30 de marzo de 2009

Historia de India II: Reinos regionales hindúes

Historia de India II
Julio López Saco
En el centro, sur y oriente de India se establecieron los principados territoriales o reinos regionales entre los siglos VII y XI. Los príncipes se convirtieron en reyes empleando un marco ideológico así como las instituciones regias, como mecanismo modelo para integrar tribus y jefaturas locales. Este proceso se llevó a cabo en tres etapas sucesivas: la primera, en la que un jefe tribal se transformaba en un príncipe local hindú; la segunda, en la que aquel se convertía en rey rodeado de samantas, conformando, así, un reino antiguo, y en la tercera, alguno de estos reinos extendía sus límites integrando nuevos samantas[1].
En la zona del Deccan se destaca la presencia, en el siglo VII, de los Chalukyas de Karnataka, cuyo poder dinástico fue elaborado por el rey Pulakeshin II. Durante el ejercicio de su poder debió enfrentarse a los Pallava de Kanchipuram, fuerza predominante en la costa suroriental, ayudado por los tributarios de éstos, los Cholas y los Pandyas. Estos conflictos continuarán hasta mediado el siglo VIII. Hacia el oeste de la meseta del Deccan la hegemonía quedó en manos, en la octava centuria, de los príncipes Rashtrakutas. Dantivarman II adquiere el rango de soberano en 754 derrotando a los Chalukya, si bien fue Krishnaraja I y sus descendientes, quienes acabarán consolidando su predominio político derrotando a Pallavas y a Gurjara-Pratiharas (dinastía del centro-norte de India)[2]. Después del reinado de Krishnaraja II (877-911), serían los descendientes de un gobernador llamado Taila los que consoliden, durante todo el siglo XI, el poder en el Deccan.
En la primera mitad del siglo IX se creó un estado en torno al golfo de Bengala, denominado Palas, caracterizado por su celo protector del budismo, en especial de una versión tántrica influenciada por el culto de la diosa madre. La decadencia de los gobernantes Pala en el siglo XII permitió que un príncipe tributario llamado Vijayasena, se hiciese con el poder y diese lugar a la creación de la dinastía Sena, cuyos gobernantes reinaron hasta comienzos del siglo XIII desde la capital ubicada en Nadiya. Los Sena lograron controlar Bengala, Bihar y Orissa, pero acabarían cediendo ante la llegada de los musulmanes y el establecimiento de un sultanato.
La dinastía sureña de los Pallava tiene su momento de esplendor con los monarcas Mahendravarman y Narasimhavarman, durante el siglo VI. El primer soberano, se caracterizó por su afán poético y por su devoción a Shiva, mientras que el segundo por su dedicación a la construcción y decoración de santuarios rupestres hinduistas y la construcción del puerto de Mahamallapuram. Imponiéndose militarmente a Cholas, Pandyas y Cheras, los Pallava de Kanchipuram dominan todo el sur entre los siglos VI y IX. En el siglo noveno de nuestra era se produjo, sin embargo, fruto del desgaste provocado por las luchas contra los Rashtrakutas, el surgimiento del liderazgo de los Cholas (dinastía de príncipes que habían sido tributarios de los Pallava). Con capital en Tanjore (Thanjavur), en la costa de Coromandel, la extensión territorial bajo su mando era realmente pequeña. Sin embargo, a fines del siglo X, Uttama Chola y su descendiente Rajaraja I, conquistaron Sri Lanka y las islas Maldivas. A comienzos del siguiente siglo, el rey Rajendra I conquistó los Chalukyas, dominó el territorio del Ganges, dirigió una expedición naval a Sumatra y Malasia y derrotó al imperio Shirivijava y a sus tributarios en esta lejana región insular. Todo ello contribuyó, en efecto, al establecimiento de una suerte de talasocracia chola hasta bien entrado el siglo XIII. Este dominio de las costas orientales de India y de la región de Indonesia y el sudeste de Asia pudo tener que ver con expediciones de saqueo pero también con una voluntad expansiva tipo chakravartin o de soberanía universal. Los Cholas desplegaron una fuerza militar y diplomática con la intención de controlar y asegurar las rutas marítimas de comercio. A fines del siglo X también los chinos deseaban fomentar el comercio, lo que propició embajadas de los Cholas, considerados por el emperador como un estado tributario especialmente honorable. La relación diplomática del rey Suryavarman I de Camboya con los Chola parece responder a un deseo de reacomodo de las influencias comerciales en la región. El estado de Angkor había expandido sus fronteras hasta la zona de influencia de los Shrivijaya en Malasia, y por ese motivo envía presentes al gobernante Chola con la intención de establecer una alianza[3]. Esta misma política de entendimiento fue seguida por su sucesor Suryavarman II (el constructor de la fastuosa Angkor Vat). Las diversas conexiones étnico-religiosas de las colonias mercantiles propiciaron que muchos comerciantes judíos y árabes, establecidos en las costas del suroeste, acabaran sacando ventajas a sus contactos en el país de origen.
Además de estas fuerzas o poderes regionales hubo una presencia relevante de centros intermedios durante estos siglos. Es el caso de la dinastía Ganga Occidental, en Karnataka, cuyos gobernantes fueron fieros defensores del jainismo, el de los dinastas Ganga Orientales, en Orissa, el de los Hoysala y Gajapatis, sucesores de los Ganga, o los singulares casos de Cachemira y Assam, ambos territorios válvulas de escape de la cultura budista e hindú hacia las comunidades-oasis del Asia central (Khotan, Turfan, Kucha) y el occidente chino. Los conflictos entre los poderes regionales más poderosos tenían como trasfondo la pretensión de dominio efectivo de los estados intermedios, en realidad autónomos. El equilibrio de fuerzas entre todos ellos ayudó a impedir la proliferación de escaramuzas o conquistas más allá de las fronteras establecidas, proporcionándoles, por el contrario, estabilidad política y la sólida consolidación de sus particularidades culturales. Claro que dicho equilibrio favoreció también las rivalidades interregionales, que se intensificaron durante un par de siglos: entre los Gujara-Pratiharas y los Palas; entre los Rashtrakutas y Kanauj, Rashtrakutas y Gujara-Pratiharas; Rashtrakutas y Cholas, Cheras y Pandyas. En el sur de India, los Cholas se vieron usurpados por los Chalukyas orientales, factor que favoreció la independencia de hecho de Hoysalas, Pandyas de Madurai y Kakatiyas, que sólo sucumbirían ante el poderío del sultanato de Delhi.

[1] Una vez fragmentado el imperio Gupta se conformaron varios principados en pequeñas zonas regionales. Algunos de sus jefes derrotaron a otros fuera de esas áreas y algunas tribus se verían desplazadas, teniendo que recluirse en zonas áridas y montañosas, o quedando sometidas como sudras. Los nuevos grandes reyes se apoyaban en los brahmanes ofreciéndoles tierras y privilegios, fundando nuevos pueblos con miembros de esa casta brahmánica (agraharas). Los territorios anexionados mantendrían el estatuto de reinos tributarios.
[2] Esta época, políticamente convulsa es, sin embargo, de gran riqueza cultural, particularmente en las artes plásticas. Pulakeshin II es representado en los frescos de Ajanta; algunos dioses de la mitología hindú son profusamente representados, como el Shiva danzante o Nataraja y el Vishnu Trivikrama (rescatador del Universo del mando de los demonios en la forma de un enano bastante desagradable), que influyeron en el arte Pallava; se levantan los templos esculpidos en la roca de Ellora, destacándose el Kailasanatha, mandado esculpir por el mencionado Krishnaraja I.
[3] Una inscripción epigráfica en Tamil Nadu, fechada en 1088, hace alusión a la presencia de una agrupación de mercaderes de India meridional en la isla de Sumatra, lo que prueba el interés mercantil y la rivalidad de las diversas fuerzas políticas en disputa. La arqueología y la documentación texctual señalan que la función de los mercaderes indios era erigir ciudades de administración propia, mientras que los puertos, aunque también autónomos en realidad, estaban bajo el control de oficiales reales. Este comercio de ultramar propició la diferenciación entre mercaderes locales (svadeshi) y aquellos de largo alcance o nanadeshi, considerados, estos últimos, un evidente factor del poder Pallava allende sus fronteras.