25 de octubre de 2005

Resumen Congreso Caída del Comunismo III (Polonia, Rumanía y Rusia)

Polonia
Prof. Julio López Saco

En 1980 se produjo en el país una gran oleada de huelgas contra el régimen comunista dirigidas por la central sindical "Solidaridad" y por su líder Lech Wałęsa, que lograron conseguir reformas profundas. El general Wojciech Jaruzelski en 1981 dio un golpe de estado con ayuda del ejército polaco, aunque cuatro años después le cedió el mando a Zbigniew Messner, quien asumirá la secretaría general del Partido Unificado Obrero Polaco. Las huelgas y protestas de 1988, sirvieron para que el gobierno legalizase Solidaridad y convocase elecciones para el año siguiente, que ganaron ampliamente los sindicalistas. En 1990 fue elegido como Presidente de Polonia Lech Walesa. Una vez recuperada la independencia y la democracia, Polonia dirigió sus pasos a la Unión Europea con la que firmó una serie de acuerdos previos a su incorporación como miembro en 2004.

Rumania

La elección de Nicolae Ceausescu en 1965, generó una cierta originalidad política dentro de los países que, por entonces, se definían como satélites de la URSS: defensa de la soberanía nacional dentro del socialismo. En los primeros años de su mandato desaprobó las intervenciones militares de la Unión Soviética como las de Checoslovaquia y Afganistán. Pese a ello, mantuvo buenas y prudentes relaciones con el bloque soviético en varios acuerdos militares y económicos, y en el plano interno, mantuvo la férrea estructura comunista en contra de sus disidentes, de modo que la economía, pese a que estaba bien consolidada, empezó a padecer algunos síntomas de deterioro, al igual que ocurría en el resto de los países del bloque. En la década de los 80 todos los recursos escaseaban, lo que dio lugar a fuertes protestas y manifestaciones que fueron uno de los detonantes de la caída del régimen. Ceaucescu repudiaba las reformas efectuadas en la Unión Soviética (la perestroika y el glasnost) lo que le llevó a reforzar su política estalinista en todo el país. Esta radicalización desencadenó los disturbios de Timisoara en 1988, y su derrocamiento por el ejército y la clase política en 1989. Al año siguiente Rumania ingresó de golpe en la transición hacia una economía de mercado y hacia el retorno a una democracia multipartidista bajo la administración de Iliescu, quién decidió acabar, definitivamente, con las medidas comunistas y establecer otras de austeridad. En la transición se presentaron, sin embargo, enfrentamientos con los gitanos, alemanes y húngaros. Éstos últimos se agruparon en la Unión Democrática Magiar de Rumania para hacer frente común en sus reclamaciones étnicas, amenazando la coexistencia y la paz del país. Esta presión forzó al gobierno central a reconocer los derechos etnolingüísticos de las minorías en 1994.
Rusia

Desde 1985 hasta 1990, el líder soviético Mijaíl Gorbachov puso en práctica una serie de reformas sociales, económicas, políticas y culturales conocidas como glasnost (transparencia) y perestroika (reestructuración), medidas incapaces de prevenir el colapso de la Unión Soviética después de un fracasado golpe militar en 1991. Esta época se caracterizó por la crisis del sistema soviético. Sus políticas de apertura y democratización, fueron producto de la debilidad del otrora gigante soviético. Aunque no deseaba acabar con el sistema comunista, Gorbachov introdujo reformas políticas en algunos países, como Polonia, estableció conversaciones con el presidente de los Estados Unidos, accedió a retirar las tropas soviéticas de Afganistán y firmó un tratado para la unificación de Alemania. En 1991, el sector duro comunista organizó un golpe de estado, contra el que Boris Yelstin organizaría una amplia resistencia popular. Acto seguido, Gorbachov dimitió como último líder de la URSS y se estableció la CEI. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había desaparecido.