12 de enero de 2023

Un puerto para Roma: Ostia Antica











La tradición literaria señala que la ciudad portuaria de Ostia fue fundada por el rey Anco Marcio a finales del siglo VII a.e.c., en un lugar que ya contaba con un asentamiento del siglo anterior, denominado Ficana. No obstante, la arqueología ha demostrado que las estructuras más arcaicas son de principios del siglo IV, en una época ligeramente posterior a la conquista de Veio. Pero también hay que destacar que las excavaciones arqueológicas han mostrado elementos de fases más antiguas, en particular fragmentos de decoración arquitectónica en cerámica que datan del siglo V a.e.c., así como vestigios de cabañas. No en vano, el sitio de Ostia se documenta mencionado un par de veces en estrecha relación con acontecimientos acaecidos en esa centuria. Todo esto posibilita la presencia de una primera fundación, quizá en un lugar desconocido o todavía no explorado.

Lo cierto es que la zona era muy frecuentada, en relación al papel que desempeñaba la margen izquierda del río Tiber en el comercio de la sal. El tramo final de la llamada Vía Salaria (Vía Ostiense) transcurría por esta región, siendo de capital importancia para las poblaciones sabinas. La relevancia estratégica, por tanto, pudo desempeñar un significativo rol en el empeño romano por controlar la zona, para lo cual éstos tuvieron que enzarzarse en conflictos con poblaciones latinas y etruscas.

La primera colonia de Roma fue el centro erigido en el siglo IV a.e.c., con trescientos ciudadanos con la premisa de controlar la vía fluvial. El asentamiento, de forma rectangular y rodeado de una muralla defensiva al modo de un castrum, refiere una inicial función militar. Desde poco antes de mediado el siglo III a.e.c. el puerto se convirtió en un mando de la flota romana, aunque ya desde 212 a.e.c. se constata que en el puerto fluvial se depositaba el trigo para el reparto militar. Paulatinamente, empezaría a prevalecer la función mercantil sobre la militar. Desde fines del siglo II a.e.c., el cuestor de Ostia se encargaba de importar el trigo que después se redistribuía a Roma.

Tras ser atacada por piratas y ser asaltada por Sexto Pompeyo, a mediados del siglo I a.e.c., Ostia adquirió una autonomía de grado respecto a Roma. A través de una nueva legislación se creó un colegio de cien decuriones con poder legislativo, un par de duoviri, de funciones judiciales, y dos ediles, que se encargarían de los servicios públicos y los mercados. Ya en la etapa imperial aparecerían los quaestores, responsables del erario o tesoro de los ciudadanos. En el aspecto religioso el principal cargo lo desempeñaba el Pontifex Volcani, encargado del culto a Vulcano, que era el dios que protegía la colonia.

Durante los dos primeros siglos de nuestra Era la relevancia comercial del puerto trajo consigo la necesidad de una nueva cuenca portuaria, a lo que se abocó primero un proyecto de Claudio y después otro posterior de Trajano. A comienzos del siglo II se instituyó en Ostia el cargo de encargado de los edificios públicos, que tenía la misión de supervisar la renovación urbana de la ciudad. Ya muy posteriormente, Constantino dotó a la ciudad de una nueva muralla y de su primera basílica cristiana. La decadencia definitiva de Ostia comenzaría en el siglo V.

Son muy numerosos los restos hoy todavía visibles de Ostia. Destacaremos y detallaremos una buena cantidad de los mismos. La necrópolis de Puerta Romana se empleó desde el siglo II a.e.c. hasta el III-IV. Fue utilizada por los funcionarios de la colonia así como por miembros de clase acomodada. En ella sobresale la Tumba de Hermógenes, un escriba de los ediles curules, y la tumba de los Arquillos, que presenta decoración arquitectónica policromada. Luego destaca la Puerta Romana, parte de la muralla que ordenó construir Sila entre el 80 y el 63 a.e.c., conformándose como la entrada monumental a la ciudad. Tras la puerta, se encuentra la Plaza de la Victoria, con vestigios de un templete dedicado a las ninfas, así como los almacenes republicanos.

Otro lugar destacable son las Termas de los Cisiarii, tal vez baños privados del gremio de los carreteros. Más relevante todavía son las Termas de Neptuno, con algunos mosaicos de suelo en blanco y negro, que formaron parte del proyecto de renovación urbanística iniciada por Adriano y completada por Antonino Pío hacia mediado el siglo II. La caupona de Fortunato es una taberna vinaria, mientras que la insula del Hércules y la del Techo Pintado representan construcciones privadas de la clase media de la época de Adriano.

Sin duda el teatro es una de las construcciones más sobresalientes de Ostia. Erigido a finales del siglo I a.e.c., es un palpable ejemplo de la propaganda de Augusto. Lugar de entretenimiento y de encuentro social, fue ampliado por Cómodo y después restaurado por Septimio Severo, Detrás del teatro se halla la Plaza de las Corporaciones, un lugar de paseo y resguardo hecho por Augusto. Acabó siendo, entre los siglos II y III, el centro de la vida comercial de la ciudad.

La Sede de los Augustales, corporación político-religiosa de los libertos, que se encargaba del culto de la casa imperial, y la casa señorial llamada Domus de la Fortuna Annonaria, ejemplo de casa señorial de época tardoimperial, con esculturas de deidades y de personificaciones asociadas al comercio y a la ferilidad de la tierra, son otros dos ejemplos destacados en las ruinas de la ciudad. A ello deben sumarse los Grandes Horrea, edificio comercial construido por el emperador Claudio, con dos pisos, tras una ampliación de Cómodo, así como los molinos, que destacaban por la producción de harina tanto para el mercado local como el de la ciudad de Roma.

En la zona central de Ostia Antica se encuentra un barrio alrededor del Foro en donde se encontraban las calles más concurridas, destacando la Via Diana así como varias tabernae y talleres. En este sector, la Casa de Diana pudo ser un albergue para huéspedes que estaban en tránsito, de ahí la presencia de una letrina en común. Casi enfrente de la insula de Diana, la Plazoleta de los Lares estaba dedicada a los Lares Compitales, protectores del barrio. Además del Caserío de las Pinturas con varias insulae de alquiler, el Caserío de los Dolia, muestra un buen número de estas grandes tinajas de terracota semienterradas en el suelo destinadas al almacenamiento de vino y aceite.

Un sector especialmente relevante es el del Caserío del Thermopolium, con numerosas hosterías (popina) necesarias para las labores de artesanos, comerciantes, obreros y hasta trabajadores portuarios, que llegaban en las naves de carga.

La plaza principal de Ostia es el Foro, el centro socio-político de la urbe. Sobre todo en época imperial, desde los tiempos de Tiberio a los de Adriano, el Foro adquirió un carácter monumental, con presencia de pórticos columnados en los que se erigieron los monumentos simbólicos de la cultura tradicional de Roma. Aquí encontramos el Capitolium, templo dedicado a la Tríada Capitolina, datado a comienzos del siglo II, y alzado como una réplica del templo de Júpiter Óptimo Máximo del Capitolio romano. También aquí se halla el Templo de Roma y Augusto, empleado en el culto imperial, en donde quedan vestigios de una estatua de culto que simboliza a Roma vestida como una Amazona. En uno de los extremos del Foro se levantaron las Termas del Foro (mediados del siglo II, por iniciativa del prefecto del pretorio M. Gavio Máximo). Entre estas termas y el decumano se puede ver el Caserío de los Triclinios, la sede del colegio de los Fabri Tignuarii, corporación de constructorres de notable fama en la época del emperador Adriano. En el sector oeste del Capitolium, por su parte, se halla la presumible Curia (el Senado local, sede del colegio de los decuriones), un edificio de planta cuadrangular con un pórtico de seis columnas. La Basílica judicial de época de Trajano completa este espacio urbano.

Próximo a la Basílica está el Templo Redondo, tal vez un Pantheon o un Augusteum, construido en el siglo III. En frente de este templo se levanta la Casa del Larario, con un patio con nichos para las estatuas sacras de los Lares.

Un gran edificio de almacenes, llamado Horrea Epagathiana y Epaphroditiana por los nombres de sus propietarios, dos libertos enriquecidos gracias a las actividades mercantiles, cumplía la función de depósito comercial privado. Este gran almacén de dos pisos se levanta alrededor de un patio porticado con presencia de nichos para las estatuas de Afrodita y Agathé Tyche (Buena Fortuna). Unos edificios muy significativos son asimismo, las Tabernas de los Pescaderos, con una piscina vivero y un destacable mosaico de suelo en el que se observa a un delfíin mordiendo a un pulpo. Por detrás se encuentra el Macellum o mercado de carne, activo desde el siglo I al V.

El área sacra republicana es una suerte de plaza con varios edificios de culto. El principal es el Templo de Hércules (fines del siglo II a.e.c.) En el pronaos se encuentra la estatua de un atleta en reposo, probablemente un retrato heroico idealizado de Cartilio Poplícola, quien fue magistrado de la colonia. Era un lugar de veneración de Hércules como protector del comercio y como divinidad oracular, cuyos auspicios consultaban los comandantes de la flota antes de zarpar. Otros templos destacados son el Templo Tetrástilo, tal vez dedicado a Esculapio y asociado al Tíber, pues en Roma este dios poseía su templo principal en la isla Tiberina, y el llamado Templo del Ara Redonda.

La Casa de Amor y Psique, vivienda de personas pudientes, se halla, en una de sus habitaciones, decorada con mármoles policromados, el grupo escultórico de Amor y Psique. No obstante, parte del templo está dedicado a las ninfas. La presencia de las ninfas es una adaptación al uso privado de un monumento particularmente específico de las construcciones públicas, un indicador del estatus social de los propietarios. Hacia el oeste se alzan las Termas de Mitra, una deidad irania del sol y del bien vencedor del mal, cuyo culto estuvo asociado a la simbología astrológica oriental, difundiéndose en la península Itálica a finales del siglo I a través de los mercaderes y militares. En Ostia alcanzó se mayor difusión entre los siglos II y III.

Un poco más adelante se puede ver el Colegio de los Mensores, pesadores de trigo, Su actividad se ve reflejada en un mosaico ubicado en la sala de reuniones, en el que se observa al mensor con el modius y el rutellum (bastón para nivelar), a cuyo alrededor aparecen varios mozos de carga y un asistente. Está contando los sacos de trigo ensartando cuentas.

En eje con el Caserío de Serapis se encuentran las Termas de los Siete Sabios, de época de Adriano, que muestra una pintura que representa a los siete famosos sabios griegos en el apodyterium o vestuario de estos baños. Algunos retratos, con sus nombres en griego, aparecen con máximas sobre las funciones fisiológicas. En la sala circular del frigidarium se conserva un mosaico de suelo en blanco y negro con escenas de caza, mientras que en una sala adyacente se representa la Venus Anadiomene (surgida de las aguas), con amorcillos. Muy cerca, en la insula de los Aurigas, se observan pinturas de aurigas en carros. Formaba parte de un gran complejo residencial de tres pisos que data de mediado el siglo II. En algunas de las salas se pueden ver escenas mitológicas, de la vida cotidiana y de caza, acompañadas de ornamentos geométricos.

En la sección opuesta al decumano se levantaba la Basílica Cristiana, de dos naves, construida sobre unas antiguas termas. En uno de los arquitrabes de la entrada de una de las salas se señalan los cuatro ríos del Paraíso terrenal, Fison, Geon, Éufrates y Tigris. Tal vez la sala fue un lugar de culto de un mártir o una escuela de catecúmenos. El Mitreo de las Paredes Pintadas (siglo II), se halla detrás de esta basílica. Fue erigido en el interior de una casa republicana. En su decoración pictórica se puede ver, por ejemplo, al Heliodromus con una antorcha o al Nymphus disfrazado de fémina.

Delante de un pequeño templo de los Fabri Navales se erige la Schola de Trajano, del siglo II. Quizá haya sido la sede de la corporación de los Fabri Navales. Su monumental entrada presenta cuatro columnas corintias, que abre paso a una exedra de mármol. Hacia el interior, una sala con ábside y columnas espiriliformes se empleaba para los banquetes sociales en homenaje a la llegada de un notable huésped o en honor de la botadura de una nave.

Otros dos espacios singulares son la Insula de las Musas y la Insula de las Bóvedas Pintadas. La Insula de las Musas era una residencia señorial, una domus de doble piso que acogía a una rica familia de clase alta. En la decoración, se conservan pinturas que representan a Apolo y a las nueve Musas, además de escenas dionisíacas. En la Insula de las Bóvedas Pintadas la decoración consiste en escenas dionisíacas y de la vida cotidiana. La Domus de los Dióscuros, con mosaicos del siglo IV, así como la Domus del Ninfeo se hallan en las proximidades. Un elemento destacable de este sector residencial lo configuran las casas-jardín.

Al sur del decumano se encuentra la Puerta Marina (otra de las puertas de la muralla silana), englobada por una serie de tabernae de la etapa de Adriano. En el sector externo a la puerta hubo una necrópolis, aunque en siglo I se erigieron allí edificaciones públicas. La Via Severiana, que conectaba Ostia, Porto y Terracina pasaba por esta zona. Muy cerca se encuentra el sepulcro de Cartilius Polícola (siglo I a.e.c.), así como las Termas de Puerta Marina o de Marciana (por el nombre de la hermana de Trajano), funcionales hasta la época de Teodorico (siglos V-VI), que conserva mosaicos de suelo representando atletas recibiendo premios en un entorno con peces y escenas marinas.

Finalmente, en la parte oriental de las termas está la Sinagoga, indicio de una activa, y antigua, comunidad judía en Ostia. En uno de sus espacios laterales se puede apreciar el horno para cocer el pan ácimo, y en la entrada el pozo para las abluciones rituales. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, enero, 2023.

9 de enero de 2023

Mitología nórdica: Ragnarök, un final para un nuevo inicio


Imagen: el dios Thor peleando contra la serpiente Jörmundgander, en un cuadro de Johann H. Füssli (1788).

Los comienzos de la mitología nórdica se asocian a una religiosidad que fue elaborada por una sociedad guerrera y también agraria. A pesar del proceso de cristianización sufrido, la mitología y la religiosidad ha quedado vinculada al folclore y a la cultura popular, hasta el punto que los resurgimientos neo paganos de nuestros tiempos beben en esas fuentes.

Uno de los episodios destacables en el marco de esta mitología radica en el ineludible compromiso que las deidades tienen de cumplir un inevitable destino, que supone su muerte así como la destrucción del mundo conocido, lo cual dará paso a la construcción de uno nuevo. Es un relato influenciado por la tradición cristiana y, sobre todo, por los pormenores de la descripción del apocalipsis.

El término Ragnarök contiene el sufijo rök, que significa condenación, de ahí que estemos ante la condenación de las deidades. El final del mundo y el mito correspondiente viene precedido por aquel que narra la muerte de Baldr.

La destrucción del mundo natural tal y como es conocido conlleva la destrucción de la mayoría de los dioses a consecuencia de una guerra en la que estarán involucrados los Asir principales contra Surtur y un considerable conjunto de criaturas maléfica mitológicas malvadas. Las divinidades de la mitología nórdica tienen naturaleza divina, pero a la par pueden llegar a ser mortales. El final que supone Ragnarök es, en realidad, el principio de un mundo nuevo, positivo y sin maldad en su génesis.

Baldr, acostumbraba a tener sueños anunciadores de desastres personales y de malos augurios para las demás deidades. Un día decidió contarles a los dioses lo que le ocurría. Éstos se reunieron para averiguar qué pasaba y por qué el dios corría serio peligro. Decidieron hacer lo posible para que Baldr no tuviera problema alguno con nada. Para ello, la pidieron a su madre, de nombre Frigg, que pactase con los elementos, la naturaleza y las criaturas que en ella habitan para que nada pudiese herir a Baldr. Para comprobar la fiabilidad del pacto, los Asir quisieron probar la inmortalidad del dios asaeteándolo, tirándole piedras y golpeándole.

Pasada la prueba con éxito, un dios, Loki de nombre, parecía molesto con la lograda inmortalidad de Baldr, Vestido de mujer, Loki llega hasta Fensal, donde moraba Frigg. Allí le comentó que los dioses se divertían golpeando con objetos a Baldr.

Loki preguntó si todas las cosas creadas juraron no dañar a Baldr. Frigg le respondió con honestidad que al este del Valhalla una joven e inocente criatura llamada Mistelten (planta del muérdago blanco), no fue obligada a prestar juramento en función de sus virtudes e ingenuidad. Esta sería una vital información. Después de la conversación, Loki se dirigió al oriente del Valhalla, en donde arrancó el muérdago blanco. De vuelta a la asamblea en donde golpeaban a Baldr, convenció a Höðr, el hermano invidente del propio Baldr, de divertirse también, aunque no pudiese arrojar nada por su discapacidad. El malvado Loki acabó persuadiéndolo, al decirle el lugar hacia donde debía tirarle algo a su hermano y qué objeto emplearía. Así, le dio una parte de la rama del Mistelten. De esta manera, Baldr murió.

Los dioses, enfurecidos, clamaron venganza. Frigg preguntó quién quería conquistar su benevolencia yendo a buscar a Baldr hasta Hel; es decir, el inframundo, con el objetivo de hacer regresar después de abonar un rescate por su cuerpo. Hermod el Valeroso, hijo de Odín, se ofreció voluntario. Mientras Hermod cumplía su misión, los demás Asir llevaron el cadáver de Baldr hasta las orillas del mar para cremarlo. El barco Hringhorni se negó, de forma que se envió un heraldo a Jötunhem, para que alguno de los gigantes lograse mover el barco. Una gigante, Hyrrocken, montada en un lobo, se acercó y alejó el barco mar adentro. Thor, incapaz de evitar su ira, golpea a la giganta con su enorme martillo.

Finalmente, la esposa de Baldr, Nanna se ofreció a inmolarse con su marido en el barco. Al funeral, en las costas de Asgard, asistieron gentes de todo tipo y condición, además de todos los dioses con sus criaturas. Hermod continuaba son su largo viaje. Al llegar al lado de la guardiana Modgunna le dijo que se dirigía al sitio donde viven los muertos y habita Hela, en una misión divina de lo más vital: buscar el alma de Baldr, Al llegar se encontró con Baldr, que aguardaba su destino. Hela consintió en dejar regresar al dios junto con los Asir. Pero para hacerlo, todos debían mostrar verdadera tristeza por su muerte. Una gigante, Thoecka (Loki metamorfoseado) no quiso llorar la pérdida de Baldr para evitar su regreso al mundo de los vivos.

Descubierto el culpable, Loki empezó a ocultarse en diversos lugares adoptando distintas formas. Acabó siendo capturado por Thor. El castigo impuesto fue terrible, tanto para él como para su familia. Se trata de un castigo para siempre, hasta que se libere de sus ataduras en el Ragnarök.

El Ragnarök llegará en el momento en que venga un invierno de nombre Fimbul, que será muy intenso y durará tres años. Se desatará una guerra entre todas las criaturas, en tanto que las divinidades se enfrentarán contra los gigantes y contra sus propias familias. Se sucederán las armas, primero el hacha, luego la espada y ya al final la muerte. Todo antes de que llegue el fin del mundo. Uno de los vástagos de Fenrir, Skoll, se comerá al Sol y su hermano Hati, a la Luna. A continuación, caerán las estrellas y se desatarán espantosos movimientos sísmicos en la tierra, rompiéndose así las cadenas que ataban a Fenrir, liberando al hijo de Loki.

El océano, que ocultaba en sus límites a la serpiente Jörmungander (el otro de los hijos de Loki transfigurado), chocará con la tierra de los gigantes, haciendo que el ofidio ataque Midgard. El barco Naglfar conducirá a todos los gigantes hasta el campo de batalla, mientras el lobo Fenrir abriendo su boca, provocará el caos destruyendo todo. La serpiente Jörmungander envenenará el cielo y el aire. Los hijos monstruosos de Loki destruyen el mundo.

Las hordas de gigantes de fuego y otras criaturas formarán un ejército, dirigido por Surtur, que unido a los hijos de Loki pasarán por el Bifrost, rompiendo el puente que une todos los reinos hasta llegar a la llanura de Yigrd (Vigrid), lugar de los combates. Loki se liberará de sus ataduras, reuniéndose con todos ellos.

Los Asir y los Vanes se reunirán, en tanto que Odín acudirá al pozo de la sabiduría para hallar la cabeza de Mimir. El fresno Yggdrasil (árbol que es axis mundi) temblará y todos los reinos sufrirán. Los Asir reunirán los guerreros del Valhalla, que serán comandados por Odín. Este dios se enfrentará a Fenrir. Thor, por su parte, vencerá en épico combate a la sierpe Jörmungander, pero al tiempo la serpiente le envenenará, poniendo fin a su vida. Fenrir acabará devorando a Odín, y Vidar, hijo de Odín, le hará frente, matándolo finalmente. Loki se enfrentará a Heimdal y ambos morirán en su pugna. Surtur, que vence a Frey, destruye todo con fuego y con su ira. Es el instante en que el océano inundará la tierra.

No obstante, quedará un sitio en el que los humanos vivirán eternamente. También una playa donde habitarán los muertos, en pequeños espacios orientados al norte. Las personas perversas irán a parar aquí tras el Ragnarök, mientras que en el Hvergelmer, Nidhoegg roerá los cuerpos de los muertos eternamente. En cualquier caso, habrá sobrevivientes, sobre todo, ciertos dioses y otras criaturas. Del mar provendrá una tierra virgen verde de la que crecerán los cereales, procurando alimento. Sobrevivirán, por ejemplo, los hijos de Thor, Magni y Modi, y Baldr y Hödr volverán a la vida después del combate.

Del fuego que generó Surtur saldrán dos humanos, Lif y Lif-Thraser, quienes procrearán para repoblar la tierra de nuevo. Su alimento será únicamente el rocío. El Sol dejará a su hija en la función de su vital labor, lo mismo que hará la Luna. De este modo, habrá supervivencia de la vida tras el terrorífico Ragnarök.

Estamos en presencia, por consiguiente, de una cosmología cíclica, que implica una continua destrucción y renacimiento. El nuevo mundo busca lograr estabilidad, eliminado el mal y buscando desarrollar una vida estable. Sin embargo, el caos se volverá a generar, de forma que otra vez se destruirá todo y volverá a resurgir la vida. El proceso, interminable, se reanuda tras el Ragnarök con el resurgimiento de las y con la creación de una humanidad nueva. Un mitema, un tema recurrente, como se puede comprobar (diluvios, por ejemplo), muy extendido en las distintas mitologías antiguas.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, enero, 2023. 



 

26 de diciembre de 2022

Burocratización de las mitologías chinas. Una imagen de la administración imperial

Imagen: serie de sellos chinos sobre antiguos cuentos de hadas

Los mitos chinos, así como sus más afamadas leyendas, proceden esencialmente de la tradición oral. En ellos sus personajes acostumbran a estar muy humanizados, y en ocasiones ni sus comportamientos son bondadosos ni sus actitudes nobles. De hecho es común que engañen, arruinen, busquen su propio interés y hasta asesinen sin piedad. Se trata de historias en las que abunda la violencia y las traiciones.

Además, las historias míticas chinas, sobre todo taoístas, presentan un elevado grado de racionalización, historización y burocratización, siguiendo el organigrama jerárquico propio de la administración imperial, como reflejo en el mundo de la imaginación mítica y legendaria. Una de esas historias cuenta la pintoresca peripecia de un niño muerto prematuramente y cómo sus quejas en el inframundo le devuelven a la vida.

Cui Mingko era un niño muy despierto y responsable. Cuando cumplió diez años enfermó repentinamente, y aunque su familia buscó cómo remediar su dolencia el infante acabó falleciendo. Una vez que su alma se presentó en el inframundo se encontró con un funcionario, concretamente un escribano, que se encargaba de revisar cada caso que le llegaba con la finalidad de asignar una función o una ocupación a las almas recién llegadas. Aunque Cui le dijo que él no debía estar allí porque había muerto muy tempranamente, el escribano le ignoró. Sin embargo fue tal la insistencia en sus protestas que revisaron su caso concreto, lo cual llevó más de un año. Finalmente, sus protestas tuvieron una respuesta favorable y lo mandaron de vuelta al mundo de los vivos. Su presencia en el reino de los muertos se había producido por un error tipográfico.

El escribano le confirma que le devuelven a la esfera terrestre aunque advirtiéndole que su cuerpo había sufrido el proceso de descomposición natural por el tiempo transcurrido. Naturalmente, Cui Mingko protestó de nuevo, exigiendo que lo resucitasen con su habitual apariencia. La persistencia de Cui dio lugar a que se llevase a cabo una reunión con el regente del inframundo para buscar una solución. Y la que hallaron fue utilizar un trozo de piel que cubriera el esqueleto desnudo de Cui. Sin embargo, la misma resultó ser demasiado corta, de forma que le dejaron los huesudos pies al descubierto. Sus pies causaban gran temor a las criaturas sobrenaturales y a los fantasmas.

A través de sueños, la familia de Cui supo de su inminente resurrección, de tal forma que decidieron abrir el ataúd donde había sido inhumado. Lo encontraron allí, ya con grandes deseos de salir por fin de su tumba. Durante su estancia en el submundo, Cui tuvo conocimiento de su expediente, en el cual aparecía reflejado que tendría un espléndido futuro, signado por varios ascensos sociales. En consecuencia, al regresar al mundo de los vivos pidió que le dejasen entrar en la guardia real. Así, fue nombrado prefecto de Sichuan, instalándose en el palacio de la prefectura en Chengdu. Este palacio estaba abandonado porque se decía que estaba embrujado. Se contaba, en efecto, que en otra época había estado habitado por Xiang Yu, el general de la dinastía Han que se proclamara Gran Señor del estado de Chu.

Un día, Cui escuchó una terrible voz que correspondía a este personaje. Pero lejos de impresionarse, le hizo saber que siendo rey había caído en un río y le habían decapitado. La voz desapareció al instante y el palacio sufrió una suerte de exorcismo. Después de este singular episodio, Cui contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. En la boda del tercero de sus hijos. En la víspera de tal acontecimiento, las gentes próximas al templo consagrado a los espíritus de la montaña Huang o montaña amarilla, fueron testigos privilegiados de un extraño movimiento en el santuario. En el patio, iluminado con la luz de antorchas, se congregaban numerosos fantasmas en orden. Habían recibido la orden de escoltar a la novia y futura esposa del hijo del prefecto Cui.

Este hecho es un indicador preciso de la fama, admiración y respeto que Cui Mingko se había granjeado a su paso por el submundo entre los habitantes que allí hacen vida habitual, una vida entre muertos. Se demuestra, de esta forma, la íntima conexión entre las esferas de existencia, además de la necesaria presencia en el inframundo de gestores administrativos reflejo de la vida más mundana.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, diciembre, 2022. 



 

14 de diciembre de 2022

Algunas fuentes escritas de la mitología celta

Imagen: portada de la edición del Lebor Gabála de Manuel Alberro, en ediciones Trea, 2009.

La tradición céltica, sobre todo aquella de los celtas insulares, contiene una gran riqueza de mitos y leyendas, con tramas y temas que tienen su origen en tradiciones que pueden haber surgido alrededor del siglo X a.e.c., si bien esa tradición se dilata en el tiempo hasta los primeros siglos de nuestra Era. De hecho, sólo tardíamente se inició el proceso de recopilación escrita de las tradiciones orales.

Las temáticas son muy variadas, pues se narran situaciones mágicas, encantamientos y hechizos (historias de Mannawydan ab Llyr, o bien Ossian, hijo de Finn McCumhaill), historias de conquistas y de conflictos (Tain bo Quailnge), o hazañas bélicas de los héroes, semi dioses y deidades (CuChulainn, Finn McCumhaill). Asimismo proliferan personajes y objetos tanto míticos como reales, con poderes preternaturales, caso de los terribles Formoré, los Tuatha de Danann, los gigantes y los dragones.

Una considerable sección de lo que se considera como mitos originales contienen hechos míticos pero también, probablemente, acontecimientos reales, referidos a la historia de la Erín arcaica. Muchos datos han llegado a la actualidad debido a la conservación de algunos códices recopilados entre los siglos VII y XII por parte de monjes cristianos, a partir de las antiguas narraciones orales que eran relatadas, desde antaño, por filidh.

El sacerdocio celta no debió ignorar temáticas como la creación del mundo o el origen del ser humano; no obstante, es probable que los druidas confinasen aspectos conceptuales de estas características al ámbito de los iniciados. Además, no se consideró dejar por escrito los temas sacros, tal vez por el poderoso peso de la oralidad y la orientación chamánica del sacerdocio céltico. Es por ello que la literatura celta más antigua, narraciones en lengua gaélica o en irlandés antiguo, fueron recopiladas por escritores posteriores, sobre todo en latín. Esa literatura no empieza por el origen del mundo, como sucede en la mayoría de las culturas de la antigüedad..

Las creencias tradicionales fueron aglutinadas y preservadas por los amanuenses cristianos de la arcaica Erín, aunque hayan sido fuertemente cristianizadas, lo cual supuso la supresión de algunas referencias paganas principales. Los monjes cristianos copiaron las versiones relatadas por los filidh con cierta fidelidad, aunque un buen número de las divinidades paganas se convirtieron en los manuscritos en humanos, si bien manteniendo poderes especiales. Sin ir más lejos, el dios celta Lug, deidad prominente entre los galos o celtas continentales, es descrito en las transcripciones cristianas como un ser humano común, aunque de gran tamaño, inteligente y muy fuerte.

De tales recopilaciones cristianas tardías han llegado hasta hoy un par de manuscritos principales, que son las más antiguas fuentes de información sobre las invasiones y conquistas que ocurrieron en las Islas Británicas. Se trata del Eireann Lebhar Gabhalla, que cuenta las diversas oleadas de conquistadores que llegaron a la Isla Esmeralda (Erín), y el Mabinogion, redactado en galés, que recopila ciertas versiones referentes a hechos bélicos e históricos acontecidos en las regiones de Cornwall y el hoy País de Gales.

El Libro de las Invasiones configura un extenso texto dividido en trece leyendas. Aquí se relata la epopeya de las cinco razas que poblaron y gobernaron sucesivamente el territorio irlandés. El Leabhar Gabhalla se complementa con otro manuscrito contemporáneo en sus orígenes orales, si bien transcripto tardíamente, en torno al siglo XIV, en el que se destacan los sitios en donde se desarrollaron las acciones cruciales en territorio irlandés. Otros códices contemporáneos serían también el Libro Amarillo de Lecan, el Libro de Leinster y el Dun Cow. En lengua galesa, complementos del Mabinogion, serían el Libro Blanco de Rydderch y el Libro Rojo de Hergest.

Aunque todavía se discute el origen y significado del término Mabinogion, algunos especialistas señalan que en galés antiguo un mabinog sería un aprendiz de bardo (análogo al fili irlandés). Una historia escrita por uno de ellos sería un mabinogi, cuyo conjunto conformaría entonces un mabinogion, el bagaje mítico-literario de uno de tales bardos o narradores profesionales.

Las leyendas difieren bastante de una a otra. Se mantiene constantes únicamente cuatro historias, las denominadas cuatro ramas del Mabinogion: Pwyll, príncipe de Dyffedd; Branwen, hija de Llyr; Mannawydan, hijo de Llyr y Math, hijo de Mathonwy. A ellas deben agregarse otras cinco que, si bien sólo aparecen en una de las versiones originales, se las considera de origen similar a las principales. Entre ellas destaca El sueño de Maxen Wedlic y El sueño de Ronabwy.

Los autores de los compendios escritos de leyendas y mitos, según el consenso alcanzado por los especialistas, habrían sido los bardos Gildes y Taliesin, los dos del siglo VI, Aneurin, tal vez de una época anterior, y Meilyr y Gwalchmaihid, del siglo XI.

Ciertas inconsistencias en el hilo conductor de las obras, el sostenido abuso de los aspectos mágicos y míticos, los desniveles de las propias estructuras narrativas, amén de algunas redundancias y agregados de determinada incoherencia, parecen confirmar que la recopilación y traducción no son en modo alguno literales, sino que fueron embellecidas y, de algún modo interpretadas, con los aportes literarios y el bagaje cultural de los amanuenses cristianos.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, diciembre, 2022.

5 de diciembre de 2022

Vídeo. Serie Hablemos de mitos: Mito cultural del celtismo


Nuevo programa de la serie que se titula ¿Y si hablamos de mitos?, en el canal Hablemos de mitos. En esta oportunidad Mito cultural del celtismo. Se aborda la creación de mitos referenciales para varios nacionalismos, así como las corrientes y tendencias que se basan en aspectos misteriosos, místicos, románticos, con escasa fundamentación histórica. No obstante, también se refieren los elementos históricos presentes en la configuración de los se ha denominado el mundo céltico, en realidad una serie de espacios con sus peculiaridades (Galia, Britania, Hispania, Gálatas). Espero sea útil y sirva de aliciente a las personas interesadas en las temáticas relativas a los mitos. 

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, diciembre, 2022. 
 

1 de diciembre de 2022

Las plagas en Egipto: ¿mitos de la naturaleza salvaje?


Imagen: La quinta plaga de Egipto, óleo sobre tela de J.M. William Turner, 1840. Museo de Arte de Indianápolis.

La batalla entre el faraón egipcio y la deidad hebrea durante el Éxodo vino acompañado de una profecía y maldición divina sobre Egipto. La divinidad hebrea advirtió al soberano que si no liberaba al pueblo israelí de la esclavitud, hasta diez plagas asolarían las gentes y territorios de Egipto. Esta mítica advertencia ha querido ser justificada históricamente, asociándola a eventos naturales.

Entre esa serie de verdaderos desastres naturales se mencionan súbitos cambios climáticos, epidemias o pestes diversas e, incluso terremotos y erupciones volcánicas. De hecho, desde un tiempo a esta parte ha tomado cuerpo la teoría que señala que las plagas habrían sido motivadas por la erupción volcánica de Thera (Santorini). Los maremotos y, sobre todo, las nubes de cenizas habrían llegado hasta el delta del Nilo. Tales movimientos telúricos liberarían gases cargados de hierro desde los fondos marinos, los cuales al ascender darían lugar a la conversión del hierro en óxido de hierro, que presenta un color rojizo. Desde esta perspectiva científica se “explicaría” la primera plaga, aquella que vuelve tóxica y de color rojo las aguas del Nilo.

La llamada marea roja, un fenómeno natural, que puede originarse a partir de la concentración de ciertas especies de fitoplancton o algas microscópicas, también ha sido un motivo de explicación de la primera plaga. Estas algas pueden producir toxinas paralizantes, aunque muy pocas especies afectan al ganado o al ser humano.

La ausencia de oxígeno por la abundancia de hierro habría sido la responsable, además, de la segunda plaga, aquella de las ranas que caen del cielo, puesto que ante la falta del vital gas los anuros se desplazan por todas partes desesperados. Siguiendo el encadenamiento lógico, la presencia de peces muertos y en estado de putrefacción en las aguas habrían facilitado la tercera plaga, las nubes de mosquitos, piojos y otros insectos que volverían denso e irrespirable el aire para las personas. La cuarta, aquella de las moscas, se debería a una agresividad por estas perturbaciones, transmitiendo enfermedades a los seres humanos. Ello significa que la quinta, prolongación de la cuarta, se haría evidente: la transmisión de enfermedades y pestes al ganado por los insectos, provocando desabastecimiento de carne y una hambruna feroz.

Las emanaciones de dióxido de carbono provocarían en los organismos una intoxicación que limita la presencia de sangre en la piel, dando lugar a la aparición de alergias, sarpullidos, eccemas, urticarias y erupciones de la piel varias, de modo análogo a lo que se cuenta al respecto de la sexta plaga sobre el país del Nilo. El granizo de fuego y hielo, tal como reza la séptima de las plagas, sería una consecuencia directa de la erupción volcánica, en función de que el choque de las cenizas con aire húmedo atmosférico generaría una cristalización, responsable, a su vez de la octava. Los vientos habrían llevado a Egipto las langostas, obligadas por los frentes húmedos y fríos a posarse sobre los campos y devastarlos. La oscuridad de la novena plaga encontraría su justificación en la enorme cantidad de ceniza y piedra volcánica expulsada desde el volcán a en la atmósfera, cuya negra nube cubriría la luz solar.

Incluso la última y la más selectiva plaga, que distingue entre egipcios y hebreos, habría tenido el mismo origen. La humedad nocturna del delta del Nilo daría pie a la formación de una neblina de gases tóxicos que mataría a todo aquel que estuviese en las zonas más bajas de las casas, donde, en efecto, solían dormir los más pequeños de las familias. No hay explicación asumible para explicar qué fue lo que salvó de dicha plaga a los hebreos, salvo el hecho del festejo de la Pascua y ventilasen las estancias algo, en todo caso, indemostrable.

Precisamente, el carácter selectivo, exclusivista de las famosas plagas, no encuentra explicación científica ni racional. Por otra parte, tampoco existe una relación cronológica directa entre el evento natural de Santorini y la advertencia divina. Las últimas dataciones ofrecidas sobre la erupción del volcán de la isla de Thera apuntan a 1600 a.e.c, mientras que el Éxodo judío, incierto en sí mismo como episodio de marcado carácter religioso e ideológico, suele datarse en la época de gobierno del faraón Ramsés II, hacia 1290 o 1280 a.e.c., si bien otras dataciones ubican el movimiento poblacional del Éxodo en la etapa de gobierno de Ahmosis (hacia 1540 a.e.c.), período en el que los hicsos fueron expulsados de Egipto. Si se aceptase esta última posibilidad, habría que asimilar hicso con hebreo, lo cual es muy discutible.

El papiro de Ipuur (datado en el siglo XIII a.e.c.) se señala, finalmente, como prueba testimonial en un documento histórico egipcio, en tanto que presenta textos presuntamente asociables a las famosas plagas de la Biblia. En el papiro se menciona una plaga extendida por todo el territorio así como la presencia de sangre, aunque no existe referencia a los hebreos. Además, el carácter poético-literario del documento y un contenido simbólico del mismo, parece en este caso lo más probable.

Ciertos estudiosos y expertos creen que estas plagas Vétero Testamentarias no son míticas. Aunque para ello advierten que en la creación de un mito o una leyenda pueden subyacer acontecimientos reales, una corriente de interpretación de los mitos cuyo debate no invalida en nada el carácter mítico de la narración ofrecida en el sacro libro bíblico.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, diciembre, 2022.

22 de noviembre de 2022

Un mito de Esparta: Licurgo el legislador

Imagen: retrato de Licurgo, legislador de Esparta. Pintura de Merry Joseph Blondel. Datado en 1828.

Muy poco se puede decir a ciencia cierta al respecto de un legislador espartano de nombre Licurgo. Ya en algunos autores antiguos, como es el caso de Plutarco, en su Vida de Licurgo, se puede observar cómo un halo de leyenda y fantasía parece rodear la vida y  la obra del reconocido como fundador del ordenamiento político del estado espartano.

Siguiendo los derroteros de una especie de demiurgo creador, este Licurgo, según relata Heródoto, fue el encargado de llevar a Esparta desde Delfos la eunomía, requisito necesario para ordenar el caos que, hasta ese momento, imperaba en la región. El mismo historiador de Halicarnaso dice (I, 65, 3-4) que la propia Pitia, dueña y señora del lugar previo asalto del usurpador Apolo, le saluda como a un dios. En otro autor, en específico en Paudanias, refrendado por Plutarco, se lee que su nombre acompañaba al del rey eleo Ífito grabado en un disco de bronce que se conservaba en Olimpia, como supervisores de la paz olímpica y restauradores de los antiguos juegos.

Licurgo habría viajado por numerosos lugares, como ciertos sitios de Asia, Creta, Egipto y, según Aristócrates, el político y militar ateniense del siglo V a.e.c., también por India, Libia y hasta Iberia, lugares en los que se habría nutrido de sus formas de vida y leyes específicas, a partir de las cuales elaboraría las medidas espartanas.

A Licurgo le fueron atribuidas (salvo Helánico de Lesbos) las medidas legislativas que fueron paulatinamente configurando la realidad socio-política y jurídica del Estado espartano. La tradición señala que fue el encargado de crear las unidades tácticas del ejército espartano, de llevar a cabo el reparto de tierras, de configurar la Gerousía o Consejo de ancianos y hasta el responsable de la institucionalización de la agogé; esto es, el sistema educativo espartano.

El evidente ropaje mítico del personaje ha propiciado que la historiografía moderna cuestione su historicidad. Prácticamente no se poseen noticias suyas anteriores al siglo V a.e.c. La  primera referencia se puede hallar en un poema de Simónides. Nos encontramos ante un  silencio que ni Tirteo ni, sobre todo, Tucídides, desmienten. Este último no le menciona al referirse a la Constitución espartana, el fundamento esencial del Estado de Esparta.

No es, entonces, extraño, que hoy en día impere la idea de que Licurgo no fue más que una invención de la Esparta clásica y helenística con el objeto de legitimar y ennoblecer la imagen propia de un arcaico ordenamiento constitucional capaz de aguantar el desgaste propio fruto del paso del tiempo. Semejante operación mítico-ideológica va en contra de la plausible realidad histórica: el necesario dilatado proceso de evolución interna requerido en la instalación y consolidación de la institucionalidad constitucional de Esparta. Esta nebulosidad sobre el personaje ha propiciado disonancias cronológicas, ya desde la antigüedad, al respecto del momento de señalar el período estelar de Licurgo. En tal sentido, las disparidades dado resultado dataciones que oscilan nada menos que en cuatro siglos de distancia, desde el XII al VIII a.e.c. Así, para Aristóteles, en Política, Licurgo era contemporáneo de la primera olimpíada, por tanto 776 a.e.c., mientras que para Jenofonte era contemporáneo de los Heraclidas, mito referido a épocas muy anteriores. A su vez, un autor como Timeo quiso resolver el dilema de modo salomónico,  postulando la existencia de dos Licurgos distintos en dos épocas diferentes.

Un factor relevante digno de ser comentado es que las leyes de Licurgo carecían de una consignación escrita, un factor que contribuido de manera decisiva a favorecer la atribución de todo el material legislativo a un mítico personaje que lleva el nombre de Licurgo. Es bien cierto, en cualquier caso que en la antigua Grecia las diversas manifestaciones culturales descansaron numerosas veces sobre la base de la oralidad, que nunca fue desplazada por la difusión y consolidación de la escritura. En tal sentido, Esparta será el estandarte de la pervivencia de la tradición oral, teñida, naturalmente, de mito.

Al igual que Licurgo aparece investido de poder divino, otorgado por Apolo a través de la Pitia en Delfos, también la Gran Retra está investida del mismo poder. La consagración de un santuario a Zeus y Atenea, pareja que acostumbraba a ser asociada al ámbito normativo judicial de la comunidad espartana, se encuentra encabezando el ordenamiento constitucional de la polis. Otra mítica tradición advierte, no obstante, que Licurgo traería la Gran Retra desde la isla de Creta, tal y como reseñan Aristóteles, Plutarco, Heródoto o Pausanias. El favor divino es palpable en su funcionalidad con la instalación de un culto que se le tributó a Licurgo en su templo de Esparta, particularmente cuando le fue otorgada la categoría de oikistés, de héroe fundador.

Todavía otro rasgo que testimonia el ámbito heroico y legendario del legislador espartano  es su monoftalmia, un aspecto específico que es compartido con otros legisladores, caso de Oxilo o Zaleuco y Oxilo. En el ejemplo de Licurgo se debió al iracundo ímpetu mostrado   por un joven de nombre Alcandro, quien con posterioridad sería educado por el propio legislador. La idea que se quería inculcar con esta mitologización era garantizar la permanencia, inmutabilidad y el concepto de obediencia que impregnaban la legislación instituida por Licurgo, una legislación que se consideraba, en palabras del rey Demarato, como una suerte de gobernante absoluto.

No es descartable, aunque muy poco probable, que en función de su recibimiento en el oráculo délfico y en virtud de que en Esparta hubiese un santuario en su honor, Licurgo haya sido una deidad relacionada con la luz, una cierta advocación de Apolo o hasta de Zeus, o bien la denominación de una titulatura sacerdotal. Se ha sugerido, asimismo que un éforo, de nombre Quilón, haya sido su “inventor”, estableciendo a Licurgo en el siglo VI a.e.c. En cualquier circunstancia, la figura que representa Licurgo ha sido comparada con legisladores semi míticos, como el bíblico Moisés o el legislador ateniense Dracón, autor también de una primera codificación de leyes, en esta ocasión, para Atenas. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, noviembre, 2022.

 

13 de noviembre de 2022

La divinización de los emperadores romanos: honor u olvido


Imagen: moneda conmemorativa de la consecratio de Lucio Vero, con la presencia de la pira funeraria en el reverso.

La asimilación de muchos emperadores con las divinidades clásicas, que trajo como consecuencia la creación de nuevas deidades imperiales, provocó que festejos y ceremonias tradicionalmente consagradas a tales dioses se asociaran ahora también con ellos. Se produjo, por tanto, un uso consciente del pasado para honrar a estas divinidades de nuevo cuño.

El procedimiento de divinización requería que un senador hiciera una propuesta ante sus colegas. Su petición solía ir acompañada de presuntos portentos o indicaciones celestes que constatasen el tránsito del emperador desde la humanidad terrenal a un nuevo estado divino. De este modo, la máxima autoridad religiosa de Roma se reservaba el derecho de nombrar nuevas deidades.

Los propios emperadores entrantes se convirtieron en grandes defensores de este proceso, puesto que eran los principales beneficiarios del cambio de estatus o naturaleza de su predecesor, un hecho que les proporcionaba poder, prestigio. Los portentos que sustentaban la subida al cielo del emperador eran, en este sentido, fabricados con una clara intencionalidad y hasta sufragados por los gobernantes sucesores. Debe quedar subrayado que los intereses dinásticos y políticos, más que los morales y religiosos, prevalecieron en las discusiones senatoriales orientadas a la divinización.

Un juicio favorable del Senado a la divinización comportaba seguidamente el funus imperatorum y la consecratio. El funeral público se inspiró en aquellos de los nobles romanos de época republicana, sobre todo en las ceremonias llevadas a cabo a la muerte de Sila, a su vez inspiradas en las que rodearon a los monarcas helenísticos. No obstante, también adquirieron ciertas características propias de los fastos ceremoniales tradicionales del triunfo, de forma que las exequias resultaban un momento de gran solemnidad, al modo de un triunfo. Estos funerales imperiales siguieron un patrón: procesiones, oraciones fúnebres, cremación del cadáver y deposición en un mausoleo imperial o una tumba.

El entierro empieza teas el duelo y presentación del cuerpo en el Palatino. En las exequias el cuerpo se remplazaba por un modelo de cera. Desde el Palatino se le llevaba en procesión al Foro, en donde los ciudadanos se reunían en torno a los rostra. El cadáver era recibido en el Foro con himnos en honor del fallecido, a lo que seguía los discursos fúnebres, reservados a los miembros de la dinastía imperial. Luego la procesión continuaba hasta el Campo de Marte, en donde se colocaba el cuerpo en una pira, rodeado de frutas, incienso, perfumes o hierbas aromáticas, para ser incinerado. Se producía entonces la decursio, el homenaje público ofrecido por los soldados al emperador fallecido (se hacían varias circunambulaciones alrededor de la pira funeraria). La cremación era el acto que garantizaba, certificándola, la apoteosis o subida al cielo, del emperador muerto (Plutarco, Cuest. Rom., 14; Dión Casio, Hist. Rom, 56; Herodiano, Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio, 4,2-3 y ss.).

Este es un momento preciso que se recoge muy bien en el arte, muchas veces en forma de sinécdoques materializadas en la presencia de un ave (águila, pavo real), o una pira, sobre todo en las monedas. El águila era el ave que elevaba al difunto a los cielos, labor compartida con la diosa Eternidad o con Eón, en tanto que el pavo real era el ave representativa de las emperatrices (la primera divinizada fue la hermana de Calígula, Drusila).

Tras la cremación, las cenizas se depositaban en una columna conmemorativa o un mausoleo, acción que suponía el fin de la ceremonia fúnebre. Desde ese instante, el emperador fallecido podía recibir ya los honores divinos al ser declarado deidad a través de la consecratio senatorial. Así pues, el más allá de los césares, que podía oscilar entre la divinización y el más profundo olvido, se construía a partir de las metas políticas, la opinión del Senado y la fuerza del emperador entrante para imponer sus objetivos e intereses políticos. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, noviembre, 2022.

1 de noviembre de 2022

Las almas en el antiguo mundo fenicio-púnico




Imágenes, de arriba hacia abajo: barco grabado en hanout (T1G1), Magsbaïa; medallón dorado de la necrópolis de Tharros y; símbolo de la diosa Tanit, en el tímpano del hanout de Jbel Sidi Zid.

La existencia de un alma vegetativa o nefesh y una espiritual (barlat) aparece reflejado en los textos de Ras Shamra. Los dos conceptos sobreviven en el mundo religioso cananeo, de forma que en los ámbitos israelitas y fenicios acabará imponiéndose una concepción dual del alma (rouah y nefesh).

Nefesh se ha traducido como persona, si bien su interpretación principal es alma o monumento funerario. Asociada al monumento y la tumba supone vincular nefesh con el aspecto terrenal de una de las dos ideas o secciones de alma. Se relaciona con lo que pertenece al sepulcro entre los vivos, configurando la memoria del muerto entre los todavía vivos.

Rouah, por su parte (aunque algo diferente a barlat), suele interpretarse como soplo vital, como espíritu propio de la parte activa del alma, que se relaciona directamente con la sangre. Una vez fallecida la persona, este espíritu debe tomar camino al Más Allá. En tanto nefesh se asociaba con alimentos y elementos de la tierra, rouah hace lo propio con lo caótico (el mar o el aire) y lo etéreo, recibiendo como ofrenda incienso y cánticos diversos. En cualquier caso, ha de señalarse que el alma no requiere necesariamente un soporte material para que perviva.

El alma y el cuerpo se separan en otro plano sensorial, en un espacio atemporal, extraño al orden ceremonial. Por mecanismos litúrgicos se constata la separación que provoca el fallecimiento, establecida en tres niveles. Por un lado, el abandono del grupo social de pertenencia del muertos; por otro la propia separación de alma y cuerpo y; finalmente, el alejamiento del mundo de los vivos y, por consiguiente, la entrada en el Más Allá. El abandono de la clase social promueve un trauma que se es matizado con expresiones de solidaridad de carácter comunitario, como las lamentaciones, las ofrendas o los banquetes, que disminuyen el evidente peligro de contaminación, ofreciéndole al fallecido, de paso, los mecanismos necesarios para garantizar su inclusión ultramundana, reintegrándose socialmente, aunque ahora en la forma de antepasado o ancestro difunto.

Varios son los elementos mágico-simbólicos presentes en las tumbas de las necrópolis fenicias, como es el caso de la pintura ocre sobre el ajuar o en las paredes del sepulcro (asociada a la sangre y, por ende, a la vida nueva) y, sobre todo, los huevos de avestruz. Son decorados con motivos vegetales y animales, sobresaliendo la presencia de la flor de loto, abierta al llegar los rayos solares, y cerrada al ocaso, lo que implica una imagen simbólica de muerte y resurrección del difunto en el Otro Mundo. Tal idea de renacimiento se reafirma también con la presencia de rostros de mujeres sobre las cáscaras de estos huevos.

Huevo y pintura roja aluden a la regeneración, si bien no son el nuevo soporte del nefesh como expresión entre los vivos. El nefesh del muerto permanece en el interior de la sepultura, pero al ser inmaterial requiere un nuevo soporte que permita percibir su presencia, recibir ofrendas imprescindibles para que siga viviendo y se evite que la sepultura pueda ser destruida. El monumento (estela, cipo, monumento funerario), es materialización del tránsito vida-muerte. La palabra escrita, a través de las inscripciones funerarias, complementan, en parte, el rol de la estructura pétrea. La palabra es grabada para ser pronunciada, recordando el nombre del difunto en las diferentes ceremonias y ritos. Al texto se suma la imagen, destacando los símbolos relacionados con deidades funerarias, caso de Astarté o Tanit, o el motivo de la mano alzada saludando.

La piedra es el soporte del alma del muerto, que se ve identificado por su forma, así como por los epígrafes o la decoración. De un soporte a otro se verifica el tránsito del mundo de los vivos al Más Allá, un difícil y muy peligroso viaje en el que el difunto, como en el ámbito egipcio, requiere de la magia, de entidades divinas o de genios para coronarlo con éxito. El cadáver, antes de su definitiva partida, es afeitado y lavado como mecanismo para limpiar impurezas, para posteriormente ser ungido con perfumes y adornado con amuletos y diversas alhajas. La mágica palabra escrita y las imágenes, acumulan el conocimiento requerido sobre el Otro Mundo.

Los objetos marinos, en forma de terracotas o de navíos, suelen aparecer en las tumbas, siendo entendidos como vehículos simbólicos que permiten y facilitan, como medios de transporte, el viaje al Más Allá. La fauna marina que se reproduce sobre tales objetos alude al concepto del viaje marino, un periplo último. Hay aquí, con bastante seguridad, un atisbo de cercanía a las creencias funerarias egipcias, pues se adoptan motivos nilóticos como la barca solar, tal y como se aprecia en un anillo en oro hallado de Cerdeña.

Las escenas sobre las paredes de los hipogeos son, en este sentido, muy gráficas, como es el caso de la escena de la tumba de Kef el-Blida, en Túnez, datada entre los siglos VI y V a.e.c., en la que varios guerreros con lanzas y escudos son transportados en una nave a vela. Otro vehículo tradicional lo aporta la imagen del caballo, en esta oportunidad asociado al medio terrestre, como es visible en la urna número ocho de la necrópolis de Tiro al-Bass  (siglos VII-VI a.e.c.). Aquí, el caballo, con pintura roja en el cuello, lleva encima un jinete armado con escudo y casco (o tal vez corona). Las figuras de caballeros sobre estelas de las necrópolis de Útica, así como aquellas que aparecen sobre escarabeos o moldes de terracota, con jinetes armados portando cascos cónicos, se relacionan directamente al mencionado ejemplo de Tiro.

En esta serie de imágenes, la idea del viaje como tránsito parece muy plausible. Se identificaría al difunto o, en último caso, una deidad ctónica y de carácter apotropaico, con el jinete, en virtud de las armas que lleva (hacha bipenne, escudo, gorro o casco). Un último medio de transporte del muerto hacia el Otro Mundo sería el medio aéreo, particularmente, seres poco consistentes, ciertas divinidades y aves.

Las imágenes del alma aparecen reflejadas sobre amuletos y joyas funerarias, llenas de motivos alusivos. Un ejemplo notable es el escarabeo, en jaspe de color verde, de la necrópolis de Tharros, en el que aparece grabado la figura de un gallo encima de un monumento funerario que tiene escalones y un remate piramidal, flanqueado por un par de figuras de tono egiptizante, además de dos tallos de papiros. En estos casos, un simbolismo de protección del alma y de salvación se uniría al valor del monumento propiamente dicho como marcador de la tumba y recuerdo del difunto. Otros dos ejemplos destacables son la escultura masculina en altorrelieve del muro de un hipogeo (el número siete) en la necrópolis de Sulcis (siglos VI-V a.e.c), así como la imagen antropomorfa tallada en una pared en el fondo de una tumba de la necrópolis de Rabat, en la isla de Malta. En estos casos, resulta relevante averiguar la naturaleza de la representación; esto es, si nos encontramos ante un ser humano o una deidad.

La figura de Sulcis parece más la representación idealizada del difunto, ancestro común del linaje inhumado en el hipogeo, que un démon o genio protector, hecho que no anula el carácter apotropaico, del que también gozan los antepasados en su calidad de benefactores de su estirpe. Tales funciones apotropaicas pueden ser desempeñadas por amuletos con rostros, a veces deformes, posteriormente convertidos en rostros de la Gorgona o de silenos.

Las principales figuraciones se encuentran en las paredes de los hipogeos y tumbas que se encuentran en el norte de África. Así, en la tumba número VIII de la tunecina Gebel Mlezza, se observa un ave, en concreto un gallo, con multitud de espolones y una gigantesca cresta, al lado de un mausoleo y un ara sacrificial en la que está encendido un fuego. En otra de las paredes, está el altar y el monumento, pero ya sin el gallo. El animal, sin cresta y espolones, aparece ahora en una pared central, en una ciudad amurallada que se supone es la idealización del mundo de los muertos. Al lado de la representación hay una hornacina en la que se ve el símbolo de la diosa Tanit, deidad ctónica que vela por la paz y la seguridad del muerto.

El gallo es un motivo común en necrópolis fenicias occidentales, de forma que debió estar asociado directamente a la escatología fenicia y púnica. El hallazgo de sacrificios de gallos entre las ofrendas, así como la presencia de huevos de gallina, relaciona al ave con creencias funerarias. El simbolismo en este caso se refiere a la fuerza, por el carácter amenazador del gallo, y a la regeneración a través del huevo. El carácter apotropaico acrisola una relación entre el ave y  el alma del fallecido, sobre la cual ejercería un efecto protector y de conducción (psicopompo).

La iconografía en los sepulcros y sobre objetos como joyas o amuletos en el ajuar del difunto muestra figuras teriomorfas, tal vez psicopompas, como los leones, los gallos y una serie de animales fantásticos. En los amuletos abundan aves como el halcón, en tanto que en la cerámica predominan volátiles animales domésticos, como cisnes, gallinas o palomas, aunque también otras más exóticas, como avestruces y hasta flamencos.

Ciertas de estas especies animales se vinculan con deidades o ideales (avestruz con la fertilidad, o bien Astarté con las palomas). El gallo, en específico, puede estar relacionado con deidades como Dea Syria o Eshmun, esta última una divinidad de la medicina y también de la magia, siendo así guía del alma del fallecido. En este sentido, resulta interesante resaltar que en los cultos órficos, dentro de las concepciones espirituales griegas, Perséfone suele representarse llevando un gallo en la mano.

Se puede concluir, en consecuencia, que el gallo, en su aspecto aéreo, se interpreta como una figuración idealizada del alma, a la que evocaría mediante su aéreo viaje hasta el reino de los muertos. Se ha dicho que la relación gallo-mausoleo es de origen líbico-púnica, si bien su iconografía aparece asimismo en otros contextos fenicios y púnicos del Mediterráneo Occidental, como en la isla de Cerdeña o en la península Ibérica. En la identificación gallo y alma, el animal, con espolones y cresta, además de muy fiero, se transforma al finalizar su tránsito ultramundano en un ave inofensiva.

El nefesh, que vaga en los alrededores de su nueva residencia, lugar en el cual todavía falta por completar las ceremonias fúnebres precisas, resulta ser una criatura peligrosa, inquieta, intranquila. Cuando los familiares ejecutan los ritos preceptivos, el difunto logra el acceso al lugar del Más Allá (contemplado generalmente como una ciudad), en donde se aquieta y consigue la eternidad, integrándose de manera definitiva en su nueva residencia eterna, el sepulcro que el monumento señala, sin que ya suponga riesgo alguno.

Las ceremonias fúnebres, en fin, no tienen como objetivo fundamental separar al fallecido de su familia, sino garantizar que se pueda integrar y participar en el mundo de los vivos, al cual ya no pertenece, como rephaim, es decir, en la forma de antepasados divinos siempre presentes en la memoria.

Para finalizar, unas pocas referencias relativas a la localización del Más Allá. La ubicación de tal última y definitiva residencia del alma se conoce a través de textos bíblicos y de Ras Shamra, en especial en el relato del conflicto entre Môt y Baal, en donde se dice que el reino de la muerte se halla en los confines de la tierra, escondido entre un par de montañas. La montaña, trazada como un montículo reticulado flanqueado por halcones y ureos, con el disco solar y el creciente encima, además del disco solar alado, es la puerta del Otro Mundo. Estas concepciones, que recuerdan, sin duda, la cosmogonía egipcia, perviven en el mundo cananeo, cuyo inframundo se encontraba en la Transjordania norte, en donde se hallaban lo santuarios del dios Milku, epónimo  de los soberanos muertos divinizados.

El inframundo puede asociarse, ciertamente, a zonas geográficas concretas, si bien su idealización reproduce imágenes míticas ultramundanas, como las regiones esteparias, áridas, yermas, secas, en donde los fallecidos vagan, sin reposo ni tranquilidad, esperando el sustento que los familiares deben hacerles llegar, vía los rituales necesarios. La necrópolis refleja la ciudad de los muertos, reproduciendo en su espacio esta peculiar geografía: en Ugarit las tumbas estaban bajo las viviendas, mientras que en el ámbito fenicio la sepultura se hallaba al margen de los lugares de habitación, sobre todo en cerros próximos de poca altura. El límite del inframundo tiene como uno de sus principales elementos liminales el agua, una frontera natural entre el mundo de los vivos y aquel de los fallecidos. Montaña y agua, por tanto, son vías de paso al inframundo.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, noviembre, 2022.