21 de enero de 2013

La revuelta Amarniense en el Egipto del Reino Nuevo (I)

PINTURA MURAL CON LAS HIJAS DE AJENATÓN. PALACIO REAL DE TELL-EL AMARNA, MUSEO ASHMOLEAN, OXFORD.


El período amarniense, instalado en el desarrollo de la Dinastía XVIII, comprende desde el reinado de  Amenhotep III y de su sucesor Ajenatón hasta el de Tutankhamón, momento en que la capital se ubica en Tell el Amarna. Se trata de un breve período, de unos treinta años, considerado una verdadera revolución, pero impulsada desde arriba (sin el pueblo), que afecta todas las esferas del territorio egipcio. Si bien sus objetivos básicos eran religiosos, lo cierto es que este momento es el inicio del fin del clasicismo egipcio. Se rompen los cánones que hasta ese instante regían la lengua, el arte, la literatura y la cultura en general, que los egipcios consideraban clásicos. Aunque la revolución religiosa fracasó, la cultura egipcia ya nunca fue igual. El período, considerado una crisis, acaba, por lo tanto, con el clasicismo. Ajenatón (Amenhotep IV, 1364-1347 a.n.E.), casado con Nefertiti, era un idealista absorto en especulaciones filosóficas y teológicas y, en consecuencia, un anti tradicionalista. Al comienzo del reinado mantuvo las formas tradicionales, pero después hace construir en Tebas un templo a la deidad solar Re-Haractes, sol inmaterial del firmamento, al que denominaba Atón. Los textos nos lo muestran creyendo en un dios único, en esencia bueno, el creador de lo que existe. Se rechazan los mitos de la religión tradicional egipcia. El hombre se consideraba la principal criatura obra de Dios. Estas especulaciones se oponían al pensar religioso del clero de Amón en Tebas, y el rey las apoyaba en el pensar del clero solar de Heliópolis. Hay, entonces, un enfrentamiento religioso y, a la vez, político. Surgen dos facciones: la clerical, apoyada en la oligarquía que controlaba la administración, y la real, que busca apoyo en nuevos sectores de la población que acceden ahora a los círculos del poder.
Amenhotep IV se auto nombró Gran Vidente, gran sacerdote de la deidad, lo que suponía que no acataba la autoridad suprema del gran sacerdote de Amón, al que le retiraba el poder espiritual (como sumo pontífice) y el temporal (al suprimirle la administración de sus bienes seculares.) En el año cuatro de su reinado rompe relaciones con el clero de Amón, abandona Tebas y funda una nueva capital, llamada Ajetatón (Tell el Amarna hoy). La revuelta amarniense se debió a una corriente de pensamiento real y al enfrentamiento entre la monarquía y el clero de Amón, si bien no dejó de ser una verdadera utopía. Su fracaso parece suponer el inicio de la decadencia de la civilización egipcia. El culto de Amón fue abolido, y sus inscripciones y representaciones escultóricas destruidas, instalándose en su lugar el culto al dios único Atón, deidad sin forma ni imágenes, cuyo sacerdote y profeta era el propio soberano, Se suprimieron los cultos a los restantes dioses, cerrándose templos y confiscándose los bienes de los mismos. Se suprime, además, la clase sacerdotal, y la vieja oligarquía social es apartada del poder debido a sus notables vínculos con el antiguo clero tebano. El rey elige a sus colaboradores entre las clases populares, probablemente, personas fanáticas de la nueva religión. Los profundos cambios propugnados por Ajenatón únicamente lograron la adhesión de pequeños círculos de fieles, interesados y fanáticos.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV