3 de septiembre de 2013

Cismas y herejías del cristianismo en el siglo IV: priscilianismo (II)



El priscilianismo, especialmente difundido en Hispania y en ciertas zonas de la Galia, puede entenderse desde una doble angulación: como una desviación doctrinal de las iglesias provinciales del dogma del cristianismo oficial, y como un movimiento de protesta social en contra de las más altas jerarquías eclesiásticas. Esta nueva manifestación doctrinaria se difundió entre las familias nobles aristocráticas y, de modo particular, entre las mujeres. Su mensaje, que arraigó sobremanera en Gallaecia y en la región de la Aquitania, quiso centrarse en una reforma interna de la vida eclesiástica, centrada en el celibato clerical. Probablemente fue en el Concilio del 380 en Caesaraugusta cuando se hizo efectivo el cisma entre los obispos hispanos. Prisciliano había sido acusado, entre otras cosas, de maniqueísta, brujo y concupiscente. En el Tribunal de Tréveris de 385, a partir del cual Prisciliano sería ejecutado, fue acusado de supersticioso, mago y de poseer la capacidad de entenderse con algunos poderes maléficos, así como de mantener creencias y conductas maniqueas, en concreto perjurio e hipocresía, y de estudiar los textos apócrifos heréticos, que le servirían para difundir doctrinas poco recomendables sobre el dogma.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV, Caracas, 3 de septiembre del 2013