14 de julio de 2014

Elementos de la religiosidad etrusca: los dioses y la Etrusca Disciplina

El Higado de Piacenza, hecho en bronce. En cada una de sus secciones aparece el nombre de una deidad.

En sus inicios los etruscos no concebían divinidades antropomorfas, sino que percibían las fuerzas de la naturaleza, tanto celestiales como telúricas. Estas últimas fueron dotadas de ciertos aspectos sexuales y monstruosos, dando lugar a las más arcaicas divinidades, a las que se añadirían, con posterioridad otras, debido a un proceso de contacto iconográfico e ideológico con las culturas circundantes, sobre todo la de Faleria y el ámbito latino y umbro sabélico. En el siglo VII a.n.E., la religión pasa de ser gentilicia familiar a colectiva, proceso motivado por la consolidación de la cultura urbana. Este cambio ideológico gentilicio trajo como consecuencia la adopción de divinidades y mitos propiamente helénicos. De hecho, la identificación entre las deidades griegas y aquellas indígenas, fue el factor que propició un panteón olímpico etrusco, aunque tardíamente, hacia el siglo IV a.n.E. El culto doméstico y el lugar que ocupaban en el mismo los antepasados heroizados, pudieron conformarse, en esencia, como las raíces más remotas de la religión en Etruria.
El mito etrusco de Tages, que el mismo Cicerón cuenta en De divinatione, es el fundamento de lo que se denomina Etrusca Disciplina; esto es, las normas que regulan las relaciones entre los seres humanos y los dioses. El mito señala que, en una ocasión, un campesino que araba un campo en Tarquinia, observó que salía de uno de los surcos un niño (Tages), que mostró poseer la sabiduría de un anciano, porque se encargó de revelarle al labrador los preceptos de la Disciplina. Esta “revelación” de la disciplina adivinatoria, puede hacer de la religión etrusca una auténtica religión revelada. La Etrusca Disciplina es una historia del mundo, una profecía y la adivinación de la historia del futuro. Implica un acto ritual que envía castigos de los dioses a las ciudades, que deben expiar sus culpas.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB