23 de marzo de 2010

Pensamiento correlativo chino. Origen y esencia

ABSTRACT

Chinese cosmological thinking, symbolic rather than cognitive, intended to reflect the world of men uniform and continuous balance that is based on the natural course of things. It was a vision of the world, holistic and structuring trend mythical, giving priority regularity, balance, harmony in the universe and that, following the principles of correlation, to foster the human being "read" and understood in Cosmos structuring principles of society and behavioral lines to be followed. Correlative cosmology specific phenomena linked horizontally received in ordinary experience. Organizational thinking is a structurally mytho-religious, also visible in other cultural settings, as in the Indian Buddhist who understands that there is a universal concatenation of all existing things, pratityasamutpada.


摘要

中國宇宙論的思想,而不是象徵性的認知,目的是反映世界男子制服,並連續平衡的基礎是自然的事情。這是一個理想的世界,整體趨勢,神話和結構,優先規律,平衡,和諧的宇宙,而且,隨著相關的原則,以促進人的“讀”,並了解宇宙的結構和社會原則行為應遵循的路線。相關鏈接宇宙學的具體現象在普通水平獲得的經驗。組織結構的思想是一個宗教,也可以用其他的文化環境,如在印度佛教誰知道有一個普遍的連接現有的所有東西,緣起
Pensamiento correlativo chino arcaico
La cosmología, como armazón de concepciones y relaciones, es un sistema de correlaciones que se fundamenta en parejas interrelacionadas, como el yin y el yang, en cuartetos, como los puntos cardinales, en quintetos, en función de las Cinco Fases o Wuxing, octetos, como los ocho trigramas, o en grupos de nueve, en relación a las divisiones celestes y terrenales, y por ello, se configura como un mecanismo ordenado y ordenador de correspondencias entre diferentes dominios de la realidad universal, haciendo correlativas las vicisitudes y normas humanas o, incluso, su composición (cuerpo humano, comportamientos, moralidad), el orden socio-político y económico, así como los propios cambios históricos con las categorías cósmicas: tiempo, espacio, circuito estacional, fenómenos de la naturaleza, astros, etc. Estamos en presencia, por lo tanto, de una antropocosmología, en la que los procesos humanos de toda índole encuentran en la naturaleza una correspondencia. Este carácter o pensamiento correlativo no es exclusivamente chino, y puede remontarse a los principios de la humanidad, puesto que es un mecanismo que, como recuerdo del pensar mítico, usamos en nuestro lenguaje habitual, y es el modo en que se establecen identidades entre algunas sociedades arcaicas actuales. El sistema de cosmología correlativa se vinculó, así, a la emergencia de las reivindicaciones de auto-divinización, según la cual los espíritus “controlarían” los fenómenos naturales y serían asimilados a los humanos, en especial a los emperadores, con sus pretensiones teomórficas. Su remoto origen estaría en la experiencia chamánica y en la asunción de la continuidad entre Cielo y Tierra a través de un axis mundi, y entre el Cielo y la humanidad, cuyo “intermediario” sería el adivinador, el oficiante, y luego, el emperador. Desde un ángulo filosófico sería la expresión del continuum entre el microcosmos humano y el macrocosmos universal.
La práctica extática, de unidad, entre el chamán y la divinidad, como primitiva experiencia de la cultura china, pudo ser, por consiguiente, el sustrato fundador de la cosmología correlativa, la expresión y el recuerdo de tal experiencia. No obstante, el recuerdo chamánico sería disciplinado, rutinizado y burocratizado hasta casi anularse; es decir, sería sometido a un proceso de racionalidad. No olvidemos que el pensamiento chino de la antigüedad no buscaba, como objetivo, esclarecer lo absoluto del Ser, pues no necesitaba encontrar aquello que lo fundaba o generaba, sino lo que podía explicar comprensivamente cómo la multiplicidad diversa de objetos y seres, las Diez Mil Cosas, funcionaba gracias al impulso, único y totalizador, del Universo, de modo que la preocupación metafísica se deslizó hacia la cosmológica.
El pensamiento cosmológico chino, por supuesto más simbólico que cognitivo, pretendía reflejar en el mundo de los hombres un equilibrio uniforme y continuado que se fundamentase en el curso natural de las cosas. Se trataba de una visión del mundo, de tendencia holística y de estructuración mítica, que priorizaba la regularidad, el equilibrio, la armonía en el Universo y que, siguiendo los principios de la correlación, propiciase que el ser humano “leyese” y comprendiese en el Cosmos los principios estructuradores de la sociedad y las líneas conductuales que debían seguirse, con lo que el Cosmos acabará siendo el propiciador o condicionador de los valores morales, y no la subjetividad humana, tal y como el pensamiento racionalista comenzó a destacar en Occidente. En este sentido, el pensar cosmológico vivenciará al estado como natural y al político como un organismo. La ideología Han, presentada, por ejemplo, por Dong Zhongshu, que fundamentaba el ordenamiento socio-político jerarquizado en la regulación natural del Cosmos, donde los cimientos del poder eran de índole cósmica, reglamentó que el orden de subordinación y dependencia de las cinco relaciones humanas confucianas se vinculasen al orden cíclico de las Cinco Fases. Éstas se imbricarían, así, en relaciones múltiples: con las constantes de la ética confuciana, los Cinco Clásicos, los cinco períodos de la antigüedad china o los cinco aspectos elementales de la naturaleza humana, conformando una cosmología teleológica. Con los Zhou, momento en que se había instaurado y consolidado una visión antropocósmica sustentada en fecundas especulaciones de la época de los Reinos Combatientes, seguía habiendo fuertes vínculos entre lo divino y lo humano, pero cambiaron las relaciones, que ahora legitimaban, como nunca antes lo habían hecho, el orden socio-político: mientras con los gobernantes Shang el rey era el sacerdote principal para los dioses o ancestros del clan, el mandato del Cielo convierte al soberano en fiel ejecutor de Tien en la tierra, en una correspondencia macro-microcósmica que legitimaba y justificaba el ordenamiento social. El Cielo se establece como el auténtico paradigma del orden y la armonía, un ethos inspirado por una idea metafórica arcaica acerca de la estrecha comunión entre los reinos sobrenatural y terrenal, aunque ahora cargado de fuertes valencias morales. De este modo, la cosmología correlativa, fundamentada en la astrología, se establecería firmemente en China con la emergencia del Estado: la virtud del gobernante sería ahora el sólido soporte frente a las acciones rituales de la edad del bronce.
La cosmología correlativa vincula “horizontalmente” fenómenos concretos percibidos en la experiencia ordinaria. En este último sentido, los sistemas correlativos pueden verse, además de cómo un fundamento del poder a través del yin-yang y los Cinco Elementos, asumidos por cada dinastía en una secuencia de conquista mutua, como una clasificación objetiva y lógica, de carácter estructural y social, necesaria para entender la prolongación en el mundo humano del orden natural. Habría aquí, por lo tanto, una cosmología que define el Cosmos y la sociedad, predominantemente como una monogenética de continuidad. El pensamiento correlativo chino implica, en definitiva, correlaciones simbólicas y no causales, que siguen la lógica que habla de la armonía de correspondencias entre los órdenes natural y humano. Las concepciones que así se expresan no se someten mutuamente, sino que se localizan enfrente unas de otras, conformando un modelo en el que las cosas se influyen inductivamente, en una especie de dependencia existencial. Debe presumirse en esto un trasfondo místico de la participación humana en un Universo entendido orgánicamente, donde todo se combina de modo holístico, en lugar de oponerse irreductiblemente los opuestos de manera dualística: es la unidad del Cosmos, de dao, de la divinidad creadora. Se trata de un pensamiento organizativo, estructuralmente mítico-religioso, también visible en otros ambientes culturales, como en el del budismo indio, que entiende que existe una concatenación universal de todas las cosas existentes, pratîtyasamutpâda, que pudiera querer excluir, eso sí, en el fondo, una causa trascendente inicial. Esta “resonancia” (ganying), frente a la causalidad occidental, responde, por consiguiente, al modo cómo los pensadores chinos de la antigüedad se acercaron a la realidad: viendo y percibiendo el mundo como una armonía de múltiples fuerzas que perviven juntas como una compleja sinfonía, de modo perfectamente sincrónico.
Prof. Dr. Julio López Saco
23 de marzo del 2010