16 de diciembre de 2014

Mitos griegos en el arte romano del siglo IV: el vaso diatreta de Licurgo y el tesoro de Kaiseraugst (plato de Aquiles)



ARRIBA, VASO DIATRETA EN VIDRIO, DATADO EN EL SIGLO IV, HOY EN EL BRITISH MUSEUM; ABAJO, PLATO DE PLATA DE AQUILES, DEL TESORO DE KAISERAUGST, DATADO HACIA 350. AUGST RÖMERMUSEUM, BASILEA, (SUIZA).

Los centros de producción de la industria romana del vidrio, que alcanzó un esplendoroso refinamiento, se encontraban en Alejandría, la Península itálica, la costa de Siria y en la región de Colonia. Son, sin duda, los vasos llamados diatretas los que alcanzaron las más elevadas cotas del arte del vidrio romano. En estos vasos de grababan, en forma de redes de estructuras de ornamentos, escenas figurativas e inscripciones, dando la sensación de que la decoración flotaba delante del cuerpo del vaso, estaba superpuesta. Uno de los más notables ejemplos es el denominado Vaso de Licurgo, en el que se representa al rey tracio (soberano de los edonios en los trágicos) de ese nombre. Licurgo persiguió al séquito de Dioniso y provocó la huida del dios hacia el mar. Acosó a las ménades y los sátiros, y capturó a las bacantes. Una de las ménades, de nombre Ambrosía (en la versión de Nonno en las Dionisíacas), solicitó la ayuda de su madre, Gea, quien abrió una hendidura por la que cayó la ménade para posteriormente resurgir en la forma de una vid (en honor al dios Dioniso) y apresar a Licurgo, matándolo. Las imágenes del vaso representan tres episodios del mito[1]: Ambrosía pidiendo ayuda a su madre; Pan y Dioniso con una pantera que parecen estar tramando el acciona contra el rey, y la imagen de Licurgo, barbado y desnudo que está siendo apresado por las ramas de una vid.
El tesoro de plata de Kaiseraugst, que contenía cerca de doscientas monedas y casi cien piezas de vajilla (bandejas, cucharas, platos, vasos, copas), había sido escondido y enterrado a mediados del siglo IV en una caja de madera entre los muros del Castrum Rauracense bajoimperial[2], a la sazón devastado y conquistado por los alamanes. Las inscripciones sobre alguna de las piezas mencionan dos propietarios, ambos oficiales del ejército, uno de los cuales era un tribuno de nombre Marceliano. Entre los diversos objetos, destaca sobremanera el llamado Plato de Aquiles, hecho en plata, cuyo orfebre fue un tal Pausilypos de Tesalónica, y que pudo haber sido un regalo del propio emperador. Se representan en el borde del plato, octogonal, diversas escenas, enmarcadas entre columnas, de la vida de Aquiles antes de su preparación para acudir a la Guerra de Troya. En el medallón central se plasma el momento preciso en que Odiseo desenmascara al héroe guerrero en Esciros, quien se había disfrazado de mujer para pasar desapercibido. Pero Odiseo-Ulises, hace sonar las trompetas de guerra y provoca que el héroe se desprenda de las vestimentas femeninas y empuñe las armas. En la época del Bajo Imperio, Aquiles, como Alejandro Magno, simboliza el ideal de virtud, belleza y valor. Eso podría explicar cómo objetos cotidianos y refinadas obras de arte con temáticas de esta índole hayan sido destinados a los dignatarios y oficiales militares.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia y Doctorado en Ciencias Sociales, UCV-Caracas


[1] La Ilíada, Esquilo, Higino, en sus Fábulas (para el que Licurgo pone en duda la divinidad de Dioniso, y de ahí su castigo), Diodoro (que ofrece una versión evemerista) y Nonno, tratan el mito de Licurgo en sus diversas versiones.
[2] Campamento en las cercanías de Augusta Raurica, en Basilea, Suiza, en donde estuvo la Legio I Marcia. Desde aquí, los ejércitos de Constancio II y Juliano emprenderían batalla contra los alamanes.