22 de junio de 2021

Arte funerario de época Han (206 a.e.c.-220) en China






Son varias las piezas artísticas, así como los lugares, que se pueden destacar de esta época histórica. Se hará hincapié en algunos ejemplos de entre otros varios que podrían tratarse. Uno de los que más sobresale es el estandarte de seda pintado hallado en una tumba en Mawangdui a comienzos de los años setenta del pasado siglo. Datada en 168 a.e.c. se encuentra ubicada en Changsha, en la provincia de Hunan. Esta prenda simbólica puedo tener diversas funciones. Se pudo usar en el ritual de invocación del alma tras la muerte, o ser empleada como prenda llevada en procesión como parte de los ritos funerarios, antes de su definitiva instalación en la tumba. Pero también pudo ser un estandarte o bandera de nombre, foco de veneración por parte de los deudos durante la ceremonia fúnebre. Presenta cuatro niveles, empezando desde la cima con los cielos, en donde el sol y la luna están representados con sus respectivos símbolos, un cuervo y un sapo, mientras que seres inmortales y dragones pululan cabriolando por los cielos.

Más abajo se encuentran dos niveles de la esfera terrestre, en donde el ocupante de la tumba es mostrado como una anciana mujer, con su séquito y rodeada de sus sirvientes. Una serie de vasijas sacrificiales se hallan ante su cadáver. Hacia el fondo se encuentra el mundo subterráneo. Este estandarte ni fue un trabajo aislado, sino que debió formar parte de los elaborados rituales de enterramiento aristocrático, rituales en los que la tumba misma, su espacio físico, así como su contenido, eran únicamente la parte visible de los mismos.

Otro notable ejemplo digno de señalarse es el incensario en plata del palacio de la princesa Yangxin, hermana del conocido emperador Han Wudi, quien reinó entre 140 y 87 a.e.c. Con la forma de una rama de bambú, soporta un modelo en miniatura de montaña con unas oquedades para permitir que salga el humo. No es una montaña real, sino un paraíso en el que debe habitar el alma de la princesa después de su muerte, en compañía de bestias mágicas e inmortales.

Estas compañías se muestran a través de objetos de tumbas imperiales Han como un jinete inmortal realizado en jade blanco, aparecido en la tumba del emperador Zhaodi, datada en torno al año 70 a.e.c. A menudo vestidos con plumas, estos inmortales pululan con libertad al margen de la mundanidad, tal y como aparecen en los textiles de Mashan o en los sarcófagos de Mawangdui. Tales objetos, fabricados para formar parte de las ceremonias fúnebres, contienen imágenes que inflaman la cultura de las clases superiores. Es bastante probable que las representaciones de escenas paradisíacas hayan influido en el ulterior interés chino en las representaciones paisajísticas.

Un monumento esencial del arte funerario del período Han más arcaico lo conforman los diferentes bajorrelieves hallados en diversos asentamientos septentrionales, en especial, el grupo de esculturas en bajorrelieve del santuario de Wu Liang que fue erigido en 151 a.e.c. para un personaje de clase alta con ese nombre, denominación que podría vincularse con el rey Wu Ding, el cuarto monarca Shang, que gobernó desde la ciudad de Anyang, que aquí haría el papel de ancestro. En realidad, se trata de un complejo de santuarios en los que se llevaban a cabo ofrendas en honor de los hombres muertos de la familia Wu, en Jiaxing, provincia de Shandong. Los miembros de esta familia ejercieron como oficiales o funcionarios de grado medio en las instituciones de gobierno. En definitiva, por lo tanto, no se trata de un recinto funerario, esto es, de una tumba.

A lo largo de la primera centuria de nuestra era se produjeron cambios tanto en las prácticas de inhumación como en las creencias religiosas. La adoración, enfocada en la casa imperial y en la elite cortesana se modificó desde los templos de los ancestros, relevantes en los períodos de la Edad del Bronce, Shang y Zhou, a la tumba misma. Ahora son los recintos funerarios o los santuarios cercanos, los lugares en donde se realizan los sacrificios. Esos santuarios, es relevante comentar, se concibieron como lugares públicos, abiertos a todo aquel que deseasen visitarlos.

Entre las escenas individuales en bajorrelieve esculpidas en los muros del santuario, destacan escenas, como la denominada Batalla del Puente. Muchos de los paneles aparecen acompañados de cortos textos que identifican personajes referidos a los textos clásicos, en buen número personalidades míticas. Se trata de personajes propios de la tradición filosófica y espiritual de la antigüedad china. Esta decoración del santuario vincula ideas ultramundanas y del alma con el orden social sobre la esfera terrenal empleando elementos de la historia humana y también cósmica. La temática representada, de gran valor y relevancia iconográfica y simbólica, comprende varios temas asociados con la mitología taoísta y la historia confuciana. Se distinguen cuatro grupos temáticos: el de los emperadores legendarios, en pequeñas losas individuales, en una posición semi-perfilada, y con inscripciones explicativas en su margen izquierdo; las escenas que ilustran célebres cuentos confucianos, sobre todo aquellos en los que se destaca el valor de la piedad filial; una serie de escenas de la historia previa a la dinastía Han y finalmente; varias escenas relativas a personajes o a relatos característicos de la mitología taoísta.

El uso de la piedra, poco usada en fases previas pero ahora relevante en el santuario, refleja ideas acerca de la permanente conmemoración asociada a ideas cambiantes referidas al otro mundo así como al lugar que el individuo ocupa en él.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, junio, 2021.

15 de junio de 2021

Personalidades de la antigüedad en China e India




Imágenes (de arriba hacia abajo): ilustración de Qinshihuang en un álbum coreano del siglo XIX, hoy en la British Library; rollo colgante pintado sobre papel de Zhang Lu, de época Ming, que muestra a Laozi montado sobre un búfalo de agua. Museo del Palacio Nacional, Taibei y; relieve de Amravati, del siglo I, que probablemente representa al rey Asoka. Museo Guimet de París.

A pesar de una numerosa presencia de personalidades relevantes en ambos ámbitos geo históricos, se hará énfasis en algunos de los más conocidos, estudiados y sobre los que hay mayor documentación histórica. Es así tanto en el ámbito de la política como en el de la sociedad y la cultura. En el caso de China, fijaremos la mirada en el Primer Emperador, Confucio, Laozi y el emperador Han Wu Di, en tanto que en el de India, se tratarán prestigiosas personalidades de la historia antigua, concretamente los referentes de las dinastías Maurya y Gupta, Asoka, Chandragupta y Samudragupta, respectivamente. 

Qin shi Huangdi es el nombre del primer emperador de China, primer gobernante de la dinastía Qin (221-210 a.e.c). Durante el período de los Estados Combatientes, a fines de la dinastía Zhou Oriental, el reino de Qin fue el que alcanzó el poder derrotando a otros seis reinos, gracias a su superior desarrollo militar y a su organización socio-política. El rey Ying Zheng (nombre verdadero del emperador), después de la unificación, en 221 a.e.c, se proclamó emperador (huang di, "augusto emperador”. Considerado un déspota, estableció un estado unificado, centralizado y burocrático. Aconsejado por un ministro de nombre Li Si e inspirado en la filosofía legalista creada en el siglo III a.e.c. por Han Fei, organizó un sistema centralista cuyo eje fue la aplicación de la ley mediante un código de premios y castigos. Su intolerancia originó la persecución de los seguidores de Confucio y la quema de libros confucianos. Unificó también los diferentes sistemas de escritura existentes en un único estilo. Estandarizó pesos y medidas y estableció la unidad monetaria. Dividió el imperio en treinta y seis comandancias, gobernadas por un gobernador civil, otro militar y un inspector imperial (delegado del gobierno). A su vez, estas comandancias se subdividían en condados, gobernados por magistrados que dependían del delegado del gobierno. Ningún cargo era hereditario.

Construyó una red viaria que convergía en la capital, Xian. Mandó construir la Gran Muralla para reforzar la frontera norte y defenderla de los ataques de poblaciones nómadas. El historiador Sima Qian cuenta en sus Memorias históricas, la obsesión de Qin Shi Huang Di por la inmortalidad. Se hizo rodear de alquimistas, astrónomos y médicos con la pretensión de que le ayudasen en ese propósito. Su obsesión, unida al gusto por lo monumental y la magnificencia imperial, dio como resultado la construcción de una enorme tumba cerca de Xian, la que hoy se conoce por los guerreros de terracota.

Confucio, nombre dado por los jesuitas al llamado Kong Fu zi (maestro Kong); fue un letrado y pesador chino nacido en el Estado de Lu, en Shandong y que vivió entre 551 y 479 a.e.c. De familia noble, alternaría periodos en los que ejerció de maestro de otros con etapas en las que sirvió como funcionario. Sus preocupaciones principales fueron de orden moral, tanto en lo que respecta a la orientación de las conductas privadas como a las normas del buen gobierno. La moral se basaba en el altruismo, la tolerancia, el respeto mutuo, la armonía social y el cumplimiento del deber y el ritual, sobre todo la piedad filial. Su filosofía moral contribuyó a modelar la sociedad y la política chinas sobre una base común. Entendía que el pueblo debía someterse a las autoridades, si bien rechazando las actitudes tiránicas. Los súbditos debían obediencia al soberano, pues el Estado existía para buscar el bien de los gobernados; pero los gobernantes debían gobernar también según los rectos principios éticos, aplicando el ejemplo moral y no la fuerza bruta. Estos pensamientos conforman la base del confucianismo (escuela de los letrados o Ru Jia), que es más una ética que una religiosidad. El confucianismo se convertirá en la filosofía oficial del Estado con los dinastas Han. Desde esa época el sistema para seleccionar el personal funcionarial del Estado se haría mediante oposiciones en las que se seguía el estudio del pensamiento de Confucio. Fue, así, un pilar de la formación del hombre culto, al que se abrían las puertas de la burocracia y la promoción social.

Laozi es la denominación de un pensador chino que presuntamente vivió entre los siglos VI y IV a.e.c. Se duda, no obstante, de su existencia real, pues incluso su nombre, Laozi, responde únicamente a un título que significa viejo maestro, además de ser la denominación de un tratado a él atribuido. Por otra parte, se contaba su mítico nacimiento, ya siendo mayor en el seno de su madre. Una tradición le hace contemporáneo de Confucio, mientras que otras indican que trabajó como bibliotecario en Luoyang, la capital de la dinastía Zhou durante el periodo de los Reinos Combatientes (siglos V y IV a.e.c.). En cualquier caso, su relevancia radica en haber sido el autor del Daodejing, Libro sobre el camino y la virtud, desde el que arranca la filosofía taoísta. Aquí propone una filosofía laica y una moral individual que se centra en seguir el camino de la naturaleza (el Tao); en tal sentido, recomienda las virtudes de la sencillez y la naturalidad, censurando la ambición de poder y riqueza. Por ello, advierte a las autoridades que intervengan lo menos posible en la vida de sus gobernados. Con posterioridad, esta filosofía laica se transformaría en una religiosidad, a partir de otras influencias populares.

Wudi, o emperador Wu de la dinastía Han (206 a.e.c. a 220), vivió a caballo de los siglos II y I a.e.c. Bajo el reinado del “Emperador Guerrero” (140-87 a.e.c.) alcanzó la dinastía su máximo esplendor. Su política exterior facilitó la expansión de los territorios imperiales. Esta expansión territorial propició la conquista de Corea a fines del siglo II a.e.c., de las zonas de Annam (parte de Vietnam), de Xinjiang y de la Fergana (hoy en Uzbekistán). En 133 a.e.c., Wudi inicia una campaña contra los nómadas xiongnu, cuyas incursiones amenazaban el poder Han. Los derrota logrando de este modo el dominio de la denominada Ruta de la Seda. Convirtió la filosofía política de Confucio en una suerte de ideología social estatal dentro de la administración imperial.

Asoka, hijo del rey Bindusara, es el nombre del tercer emperador de la dinastía Maurya, que unificó y gobernó casi toda India, parte de Afganistán y Pakistán entre los siglos IV y II a.e.c. Con capital en Pataliputra (hoy Patna), el reino se fue expandiendo gracias al poderío militar, hasta que Asoka logró unificar todo el territorio de la India por primera vez en la historia. Las crónicas de la época recogen episodios, probablemente legendarios, sobre el rey, al que apodaron Chanda Ashoka o Asoka el cruel. El peregrino budista chino Fa Xian menciona la tradición de que Asoka había hecho construir un jardín amurallado, en el que torturaba a la gente. No obstante, el relato principal en estas crónicas es el que alude a la conversión al budismo de Asoka después de finalizar las conquistas maurya. La conquista militar del reino de Kalinga, en el actual estado de Orissa, hacia 262 a.e.c., que supuso la muerte de miles de personas y la deportación de una gran cantidad de enemigos se convirtió en la causa de su conversión religiosa, al entender que la conquista de un reino significaba muerte, destrucción y desventura. El rey y su séquito peregrinaron a Sarnath, en las afueras de Varanasi (Benarés), lugar en donde Buda había ofrecido su primer sermón. Desde ese momento se le conoció como Dharma Asoka o Asoka el piadoso.

El rey mandó grabar sus edictos, con las doctrinas del dharma y, sobre todo, con los preceptos morales budistas, en pilares en piedra que ubicó en los lugares santos del budismo, en los pasos de montaña y en las regiones fronterizas. Fundó monasterios, santuarios y hospitales propiciando que los súbditos peregrinasen a los lugares santos de India. Incluso envió misiones proselitistas a Sri Lanka además de embajadores hasta las cortes de Occidente, como la de Ptolomeo II Filadelfo en Alejandría. Encarnó, por tanto, el ideal budista del monarca universal, chakravartin, aunque a su muerte se debilitó el Estado, decayendo el imperio.

Chandragupta, fue un monarca de India (entre 320 y 298 a.e.c.), fundador de la dinastía Maurya y gobernante del reino de Magadha, tras destronar a la dinastía Nanda. Conocido por los griegos como Sandrocottos creó, desde el norte de India, el primer gran imperio indio, posteriormente extendido por su hijo Bindusara y su nieto Asoka. Pudo haber combatido a Alejandro Magno, aunque luchó con seguridad contra Seleuco I Nicátor (305 a.e.c.), logrando el control de Beluchistán y Afganistán. Al margen de la victoria Chandragupta contrajo matrimonio con una hija de Seleuco, quien enviaría a la corte de Pataliputra como embajador a Megástenes, autor de una obra, Indika, que nos ha permitido conocer la corte Maurya. La dinastía Maurya configuró un imperio centralista. Estaba dividido en cinco virreinatos, y cada uno de ellos en distritos, contando con un cuerpo de funcionarios encargados de la administración y la justicia. Además existía un cuerpo diplomático, a través del cual se enviaron embajadores a Occidente, al sur de India y a Sri Lanka, un hecho que favoreció el desarrollo del arte, con influencias persas, las tradiciones populares y el establecimiento del budismo. Según una leyenda el rey se haría monje exiliándose en el sur de India, donde moriría.

Samudragupta, fue el primer gobernante de la dinastía Gupta en India (entre 320 y 510), gobernando entre 330 y 380. Hijo de Chandragupta I y de Kumaradevi, una princesa Licchavi, fue considerado el rey ideal y el guerrero heroico que además cultivaba las artes, como la poesía o la música. El reino, que abarcaría desde Uttar Pradesh hasta los límites de Bengala,  fue expansionado por él en una serie de campañas militares. Tras derrotar a los Pallava y a otros reinos meridionales, restituye sus gobernantes aunque con la obligación de pagarle tributo. Recibiría homenaje también de regiones como Assam, Nepal, de diversas tribus de Rajastán y de la sección oriental del Punjab. Las inscripciones en monedas y en los pilares de Asoka en la localidad de Allahabad nos muestran a un Samudragupta devoto del dios hindú Visnú. Se podría decir, en tal sentido, que tanto él como sus sucesores serían los responsables de la consolidación del brahmanismo como código de comportamiento social y como un sistema teológico que todavía es imperante en la India actual.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, junio, 2021.

1 de junio de 2021

Poblaciones del antiguo norte de África: Garamantes y Númidas

En la época en la que los colonos fenicios y griegos alcanzaban las costas norteafricanas ya habitaban la región un pueblo denominado garamantes. A pesar de que hoy se trata de un terreno rocoso y árido, las fuentes grecorromanas mencionan su dieta, consistente en uvas, trigo, cebada e higos. En la zona norte de la región de los Garamantes, dicen estas fuentes, se encontraba una estrecha franja de tierra seca que era el único sitio en donde crecía la planta llamada silfio, que griegos y romanos buscaban ávidamente por sus propiedades gastronómicas y también medicinales. Según Heródoto los enemigos principales de los garamantes eran una población que moraba en cavernas (de ahí su denominación como trogloditas), a quienes combatían con lanzas desde sus carros. 

A partir de la presencia griega en tierras libias estas poblaciones acabaron por explotar los recursos mineros y el comercio. Se establecieron como intermediarios de bienes que transitaban la región trans-sahariana y el ámbito del Mediterráneo, comerciando con las gentes meridionales de África en busca de marfil, esclavos y oro.

Se sabe muy poco de su religiosidad. Silio Itálico, el escritor romano del siglo I, afirma que los garamantes consultaban a sus deidades en tumbas proféticas. Nombre como su principal divinidad un tal Ammon, denominación que tal vez esté en relación con el Amón-Ra egipcio (Amun). En época de la presencia romana los garamantes empezaron a urbanizarse. Entre sus asentamientos destaca el más extenso de ellos, de nombre Garama, en Libia. Desde ahí llevaban a cabo saqueos en provincias romanas ubicadas más hacia el norte, hasta que hacia 203 el emperador romano Septimio Severo dijo basta. Al final de la etapa romana, vemos a los garamantes desarrollando un sofisticado sistema de irrigación, aunque con el tiempo los niveles de los acuíferos bajarían y el sistema colapsaría por la falta del vital líquido. Finalmente desaparecen del registro histórico a comienzos del siglo VIII.

Numidia, cuyo nombre parece derivar de nómada a partir de la denominación griega, se configura como Estado en relación a Cartago. Estas gentes merodeaban en los alrededores de la colonia fenicia, ejerciendo como mediadores de las tribus seminómadas del desierto. Vivían como tribus autónomas con escasa presencia de lealtades entre ellos por parentesco. En cualquier caso, los cartagineses trataron con sus vecinos númidas como un simple grupo. Su diplomacia ayudó a crear dos confederaciones tribales hacia 200 a.e.c., que recibieron el nombre de Masilios (orientales) y Masesilos (occidentales). Entre ambos acabarían formando una nación que ocuparía buena parte de la actual Argelia, expandiéndose sobre Mauritania hacia el oeste y Túnez por el este.

Los númidas fueron parte integrante del fuego cruzado entre Cartago y Roma en sus enfrentamientos militares, específicamente en las dos primeras Guerras Púnicas (264-241 y 218-201 a.e.c.). Inicialmente, apoyaron a Cartago, ciudad con la que comerciaban y a la que servían, en ocasiones, como mercenarios, hasta que Masinisa optó por cambiar de bando (a la postre un cambio acertado, desde la perspectiva práctica del momento). Los victoriosos romanos convirtieron a Masinisa, como recompensa, en rey supremo de Numidia, gobernando casi medio siglo como aliado de Roma.

Bajo su liderazgo, los númidas se asentaron en ciudades, el Estado desarrolló la amonedación y floreció el comercio del aceite de oliva, en concreto a través del puerto de Cirta. Hacia 118 a.e.c. sería Yugurta quien, utilizando a su favor la corruptela de algunos senadores romanos y asesinando a sus rivales, llegaría al poder. A pesar de una inicial cercanía con Roma, los romanos atacarían su reino, en lo que se ha dado en denominar la Guerra Yugurtina (entre 112 y 105 a.e.c.), en principio signada por la corrupción,  incompetencia e ineficacia de los oficiales romanos, aunque ulteriormente la fuerza romana acabaría imponiéndose. Capturado Yugurta, sería ejecutado, lo cual vendría acompañado de una notable pérdida territorial de Numidia en favor de un Estado cliente de Roma, Mauritania.

Ya con César en el poder, el Estado númida sería dividido entre Mauritania y la provincia romana de África. Un tiempo después, el rey Arabio intentó revivir el reino de Numidia, en especial tras la desaparición de Julio César, aunque únicamente logró reinar cuatro años antes de perecer asesinado.  

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, junio, 2021. 

19 de mayo de 2021

Las manifestaciones estéticas en la Europa de la Edad del Bronce














Imágenes (de arriba hacia abajo): puñal en bronce de la Cultura de Unetice. Narodni Museum, Praga; brazalete en oro de Bilje, de la Cultura de Otomani. Museo de Historia Natural de Viena; capa de oro de Mold, Cultura de Wessex. Museo Británico; panorámica parcial del túmulo de Kernonen, en la Bretaña francesa. Bronce Antiguo (1800-1500 a.e.c.); plano del conjunto de Stonehenge, Inglaterra; vaso funerario en oro de Rillaton. Bronce Antiguo, Cornualles, Inglaterra; cono de Avanton, en oro, de la etapa del Bronce Medio (1500-1300 a.e.c.); Lúnula irlandesa (2000-1500 a.e.c.); diadema de la necrópolis de La Colombine (sepultura 101), hecha en colmillo de oso con bronce. Bronce Final (1300-700 a.e.c.); cascos de Vikso, en Zealand, Dinamarca, entre 1000 y 900 a.e.c. Museo Nacional de Copenhague; hojas de afeitar en bronce de Gerdrup y Darup (Dinamarca), con prótomos en forma humana. Bronce Final (900-700 a.e.c.); par de lurer daneses en bronce. Bronce Final, hacia 900-700 a.e.c. Museo Nacional de Copenhague y; pintura rupestre de Tanum. Barco con tripulantes que elevan armas o lurer. Bronce Final, Suecia.

La explosión socio-económica que conlleva la producción de un metal como el bronce tiene su base en las dos grandes rutas mercantiles de la época, la del estaño y la del ámbar. Será el eje centroeuropeo de la ruta del ámbar, en torno a Turingia y Sajonia la que en el II milenio a.e.c. comience a emplear el estaño para fabricar bronce. Los aspectos económicos y tecnológicos favorecerán el afán de la creatividad artística, manifestada en una metalurgia del bronce centrada en ornamentos, objetos suntuarios y ceremoniales.

En la Europa del Bronce Antiguo (2300-1500 a.e.c.) un factor clave en la propagación de la metalurgia del bronce será la fabricación, la posesión y la distribución de armas, especialmente debido a la implantación del factor social que conlleva la presencia de elites sociales poderosas, jerarquías necesitadas de una simbología del poder como medio de mantener el poder y magnificar su prestigio. La pretensión de disponer de las mejores armas y una elevada demanda de objetos suntuarios de carácter personal trajo consigo la consolidación de una intrincada red de intercambios. Los centros específicos de desarrollo serán aquellas regiones en las que el acceso a los yacimientos de cobre, estaño u oro es cómodo y sencillo, caso de los Cárpatos, Bohemia, Bretaña, Irlanda, Transilvania y las Islas Británicas. La posición privilegiada de los poderosos en estas zonas geográficas, aunado a la su necesidad de pieles y tejidos para la vestimenta o al gusto mostrado por el caro ámbar, daría lugar al suministro de objetos metálicos, incluidas las armas, a los países de la región escandinava. Una muy relevante cantidad de tales objetos valiosos fueron depositados en tumbas, como el caso de collares, puñales, espadas, vasos de oro, alfileres o joyas de diverso tipo. En la Europa de nobles guerreros de esta época la producción artística estará signada, sin duda, por las creencias religiosas.

En la Europa central dará comienzo la larga historia de las artes metalíferas, con la presencia de adornos, piezas de oro y armas. Las manifestaciones artísticas de la Edad del Bronce Antiguo en Centroeuropa consisten en construcciones funerarias, con sus respectivos ajuares principescos en zonas como Turingia y Sajonia, en los singulares estilos cerámicos de la región de los Cárpatos, en las armas de carácter y función ceremonial de Rumanía y Eslovaquia, así como en las joyas transilvanas.

Ocurre en el marco de la denominada Cultura Unetice (Aunjetitz), en la región al noroeste de la capital de la República Checa, Praga. La cultura ocupa una significativa región metalúrgica y está ubicada en la encrucijada de la ruta del ámbar. En sus tumbas aparecieron torques, puñales de hoja triangular, brazaletes y anillos. La fase más tardía de la cultura (hacia 1800 a.e.c.), se relaciona con las tumbas de cámara bajo un túmulo, que reciben el nombre de tumbas principescas (túmulo de Helmsdord, o el de Leubingen, en Sajonia-Turingia). En esta última, el ajuar funerario contenía puñales hechos en bronce, cinceles, hachas y piedras de afilar, además de dos anillos, un brazalete y un par de alfileres de oro. Además de puñales o alabardas, esta cultura también es la autora de un casco cónico (hoy en el British Museum), cuya semejanza formal con aquellos de las tumbas micénicas de los guerreros en Cnosos es singular. Tal vez como medida de salvaguarda ante algún peligro, en la fase tardía de la cultura cierto armamento fue ocultado en depósitos, como los dos puñales del depósito de Horomerice-Kozí Hrbety.

Las culturas de los Cárpatos presentan gran número de grupos culturales[1]. De entre ellos destaca, en el ámbito de las culturas del Bronce Antiguo en Eslovaquia, la designada como cultura Otomani, caracterizada por sus poblados amurallados. Esta cultura ha dejado constancia arqueológica de edificaciones de carácter religioso, particularmente Salacea, (Marghita, en Rumanía), un sitio fortificado en cuyo interior se han hallado, además de la característica cerámica (como el conjunto cerámico de Barca, Kosice), una serie de materiales sagrados como modelos de carro, la miniatura de un barco, vasos cultuales, cuchillos de piedra y figurillas, en los que la decoración principal consistía en acanaladuras y espirales entrelazadas.

Otra de las culturas rumanas es la identificada con la cerámica de Cirna. Cirna se asocia con una necrópolis de incineración cuyos vasos funerarios son cuencos de grandes aberturas con una decoración caligráfica (espirales, temas curvilíneos), geométrica y fitomorfa. Sus principales motivos son los puntos, guirnaldas y los arcos. Otro estilo decorativo en la región transilvana es el del lugar de Wietenberg, cuya cerámica presenta acanaladuras paralelas que configuran temáticas geométricas diversas, sobresaliendo la espiral y el meandro.

En el Europa atlántica del Bronce encontramos enseñas y emblemas de poder, como las mazas de mando, armas y hachas ceremoniales, enseres de distinción y prestigio, caso de las vajillas, tanto de metal como el oro, como de sustancias como el ámbar, además de adornos de tipo personal, del tipo brazaletes, collares y pendientes. Destaca el trabajo en oro del occidente del continente en el Bronce Antiguo, en especial el de la Armórica bretona y el de las Islas Británicas. No se puede comenzar a sintetizar el ámbito estético y religioso de la región atlántica sin mencionar Stonehenge, en Wiltshire, Inglaterra, una construcción ideada para medir con precisión la secuencia periódica y regular de las estaciones del año. El sitio dispuso de cuatro piedras de las estaciones ubicadas en las esquinas de un rectángulo, que delimitan un ángulo recto en el momento de coincidir con la línea del amanecer en el solsticio de verano. Stonehenge fue remodelado hacia 1750 a.e.c., levantándose en el centro del lugar un doble circuito de monolitos en arenisca de tonos azulados. Unas décadas después, volvió a ser renovado, erigiéndose un nuevo círculo de piedras enlazadas entre sí por enormes dinteles. Tal círculo megalítico encerraba cinco unidades de tres trilitos, un dintel y un par de soportes. Es muy probable que una jerarquía, tal vez sacerdotal, fuese la encargada de realizar el monumento, ejerciendo una autoridad de intermediación entre lo divino y lo humano.

Lo cierto es que esta estructura infiere la presencia de constructores vinculados por un sentido comunitario en lo relativo al más allá. Es la época en que los grupos humanos viven la tradición cultural del vaso campaniforme tardío, fase cultural que había sido la responsable de la industria del bronce en Gran Bretaña y en una buena parte del resto del continente. El motivo campaniforme es una vasija en forma de campana invertida que se decoraba con incisiones de bandas horizontales con diversos motivos geométricos, como triángulos rombos o espigas. Sus fabricantes son gentes guerreras cuyas tumbas contenían dagas metálicas, hojas de cuchillos, hachas pétreas y puntas de flecha en piedra, pero también botones de ámbar, vajillas, fáleras y brazaletes de bronce. El propio vaso campaniforme sería, no obstante él mismo, un objeto de prestigio, que acompañaría a las hachas de metal como símbolos de poder.

De esta época se destacan dos culturas sobre todas las demás. Se trata de la cultura de Wessex (zona sudeste de Inglaterra) y la cultura de los túmulos de la Armórica, en la Bretaña de Francia. Ambas presentan relaciones con Micenas, pues de la ciudadela micénica o bien fueron importados objetos de metal prestigiosos, o bien sabiamente imitados. Son sociedades probablemente estratificadas y comandadas por una elite principesca. Tañes señores guerreros se llevaban consigo a sus tumbas símbolos de su poder, como cetros o mazas, emblemas profesionales, caso de hachas de combate y puñales, además de referentes de su poder económico, como el vestuario u objetos de oro para el adorno personal. Las dos culturas elaboraron sepulcros individuales bajo túmulos, aunque los más notables por su estructura prominente son los armoricanos (por ejemplo Saint-Jude). La arquitectura megalítica bretona dejó evidentes rastros en estos túmulos de Armórica, como es el caso del gran túmulo de Kernonen. En este grandioso túmulo se encontraron tres cofres de madera, conteniendo hachas de bronce y puñales con empuñadura de madera en las que se incrustaron clavos de oro, mostrando diversos motivos geométricos (círculos, rombos). También aparecieron puntas de flecha de sílex talladas.

En la cultura de Wessex debe mencionarse el túmulo de Bush Barrow, en cuyo interior apareció un enterramiento masculino con un ajuar que contenía dos puñales de cobre y de bronce, respectivamente, una maza de piedra, joyas de oro, un cetro y un hacha broncínea. Por su parte, el túmulo de Upton Lovel, en Wiltshire, viene a ser la versión en femenino del anterior. En este caso el ajuar contaba con una placa de oro, un cincel de bronce, un cuchillo, vasos de cerámica y un collar de cuentas de ámbar. Paralelismos con Micenas se pueden hallar en otros túmulos, como el que contuvo el vaso de Rillaton, en Cornualles, un vaso áureo con paredes muy rugosas, de técnica semejante a los vasos de Eschenz y de Fritzdorf.

Un innegable afán de notoriedad de las personas inhumadas en estos ricos túmulos de la Armórica, de Gran Bretaña o incuso del valle del Rin, dio lugar a la acumulación de objetos para ser exhibidos y apreciados, lo cual pudo incentivar las rutas de comunicación y transporte desde las Islas Británicas al Peloponeso griego, propiciando una difusión de una suerte de indefinida koiné micénica por la Europa “bárbara” del bronce.

Las joyas áureas de Wessex se formaron en la tradición local de las joyas campaniformes pero con el añadido de técnicas continentales. Uno de los ejemplos más destacables es la Capa de Mold (Clwyd), un vestido ceremonial con esferas y pequeños diamantes en repujado. En este sentido, Wessex, que dispuso de un acceso directo y bastante cómodo al continente, debió ser un centro religioso en el II milenio, de ahí que las tumbas más llamativas no se encuentren alejadas del  lugar de Stonehenge. En la región isleña Británica, específicamente en Irlanda, sobresalen, además, los discos, hallados en parejas y con decoración de motivos cruciformes, destinados a ser prendidos en las ropas, y las lunulae, láminas de oro en forma de cuarto creciente lunar con extremos rematados en paletas, unas joyas de carácter personal que de llevarían colgadas del cuello.

Estas lunulae aparecieron en depósitos aislados. Suelen poseer una ornamentación a base de triángulos enlazados y rombos. Es muy probable que hubiese habido una inspiración en los motivos de la cerámica campaniforme, aunque no hubo mucha población campaniforme en Irlanda. Lo que parece seguro es que su posesión tendría como finalidad la exhibición, siendo símbolos de poder. Entre las principales lunulae se puede mencionar el ejemplar de Blessington, hoy en el British Museum. Estas piezas satisfarían el afán de representación y ostentación, así como el exotismo del Bronce Antiguo en un ámbito popular, en tanto que no formaban parte de ajuares funerarios.

Aunque los países de Escandinavia adolecen de recursos metalíferos produjeron sin embargo notables piezas de metal, como armas, adornos y objetos personales. Seguramente esta aparente contradicción se explica porque estas regiones contaron con una destacada moneda de cambio, el ámbar. Gran cantidad de ajuares metálicos y vestimentas fueron recuperados de las inhumaciones individuales en cajas hechas con troncos bajo montículos tumulares en Seeland, Jutlandia o Goteland. También en estas latitudes se hicieron donaciones votivas de armas (espadas sobre todo) y otros objetos de bronce a las aguas de ríos, pantanos, pozos o lagos, en honor de las deidades acuáticas y como recurso de protección divina.

Los discos de cinturón fueron objetos de la donación ritual, aunque también se depositaron en tumbas (Soborg, Hverrhus). Las placas de estos discos presentan bandas concéntricas que contienen espirales, un tema habitual en la metalistería nórdica durante la Edad del Bronce. Un disco de bronce, llamado disco del sol, apareció instalado en un carro de seis ruedas del que tira un solo caballo. Fue descubierto en la marisma de Trundholm, al norte de Zealand, y datado a mediados del II milenio a.e.c. Anverso y reverso del disco aparecen decorados con motivos de círculos, algunos engarzados en espirales. A través de unas riendas el caballo tira del disco solar. Va engalanado el animal con placas y motivos en oro.

Es bastante factible que el vehículo estuviese orientado a recorrer un camino análogo al del Sol; primero un camino de ida, de este a oeste, mostrando la cara más reluciente del disco, y después uno de vuelta, de oeste a este, con la cara menos luminosa o apagada. Aunque no se puede descartar su uso como un juguete móvil, tal vez la pieza represente en pequeño tamaño algún ejemplar ritual de mayor envergadura que podría haberse empleado en ceremonias y procesiones.

Desde el siglo XIII a.e.c. en Centroeuropa se hacen comunes los enterramientos en urna, en zonas como Provenza, Tirol, Polonia, nordeste de la Península Ibérica y valle del Rin. Se trata de las necrópolis llamadas Campos de Urnas del Bronce Final. La implantación de las tumbas de incineración en regiones llanas hacen retroceder las construcciones tumulares. El cambio de ritual funerario se produjo en zonas de Hungría, desde donde se expandió hacia occidente. Las ideas y conceptos fueron los que se movilizaron, no las gentes. Ello supuso una suerte de reorientación de las mentalidades.

Son bastante escasos los poblados y asentamientos, al margen de los enterramientos en urnas, en la Edad del Bronce Antiguo, pero ya más abundante en el Final, donde se localizan en elevaciones y promontorios. Estos yacimientos fortificados más notables corresponden a la cultura de Lausitz (Polonia y Alemania). La presencia de fortificaciones implica la de armas. En efecto, circularon grandes cantidades de armas de bronce, defensivas como corazas, escudos o cascos, además de ofensivas, del tipo espadas sobre todo. La panoplia militar acompañaba al difunto en su sepulcro, de ahí la habitual aparición de armas en depósitos enterrados o arrojados a ríos y pantanos. Muchos de los depósitos de objetos metálicos fueron de carácter votivo. Se consideran donativos de quienes los poseían a los espíritus de montes, grutas o aguas. No obstante, algunos pudieron ser almacenes de metal e incluso escondrijos en tiempos de crisis o de peligros inminentes.

Hubo dos áreas geográficas principales en esta época del Bronce Final, por un lado la Europa nórdica, y por el otro la atlántica. La primera destacó por sus broncistas y la segunda por sus refinados orfebres. Aunque las tumbas con ricos ajuares son frecuentes en las fases tempranas de las Urnas (siglos XIII y XII a.e.c.) en toda Centroeuropa, los ajuares de las urnas acabaron por uniformizarse, lo cual puede señalar la participación de más individuos en los asuntos comerciales, del transporte, la explotación de la tierra y hasta de la guerra, contribuyendo así a reforzar el engranaje social y económico de la época. En definitiva, la sociedad del Bronce Final pudo ser un tanto más igualitaria.

En el Bronce Final se elaboró tecnológicamente el equipo militar. Es así que las gentes guerreras de los Campos de Urnas empleaban escudos redondos, algunos de ellos hechos de cuero, aunque otros en bronce, que aparecieron en las tumbas. Destacan los ejemplares de Clonbrin y Churchfield, en Irlanda así como los hallados en depósitos en las Islas Británicas o Centroeuropa. También usaban coraza, bien en el ámbito real como ceremonial o ritual, entre las que destaca las nueve encontradas en Petit Marais, y la de Caka, en Eslovaquia. Al margen de escudos y corazas, fueron relevantes los cascos de cimera crestada, unas armas funcionales pero también llamativas al ser vistas. En este caso, se destacan los ejemplares de la marisma de Brons, en Vikso, Dinamarca, que destacan por presentar cuernos encorvados en la forma de una lira, y cuyas cimeras debieron estar cubiertas por penachos de plumas o tal vez cresta decorativas. Es muy probable que tales cascos hayan servido para un ceremonial de culto.

Los grandes recipientes metálicos hallados en determinadas tumbas de cámara de la época final de las Urnas (900-800 a.e.c.), son piezas de una gran calidad. Uno de ellos es el vaso de bronce de la Tumba Real de Seddin. Otro destacable es el ejemplar descubierto en el ajuar de una tumba de cámara en Acholshausen, que muestra cuatro aves acuáticas que empujan un carro de cuatro ruedas  que transporta una vasija de bronce. Tales vehículos con ruedas que llevan vasijas broncíneas con forma de crátera, ánfora o urna, son célebres en Dinamarca, Bohemia y los Balcanes. Han recibido la denominación de hervidores de agua. Estos carritos escandinavos y centroeuropeos que acarrean vasijas (vasija de Peckatel, vasija de Skallerup), debieron tener una clara función ritual.

El modo funerario de la inhumación no se abandonó por completo en la época de la Urnas en la Europa occidental. Este hecho ha permitido que algunas sepulturas hayan ofrecido en sus ajuares anillos, alfileres y adornos en bronce. En la tumba de Les Gréves destaca un pectoral, mientras que en la 101 de Colombine, lo hace una hermosa diadema formada al acoplar placas de colmillo de oso polar. En los ajuares de los enterramientos nórdicos se hallan conjuntos de ornamentos que se llevaban en el cuello (torques), en las prendas (fíbulas de disco) o en la cintura (discos), además de útiles de aseo personal. La temática ornamental principal es la espiral, que posee, a buen seguro, valencias simbólicas. Se trata de una temática que tuvo, no obstante, su génesis en Centroeuropa. Entre estos utensilios destacan las navajas de afeitar escandinavas, que adoptan la forma del casco de un navío, si bien las navajas suntuosas más antiguas adoptarían la forma de ciervos, seres humanos y prótomos de caballos en el agarradero, como es el caso del conocido ejemplo de Gerdrup. Otras temáticas sugerentes fueron, asimismo, aquellos alusivos al disco solar, figurillas humanas que son viajeros en los barcos y peltas que se parecen al perfil de las hachas de ceremonias. El afeitado debió formar parte integrante de algún tipo de ritualidad religiosa.

El trabajo en oro, en forma de joyas, es destacado en la Irlanda de la última fase del Bronce Final, entre 800 y 700 a.e.c.  Las joyas halladas en los depósitos destacan por las diversas técnicas empleadas, sobre todo el troquelado, el repujado, el grabado y el cincelado. Uno de estos depósitos, el del poblado fortificado de Mooghaun North, contenía casi ciento cincuenta piezas áureas, entre ellas brazaletes, torques y collares. Una producción característicamente irlandesa fueron las abotonaduras, cuyo principal ejemplar procede de Clones. Debieron desempeñar estrictas funciones rituales o ceremoniales. Sus orígenes pueden hallarse en las fíbulas nórdicas de placas discoidales.

Una parte relevante del legado estético de la Edad del Bronce europeo parece reflejar una religiosidad asociada al culto solar. Varios objetos, decorados con espirales y entramados curvilíneos, parecen responder, de forma directa o indirecta, a este culto, como es el caso de las aves acuáticas, ruedas, círculos radiados, toros con cornamenta, barcos, carros y los personajes que en ellos viajan.

Entre las figuras en terracota del ámbito danubiano destaca una estatuilla, hoy desaparecida (se perdió a lo largo del desarrollo de la Primera Guerra Mundial), cuya procedencia se registró en el cementerio del Bronce Medio de Klicevac (Serbia oriental). Hallada en 1881 en el interior de una urna con restos humanos cremados, se dató en la segunda mitad del II milenio a.e.c. y pertenece a la cultura de Dubovac-Zuto.

El aspecto es el de un ser que se muestra emitiendo haces lumínicos o de fuego desde una esfera celestial o inframundana. Su aspecto expresionista se resalta con su vestimenta: una falda acampanada con franjas de dameros entre bandas de zig zags. Los brazos convergen en el centro al lado de la placa colgante de un collar con broche circular, ornamento que combina con un torques con puntas en espiral. A la intensidad compositiva de nariz, cejas y orejas se suma unos ojos grandes, redondos y equidistantes, con elevado poder comunicativo. El cabello se recoge en una suerte de diadema denticulada. El sentido y la simbolización de la figura es desconocido, aunque es probable que se haya ideado mostrando algún poder sobrenatural.

A fines del II milenio pertenece un carruaje de terracota hallado en el yacimiento fortificado de Dupljaja (Vojvodina, Serbia). Se trata de un carro de tres ruedas que aparece tirado por un par de ánades erguidos que portan collares al cuello. El carruaje transporta a un personaje masculino de cara de ave, ornado con colgante y un torques, vestido con túnica talar que presenta triángulos incisos y círculos. Delante de la figura el carro lleva un tercer pájaro, en una posición centralizada.

Podríamos estar ante una figura que fuese una deidad y el ave su atributo. De hecho, la presunta deidad aparenta moverse gracias a la fuerza desplegada por los servidores-ave, y quizá se encuentra en un proceso de metamorfosis-transfiguración en su propio símbolo (el pájaro). Si al carro se le otorga una función ritual, representando el recorrido del astro solar, la figura que en él se encuentra podría entenderse como una divinidad del sol que está en sacra comunión con el ánade. Conviene recordar que agua, pájaro y carruaje se reúnen simbióticamente en aquellos vehículos que transportan vasijas de bronce tan típicos del Bronce Antiguo y Medio europeo.

En tal sentido, los pájaros en el fondo de un plato de un ajuar de incineración encontrado en un yacimiento de la cultura de Lausitz, Alemania, debieron desempeñar también un papel no únicamente ornamental, sino de carácter ritual.

Unos objetos en chapa de oro cónicos y alargados, en forma de cilindros apuntados y que suelen adoptar una base acampanada son, asimismo, propios del Bronce Final europeo. S ha dicho que pudieron ser una suerte de ritones con función de vasos rituales, o carcajs ceremoniales, sin embargo, lo más probable es que sean columnas ardientes o tal vez conos que se podrían interpretar como axis mundi y, por tanto, como objetos de culto solar en la Edad del Bronce.

La cerámica del Bronce Final tuvo una funcionalidad meramente artesanal, si bien en las últimas fases del período sobresalen vasos de ofrendas, platos y urnas con decoración geométrica. Se trata de la cerámica pictográfica, normalmente hallada en cuevas, localizadas sobre todo en el Languedoc y en Charente, al sur y oeste de Francia, respectivamente. En la ornamentación destacan trazos incisos formando espinas de pez o cuadrados, además de redondeles y lo que parecen simulacros de animales con dos patas. Incluso se muestran figuras con forma humana con las manos enlazadas, a modo de danzantes.

En depósitos votivos de Europa occidental, sobre todo en Dinamarca e Irlanda, han aparecido instrumentos musicales de viento, sobre todo la cuerna, un tubo cónico abocinado, y las cornetas danesas, trompas delgadas, largas y arqueadas, denominadas lurer. En este último caso destacan los ejemplos de Rorlykke y de Tellerup. Era un instrumento que se usaría en actos sociales diversos, procesiones y ceremonias religiosas.

En el arte rupestre del Bronce Final, representado en Irlanda, Galicia, Malta, Escandinavia o Bretaña, se encuentra la representación de laberintos, reticulados, manos, cazoletas o discos que configuran todo un repertorio iconográfico abstracto. La representación figurativa, en forma de animales, personas, armas, barcos o carruajes, se muestra integrada en una escenografía de danza, guerra, de procesión, caza o de labores varias. Se trata de un arte que ignora la congruencia escenográfica si bien parece tener, a través de un dibujo esquemático, plena consciencia de su contenido narrativo.

Uno de los centros principales de este arte lo encontramos en los Alpes Marítimos, en el denominado Valle de las Maravillas, en donde se pueden apreciar casi cien mil grabados en los que abunda la presencia de representaciones esquemáticas de cabezas de buey y símbolos en forma de cono (además de puñales y alabardas). La figura humana está poco representada, aunque una de las figuras más llamativas es el denominado Brujo, un rostro de trazos abstractos del cual surgen un par de manos que tienen puñales acostados. Tal vez estemos ante una deidad con poderes cosmológicos. En este valle parece que se rendiría culto, si se estima esta interpretación, a una divinidad de las tormentas, indomable ser creador y benefactor de la lluvia que fertiliza los campos de cultivo.

Otra buena serie de grabados rupestres los encontramos en Val Camonica, en donde predominan las composiciones monumentales, con presencia de vehículos, armas, ciervos y símbolos del sol. Gracias a su cornamenta, se consideraba al ciervo, representado en manadas, como un animal regio, que debió ser venerado por su fuerza y altiva figura. Es factible que por su aparatosa cornamenta fuese señalado como un animal propiciatorio.

La más sustancial riqueza nórdica de arte rupestre de la Edad del Bronce se encuentra en Zealand, Dinamarca, y en Bohuslän y Scanie en Suecia. Parecen referirse al culto a las aguas, al sol a los animales con cuernos como el toro, así como a divinidades benefactoras de la agricultura. Precisamente en Bohuslän destaca la figura humana de un gigante itifálico que porta un hacha ceremonial o bien una lanza. Por otra parte, danzantes y gesticulantes formando escenas sobre barcos están bien representados en Engelstrup. Por debajo de un barco que es impulsado por un par de aves se desarrolla una escena de adoración a un disco, probable manifestación de culto solar. El propio buque sería símbolo de prosperidad, vida y de movimiento. También son frecuentes, finalmente, los carros de dos ruedas en las rocas de Scanie, Suecia.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, mayo, 2021.



[1]En los cementerios de la época en toda la región de los Cárpatos se adaptó la incineración como modo funerario bastante tiempo antes de la presencia y consolidación de las necrópolis de urnas centroeuropeas. 

13 de mayo de 2021

Arqueología: diosa nabatea Hayyan y moneda de los Catuvellaunos



Un par de interesantes piezas atribuibles, una al mundo nabateo de Petra, y la otra al ámbito prerromano de Britania. La primera se trata de una escultura hallada en el templo nabateo de los Leones Alados, que conserva una inscripción que ha sido traducida como “diosa Hayyan; hija de Nybat”. Se cree que esta Hayyan sería la equivalente nabatea de Afrodita-Venus. Eran habituales estas representaciones divinas en bloques planos de piedra sacra, con rostros apenas esbozados, muy esquemáticos. 

La segunda es una espléndida moneda de los catuvellaunos, una de las varias tribus prerromanas célticas presentes en Britania, que muestra un jinete en el anverso y diversos motivos geométricos (círculos, medias lunas) en el reverso. Esta moneda, como otras, pudo ser acuñada en Camulodunum (la actual Colchester), a la sazón ciudad principal de la tribu de los trinovantes, lo que implicaría una expansión hacia el este de estos Catuvellaunos. Uno de los notables reyes de esta tribu, el reconocido Carataco, fue el que luchó denodadamente (véase Tácito y Dión Casio), como líder de la “resistencia” contra aquel gobernador romano de nombre Publio Ostorio Scapula en las montañas de Gales. Tan renombrado fue este personaje que el compositor británico Edward Elgar le convirtió en tema de una cantata a fines del siglo XIX, finalmente dedicada nada menos que a la reina Victoria.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, mayo, 2021.


4 de mayo de 2021

Origen, formación y consolidación del antiguo Estado de Yamato en Japón



Imágenes: mapa del área de Yamato y línea sucesoria imperial Yamato (desde el siglo I a.e.c. a finales del siglo IV).

A finales del siglo IV comenzaron a construirse grandes túmulos funerarios, denominados kofun. Estos túmulos, con sus abundantes y preciados bienes sepulcrales señalan que fue en esta época cuando surgió en la región de Yamato un poder central poderoso y próspero capaz de movilizar una gran cantidad de población a su servicio. El nuevo Estado unificador estaba encabezado por un rey, Ókimi, el principal jefe entre los jefes tribales (kimi). Sometiendo a los demás, el rey señalaba en cada kuni sometido un territorio bajo su dominio directo, otorgando objetos de bronce, espejos y espadas principalmente, que simbolizaban la subyugación pero también un reconocimiento del poder local.

En el siguiente siglo los reyes de Wa aparecen citados en las fuentes chinas. La Crónica de Song menciona cinco reyes de Wa que tributaron a la dinastía meridional de China. Se trata de San, Chin, Sai, Kó y Bu, quienes corresponderían a los monarcas que en la Crónica de Japón o Kojiki serían conocidos como los tennó Nintoku, Hanzei, Ninkyó, Ankó y Buretsu. Eran reconocidos como soberanos de Wa por medio del otorgamiento de un título militar (Pacificador) de un territorio, desde la óptica china, bárbaro, territorio que incluía regiones del sur de Corea.

En esta misma época, aparecen en la península de Corea, con notable influencia política y cultural de China, tres reinos, llamados, respectivamente, Paekche, Silla y Koguryó. El estado de Yamato mantenía contactos tanto con Silla como con Paekche, además de un grupo de reinos meridionales de menor tamaño que recibe el nombre de Kaya. Estos Estados coreanos se aliaban en ocasiones, pero otras veces luchaban entre sí, buscando apoyo de uno u otro reino chino, además de Wa. El rey de Wa contaba con Mimana, un pequeño territorio colonial en Kaya, bajo su control, como base de operaciones comerciales. Sería abandonada en 562 debido a las arremetidas de Silla.

Las continuas guerras en China y Corea causaron que muchos refugiados llegaran al archipiélago japonés. Algunos eran miembros de casas reinantes o incluso nobles protegidos por los reyes de Wa, si bien la mayoría era gente trabajadora que traía nuevas tecnologías en distintos oficios. Se asentaron en diferentes regiones como colonos agrícolas o formando comunidades de artesanos, con gremios que servirían al palacio real o a los jefes y clanes dominantes. Se trataba de herreros, tejedores, músicos o escribas. Este aporte de nuevos inmigrantes desde China y Corea fue esencial para desarrollo agrícola y artesanal además de serlo para el establecimiento de un marco institucional por parte del Estado de Yamato. Por supuesto, fueron el soberano y los nobles de la corte, formada por los clanes dominantes, los que dispusieron de tales novedosas tecnologías. No obstante, al tiempo repartían arados o telas de seda, cuya producción había sido estimulada con la intención de abonar tributos, a los jefes de los clanes subordinados como retribución por la lealtad mostrada en forma de tributación o servicios personales. Tal vez el principal aporte de estos inmigrantes a la consolidación del Estado haya sido la introducción de la escritura china, aunque también fueron de extrema relevancia artes de gobierno, como las leyes, los rituales o el propio marco institucional, factores que coadyuvaron al reforzamiento de la concentración de poder bajo la hegemonía de Yamato.

El gran monarca, a la vez jefe político y religioso, otorgaba kabane o títulos (kimi, omi, atae, muraji) a los jefes de clanes para así garantizar el poder e influencia de los mismos en un específico territorio, todo ello a cambio de la subordinación a su poder y del pago de tributos. Los jefes de los clanes más destacados, como Ótomo, Soga o Mononobe, así como ciertos nobles originarios del continente y Corea, como los Hata, constituían la corte del soberano, participando directamente en el gobierno, en tanto que los jefes de clanes menores y los inmigrantes desempeñaban funciones de gobierno diversas y ejercían oficios que beneficiaban a la corte, del tipo escribas, guardianes, músicos, danzantes para los rituales y ceremonias o los artesanos.

Los jefes de clanes de las regiones subyugadas eran responsables del gobierno local bajo cuyo dominio estaban las comunidades agrícolas sedentarias originariamente Yayoi, además de las colonias de inmigrantes. Existían esclavos domésticos, que procedían del botín de guerra, los castigos por fechorías o las deudas. Pertenecían a la corte del rey y a los jefes de los clanes principales. Esta primaria y más antigua organización del Estado Yamato, vagamente centralizada todavía, recibe el nombre de Régimen de Clanes y Títulos Shiseisei.

A la par que el gobierno de Yamato fortalecía su organización centralizadora, mantenía una constante conquista de poblaciones no sometidas, caso de los hayato, los kumaso y los emishi. La expansión del poder de Wa en Yamato requirió la adopción de una organización gubernamental compleja, además de una ideología que pudiese legitimar el poder central y el mantenimiento del orden. De este modo, se introdujeron varias artes auxiliares de gobierno, como el calendario, la adivinación, la astrología y, sobre todo, los mitos y crónicas. Todo ello se asentaba en corrientes filosóficas y religiosas originarias de China, taoísmo y confucianismo, así como de India, el budismo.

A lo largo del dilatado período en el que se produjo el surgimiento y la consolidación del Estado Yamato fueron muy frecuentes las guerras intestinas por las rivalidades entre los principales clanes, así como debido a las habituales rebeliones de los muchos poderes locales. Estos conflictos se asociaban con los nexos que uno u otro de tales clanes establecían, dentro del Estado Yamato, con uno u otro de los Estados coreanos.

La manera de garantizar la continuidad del régimen y la legitimidad de la autoridad de Yamato, era establecer una sucesión hereditaria, incluyendo las mujeres. En 592 accede al trono la monarca Suiko, bajo cuya iniciativa se organizaron medidas para alcanzar una mayor institucionalidad del gobierno. A través de las mismas se abonó el terreno para introducir de modo sistemático aspectos culturales de la civilización china a lo largo de la siguiente centuria. Se establecieron una docena de rangos de nobleza y se adoptó un Precepto Ético para ministros y funcionarios con la intención de procurar el buen gobierno, cimentado en la armonía y la bondad.

Mientras, a fines del siglo VI, en China se restablece el Imperio de la mano de los dinastas Sui. El príncipe Shótoku envió, en 607, una misión para entablar relaciones oficiales con Sui. La misión diplomática fue encabezada por Onono Imoko, e incluía estudiantes y monjes, que a su vuelta vendrían empapados de conocimientos sobre las instituciones, el modo de enseñar y las artes. Shótoku se dirigió al emperador de Sui en términos igualitarios, pero según la filosofía política china, el Mandato del Cielo únicamente puede recaer en una persona (no puede haber dos Hijos del Cielo). En vista de ese inconveniente, en Japón se adoptó el título de Emperador del Cielo (tennó), pronunciado sumeragi. Desde ese momento, se emplearon los caracteres nippon (Sol saliente) para designar la denominación del país, conocido hasta ese instante y según la costumbre, como Wa.

Al fallecer Shótoku, el clan Soga acrecentó su influencia política en el gobierno, pero los opositores a Soga se unificaron alrededor del príncipe Nakano-óe y Nakatomi-no-Ka-matari (luego Fujiwara-no-Kamatari), quienes matarían a los líderes del clan Soga, declarando en 645, el inicio de una nueva política, que adoptaba de forma sistemática elementos de la cultura china. Nakano-óe (sumeragi o tennó Tenji) establecerá los cuatro principios de la Renovación, el establecimiento del dominio público sobre la tierra y la población con la consiguiente abolición del dominio privado por los clanes poderosos y el linaje real; la organización del gobierno central y local siguiendo el modelo chino adaptado ya en Corea; un sistema de asignación de la tierra a la población según edad, sexo y estatus y; un sistema de tributación en especie y servicio personal a la población según sexo y edad.

El tennó Tenji fortalecerá el Estado a través de un código, llamado Omirei. Además registrará a toda la población. A su muerte en 672, hubo un conflicto por la sucesión entre sus dos vástagos, el príncipe Ótomo y el príncipe Oama. Este último ocupó el trono, pasando a llamarse, en la crónica oficial, tennó Tenmu. Su política tendió hacia la consolidación del régimen centralizado al estilo de los Tang en China. Crea el Código de Asuka-Kiyomihara, base del posterior Código Taihó de 701. Ahora, el Emperador del Cielo gobernaba directamente tomando decisiones políticas y militares en audiencias, además de presidir las ceremonias y ritos, que servían para certificar la unificación y la supremacía de su clan.

A partir de Tenmu y su sucesora, su viuda Jitó, se avanzó en la institucionalización del Estado al establecerse un gobierno central y local con un fuerte soporte burocrático. El país abarcaba gran parte del archipiélago japonés, aunque ajenos al proceso de integración del Estado centralizado, quedaron el norte de Honshü, Hokkaidó y las islas Ryükyü. El territorio unificado se dividió en seis regiones y Kinai, la región central donde se ubicaría la capital según el ideal chino (en Heijó). Cada región se dividió en provincias (kuni), cada provincia, en condados, cada condado, en comunidades y, finalmente, cada comunidad, en ko, unidades domésticas básicas.

En fin, en el proceso de consolidación del Estado centralizado, además de la influencia de la filosofía política china (el legalismo) y la ideología social del confucianismo, el budismo  también desplegó un rol crucial en virtud de su carácter universalista y transcendental, sobre todo el de la corriente Mahayana.

La crónicas oficiales, la Crónica antigua (Kojiki), escrita en japonés, en 712, siguiendo la narración de Hieda no Are, así como la Crónica de Japón (Nihonshoki), en chino (720), a partir del modelo chino de crónicas dinásticas, tuvieron como referencia las crónicas anteriores de monarcas y jefes de los kuni más fuertes. A ellas se suma, asimismo, un registro descriptivo de cada provincia (Fudoki). A través de la oficialidad de las crónicas y los registros descriptivos, el gobierno del tennó unificó la visión histórica alrededor del origen mítico del gobernante y la genealogía de los clanes. Todo ello se hizo con el claro objetivo de legitimar, justificándolo, el poder y el ordenamiento existente. Los mitos recogidos en Kojiki apuntan que la Gran Diosa que Ilumina al Cielo (Amaterasu) descendió para gobernar las islas japonesas, fundándose así el linaje de la monarquía japonesa de los tennó. Una vez que esto ocurre, el Kojiki pasa de la Edad de los dioses a la de los Hombres divinos. Aun mitológica y no histórica, se comienzan a reflejar ciertos hechos históricos reales. La historia de la pacificación de las arañas de tierra por Jinmu, primer tennó mitológico, parece recrear el proceso de conquista de las tribus locales por el poder emergente de Yamato.

A partir de la práctica establecida por el rey de Yamato, el tennó conservó las funciones religiosas tradicionales, relacionadas a la ritualidad agrícola anual. La principal diferencia entre el régimen de tennó y el sistema imperial chino se halla en la concepción mágico-religiosa del poder regio. Mientras el emperador chino es un mortal virtuoso que recibe el Mandato del Cielo para poder gobernar, el tennó es el sumo sacerdote que preside los ritos del Estado además de la encarnación del espíritu ancestral de los tennó. Finalmente, el culto a los dioses múltiples (kami), fue institucionalizado y jerarquizado, integrándose al sintoísmo, sistema cultual oficial comandado por la deidad solar Amaterasu-ómikami, considerada, desde entonces, el ancestro mitológico del linaje del tennó, del emperador.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, mayo, 2021.