso. Sólo a partir del año 217 a.n.e., momento en que se produce una reducción metálica del valor del Aes Librarum, el nombre de Roma aparece unido a la proa. Con la ley Plautia-Papilia, del 89 a.n.e., el peso se vuelve a reducir y se pasa al Aes Semiuncial. La moneda de plata aparece, en primer lugar, en la Campania, y lleva ya el nombre de Roma: se trata del Sextercio de plata. Roma empieza a acuñar estas monedas hacia el 211 a.n.e. Con posterioridad, se establece el Denario de plata como moneda base, con un valor de un sexto de as y 1/40 de libra. Tras los desastres romanos en Trebia y Trasimeno, la ley Flaminia reduce el Denario, estableciendo un peso fijo que va a mantenerse durante todo el Imperio. El Sextercio de plata, por su parte, dada su baja cotización, desaparece en el 43 a.n.e. y es sustituido por el de bronce. La primera acuñación de moneda de oro en Roma se produce a fines de la República, si bien Plinio, en su Historia Natural, señala su acuñación en 217 a.n.e. Con total seguridad, fueron los Áureos de Sila las primeras acuñaciones doradas, con un peso de once gramos. Posteriormente, Pompeyo y César reducen su peso a 9 y 8 gramos, respectivamente. Desde el 44 hasta el 27 a.n.e., el Senado autoriza que se utilice en los anversos monetales la efigie de César, aunque también el mismo Senado emitirá moneda colocando en ella la palabra Senatus Consultus.
La moneda imperial, por su parte, será acuñada, desde los tiempos de Augusto, como un tributo directo de la soberanía imperial. El Denario, el As y el Sextercio se mantienen cierto tiempo, pero luego serán paulatinamente sustituidos. Debido a las continuas conquistas de Roma, debe permitirse que las ciudades provinciales acuñen moneda, de modo que se extenderán las cecas regionales y locales. Las misiones proconsulares se realizan en las provincias senatoriales, especialmente, en Chipre, Cirenaica y África en época de Augusto. En todo momento, sin embargo, los emperadores querrán regularizar las acuñaciones a través de su imperium militae, incluyendo aquellas extraordinarias para el ejército. El sistema bimetálico oro-plata se constata con Augusto, mientras que el cobre, el bronce y el latón se usarán en provincias para subsanar situaciones particulares. Después del 27 a.n.e. la moneda estabilizará su peso, en concreto el Áureo, el Denario y el As, fijándose como monedas de bronce el Aes Uncial, el Sextercio y el Dupondio, entre otros.