18 de febrero de 2010

Cosmogonías del antiguo Egipto (II): Ptah en Menfis*

Copia de los jeroglíficos hallados en la piedra Shabaka, hoy en el British Museum bajo la nomenclatura EA498

Ptah, divinidad local de Menfis, se convierte en deidad nacional tras la unificación de las dos tierras, creándose una doctrina que le confiere el título de demiurgo. En Menfis, la tradición intelectual cosmogónica, la síntesis metafísica de la creación, que hace de Ptah un dios creador, es señalada en los Textos de los Sarcófagos y en otros posteriores, de época ramésida, si bien ya en el Reino Antiguo Ptah gozaba del carácter de supremo artífice, el gran demiurgo. Desde época de Rameses II, en el siglo XIII a.n.e., Ptah se asocia con Tatenen (tierra distinguible), entiéndase de las aguas primordiales, lo que significa que esta deidad, surgida de Nun equivale a la imagen de la colina primordial. Según la Piedra de Shabaka[1] Ptah da vida a ocho divinidades básicas, Tatenen, Nun y Nunet (el océano y su compañera), Atum de Heliópolis y otras cuatro divinidades, por mediación del pensamiento y la palabra, a través de su corazón y lengua (lugar de asentamiento del pensamiento y el habla, respectivamente, lo que determina la acción de cada miembro). El dios está en todos los corazones y lenguas de todas las cosas, objetos y seres vivos. Su autoridad al pronunciar la identidad de cada cosa hace que todo comience a existir. Se trata de un logos creador de carácter espiritual, de alto contenido especulativo. Tras dar nacimiento a los dioses, crea lo demás, en especial los lugares de culto para éstos. Ptah es, entonces, un principio intelectual creador amalgamado con la imagen física de Tatenen como colina primordial, esto es, una asociación mundo material-intelecto o mundo mental. Adquiere una dimensión espiritual e intelectual, como deidad benévola y cercana a la humanidad, protectora de los artesanos, artífices como ella, y garante del orden cósmico y la justicia. Como suprema deidad artesana de los humanos y gobernadora del orden universal, puede haber establecido el principio de la predestinación.
En esta cosmología, una combinación de la heliopolitana y la de Hermópolis, predominan elementos osirianos al lado de una búsqueda de la abstracción en la formulación del mecanismo propio de la actividad creativa, realizada por una combinación de palabra y pensamiento. La teología menfita pudo haber nacido, de hecho, como una justificación teológica de que la ciudad de Menfis era la residencia de la realeza, ejemplificada en la tríada Ptah-padre, Sejmet-esposa y Nefertem-hijo.
[1] El rey Shabaka o Sabacón (716-702 a.n.e.), de la XXV dinastía nubia ordenó que un rollo que contenía el mito menfita del dios creador fuese esculpido en piedra. Hoy se conoce como la Teología Menfita, quizá proveniente, en origen, de la Dinastía II. En el texto, tras aludir a ciertos episodios mitológicos relacionados con la leyenda de Osiris, se aborda la creación del mundo por Ptah, considerado aquí el demiurgo.
*La serie que presentamos aquí, comenzada con la Ogdóada, y que seguirá próximamente, conformará un artículo que será publicado en la Revista Lógoi de filosofía.
Prof. Dr. Julio López Saco