18 de febrero de 2010

Mitología y religión en las culturas de Mesoamérica V (Mexicas-Aztecas II)

Máscara del siglo XV, hecha de turquesa y concha, que se solía llevar colgada, no sobre el rostro. Probablemente represente un Quetzalcóatl humano. Posee un evidente valor simbólico, estético y ritual, relacionado con jade, y pudiera contener una referencia a la naturaleza a través de su color verde.

La mayoría de divinidades del panteón se relacionan con la lluvia, la agricultura, la muerte y la guerra. Se destaca Tlaloc, divinidad del agua de lluvia y del rayo, cuyo consorte es Chalchiuhtlicue, diosa de las aguas de los ríos y de las aguas estancadas. Vinculadas con el maíz y la fertilidad, se destaca Cinteotl, el maíz joven, y Xipe Totec, deidad del rejuvenecimiento o renacimiento primaveral, representado con máscara y con la piel de los desollados en su honor (el nominado sacrificio de los gladiadores por los españoles). Relacionados con el fuego está Huehuetotl y Xiuhtecuhtli, divinidad que protege a los gobernantes. La codicia y el placer son representadas a través de Xochipilli o también de Tlazolteotl. El principal dios de la muerte es Mictlantecuhtli, señor del mundo inferior oscuro, acompañado por su esposa Mictlancihuatl. Se representa como un esqueleto con gorro cónico. Entre las divinidades celestes la más conocida es Tonatiuh, dios sol que aparece representado por primera vez entre los toltecas. Era concebido como un dios solar de la guerra. Entre los principales dioses se destacan los siguientes: Centeotl, protector de los agricultores y dios del maíz; Centzontotochtin, los cuatrocientos dioses de las cosechas y el pulque, hijos de Coatlicue, diosa de la tierra y fertilidad; Coatlicue, madre de Coyolxauhqui y de los Centzontotochtin, muertos cuando concibe a Huitzilopochtli; Huehueteotl, dios muy antiguo, con rasgos de un anciano sin dientes y arrugado; Huitzilopochtli o colibrí de la izquierda, dios de la guerra, la caza y la nobleza, encarnando al sol. Es el dios tribal de los aztecas, su pueblo elegido; Itzpapalotl, diosa azteca del inframundo; los Tlaloques, dioses de las montañas, hermanos de Mayahuel, diosa del Magüey; Mictlantecuhtli / Mictecacihualtl, la pareja del inframundo (señores del país de los muertos), representados por una calavera; Mixcóatl, dios de la guerra y la caza, portando la máscara negra de las divinidades celestes; Tláloc, divinidad de la lluvia y el rayo (el Chac maya, Cocijo zapoteca, Tajín entre los Huastecos); Toci es la diosa de la tierra y las cosechas, además de protectora de los médicos; Tonacatecuhtli / Tonacacihuatl (Ometecuhtli y Omecihuatl), dioses supremos creadores del mundo, de los dioses y de la tierra. Viven en el cielo (13, Omeyocán); Tonatiuh, dios solar, protector de los guerreros-águila, porta un escudo en forma de disco del sol; Tzitzimitl, son divinidades o espíritus celestes que descienden desde el cielo en forma de monstruo para devorar hombres; y Xochipilli y Xochiquetzal, dios del amor, la danza y los placeres, y del amor, las flores, la fertilidad y patrón de los artesanos, respectivamente. Esta última es la madre de los diferentes dioses del maíz (cuya abundancia corresponde a las diversas etapas de la planta).
La mitología del estado azteca corresponde a los orígenes de Huitzilopochtli (Colibrí de la izquierda), un dios de culto, deidad tribal, para la población azteca. Con atributos propios de Tezcatlipoca, de la divinidad estelar Mixcoatl y de deidades del fuego, Huitzilopochtli es una divinidad solar, característica del valle de México. Nacido cerca de Tula, en Coatepec, es hijo de Coatlicue, diosa de la falda de las sierpes. Nace, ya armado, de una bola de plumas que fertilizan a la diosa; (este nacimiento pudiera representar el sol al amanecer, frente a la oscuridad, simbolizada por los hermanastros del dios, los Centzón Huitznahua, que serían las estrellas nocturnas, que desaparecen con el nacimiento del día). Además de su significación cosmológica, Huitzilopochtli simboliza el dominio azteca sobre los pueblos rivales del centro de México. Personifica, por tanto, al pueblo azteca y a la idea de imperio. Gracias a él, los aztecas justifican mitológicamente hablando su expansión política y su derecho a gobernar a los sometidos o vencidos. Los aztecas conquistaron a los habitantes de la región del mismo modo como el dios mató a sus hermanastros. Los sacrificios humanos en el Templo Mayor de Tenochtitlán representan la muerte de la hermanastra del dios Huitzilopochtli, Coyolxauhqui. El cuchillo ritual que arranca el corazón del cautivo sacrificado es la serpiente del dios atravesando a su hermanastra. Así pues, vinculado con el dios encontramos los orígenes del sol del amanecer y también de los sacrificios humanos.

Prof. Dr. Julio López Saco

18-02-2010