14 de mayo de 2012

La Evolución Humana II. Homininos transicionales: Homo Hábilis y Homo Rudolfensis

HOMO RUDOLFENSIS KNM ER 1470. HALLADO EN KOOBI FORA, KENIA, Y DATADO EN EL PERÍODO GELASIENSE DEL PLEISTOCENO INFERIOR
 
 
Los primeros hallazgos de lo que hoy se conoce como Homo hábilis se llevaron a cabo en 1960 en la garganta de Olduvai, Tanzania, por parte de Louis y Mary Leakey. Estos primeros restos consistieron en algunos huesos de las manos, muchos de los pies y parte de una cima craneal. Desde un principio, hubo dudas al respecto de si estos vestigios pertenecían a una primitiva especie del género Homo o si correspondían a un hominino arcaico de mayor cerebro. En 1961 fue encontrado un cráneo un completo de un adolescente, dientes y una mandíbula inferior. El cráneo no mostraba una cresta semejante a la de los cráneos de los individuos Paranthropus Boisei, en tanto que sus molares y premolares eran considerablemente más pequeños que los de Boisei. Estos nuevos hallazgos motivaron que Louis Leakey, el anatomista John Napier y Phillip Tobias argumentaran que se podía justificar el establecimiento de una nueva especie, Homo hábilis, dentro del género Homo, a pesar de que el cerebro de este último descubrimiento estaba por debajo (600-700 c.c.) de la medida considerada estándar para el género (750 c.c.), y a pesar también de que los fósiles desenterrados en Koobi Fora, en Kenia, parecían evidenciar una estimación de la longitud de sus miembros no diferente de la de aquellos de los Australopithecus afarensis. En términos generales existen pocas distinciones entre Homo hábilis y los homininos arcaicos australopitecinos. A través del tamaño de la mandíbula y de los dientes, que sirven para estimar el tamaño del cuerpo, se evidencia que hábilis es más similar a los australopitecos que a los Homo posteriores. Además, el esqueleto pos craneal de hábilis apenas difiere del de los australopitecos y de los parántropos. Si bien la presencia de huesos de la mano  sugieren que hábilis fue capaz de poseer ciertas destrezas manuales necesarias para la manufactura y uso de herramientas simples de piedra, también tal habilidad es aplicable a Australopithecus afarensis y a Paranthropus robustus. Lo cierto, sin embargo, es que cráneos, mandíbulas y dientes de Homo hábilis son más variables de lo que cabría esperar en una simple especie. Es por eso que muchos investigadores dividen los restos en dos especies: Homo hábilis propiamente dicho, y Homo rudolfensis. Este último posee un cerebro más grande, en torno a 700-800 c.c. y una cara más alargada, lo que sugiere que su dieta pudo haber diferido de la de hábilis.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV