7 de octubre de 2005

Opinión II. Globalización

GLOBALIZACIÓN: ¿NEUTRA Y VACÍA?

Prof. Dr. Julio López Saco


El abordaje de un tema tan popular como el de la globalización no es sencillo. Quizá debería empezar poniendo el acento en un par de interrogantes: la supuesta verdadera presencia de la globalización, en particular en regiones relativamente aisladas del mundo industrial, y la impuesta obligatoriedad de la misma, desde un orden elitesco comandado por aquellos países de mayor desarrollo tecnológico, que quieren igualar el mundo desde arriba, sin prestar atención a las desigualdades cosechadas desde antaño. Todo ello, en consonancia con un posible carácter “relativo” del proceso: ni globalización tecnológica completa (ausente todavía en muchos ámbitos geográficos, especialmente asiáticos y africanos), ni económica (con las evidentes desigualdades enmarcadas en un inexistente diálogo norte-sur y mantenidas gracias a la desidia de los más poderosos), ni socio-cultural (a pesar de la traumática pérdida de diversidad cultural que sigue su curso imparable en algunos continentes como América). Sin duda no debo ser el primero en plantearme tales preguntas: ¿ la globalización es socialmente neutra, potencialmente benéfica, igual para todos los países y un mecanismo homogeneizador de las economías planetarias ?; ¿ no será, por el contrario, un efecto del desarrollo, desigual, contradictorio y heterogéneo que el sistema capitalista ha ido fomentando paulatinamente ?. En cualquier caso, la globalización parece haber acelerado la pérdida de identidades y diversidades culturales frente a la considerada necesaria imposición de un nuevo modelo cultural, bastante mecánico, artificioso y carente del sentido de la divergencia. Creo entender que un estándar de vida capitalista, con un predominio de algunos elementos sintéticos genéricos (la lengua inglesa, la red en Internet, por ejemplo), ha sido el efecto inmediato más relevante, y en ocasiones desalentador, del fenómeno de la globalización.
La pérdida de un sentido de relatividad, en cuanto a la relación constitutiva del todo con el todo, sin absolutizar criterios de verdad, más que de un relativismo (donde no hay validez absoluta en nada y por ello se niega la pretensión de validez), es muy preocupante en este mundo “globalizado”. La proliferación de concepciones holísticas de las cosas, como una manera de comprender las realidades, a la manera trascendente budista, donde la visión del Cosmos es una intuición unitaria que muestra que todo se concatena, por lo que todo es caduco, impermanente y hay un flujo del devenir de las cosas, o al modo chino arcaico, donde todo se vincula, sin relaciones de causa y efecto, a partir de un concepto del Universo vivo y armónico con el que el hombre armoniza y se mantiene en equilibrio, pudiera ser una respuesta, válida o no, a un vacío existencial quizá motivado por la pretensión de homogeneización globalizadora y una base teórica de las corrientes llamadas New Age, que afloran ante la pesadumbre por la pérdida o la desintegración de espiritualidad occidental debido a un excesivo predominio de la razón, de los significados de las cosas, frente a un progresivo deterioro del sentido de esas cosas. Me refiero aquí, naturalmente, a la avasallante preponderancia de un pensar funcionalista sobre uno sustancialista, en tanto que las ciencias nos dicen cómo funciona todo, pero no lo que esas cosas son, tarea que ha venido recayendo, habitualmente, en el campo de lo teológico. Los ideales de la Nueva Era pretenden convertirse, así, en un nuevo sostén espiritual existencial que cubra un vacío de sacralidad, pero sin darse cuenta de la profunda trivialización, de la banalización a la que someten algunos presupuestos culturales sacados de contexto o mal interpretados. Quizá haya que ver aquí reacciones al automatismo estandarizante que la globalización pretende, al menos desde una óptica cultural. ¿Por qué se percibe tan útil el feng shui en el hogar o en los negocios y el tao en las acciones gerenciales o en el sexo ?. No sería nada extraño pensar que muchos desean encontrar alivio en nuevos senderos que aplaquen el ruidoso y estresante ritmo de las sociedades actuales y buscan refugio en un acercamiento a la naturaleza, a la esencialidad del Cosmos, con la finalidad de hacer algo más plenas sus vidas, carentes de ese sentido vital que algunas de las corrientes mencionadas parecen transmitir. Pudiera estar latente, por tanto, un sentimiento de auto-regeneración vital que haga conscientes a muchos de la “pobreza” espiritual de sus vidas o de lo “vacío” de sus aspiraciones mundanas. Quizá el ritmo frenético que impone este mundo globalizado no deja espacio, al menos para algunos, a la reflexión sobre el sentido de las cosas, a la imaginación, a sentir que la vida es algo más que trabajo o dinero, mientras que para otros esa misma globalización les impide darse el lujo de dejar volar la imaginación, porque hay que comer si se quiere sobrevivir.