Espléndido documental acerca de la historia y la cultura de la China de la antigüedad. Saludo cordial. J.L.S.
Textos e imágenes para la comprensión de procesos histórico-ideológicos, religiosos, artísticos y culturales de la antigüedad asiática, y para un acercamiento a los períodos arcaicos en África, América y Europa. Se presentan artículos de opinión, investigaciones, imágenes y diversos ensayos. Los vínculos (Museos, Institutos, Universidades, Centros de Investigación) complementan las indagaciones que se muestran.
27 de febrero de 2018
22 de febrero de 2018
Monedas de la antigüedad (I): tetradracma de Naxos
En la fotografía, un tetradracma en plata de Naxos, Sicilia,
datado hacia 460 a.e.c. Se trata de una de esas piezas maestras propias de ciertas
acuñaciones helenas. Fue acuñada no mucho después de la caída de la dinastía de
los Deinoménidas de Sicilia (la que inicia Gelón), momento en que los naxios
pudieron regresar a su antigua ciudad (pues Hieron se Siracusa había forzado su
traslado, con los catanios, a Leontinos). En el anverso puede apreciarse la
cabeza de Diónisos (tradicional en la ciudad), modelado con un poderío
extraordinario. La cabeza del dios, con su poderoso cuello y su gran barba
parece sobresalir los límites del círculo. Las ondulaciones de su cabello bajo la
corona de vid presentan distintas profundidades con la intención de conferir un
sentido real a la espesura de su pelo. En el reverso, y entre las letras
NAXION, se observa un sátiro sentado, manteniendo en una de sus manos un
cántaro (una copa de vino). Muestra sus piernas separadas y los pies
relativamente acortados. Los músculos y la estructura del torso adquieren un
sentido escultórico del volumen y de tridimensionalidad sorprendentes. Es una
pose impactante, de agreste fuerza. Es una pose que, no obstante, ya se puede
observar en ejemplos de pintura vascular en vasos atenienses de fines del siglo
VI, así como en figuras en bronce bajo las asas de ciertas vasijas hechas de
ese metal. La tridimensionalidad de la figura puede compararse, en fin, con la
figura de un infante esculpido en el frontón del templo de Zeus en Olimpia, más
o menos contemporánea de la moneda. Estamos, pues ante una gloriosa imagen de
un sátiro de Naxos.
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Febrero, 2018.
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Arte griego,
Cultura griega,
Fuentes antiguas,
Historia Antigua,
Mitología.
11 de febrero de 2018
Los orígenes mítico-históricos de Esparta
El
rey Menelao, hermano de Agamenón, mandatario de Micenas, gobernaba la Esparta
de época micénica. A su muerte le sucede Orestes, su sobrino. Casado con una de
sus hijas tienen a Tisameno, en cuyo reinado tienen lugar las “migraciones”
dorias. La tradición mitológica griega relaciona este suceso con el denominado
retorno de los heráclidas (retorno de descendientes, exiliados, del gran héroe
panhelénico). Los tres principales cabecillas de la invasión de los heráclidas
en el Peloponeso son Cresfonte, Teemeno y Aristodemo. Este último se establece
en Laconia, localidad que legará a sus hijos gemelos Proclo y Eurístines.
Ambos
vástagos deciden mantener una igualdad en la zona ente los aqueos aborígenes y
los dorios que llegaron desde el exterior. Sin embargo, uno de sus hijos, el
célebre Agis, desplazará paulatinamente a los primigenios habitantes, de tal
manera que los dorios ocuparán los mejores terrenos, convirtiéndose en los
futuros espartiatas. Loa aborígenes aqueos se ven relegados a la periferia,
dando lugar a los periecos (a no ser que, en realidad, estos no sean sino la
gente común de los propios “invasores” dorios).
Los
restos micénicos en la región del río Eurotas (Laconia) y del río Tamisos
(Mesenia), lugares de asentamiento de Esparta, son detectables únicamente en
Amiclas. En el siglo X a.e.c. los dorios se instalan en el valle del Eurotas en
cuatro aldeas (Komai), llamadas Mesoa, Pitana, Cinosura y Limna. Solamente el
en siglo VIII a.e.c. Esparta se apodera de Amibias, que incorpora a las aldeas
mencionadas. El legislador Licurgo (hacia 700 a.e.c.), personaje semi
legendario, es el encargado de dividir la población en tres grupos,
espartiatas, dedicados a la vida militar; periecos, gentes libres dedicadas a
diversas actividades económicas (agricultura, comercio) e; hilotas, esclavos
del Estado, adscritos a un lote de tierra (un lote de tierra con hilotas
corresponde a cada espartiata).
Los
dos reyes de Esparta pertenecían a familias distintas. Uno, a la de los Ágidas,
mientras que el otro a la de los Euripóntidas. Las tumbas de los primeros
fueron descubiertas en Pitana, mientras que las de los segundos entre Cinosura
y Limna, lo cual hace suponer que los Ágidas habrían reinado en principio sobre
Mesoa y Pitana, y posteriormente se unirían las aldeas de Limna y Cinosura,
gobernadas por la familia de los Euripóntidas.
Prof. Dr. Julio López Saco
Escuela de Historia, UCV-UCAB, Letras. FEIAP-UGR, España. Febrero 2018
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Arqueología,
Cultura griega,
Historia Antigua,
Mitología.
3 de febrero de 2018
Las fuentes para el estudio de la Historia Antigua
Las
fuentes deben leerse como expresión del mundo antiguo, no como unas simples
imitaciones o reduplicaciones de lo representado por la realidad antigua. Las
fuentes escritas reflejan parcialmente la sociedad, en virtud de que la
escritura se configura como un instrumento de control de las clases dominantes
en las sociedades antiguas, convirtiéndose, en su parcialidad, en el único
acceso a la totalidad. Por otra parte, la falta de acceso a la oralidad
condiciona de numerosos modos la capacidad de conocer la Historia Antigua, porque
en el período fue más frecuente que la mayoría de las experiencias se
expresaran al margen de la escritura.
Para
el estudio de la Historia Antigua, las fuentes son más o menos manejables, si
bien limitadas, bastante condicionadas y esencialmente parciales. Así, en
cierta manera, el estudio de la Historia Antigua ha de ser, al mismo tiempo, el
estudio de las condiciones en que se produce la propia fuente. Para llevar a
cabo un acercamiento productivo a la Historia Antigua es necesario emplear como
fuente todo, tanto la historiografía como la literatura, incluyendo los mitos. Naturalmente
la intención debe ser, dentro de la utilización de cualquier fuente, analizarlas
en sus contradicciones, ambigüedades y hasta en sus falseamientos. En Historia
Antigua, es menester aprovechar la fuente única, pero también las deformaciones
y las contradicciones sobre la primera.
En
un principio, sólo se podía acceder al conocimiento de determinados aspectos de
la Historia del antiguo Egipto a través de las fuentes clásicas, como Manetón o
Heródoto, además de los fragmentos que menciona Flavio Josefo, las listas
reales de Sexto Julio Africano, recogidas por Eusebio de Cesarea, o los textos
coptos de los monjes. Desde el siglo XIX, la posibilidad de conocer los
entresijos del Egipto antiguo se enriqueció paulatinamente con excavaciones
arqueológicas (Flinders Petrie, De Morgan, Maspero), una labor que se vio acompañada
por la lectura de los jeroglíficos.
Lo
referente al Próximo Oriente de Asia fue análogo hasta las presencias
coloniales europeas. En compañía de la Biblia, únicamente ciertas fuentes griegas
permitían el conocimiento de asirios y los babilónicos. Es el caso de Hecateo,
Heródoto, Ctesias, Diodoro, Estrabón o Plutarco. Aunque desde el siglo XVIII se
empezaron a conocer las lenguas semíticas, en especial por el desciframiento
del fenicio, solamente el desvelamiento de la escritura cuneiforme ha servido
de punto de partida para el conocimiento de una cada vez más amplia y rica
documentación. Por otra parte, las no siempre fáciles excavaciones
arqueológicas han completado poco a poco el panorama.
En
lo referente a la Historia de la Grecia del II milenio, se puede señalar que las
fuentes son esencialmente arqueológicas. Los vestigios y ruinas de los palacios
han facilitado, con el apoyo de los poemas homéricos, la comprensión de las
características propias del mundo micénico. La visión panorámica se ha
acrecentado gracias desciframiento de las tablillas minoicas de Cnosos y Pilos,
que refieren aspectos administrativos y políticos. El empleo de estudios
lingüísticos, útiles para conocer los movimientos poblacionales, así como de la
genealogía, de las tradiciones religiosas y de las leyendas y mitos, son de
gran utilidad en relación a la situación social en la formación de los griegos.
El
carácter concreto de la épica homérica la convierte en una factible fuente
histórica. Los poemas tomaron su forma definitiva hacia el siglo VIII a.e.c., si
bien recogen una tradición que se remonta a la época micénica. Más que una fuente
de una época, son fuentes de transformaciones de siglos, ya que los mismos
poemas sufrieron cambios en un tiempo dilatado. El período previo al siglo VIII
cuenta con escasas fuentes, con independencia de que se pueda emplear la
mitología. Se destacan los estudios cerámicos (la expansión de la cerámica
protogeométrica ateniense a Jonia se asocia a las migraciones de los siglos
oscuros y, quizás, a la transmisión de los poemas homéricos). Por su parte,
Tucídides, en su Arqueología, suerte de
introducción protohistórica en el primer libro de su Historia de la Guerra del
Peloponeso proporciona ciertos datos acerca del proceso de transformación
de Grecia después de la época heroica. Existen unas pocas referencias,
asimismo, en los parenthêkai, los
comentarios que intercala Heródoto en su Historia.
Será
Hesíodo, ya al final de la época oscura, quien refleje los resultados del
proceso transformador. También la Odisea, como Hesíodo, reflejará el nuevo
mundo, en el que se han configurado nuevas instituciones panhelénicas, a la par
que permite percibir el desarrollo de los denominados siglos oscuros.
Sobre
la historia de Esparta se cuenta con generalizaciones inconcretas y un tanto
remotas, en Plutarco, Aristóteles y Tucídides. Tirteo ordena un tanto las
diferentes tradiciones, en tanto que Alcmán completa la visión de Esparta en
aspectos constitucionales, sobre los residuos de tradiciones prehistóricas y
las costumbres religiosas. Las referencias de la opinión filoespartana
ateniense, que representan Jenofonte y Platón son también de utilidad. En
relación a Creta, la fuente de mayor extensión es Polibio, si bien es un autor
que se encuentra en una época en que las peculiaridades de la Creta
aristocrática se enfocan de manera diferente, debido a las corrientes
ideológicas del siglo II. Sin duda, el panorama más completo de la Creta
posminoica lo proporciona la epigrafía.
En
las obras de Heródoto y Tucídides, además de los escritos de Diodoro, Estrabón,
Escimno de Quíos, diversos autores de Periplos, así como Pausanias, Aristóteles
y Plinio el Viejo, se encuentran referencias a las colonizaciones. Aristóteles,
junto con Heródoto, ofrece la historia del desarrollo político de la ciudad
griega en la época arcaica, las transformaciones de la sociedad aristocrática,
la aparición de las tiranías y las diversas luchas sociales. La evolución socio-política
ateniense se refleja en las alusiones de Heródoto, Tucídides y Plutarco (en
algunas de sus Vidas), especialmente
en la de Teseo. La Constitución de Atenas
de Aristóteles detalla, mejor que ninguna otra, los pasos hacia la democracia.
Heródoto
es, sin duda, el historiador de las Guerras Médicas, en tanto que Plutarco, con
algunas Vidas, Aristóteles,
Tucídides, algunos historiadores tardíos, caso de Diodoro Sículo, que recoge la
tradición de Éforo, además de las de monedas y la epigrafía, proporcionan
relevantes detalles acerca del período de la Pentecontecia. La Constitución de Atenas, del Pseudo
Jenofonte, también es útil. El análisis histórico de las corrientes
intelectuales de la época se halla en los sofistas, que exponen las
transformaciones estructurales que sufre Atenas, así como en los poetas
trágicos, sobre todo Esquilo.
La
Guerra del Peloponeso, hasta 411, aparece bien reflejada en la historia
interpretativa, además de expositiva, de Tucídides. También es destacable la
evolución de la tragedia, pues las obras de Sófocles comienzan a reflejar los
problemas planteados por el Imperio ateniense y su violencia tiránica, en tanto
que Eurípides entra en un contexto bélico reflejando las contradicciones de la
democracia ateniense. La evolución de la sofistica resulta igualmente
fundamental. Gracias a Aristófanes se conocen los efectos de la guerra en la población
campesina, víctima de los planteamientos estratégicos de la democracia. El
final del conflicto y los años siguientes están narrados en la obra, con
intencionalidad moral, de Jenofonte.
Para
el siglo IV Teopompo y Éforo son referentes, aunque muy generalizadores,
mientras que los atidógrafos se centran en la historia ateniense. Muy
interesante para esta época es la oratoria. Lisias ofrece, de modo realista, un
paisaje de la vida cotidiana de Atenas, reflejando los problemas políticos y
las tendencias existentes; Isócrates muestra su evolución intelectual al pasar
de un panhelenismo bajo hegemonía ateniense a un posicionamiento promacedónico.
El debate dialéctico entre Demóstenes y Esquines completa el panorama. La
visión de esta centuria se completa con la filosofía de Platón, un síntoma de
las veredas elegidas por los sectores oligárquicos de la población una vez que
se produce la crisis de la polis.
Gracias
a Diodoro de Sicilia se conocen los historiadores griegos posteriores. También
son de inestimable valor los escritos de Trogo Pompeyo, recogidos en el Epítome de Justino, y referidos a
Macedonia y a los reinos helenísticos, así como la obra de Arriano de
Nicomedia, quien recogió parte de la tradición historiográfica sobre Alejandro
(Anábasis a partir de los escritos de
Ptolomeo y Aristóbulo
de Casandria). Por otra parte, ciertos personajes siguen siendo objeto
privilegiado de Vidas por parte de
Plutarco.
Acerca
de los sucesores de Alejandro, es primordial la obra de Jerónimo de Cardia, en
tanto que para la etapa que sigue a la batalla de Ipso, las escasas fuentes
literarias se recopilan en Diodoro, el resumen de Justino y las Vidas (Demetrio, Pirro), de Plutarco. En
cualquier caso, las fuentes epigráficas, arqueológicas y papirológicas son
esenciales en el conocimiento del ámbito helenístico, así como Polibio, que
sería continuado por Posidonio, aunque sólo ha sobrevivido lo que de él tomaron
Diodoro y Estrabón, y otras fuentes latinas.
Acerca
de los orígenes de Roma, los latinos establecieron una relativa identidad entre
el mito y la Historia. Los historiadores romanos, además de aquellos griegos de
época romana, en esencia, Livio, Diodoro y Dionisio, narran la historia de Alba
Longa o la llegada de Eneas, tomándola de los Analistas, lo que implica que
tuvieron que tratar la tradición oral[1].
El análisis interno de la tradición oral, acompañado de los hallazgos
arqueológicos, han propiciado una cierta concomitancia.
La
onomástica, el análisis de las tradiciones conservadas en los escritos
anticuarios, así como los ritos practicados en tiempos posteriores como vestigio
de costumbres anteriores, se han empleado para comparar las tradiciones y los
rituales de otros pueblos, analizados histórica y antropológicamente. Del mismo
modo, son relevantes las fuentes epigráficas para los textos legales, para
valorar las relaciones de ciudades itálicas con Roma, o para conocer la
distribución de la población y las relaciones entre los distintos pueblos de la
península. La numismática, por su lado, ha servido para conocer los primeros
pasos de la economía monetaria en Roma.
Entre
las fuentes documentales, destacan los restos de actas de magistrados, actas
del senado, de
los colegios sacerdotales (los Commentarii
Pontificum, que se extractan en los Annales
Pontificum), decretos, leyes y tratados. Los primeros fragmentos literarios
van a ser los del censor Apio Claudio, las tragedias históricas de Nevio,
algunos residuos de los Anales de Ennio y las muy valiosas comedias de Plauto.
De las arcaicas fuentes analísticas se conservan únicamente fragmentos,
recogidos por anticuarios posteriores, caso de Aulo Gelio, Valerio Máximo o
Verrio Flaco. En la
Analística es habitual distinguir tres períodos. En el primero de ellos los Anales se escriben en griego y relatan
la Historia desde los orígenes de Roma. En los tiempos de la Segunda Guerra
Púnica, despuntan Quinto Fabio Píctor y Lucio Cincio Alimento, y
posteriormente, Postumio Albino y Cayo Cecilio[2]. Fueron
seguidos por Marco Porcio Catón el Censor (autor de los Orígenes), y al que se debe también el primer documento de la vida
económica republicana (De agricultura),
crucial para el conocimiento de la economía rural.
Con
autores como Lucio Calpumio Pisón y Quinto Fabio Máximo Serviliano se despliega un gusto por la
erudición y las experiencias personales, con el intento de distinguir los
aspectos legendarios.
De
los siglos II y I son los analistas menores, como Valerio Antias, quien remeda
la historiografía retórica griega. La exaltación patriótica y la adulación
gentilicia, serán aspectos muy usados por Licinio Macro, Livio, Quinto Elio
Tuberón o Claudio Cuadrigario. Salustio, por su parte, continuaría las Historias de Cornelio Sisena. Su Conjuración de Catilina, además de la Guerra de Yugurta, serán de gran valor
como fuente histórica al respecto de lo ocurrido y como valoración de las
fuerzas político-sociales que hubo detrás de los acontecimientos.
Los
autores que mejor han llegado hasta nosotros son Diodoro de Sicilia, Dionisio de
Halicarnaso y Tito Livio. Por su parte, César es relevante para el historiador
porque es, al tiempo, el protagonista de los hechos que relata. Imbricado en su
objetividad destila, no obstante, una evidente propaganda política. En su
época, se introduce en Roma el género biográfico, en el que destacan Nepote y
Varrón, aunque las Imagines de este
último no se han conservado.
Par
los tiempos finales de la República las fuentes literarias adquieren gran
preponderancia. Se trata de los discursos, muchos de ellos fragmentados, de
Catón y de los hermanos Graco, así como de Cicerón. Durante la etapa imperial,
sobre la República escriben autores de renombre como Dion Casio[3],
Apiano y el Plutarco en otras de sus Vidas.
En el período que conduce al Imperio es preciso referenciar la figura del poeta
Virgilio, que visiona los pasos de la compleja política de su época. La tendencia
de polos de atracción (entre Octavio y Marco Antonio) se ve en algunas Odas de Horacio, laudatorias de Italia
frente a los atractivos tradicionales de la Hélade. Para los inicios de la
etapa imperial desempeña un relevante papel como fuente las Res Gestae Divi Augusti, en las que se
relatan las hazañas militares de Augusto así como la estrategia política que le
llevó hasta la máxima magistratura.
En
el principio de la época imperial el género historiográfico estaba en manos de
miembros de la clase senatorial que preconizaban el ideal republicano. Se
destacan únicamente algunos autores un tanto secundarios, en especial Veleyo
Patérculo. Esta historiografía sale a la luz solamente durante el reinado de
Trajano, y de la mano de Tácito (quien escribe historia únicamente tras la
muerte de Domiciano). Sus primeras obras históricas serán de tipo biográfico (Vida de Agrícola, aunque también es una
exaltación política de Trajano, y Germania),
si bien sus principales obras históricas las conforman las Historias (de Nerón a Domiciano) y los Anales, de Augusto Nerón. Por otro lado, Suetonio convierte en
género a la biografía.
Con
posterioridad, ya en el siglo II, Aulo Gelio recopila datos de los anticuarios
republicanos (en sus Noches Áticas),
Macrobio lo hace en sus Saturnales,
Servio, en sus comentarios a Virgilio, ya finalizando el siglo IV, además de
Prisciano, en el VI y Festo, con datos reunidos por Pablo Diácono en el VIII. Más
datos aparecen compilados por Plinio, en Historia
Natural; por Focio, en su Biblioteca,
tan tardíamente como el siglo IX; o por Ateneo, en el Banquete de los Sofistas. Autores como Pompeyo Trogo, resumido por
Justino, o Fenestela, solamente han llegado en unos pocos fragmentos. Completas
se conservan las obras de Valerio Máximo y los libros de Estratagemas. Finalmente, no se puede dejar de lado, a pesar de las
serias dudas sobre su autenticidad y acerca de su verdadero valor como fuente,
a la Historia Augusta, manual de
propaganda pagana entre 350 y 400, en la que se refieren las biografías de los
emperadores desde Adriano, redactadas por seis autores diferentes. Otras
fuentes documentales romanas, como actas, cartas, leyes o tratados, únicamente
se conservan, por desgracia, de manera fragmentaria, lo cual le resta utilidad.
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Febrero, 2018.
[1] Los historiadores griegos, sin
embargo, no son de gran ayuda, porque únicamente se ocupan de la península
Itálica hasta Brundisio.
[2] Cayo Cecilio y Postumio Albino
darían forma a la concepción de los orígenes de Roma tal como se concebiría con
posterioridad. Configuraron un gran número de las ideas sobre la evolución de
las instituciones romanas. Nevio y Ennio (autores de la primera historia
latina) tomarían su temática de este tipo de Analística.
[3] Dion Casio, con su Historia Romana, es un representante del
renacimiento helénico de los siglos II y III.
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30 de enero de 2018
Plato Euforbos
En la imagen el exquisito plato Euforbos (región
dórica oriental, tal vez Rodas, hacia 600 a.e.c.). Dentro de un esquema
semejante a un escudo se representa un combate de la Ilíada. Menelao, a la
izquierda, tras haber matado a Euforbos, tendido a su espalda, se enfrenta a
Héctor, a la derecha, quien intenta recuperar el cadáver. Menelao es
representado de frente y por tal motivo se aprecia el interior del escudo,
mientras que Héctor se muestra de espaldas, revelando el blasón externo de su
escudo, con la forma de un águila negra (ave de Zeus, deidad que le protege en
el poema épico). Se sugiere de este modo una cierta perspectiva y un potencial
efecto de profundidad. Según la Ilíada, Euforbos fue el primero en herir a
Patroclo, aunque será posteriormente Héctor quien lo mate. Euforbos quería
asegurarse la armadura del amigo de Aquiles, pero es rechazado por Menelao y
despojado de la misma. Entre las figuras se observa un complejo ornamento
floral, probable préstamo próximo-oriental. Arriba, en el centro, se pueden
apreciar unos ojos con cejas a cada lado de un triángulo en forma de tablero de
ajedrez (que hace las veces de nariz), configurando un “rostro”. ¿La mismísima
divinidad observando la batalla, como un eco de la visión de los dioses desde
el Olimpo tal y como se narra en la Ilíada?. Las figuras presentan colores
bastante realistas; un marrón para los
cascos y jitones que llevan los
guerreros y un rojo, algo rosado, para sus cuerpos. Los nombres aparecen
inscritos, en este caso en dórico. No deja de ser intrigante, me atrevería a
añadir finalmente, la nota de Pausanias (siglo II), que señala haber visto en
el templo de Hera en Argos, un escudo que pudo haber sido tomado por Menelao de
Euforbos.
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Enero, 2018.
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Mitología.
17 de enero de 2018
Novedad editorial: libro sobre mitología y religión
Mi nuevo libro se
titula Mito y religión en el mundo
antiguo (Pubc. Inter. Book Mark, Mauricio, pp. 497), un ambicioso proyecto
de casi quinientas páginas que está a punto de ver la luz pública. Fruto de
numerosas indagaciones y de no pocas estimulantes discusiones, a las que el
libro debe parte importante de su prestancia, se ha intentado no solamente
colmar lagunas sino, sobre todo, hacer nuevos planteamientos y generar un
cúmulo de nuevas dudas. La reseña del editor comenta, al respecto, lo
siguiente. “Este libro (…) supone un
dinámico y actualizado acercamiento a distintos elementos propios de la
religiosidad y los mitos de la Antigüedad, desde una perspectiva crítica y
analítica…Una obra que presenta las peculiaridades, los modos e
interpretaciones acerca de los mecanismos de la religiosidad, la función de los
mitos en los registros escritos, las formas de ritualidad, los elementos
constitutivos de lo sagrado e, incluso, algunos de los principales vestigios
arqueológicos de las estructuras religioso-rituales. Además de en Europa y
otras regiones del mundo (a través de Amazon, por ejemplo), su distribución en
Iberoamérica está garantizada en México, Chile, Argentina, Brasil y Colombia.
J.L.S.
11 de enero de 2018
La primera guerra del mundo: Ases y Vanes en la mitología escandinava
Imágenes (de arriba hacia abajo): imagen en detalle de
las estelas de Stora Hammars, datadas en el siglo IX, Gotland, Suecia e; imagen
de una estela de las mencionadas piedras en la que se observa a Odín en forma
de águila.
El panteón nórdico presenta dos grupos de dioses que
se enfrascaron en una guerra cuyo desenlace fue un pacto y el intercambio de
los prisioneros. El impactante suceso mitológico que enfrenta a dos familias de
deidades aparece reflejado en el poema Völuspá y en las obras de Snorri (Ynglingasaga). La perspectiva
historicista ha querido ver en este episodio una batalla real entre dos
pueblos, cuyos panteones representarían ases por un lado y vanes por el otro. Los
ases (procederían de “Asia”) representarían a los dioses de los invasores
indoeuropeos, mientras que los vanes simbolizarían las deidades de los arcaicos
pobladores del norte de Europa. La visión estructuralista señala que este episodio
(como el de los Nasatya-Asvin en la
mitología védica y el conflicto con los sabinos en la historia romana) sería
una respuesta a una necesidad interior de la sociedad indoeuropea. Las vanes,
en este caso, serían deidades de la clase productora, quienes se integrarían en
la sociedad divina en el último sector jerárquico, por debajo de los
mandatarios-sacerdotes y los guerreros. En cualquier caso, habría aquí también
el reflejo de un conflicto histórico, que afectaría distintas clase sociales y
que se produciría ahora, eso sí, en el seno de una única sociedad, la
indoeuropea.
No se puede demostrar que la mitología refleje o
traduzca el devenir histórico o el ámbito socio-político. Debe partirse, en
consecuencia, del mito mismo, como una articulación de ideas, sentimientos,
percepciones, de estímulos colectivos e individuales y de inconsciencia y
conciencia para encontrar el sentido del conflicto entre ases y vanes y
comprender su dinámica en el marco de la mitología nórdica.
El conflicto implica una polaridad que finaliza en un
compromiso equlibrante, aunque inestable. Cada uno de los ámbitos se asocia con
elementos característicos (luz-sol-día-cielo-padre, frente a
oscuridad-luna-noche-tierra-madre), y ambos propician una tensión (en forma de
acuerdo e intercambio) dinámica equilibrante. Los ases representan el elemento
celeste, vinculado al sistema patriarcal y a una tendencia guerrera y política,
mientras que los vanes refieren el aspecto telúrico (asociado a lo comunitario
y al ámbito matriarcal).
Thor y Odín representan a la familia de los ases, si
bien es el primero el que mejor encarna los valores de esta familia divina. En
la poesía éddica y escáldica le mencionan como el más distinguido y el más
fuerte de los ases. Encarna los valores de la guerra en su continua batalla
contra las fuerzas inframundanas. Su presencia es arcaica, pues ya en el Edad
del Bronce existen pinturas que representan al dios del martillo. La gran
cantidad de ciclos de poemas a él dedicados y su continua presencia mítica confirman
la intensidad de sus cultos. Muchas familias nobles reclamarán al dios del
trueno, la valentía y la fuerza en el combate como ascendiente.
Odín, por su parte, tiene también peculiaridades
celestes. Es un dios padre, asociado a la guerra y a los caídos en combate.
Jefe de los einherjar o caídos en la
guerra, pobladores del Valhall,
comanda también los bersekir, esa
horda de brutales guerreros vestidos con pieles de animales cuya fama de
invencibles es proverbial. Su mitología es bastante escasa en tanto que su
culto ni fue extendido ni tampoco frecuente[1].
Al lado del dios del martillo y el de la lanza, Thor y
Odín, respectivamente, otras figuras relevantes, y antiguas, de la familia de
los ases son Tyr, el dios de la espada, Heimdallr, el guardián del puente
Bifrost (el Arco Iris o, tal vez, la Vía Láctea) y Ull, portador de arco y
flechas. El más y mejor conocido es Tyr, una deidad del cielo caracterizado por
su valentía. Es equiparado en Roma con Marte (caso del Mars Thingus). Ases menores son Vidar y Vali, ambos fuertes,
valientes y buenos tiradores.
Los ases, en fin, corporalizan la mitad viril, celeste
y solar de la estructura mitológica nórdica. Sus cultos se relacionan con la
fuerza en cualquiera de sus manifestaciones, tanto en la de los héroes solitarios,
como Thor, en la del jefe político y militar, deidad de la conquista, caso de
Odín[2],
o en el representante del combate individual y colectivo, como Tyr. Aspectos
asociados al ámbito celeste, como la de dios padre, rey o legislador, se
desdibujan frente al valor y la fuerza de las acciones bélicas.
El poder de la familia de los vanes, especialmente
asociada al culto, radica en la magia, no en la fuerza física. Los Eddas
caracterizan a los vanes como opulentos y sabios. Con ellos el universo mitológico
nórdico conoce el ámbito nocturno y lunar, asociado a lo femenino y la tierra. Los
vanes son dioses específicamente asociados a la magia, la fecundidad, la
sabiduría, la paz y, por consiguiente, el contrapunto de los ases, vinculados
con la guerra, la fuerza, la conquista y la organización. Sus actividades, como
las de los gigantes, se vinculan con la tierra. La magia, la profecía y la
adivinación (esencialmente en manos de las mujeres) son sus armas y su
patrimonio exclusivo.
Entre los documentos históricos que los mencionan se
encuentran la Germania de Tácito, en De Bello Gallico de Julio César y en
Plutarco. En ellas se menciona el aspecto ritual y profético de las mujeres, se
destaca la importancia de las fases de la luna entre los germanos y la relevancia
sacra del número nueve, que se relaciona con los cultos ctónicos y agrarios[3].
Es Tácito también quien testimonia la alusión a la
diosa Nerthus (madre-tierra, que coincidiría con Njord[4])
referida en asociación con varias tribus germánicas (anglos, varinos, aviones,
saurines, eudones, entre otras) de la península de Jutlandia y el norte de la
Alemania actual. La diosa se relaciona con el tiempo de paz, algo que ocurre
también con el dios Frey, deidad especialmente unida a la riqueza, la paz y la
fertilidad. Del mismo modo, reseña el culto ctónico-femenino cuando alude al
bosque sacro de los naharvales o a la
descripción de los estíos que, dice, veneran a la madre de los dioses y portan
amuletos en forma de jabalíes[5].
La pareja Nerthus-Njord es el precedente de
Freya-Frey. Njord sería el hijo-amante o amante-hermano de la diosa. La
descripción de este dios refiere dos elementos característicos del ámbito
telúrico, el sacerdocio (opuesto a la actividad militar) y la riqueza. Se
señala que Njord gobierna altares y templos. Sabio y anciano, su destino es el
retorno al seno de su madre-hermana la tierra Su asociación con el sacerdocio y
las relaciones incestuosas con su hermana (de las que proceden Freya y Frey) se
confirman en Ynglingasaga y en Gylfaginning de Snorri. Es un dios
pacífico y pacificador; además de rico y expendedor de riqueza.
Así, el ambiente mítico de los dioses vanes aparece
reflejado en Tácito en el siglo I. Se trata de la tierra, la luna, la
fertilidad y, en general, el elemento femenino.
El culto a las Matronae
o Matres, bien documentado
arqueológicamente en la región del Rin, permite rastrear la genealogía de los
genios femeninos de la fecundidad y el destino (disas, nornas, hamingias y
fylgias) de la mitología nórdica. Se suelen representar estas Matronae en grupos de tres (de ahí las
nornas germánicas), y se asocian a la fertilidad, la fecundidad, el destino y
la protección de los hombres (sobre todo frente a las enfermedades). Determinan
el nacimiento y la muerte del individuo. Es un ejemplo palpable de religiosidad
centrada en la mujer, la noche y la tierra.
Se podría suponer que un extendido culto ctónico
asociado a las madres ha estado presente desde tiempos arcaicos entre las
poblaciones germánicas.
La tradición asigna un rol
significativo, de hecho, a grupos de deidades femeninas en la mitología y en el
culto. En la mitología aparecen, al lado de diosas como Frigg o Freya, grupos
bastante indiferenciados de deidades femeninas, Son nornas, disas, fylgias
valquirias y hamingjas[6].
A todas ellas se les asocia con la protección individual y de la tribu y de
ellas se espera la fecundidad humana y la fertilidad de la tierra. Acompañan a
la persona desde que nace y en el momento del fallecimiento. Las nornas
designan el momento de la muerte; las valquirias y las disas eligen y conducen
a los muertos, mientras que las fylgias se aparecen poco antes de que se
produzca el óbito. Así, como diosas de la riqueza, la fecundidad y la muerte,
son rectoras del destino.
La estirpe de los gigantes[7],
que fue la que primero pobló el mundo, antes de deidades y hombres, se ubica en
el sector oscuro de la estructura mítica. Pertenecen al círculo de las fuerzas
infernales, como el lobo Fenrir, Loki, Hel, la dama del inframundo, y la sierpe
Midgard[8].
Todos ellos juntos combatirán contra los dioses la última batalla que finaliza
con la destrucción de ambos grupos. Los gigantes preceden a los ases, siendo
sus sucesores familiares. Entre ellos hay una evidente oposición que se
materializa en enfrentamientos de distinto tipo y magnitud. Así, por ejemplo,
Thor habitualmente estará matando gigantes en Jotunheim, además de ogros y trolls.
Los dioses vanes mantienen también relaciones (aunque
de otro tipo) con los gigantes, esas figuras infernales, oscuras y claramente
amenazantes. La mitología afirma que los gigantes poseen riqueza, magia y sabiduría, tres aspectos clave que en el
mundo divino corresponden a los vanes. La relación gigantes-vanes es de tipo
afectivo, hasta el punto que Frey y Njord se casan con gigantas. Existe entre
ellos, por tanto, una familiaridad, aunque no exenta de ciertas discrepancias.
Loa dualidad vanes-gigantes, sus atributos compartidos y sus relaciones parecen
aludir a la ambigüedad del ámbito femenino y nocturno, que se percibe como
positivo y negativo a la vez. La tierra es diosa de la fecundidad y de la
riqueza y también deidad terrorífica de la muerte y la putrefacción.
La relación sexual entre Freya y su hermano verifica
la práctica del incesto entre los dioses vanes. Las relaciones incestuosas se
relacionan con el ámbito telúrico, en tanto que suelen prohibirse en la esfera
celeste. La relación íntima es no solamente factible sino también necesaria en
la esfera mítica de la fecundidad. En el culto, caracterizado por un aspecto
fálico y por un menadismo orgiástico, la relación Frey-Freya asume la forma de
un hierogamos, propio del ámbito
ctónico de la mitología. Frey patrocina la riqueza y la paz. Al igual que su
padre Njord, se casa con una giganta. Para conseguirla, entrega una espada que
lucha sola, lo que implica su pasividad guerrera[9].
Poderosamente enamoradizo, es un dios del amor y del deseo sexual, rasgos que
afirman su pertenencia al ámbito de la fecundidad.
Freya es, tal vez, una tardía encarnación de la Madre
Tierra, es la diosa de la muerte, la fecundidad, el amor. Es tanto madre como
bruja[10];
por lo tanto, fuertemente ambivalente. Se relaciona también con los gigantes,
de un modo pintoresco: es el objeto del deseo de las fuerzas inframundanas.
Freya es la diosa en sí misma, el principio femenino per se. Las demás diosas son únicamente
matices o metamorfosis. Aunque su marido es Od, el único matrimonio que parece
evidente es el de Freya-Odín, o Tierra Madre y Dios del Cielo. Los nombres
teóforos, la arqueología y la propia mitología sugieren que la religión
germánica se fundamenta en un inicial enfrentamiento y posterior pacto entre
los dioses ases, que representan el cielo y el aspecto viril, y las deidades
vanes, simbolizadoras del lado femenino y telúrico. Pero es este dominio telúrico
el que se observa de modo continuo en la religión germánica. Las imágenes de
tríadas femeninas nórdicas, protectoras de la vida, ejecutoras de la muerte, y
vinculadas a Freya, delatan la persistencia de un culto que se asocia
directamente al ámbito telúrico de la mitología.
La guerra entre ases y vanes, con su paz posterior,
describe la pugna de dos fuerzas del Universo. El conflicto no es un recuerdo
histórico ni el reflejo de las peculiaridades sociales de las poblaciones de
estirpe indoeuropea o la transcripción de fenómenos naturales. Cuando la
mitología escandinava empezó a convertirse en historia de la cultura,
particularmente a través de Snorri Sturluson, este conflicto, narrado en forma
de aventura primaria, se convierte en el comienzo de la verdadera historia
sacra germánica. El ámbito cultural nórdico imagina la historia como dramáticas
confrontaciones continuadas de carácter bélico, siendo el universo el campo de
batalla. De ahí, que las fuentes mencionen el conflicto como la primera guerra
del mundo, Se trata, en consecuencia, del origen, de los inicios.
En la cosmovisión germánica existe una inicial, y
extrema, separación entre los polos de la estructura mítica. La confrontación
de esos dos grupos, y el pacto final tiene como objetivo último la síntesis
implicativa de las dos fuerzas constitutivas. No existe ni mundo ni sociedad si
las dos fuerzas permanecen alejadas o se mantienen en continuo enfrentamiento.
La cultura será la paz entre ambos sectores. Hay una concepción práctica de la
realidad cuya valía reside en el enfrentamiento dialéctico. Los valores
antagónicos de cada polo-sector-grupo divino son específicos (tienen sus
características esenciales) y no se pueden ni eliminar, yuxtaponer o confundir.
La firma de la paz no trae consigo la conformación de una nueva familia
homogénea, sino que la división entre vanes y ases, considerada esencial, se
mantiene. No obstante, debe haber un ámbito simbólico de unión entre ambas
fuerzas en conflicto. En tal sentido, los sacrificios de Mímir y Kvásir[11],
que sirven para obtener una elevada sabiduría, buscan la vinculación íntima
entre la poesía y la sabiduría con la guerra y la paz entre vanes y ases.
A través de ases y vanes, en fin, se instaura el orden
mítico y religioso que cubre los sentimientos, valores y pensamientos de un
pueblo. Tras el conflicto se establece una articulación que mantiene las
diferencias pero, a la par, evita nuevos conflictos. El artificio poético será
el símbolo del acuerdo.
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Enero, 2018
[1] Como el Dios del disfraz y la máscara, los episodios
míticos a él referidos mencionan la mentira, la traición, el abuso y la
astucia. Algunos aspectos que habitualmente se le atribuyen fueron bienes
conseguidos a lo largo del proceso mitológico
[3] Recuérdese
al respecto los nueve pasos de Thor antes de morir en el Ragnarok, las nueve noches del sacrificio de Odín o las nueve
madres de Heimdallr.
[4] La diosa produce la paz y aleja el hierro (la guerra). Refiere, por tanto
la paz y la ausencia de conflicto armado.
La exclusión del metal se aprecia también, precisamente, en el culto a
Njord.
[5] En la mitología nórdica el jabalí es el animal de
Frey, dios van. Este animal se vincula con la fertilidad y el inframundo.
[6] Las nornas riegan y cuidan el árbol del mundo, llamado
Yggdrasil; por tanto, sostienen el
mundo. Rigen los destinos humanos.
[7] Los gigantes no son aquí, necesariamente, una antigua generación de
dioses vencidos, ni deidades demonizadas de las poblaciones sometidas por los
germanos.
[9] El medio efectivo por el que consigue a Gerd, la
giganta, es la magia y la hechicería (ni la fuerza ni las promesas de riqueza),
asociada a Freya y a lo femenino.
[10] Según los testimonios de César y Tácito, en el mundo
germánico, la mujer se relaciona de manera íntima con la adivinación y la magia
y, en consecuencia, con la sexualidad. En la tradición nórdica la völva es una
mujer que pude rememorar el pasado y adivinar el porvenir. Según el Edda Mayor, la capacidad profética
pertenece exclusivamente a las diosas (Freya, Frigg, Idunn, Gefiunn) y a las
völvas.
[11] Ambas figuras míticas representan el conocimiento; por
un lado el que se posee, y por el otro el que se transmite. No son ni
estrictamente ases ni puramente vanes. Poesía y sabiduría testimonian, así, la
paz entre los dos ámbitos, el nocturno y el diurno.
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3 de enero de 2018
Crátera de Piritoo e Hipodamia
En la imagen una crátera de cáliz (vasija para mezclar
el vino con el agua) del Pintor de Hipodamia, fabricada en Apulia y datada
entre 350 y 340 a.e.c. Se pueden apreciar dos registros de decoración figurada
con diferentes, pero tal vez relacionadas, escenas. Hagamos una lectura. El registro inferior
muestra el resultado trágico de la fiesta nupcial de Piritoo, el rey de los
Lapitas y su esposa Hipodamia. Uno de los centauros invitados a la fiesta ha
bebido demasiado vino (sugerido por la presencia de una vasija metálica entre
sus patas), y captura a Hipodamia. Ella se gira y apela a Piritoo, a su
izquierda, mientras en la derecha, un amigo del anfitrión, el gran Teseo de
Atenas, levanta su maza con muy aviesas y diáfanas intenciones. En el lado
opuesto una mujer lapita huye aterrorizada, tal y como parece expresar la
posición de sus brazos. El registro superior se me antoja mucho más enigmático.
El centro de la escena está dominado por lo que parece un alto y ricamente
decorado tálamo, con un escabel al lado. Delante permanecen dos mujeres, a la
izquierda una sirviente (con cierta afectación), y a la derecha una dama en
pose sensual, “provocativa”, con sus manos detrás de su cabeza, atendiendo, tal
vez, a su cabello. El grupo central es flanqueado a la izquierda por una
anciana (quizá sirvienta), que levanta sus brazos y abre su manos en una
expresión de horror o de desánimo. Permanece detrás de una mujer con un velo
sobre la parte posterior de su cabeza, y con las piernas cruzadas y las manos
agarradas sobre las rodillas. A la derecha de esta figura, Eros manteniendo una
guirnalda o algo afilado. En el extremo diestro de la escena, se observa un
anciano con un bastón, una clámide y botas altas que habla a una mujer que
coloca su mano sobre su boca en actitud desanimada o preocupada. Estos
personajes y sus acciones parecen sugerir una escena de un drama trágico. Si
hubiese aquí un reflejo (o una versión) del Piritoo de Eurípides, podrían
conectarse ambos registros: la escena superior podría referirse a los preparativos
de la novia antes de la fatídica fiesta. Una vasija, en fin, de gran belleza,
con figuras en poses elocuentes y colores adicionales sugerentes. Incluso
algunas técnicas pictóricas asoman con prestancia, como el sombreado de la
vasija de metal y las vistas en perspectiva, de arriba y abajo en las piezas
del mobiliario. No sería de extrañar que hubiese habido algún tipo de
referencia en la pintura monumental que, por descontado, desconocemos.
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Enero, 2018.
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28 de diciembre de 2017
La política expansiva del imperio Han hacia el sur de China
El gobierno del emperador Wu Di (141-87 a.e.c.), trajo
consigo estabilidad económica y política. Hacia 115 a.e.c. la amenaza del norte
había sido significativamente reducida, de modo que el interés se centró en un
ambicioso plan de expansión territorial hacia nuevas y distantes zonas. En 108
los Han estarían controlando buena parte de la península de Corea en el
noreste, el corredor del Gansu en el noroeste, Yunnan en el suroeste, Lingnan
en el sur (lo que hoy es Guangdong y Guangxi), así
como el norte y centro del Vietnam actual.
La
política expansionista incluía la transferencia de colonizadores, el
establecimiento de colonias militares y pequeñas guarniciones que protegiesen
las rutas comerciales. El poder sería ejercido, localmente, a través de
comandancias, que controlarían grandes territorios bajo el liderazgo de un
gobernador, en ocasiones asistido por un comandante militar, aunque responsable
tanto de los asuntos militares como civiles.
Los
administradores Han, así como los soldados, colonos y comerciantes que
habitaban en las comandancias periféricas, solían ser sobrepasados en número
por los habitantes nativos quienes, muchas veces, se alzaban en violentas
revueltas en contra de la presencia Han.
Las
muchas poblaciones nativas encontradas en el curso de la expansión encajaban en
una visión del mundo sinocéntrica cuyas raíces se encontraban en la dinastía
Zhou. La geografía cultural reconocía un núcleo político y cultural rodeado por
cada vez más grupos menos civilizados cuanto más hacia la periferia se mirase.
El
proceso expansivo condujo a la incorporación en 111 a.e.c. de Lingnan en la
esfera político-administrativa china, un hecho que se repitió en Yunnan un par
de años después. La expansión en ambas áreas incluyó la presencia de ejércitos
y oficiales Han así como la de diferentes poblaciones nativas. Hubo rasgos
comunes en las dos expansiones. En ambos casos los chinos encararon serias
dificultades al desplazarse por un territorio con gran diversidad étnica y
geopolítica. La topografía montañosa y el clima que se encontraron las tropas,
los oficiales y demás migrantes fue una dificultad de gran relevancia. En el
sur y el sureste, la oficialidad Han manejó las nuevas comandancias establecidas
habitualmente de modo indirecto por medicación de líderes locales nativos. En
Yunnan y Lingnan el gobierno Han se mantuvo, a veces precariamente, a través de
interminables ciclos de rebeliones locales, muchas de las cuales propiciaron
agrios debates en la corte en relación a la conveniencia de mantener una
presencia en regiones distantes.
La
evidencia de asentamientos y enterramientos sugiere un proceso de sinización,
iniciado en época de Han Occidental y culminado en el período Oriental.
Tras
la victoria, en 221 a.e.c. de Qin sobre los últimos vestigios de reinos
independientes en China, el emperador despachó varios ejércitos hacia el sur. Cuatro
de ellos se dirigieron directamente a Lingnan (Guangdong y Guangxi), una región, a la sazón, distante e insalubre,
habitada por varias tribus iletradas que solían ser conocidas en ese tiempo
como las Yue. Las tropas Qin avanzaron a Lingnan no sin encontrar obstáculos,
en especial el ofrecido por la resistencia de la población Yue nativa que
lograría acosar las tropas imperiales. Sólo en 214 a.e.c. los Qin disfrutaron
de algún éxito en el sometimiento de las poblaciones nativas de Lingnan, siendo
entonces capaces de establecer tres comandancias (Nanhai, Guilin y Xiang, en
los actuales territorios de Guangdong, Guangxi y la porción norte de Vietnam),
cada una de ellas encabezada por un gobernador y un comandante militar.
La
muerte del Primer Emperador de Qin en 210 a.e.c. fue seguida por la pérdida de
control del gobierno central sobre las regiones sureñas. En consecuencia, Zhao
Tuo, un general Qin en Lingnan, vio la oportunidad de establecer su autoridad
sobre las tres comandancias, proclamándose él mismo como el monarca del nuevo,
e independiente reino, de Nanyue. Zhao
Tuo estableció su capital en Panyu, cerca de la actual ciudad de Guangzhou.
Reinó
durante unos setenta años, hasta su muerte en 137 a.e.c. Adoptó las costumbres
Yue y elevó a varios nativos a la dignidad de generales y oficiales. Su
relación con los monarcas Han del norte estuvo marcada por períodos en los que
rehusaba reconocer la soberanía Han. Incluso empleó fuerza militar para
expandirse hacia territorio Han. En 112 a.e.c. el emperador Han Wu Di despachó
una operación militar contra Nanyue, aprovechando una revuelta Yue. Este
movimiento le permitió anexionar el reino al imperio y subdividirlo en nueve
comandancias, de las cuales cuatro estaban en Lingnan (Nanhai, Yulin, Hepu y Cangwu),
dos en la isla de Hainan (Zhu’ai y Dan’er), y otras tres en el Vietnam del
centro y norte (Jiaozhi, Rinan y Jiuzhen).
Es
muy probable que la expansión china hacia Lingnan fuese impulsada desde el
principio, al menos en buena parte, por motivos comerciales más que por
expresos impulsos civilizatorios. Para los dinastas Han, los productos deseados
incluían cuernos de rinoceronte, colmillos de elefantes, plumas de Martín
Pescador, perlas, caparazones de tortuga, ropas, plata, cobre, frutas y
esclavos, todos ellos productos propios de regiones al sur de Lingnan. La
conquista de Lingnan por Wu Di en 111 supuso el traslado de oficiales chinos al
lugar para supervisar el comercio marítimo.
Si
bien Panyu permaneció como un puerto de primer orden, otros puntos de embarque
principales parecen haber sido localizados más al sur, en Hepu, al sur de Guangxi,
y en Xuwen (Guangdong meridional), así como a lo largo de la costa
septentrional de Vietnam.
La
política expansionista de Wu Di se asoció con la extensión de las relaciones
mercantiles con tierras todavía más distantes. La región no atrajo tantas
gentes chinas como se podría pensar por la mala fama de estas regiones,
consideradas como remansos de aguas pantanosas que producen enfermedades como
la malaria, y por ser lugares en donde se exilaban criminales.
Los
textos no aclaran si los oficiales Han en Lingnan se vieron forzados a confiar
en ocasiones en las tropas Yue para controlar las rebeliones locales en algunas
comandancias, algunas de las cuales resultarían desafectas por culpa de
oficiales inescrupulosos. Hacia el siglo II, la tarea de administrar las
comandancias de Lingnan había sido dejada en manos de oficiales locales, que se
encargaban de cobrar los impuestos y de supervisar el comercio, no de
“civilizar” a los Yue.
Entre
los siglos VI y III a.e.c. han aparecido en más de doscientas tumbas en fosa
verticales diversas cerámicas utilitarias, herramientas de bronce, armas, así
como algunos bronces elaborados y campanas que pudieron ser importados (o
copiados) del reino de Chu. La presencia de objetos elaborados en las tumbas
más ricas, combinado con artefactos de estilos locales, no sugiere la presencia
de oficiales de Chu en Lingnan, sino la existencia de elites locales que
emulaban los estilos septentrionales y pudieron estar en contacto con Chu. Esta
posibilidad surge de la concentración de tumbas en la
zona norte de Lingnan.
La evidencia de una ocupación permanente está presente
en un número de sitios del período Han a lo largo de Lingnan. El más destacable
sitio de habitación es el llamado Palacio Nanyue, localizado en la parte baja
de Guangzhou. En lo que parece haber sido un jardín de un palacio han aparecido
multitud de ladrillos y azulejos, algunos de ellos decorados con marcas de
cordajes e inscritos con caracteres, que incluyen los correspondientes a varios
títulos oficiales, indicando un sistema administrativo similar al de la
dinastía Han. Otros artefactos incluyen herramientas, armas, monedas (algunas
del reinado de Wendi, 179-157 a.e.c.) y vasijas cerámicas, algunas de las
cuales presentan nombres de lugares impresos.
En Guangdong oriental se encuentran un par de sitios
de relevancia. Uno de ellos, de época Han Occidental, es el lugar de Shixiongshan,
en donde los arqueólogos han identificado en las laderas de una colina restos
parciales de un corredor y dos pequeñas edificaciones. El otro, el sitio de Guishan,
presenta materiales distribuidos entre varias terrazas excavadas en una colina,
que consisten en vestigios de edificios, un gran número de azulejos, incluyendo
algunos de suelo, vasos cerámicos y unos pocos objetos de hierro y bronce.
En el norte de Guangdong deben destacarse otro par de
yacimientos. El primero es el sitio de Zhouzi, cerca de la ciudad de Lechang,
en donde los arqueólogos han identificado los restos de una muralla (del período
Han occidental); el segundo es el yacimiento de Litouzui, ubicado en el condado
de Shixing, y en el que destaca una muralla con un perímetros de casi medio
kilómetro que rodeaba un área de forma triangular. Ambos sitios fueron
localizados en comandancias al norte de Lingnan.
A lo largo de la línea costera meridional de
Guangdong, en el condado de Xuwen, los sitios en las villas de Erqiao y Shiwei
conservan restos arquitectónicos. En ellos se hallaron azulejos con caracteres
inscritos, así como un sello en bronce con una inscripción de cuatro
caracteres.
En el norte de Guangxi es relevante el yacimiento Wangcheng,
localizado al norte de la comandancia de Yulin. En él se ha revelado la
presencia de una muralla, puertas, un foso defensivo y diversos otros restos
arquitectónicos dentro del recinto amurallado. Las investigaciones sugieren a
los arqueólogos que la función principal del sitio fue la de servir como puesto
militar.
En relación a las tumbas en Lingnan en época Han puede
decirse que las del período Occidental suelen ser usualmente fosos verticales
que contenían ataúdes de madera, mientras que en la etapa Oriental de
incrementaron notablemente las tumbas con cámaras de ladrillos. En términos
generales, la tendencia de la práctica funeraria es esencialmente Han en
naturaleza. Los bienes funerarios incluían espejos, objetos laqueados,
incensarios, figuras humanas, modelos cerámicos de aves, animales domésticos,
graneros, viviendas y algunas herramientas de hierro.
Las tumbas Han en Guangdong mantienen varios
artefactos que refuerzan la relevancia de los contactos con áreas al sur de
Lingnan. Incluyen modelos cerámicos de viviendas apiladas (un método
constructivo que todavía es visible en el sureste de Asia), modelos de botes y
de grandes barcos en cerámica y madera y lámparas cerámicas asentadas sobre
cabezas humanas con torso desnudo y largas narices, rasgos que sugieren su
pertenencia a algún lugar del sudeste del continente asiático. Tanto los barcos
como las lámparas son hallazgos comunes en las tumbas de Guangzhou del período
Han.
Entre las tumbas que datan del período Nanyue destaca
la de Zhao Mo, segundo soberano del reino de Nanyue, en Guangzhou. En ella se
encontraron quince sacrificios humanos entre más de mil objetos diversos, que
incluían sellos de jade y de oro, placas discos y figurillas de jade, campanas de
bronce, contenedores de alimentos de varios tipos, una placa de vidrio y una
vasija de plata. La presencia de trípodes ding
de estilo Yue, así como de calderos de bronce, ilustran el mantenimiento de las
tradiciones locales y regionales, como ocurre con el uso continuado de las
campanas goudiao y la práctica
funeraria del sacrifico humano. La presencia de vasijas del plata y vidrio, así
como de objetos de marfil y perlas de varios tipos indican el contacto con
regiones distantes.
Otro par de grandes tumbas del período Nanyue fueron
encontradas en Luobowan, en el sur de Guangxi. Se trata de tumbas en foso con
una rampa y con ataúdes de madera. El mantenimiento de las tradiciones locales se observa en la presencia de
varios tipos de vasijas cerámicas, campanas de bronce, un tambor, también en
bronce, además de las prácticas de los sacrificios humanos.
La distribución de las tumbas es muy relevante.
Concentraciones de enterramientos se encuentran en Guangzhou, a lo largo de las
líneas costeras y los ríos mayores, una distribución acorde a las referencias
históricas al comercio, a la comunicación y la defensa. Otros concentraciones
se observan a lo largo de la costa en Hepu y Xuwen (dos localidades mencionadas
en los textos como relevantes puertos y productores de perlas durante el
periodo Han).
El proceso de sinización atestiguado en Lingnan a lo
largo del período Han se evidencia en los cambios en el comportamiento
funerario, la arquitectura funeraria, la tipología y estilos de los artefactos,
así como en el nuevo sentido de sensibilidad estética que se expresa por medio
de jardines y estanques. La presencia de objetos de comercio exóticos (piedras
preciosas o vidrio), o bien útiles que derivan de las condiciones locales, como
los botes y los modelos de viviendas superpuestas, no significa un rechazo a
las prácticas Han.
El siglo II a.e.c. atestiguó la gradual y, a la par,
ardua expansión de los Han hacia el suroeste, una región que los textos
delinean como geográficamente distante, militarmente inestable y étnicamente
diversa. Todas las referencias textuales a esta expansión son posteriores al
establecimiento de comandancias Han en el suroeste durante la segunda mitad de
ese siglo. Las razones del empuje hacia lo que en la actualidad son las
provincias de Guizhou y Yunnan fueron muy variadas. Incluían ambiciones
territoriales e incentivos económicos.
Hacia el final del IV y comienzos del III siglo
a.e.c., se puede constatar en los textos como el general de Chu, Zhuang Qiao,
conquistó la tribu conocida con el nombre de Dian, en los que hoy es el Yunnan
oriental[1].
Las referencias a la comunicación entre las tribus del suroeste durante la
segunda centuria a.e.c. revelan el conocimiento Han, además del interés, de las
redes comerciales. El comercio privado pudo haber vinculado a varias tribus del
suroeste, como los Ba o los Shu (situados en el Sichuan actual), con los Dian.
En el caso de ambos pueblos mencionados, el comercio incluía caballos, siervos
y yaks.
Los Dian acabaron sucumbiendo a la expedición militar
Han en 109 a.e.c., que fue el momento en el que se estableció la nueva
comandancia de Yizhou. En esa época de la conquista se decía que los Dian
tenían ciudades y asentamientos, así como un centro político localizado en el
territorio en el que se establecería la comandancia de Yizhou. Se comentaba que
los Dian eran agricultores sedentarios que practicaban la cría de animales.
En cualquier caso, la heterogeneidad cultural de la
comandancia de Yizhou se desprende de los textos, que mencionan numerosos
grupos étnicos cuya variedad estriba en sus costumbres y actividades de
subsistencia.
El gobierno indirecto de los Han a través de líderes
nativos se creía que era el método más efectivo y menos costoso de expandir el
territorio imperial en regiones distantes. La ausencia de referencias
textuales, por otra parte, refleja una ausencia de interés Han en la vida y la
sociedad nativa. Tal gobierno indirecto tuvo evidente éxito en la creación de
una base administrativa cuyos objetivos incluían el establecimiento de prefecturas
y la documentación del número de pobladores nativos.
El interés en el liderazgo (y en la población nativa),
dependía de la necesidad de cobrar los impuestos en grano, sal u otros
productos. A pesar de todo este control siempre hubo inestabilidad y peligros
en estas zonas. Así, los textos (Han Shu
en concreto), mencionan, al menos, siete grandes rebeliones nativas entre 105
a.e.c. y el último cuarto del siglo II. Estos hechos reflejan la presencia de
un sistema marcado por la ausencia de una suficiente presencia Han capaz de
controlar el descontento de la población nativa o de mitigar los conflictos que
se producían entre muchas tribus de la región.
La necesidad de enviar campañas punitivas cada cierto
tiempo crearía arduos debates entre los oficiales Han en relación a si era
conveniente o no establecer un gobierno permanente en una región cuya orografía
montañosa y su remota ubicación dificultaban mantener una comunicación
efectiva.
Los textos de la época de los Han Orientales hablan,
de hecho, de tribus que vivían más allá de los límites de la China actual,
quienes deseaban ser reconocidos como estados tributarios y estaban preparados
para ofrecer a los Han regalos en forma de objetos de marfil, búfalos de agua,
oro y borlas de pelo de yak. Fuese por la esperanza de obtener beneficios
económicos de un futuro comercio o por temor a la ocupación militar Han, los
deseos de estas poblaciones no reflejaban, necesariamente, un respeto por la
civilización china.
Desde un punto de vista arqueológico los dos cementerios
mejor conocidos y con más ricas tumbas en el área central de los Dian son los
de Shizhaishan y Lijiashan. En la
periferia de la zona de la cultura Dian los cementerios son más pequeños,
destacando los de Pujuhe y Batatai. Hacia el comienzo del período Han
Occidental los ricos conjuntos funerarios Dian consistían principalmente de
vasijas cerámicas y objetos en bronce. Entre estos últimos se incluyen una gran
variedad de herramientas y armas, además de pequeñas figurillas, ornamentos
diversos, piezas de armaduras y placas, algunas de ellas decoradas con escenas
de combate entre animales. También son habituales los muy decorados tambores de
bronce y los contenedores hechos con conchas de moluscos.
Si bien todos esos objetos son identificados como Dian,
parece claro que algunos, sobre todo armas y vasijas, muestran rasgos
generalizados en otras partes de China, lo cual incluye las tradiciones
centro-septentrionales chinas. No hay duda de que la conquista Han fue asociada
con un incremento en el número de artefactos chinos (o de copias de los mismos)
en algunas de las más suntuosas tumbas Dian. Es el caso de espejos, monedas,
jades, ciertos tipos de vasijas de bronce y sellos. En el periodo Han Oriental
los modos funerarios parecen testimoniar una relativamente rápida transición
hacia los conjuntos funerarios que consisten principalmente de artefactos
típicos de los Han Orientales en otras regiones de China. Se incluirían en este
caso, monedas, espejos, vasijas cerámicas y en bronce, incensarios, lámparas,
modelos cerámicos de seres humanos y objetos asociados con las actividades
productivas y domésticas.
Los conjuntos funerarios de los Han Orientales suelen
vincularse con las tumbas de ladrillo de estilo Han, que reemplazan las tumbas
en foso verticales de la cultura Dian en el Yunnan oriental[2].
En el área de Zhaotong, al noreste de Yunnan, se han hallado un gran número de tumbas.
Algunas de aquellas con cámaras en la zona, propias de Han Oriental, algunas
veces han sido excavadas en las vertientes de los acantilados.
Los procesos expansivos y sus resultados en Lingnan y
en Yunnan parecen genéricamente similares, pues los aspectos clave están
presentes: gobierno indirecto, incentivos económicos, levantamientos nativos,
políticas civilizadoras, inestabilidad. No obstante, la arqueología sugiere
ligeras diferencias en ambas trayectorias en lo tocante a la cada vez mayor
homogenización y sinización a lo largo del período Han.
En contraste a Lingnan, en donde esos procesos son
evidentes incluso antes de los Han, los restos de enterramientos de estilo Dian
permanecen presentes al menos un siglo después de la acción conquistadora Han.
A causa de que los oficiales chinos prefirieron, tal vez, un enterramiento de
estilo Han, es probable que las ricas tumbas Dian fuesen aquellas de los líderes
nativos que podrían haberse beneficiado de la política de gobierno indirecto
Han asociándose con los oficiales Han y actuando como intermediarios de su
propio pueblo.
Entre los rasgos de la expansión Han debe destacarse
el tamaño del Imperio, incluso mayor que el romano y comparable con el
aqueménida y el alejandrino, y cómo en el curso de la dinastía, tanto
Occidental como Oriental, los
emperadores Han fueron capaces de mantener la integridad geográfica de un
territorio que incluía porciones de Corea y Vietnam.
Un rasgo significativo de la presencia china en Yunnan
y Lingnan durante la etapa Han parece haber sido la aparente inhabilidad de la
oficialidad centralizadora para establecer relaciones estables con las
poblaciones nativas. Las historias de ambas regiones hablan de regulares
levantamientos y de debates cortesanos relativos a lo inadecuado o no de ocupar
regiones tan distantes. El paisaje cultural, de hecho, permaneció fragmentado y
poblado por varios grupos étnicos no asimilados, algunos de los cuales
infligían pérdidas importantes a los chinos en épocas de batallas.
Aunque la expansión china hacia el sur y suroeste pudo
haber sido inicialmente conducida por ambiciones territoriales y motivaciones
económicas más que por un celo en civilizar distantes bárbaros, la necesidad de
recaudar tributos y pacificar las poblaciones locales condujo, al menos en
apariencia, después de algún tiempo, a llevar a cabo esfuerzos para hacer más
chinas a esas poblaciones a través de la educación.
Parece claro que algunos reyes y jefes tribales, tanto
en Yunnan como Lingnan, se beneficiarían de sus asociaciones con los oficiales
Han. La evidencia mortuoria ayuda a ilustrar el avance Han en ambas regiones,
al igual que arroja luz sobre el proceso de homogenización cultural y de
sinización vinculado con el avance en tales regiones. Los datos disponibles
permiten apreciar diversos escenarios, todos los cuales, se ha sugerido,
soportan un modelo de dislocalización económica y cultural entre los comunes,
de un lado, y los chinos y sus agentes nativos locales, del otro. La
sobrevivencia de variadas identidades étnicas a lo largo de las periferias del
sur y suroeste, hasta el día de hoy, sugiere que las costumbres y creencias
dividían más que unían, a los muy diferentes sectores chinos e indígenas de la
población que habitaba en tales territorios.
En definitiva, la imposición de un gobierno
centralizado se combinó con un gran número de movimientos poblacionales de
gentes Han hacia la periferia sur para proveer con ellos mayores oportunidades
de integración.
Prof. Dr. Julio López Saco.
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Diciembre, 2017
[1] Un pasaje del Shiji, datado en
122 a.e.c., reporta la situación de los emisarios Han que intentaron cruzar el
territorio Dian en busca de una ruta comercial terrestre hacia el reino
indo-griego de Bactria, en el actual Afganistán, a través de India.
[2] Las tumbas de ladrillo de los Han Orientales están habitualmente cubiertas
por un elevado montículo de tierra y, en ocasiones, asociadas con estelas de
piedra inscritas, un factor que podría sugerir que el propietario de la tumba
era “chino”.
Etiquetas:
Arqueología,
Cultura china,
Ensayos,
Historia oriental.
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