8 de junio de 2009

Arqueología e Historia en Mesopotamia III

ARQUEOLOGÍA E HISTORIA DE MESOPOTAMIA III. LA EDAD DEL BRONCE MEDIO
Prof. Julio López Saco


El Bronce medio (2000-1600 a.n.e.) fue una época confusa y políticamente compleja, en la que cambia la concepción del Estado, desapareciendo la ciudad-estado y evolucionando hacia el estado territorial. Ahora vemos la convivencia de diferentes reinos en un espacio geográfico que se agranda al incluir Anatolia y el mundo del egeo (conocido como Capthor), factor que desarrolla como mecanismo de relación la diplomacia internacional, especialmente a través de alianzas, matrimonios y redes comerciales. En un primer momento dominan la escena los martu o amorreos, y después el mundo asirio configurado en torno al río Tigris. El Reino Antiguo Asirio, con capital en Assur, centrará sus actividades en el comercio a través de colonias (karum) en Anatolia, extendiéndose territorialmente sólo a partir del rey Shamshi-Adad I (1796-1775 a.n.e.). Además de estas fuerzas en acción también irrumpen ahora otras, como los indoeuropeos en la península anatólica (grupos hititas, palaítas, luvitas), entre los que los Hititas de Hattusili I y Mussili I (en un período que abarca entre 1650 y 1590 a.n.e.), se consagran como un poderosos reino, el Reino Antiguo Hitita, los hurritas, que a fines del siglo XVI a.n.e. establecerán el reino de Mitanni, Ebla y Mari, que mantienen y continúan su antiguo protagonismo, y el reino de Yamhad, centrado en Aleppo y opuesto, como acérrimo enemigo, al de Qatna.
Los amorreos, organizados tribalmente, eran semitas occidentales. Fueron considerados en las fuentes como una amenaza, como poblaciones particularmente belicosas, nomádicas y desconocedoras de la vida urbana, que era el referente esencial del orden en la concepción mesopotámica. No obstante, en ciertos documentos, la visión que de ellos se tenía no fue tan despectiva, pues ciertos grupos vivían en ciudades y eran empleados por la administración en actividades varias, en especial como mercenarios en los ejércitos.
En el año 2004 a.n.e. los reyes de las dinastías de las ciudades de Isin y Larsa se autoproclamaron herederos directos de la extinta III Dinastía de Ur. A pesar de que en las fuentes ahora son preeminentes, coexisten en realidad con ciudades como Uruk, Sippar, Kish o Babilonia. La dinastía de Isin comienza con Ishbi-Erra (2017-1985 a.n.e.), aunque su rey más importante fue Lipith-Istar (1934-1924 a.n.e.), durante cuyo reinado Larsa inicia su expansión con Gungunum (1932-1906 a.n.e.), conquistando Susa y Ur. Los reyes de la I Dinastía de Larsa eran de origen amorreo, destacándose, por encima de todos, Rim-Sin (1822-1763 a.n.e.), que conquista Isin y llega a controlar toda la región. La relevancia del período estriba en la nueva dinámica de la propiedad y explotación de las tierras, en el comercio, menos controlado por templos y palacios, y en la administración. También ahora aparece la costumbre del rey sustituto, un mecanismo que será relevante en el Imperio Asirio.
El Reino Antiguo Asirio (1950-1750 a.n.e.) se establece territorialmente en Subartu (denominación sumerio-acadia del norte). El rey porta el título de Gobernador del dios Assur, y su función principal es representar a la comunidad en el ámbito religioso y hacer cumplir la justicia. En esta etapa del reino Asirio, no existe una política de expansión territorial, sino una fase comercial en Anatolia, que funciona entre 1900 y 1830 a.n.e. Estos puestos comerciales o karum (puertos), en total unos diez, se construyeron extramuros de los asentamientos indígenas, siendo controlados por un alto funcionario que hacía las veces de intermediario entre el palacio y los comerciantes. Al lado de estos muelles mercantiles había puestos militares o wabartum, para proteger las caravanas. No debemos olvidar que dicha actividad mercantil, que conlleva un proceso de aculturación, se desarrolló en un ámbito político fragmentario, con la presencia de algunos estados de cierta relevancia, como Purushhattum o Wahshushana. El primer reino Asirio finaliza con la conquista de Assur por Naram-Sin, rey de Eshnunna, ciudad que, de paso, cerraba las puertas de Elam a Mesopotamia.
En el Bronce Medio se produce también el resurgimiento de Mari, con una línea dinástica así mismo amorrea, en la que destaca el rey Zimri-Lim. Podemos considerarlo un renacimiento esplendoroso, como parecen indicar las numerosas tablillas del archivo de la ciudad, en el que las relaciones con diversas poblaciones nómadas (haneos, benjaminitas y tuteos), se tornaron pacíficas y de interés y beneficio mutuo. En cualquier caso, la prosperidad de Mari descansó, sin duda, en el comercio con el Egeo, Dilmun y la zona de Biblos en Palestina.
Pequeño asentamiento en época acadia y poder provincial de cierta importancia en época de la III Dinastía de Ur, Babilonia alcanzará relevancia hacia 1894 a.C., cuando un amorreo, Sumu-abum conquiste el núcleo e inicie la I Dinastía. Tras un ulterior período expansivo regional, que incluye el país de Akkad y el norte de la Baja Mesopotamia, no será, no obstante, hasta el sexto monarca de la dinastía, Hammurabi (1792-1750 a.n.e.), cuando una gran expansión y proceso de conquista convierta a Babilonia en el gran poder de la época, en un imperio; eso sí efímero, pues se disgregará en 1595 a.C. cuando Mursili I, el rey hitita, conquiste la ciudad[1]. Babilonia será el gran centro cultural del ámbito mesopotámico, en sustitución de los tradicionales y prestigiosos centros de Nippur y Kish. Es ahora cuando las edubas o casas de las tablillas, originadas con Shulgi en la III Dinastía de Ur, se convierten en grandes centros de conocimiento, pues en ellas se educaba a los escribas, depositarios del saber. También en esta época es el momento en que el panteón de divinidades sufre algunas transformaciones: dioses como Shamash, Nabu, Nergal y, sobre todo, Marduk, que domina el entorno político, sustituyen en relevancia a las tradicionales, y ya antiguas, deidades sumerias, en tanto que sus representaciones se hacen cada vez más simbólicas a través de emblemas y diversos signos. En este período Paleobabilónico se oficializan ceremonias como la Festividad de Akitu, que se celebra en coincidencia con los equinoccios de primavera y otoño, y se vincula al ciclo agrícola. En Babilonia, esta fiesta se asociará a Marduk y se oficiará en el primer mes del año, momento apropiado para recitar el Enuma Elish, poma babilónico de la creación. Al lado de todo lo que se ha esbozado previamente, no debemos olvidar uno de los más famosos eventos culturales de la época, el código de Hammurabi, quizá un reflejo del deseo del soberano de remedar las inscripciones reales de los monarcas acadios y de mostrarse como un elegido por las divinidades. En este código, en realidad más bien un compendio de casos particulares que servirían de modelo de funcionamiento de la sociedad, se reflejan las tres clases sociales del período Paleobabilónico, los hombres libres, aquellos dependientes, y los esclavos, así como una visión del mundo distribuido en sectores: el reino de Elam al este, Súmer al sur, Subartu al norte, amorreos al occidente y Babilonia en el centro de todo.
En Anatolia, a fines del III Milenio a.n.e., convivía una población indoeuropea con una cultura previa, denominada hática, en una época en la se diferencian tres grupos lingüísticos indoeuropeos: luvitas, palaítas y nesitas. Un personaje llamado Anitta será quien unifique el territorio en un reino, con capital en la antigua colonia comercial asiria de Kanesh, ahora renombrada Nesa. Sin embargo, serán los mencionados Hattusili I, quien establece la capitalidad en la localidad de Hattusa, y Mursili I, los que, tras una expansión territorial por la península, conformen el Reino Hitita Antiguo, si bien será Telepinu el que lo consolide en torno al año 1500 a.n.e. En el conocido edicto de este último rey se hacen remontar los orígenes del reino a un rey, probablemente mítico, llamado Labarna. En último caso, las permanentes incursiones de los nómadas gasca, los ataques hurritas, y los pactos con reinos fronterizos siempre peligrosos como Kizzuwatna, limitarán al reino hitita en este período, básicamente, al centro de Anatolia. Mientras tanto, Palestina desarrolla en el Bronce Medio una entidad propia, destacándose una estructura en ciudades-estado, muy activas en el comercio, como Meggido, Guezer y Hatsor, cuya arquitectura palacial, templaria y, sobre todo, defensiva, refleja su relevancia en la región.
En esta época, en fin, los reyes actúan protegidos por divinidades tutelares identificadas con una ciudad o reino, la religión se torna más personal e intimista, a través de una proliferación de dioses personales y familiares, cotidianos, se redactan nuevos textos, mitos y poemas, como el de Atrahasis, el comercio conoce cierta iniciativa privada, y la donación de tierras por parte de los soberanos a sus más fieles seguidores como pago por sus servicios, propicia la creación y consolidación de grandes familias terratenientes.
[1] No obstante, su regreso precipitado a Anatolia provoca una especie de vacío de poder en Babilonia, que será colmado por poblaciones montañesas de los montes Zagros, los Casitas, que establecerán una nueva línea dinástica, la segunda, abriendo, de este modo, el período denominado Neobabilonio.
Lecturas recomendadas (en español):

-Ascalone, E., Mesopotamia. Asirios, sumerios y babilonios. Edit. Mondadori Electa, Barcelona, 2006
-Aurenche, O. & Kozlowski, S., El origen del neolítico en el Próximo Oriente, edit. Ariel, Barcelona, 2003
-Bottéro, J., Mesopotamia. La escritura, la razón y los dioses, edit. Akal, Madrid, 2004
-Klima, J., Sociedad y Cultura en la Antigua Mesopotamia, edit. Akal, Madrid, 1983
-Lara Peinado, F., Leyendas de la antigua Mesopotamia. Dioses, héroes y seres fantásticos, edit. Temas de Hoy, Madrid, 2002
-Margueron, J.C., Los Mesopotámicos, edit. Cátedra, Madrid, 2006
-Oppenheim. A.L., La antigua Mesopotamia. Retrato de una civilización extinguida, Alianza edit., Madrid, 2003
-Pérez Largacha, A., Historia antigua de Egipto y del Próximo Oriente, edit. Akal, Madrid, 2007
-Roux, G., Mesopotamia. Historia política, económica y cultural, edit. Akal, Madrid, 2002