12 de abril de 2010

Antigua literatura japonesa


GENJI MONOGATARI, CAPÍTULO SUZUMUSHI. ROLLO HORIZONTAL, TINTA SOBRE PAPEL, MUSEO GOTOH, TOKYO. HEIJI MONOGATARI. GRUPO DE GUERREROS A CABALLO. ROLLO HORIZONTAL, TINTA Y COLOR SOBRE PAPEL. MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON

En los inicios de la literatura japonesa predomina la poesía. La gran antología poética denominada Man’yoshu o Colección de las diez mil hojas, del año 759, y compilada por Otomo no Yakamochi, es la antología poética más antigua escrita en japonés aunque con los caracteres chinos. La obra está compuesta por veinte secciones que contienen unos cuatro mil quinientos poemas, algunos largos (chôka), otros breves (tanka), así como elegías o banka, misceláneas (zôka) y poesías de amor (sômonka). En época Heian (794-1185), etapa en la que el poder clerical es sustituido por el de la aristocracia, en especial el de las familias Fujiwara y Sugawara, el refinamiento cortesano alcanza cotas elevadas. La composición de waka (poesía japonesa, con versos de treinta y una sílabas), se convierte ahora en una actividad prestigiosa de la corte, asociada a la vida cotidiana. El Kokinshû o Kokinwakashû (colección de poemas antiguos y modernos), del año 905, es la primera antología de poesía japonesa. Fue encargada por el emperador Daigo a cuatro grandes poetas de esta época. La temática de sus waka se refieren a las relaciones humanas, al amor y al paso de las estaciones. La primera obra narrativa es el Taketori monogatari, es decir, El cuento del cortador de bambúes, una obra anónima de principios del siglo X. El Ise monogatari (Cuentos de Ise), también es de esta época. Se atribuye a Ariwara no Narihira. Esta obra reúne más de ciento veinte cuentos, a los que se suman varios poemas, narrando una serie de aventuras galantes y de corte con bastante desenfado, sin la presencia de algún tipo de censura moral sintoísta, budista o confuciana. A principios del siglo XI aparece el Genji monogatari, Historia de Genji, considerada la primera novela moderna japonesa. Fue escrita por una mujer perteneciente a la nobleza, llamada Murasaki Shikibu. Junto a otras damas de la corte, como Sei Shônagon e Izumi Shikibu, elevó la prosa japonesa a estándares insuperables en la forma de nikki, diarios basados en historias reales pero que, en ocasiones, contenían relatos ficticios. Estos diarios eran escritos por las damas japonesas que, aunque vivían en la corte, estaban excluidas del poder, que era eminentemente masculino y se expresaba en chino clásico. En su ambiente privado, estas mujeres anotaban, muchas veces fechándolos, los acontecimientos de su vida cotidiana, incluyendo los cotilleos, pensamientos, sentimientos y emociones relativos a las pequeñas e insignificantes cosas. En esta obra se narran las aventuras del príncipe Hikaru, un genji (descendiente del emperador pero sin la prerrogativa real propia de la sucesión dinástica). El relato aparece tejido como una serie de intrigas palaciegas y aventuras amorosas, sin dejar de lado los usos y costumbres del momento, así como algunas evocaciones naturales. En cincuenta y cuatro capítulos se narra la vida sentimental del protagonista, quizá una idealización del señor Fujiwara no Michinaga. Abundan las alusiones poéticas y los personajes son presentados a través de sus rasgos psicológicos, lo que permite al lector identificarse con ellos. De esta misma época es Makura no Soshi (El libro de la almohada), de Sei Shônagon, conformado por varios ensayos cortos acerca de diversos asuntos de la vida cortesana, en los que predominan la frivolidad, la crítica y las escenas divertidas. Se trata de un retrato de los gustos de la época y del fasto imperial.
Con el inicio del gobierno militar en Japón a través del predominio de los grandes jefes militares, especialmente con la instalación del bakufu de Kamakura, la poesía y la narrativa reflejarán el espíritu de unos tiempos marcados por las intrigas y la violencia. Una de las recopilaciones poéticas del siglo XIII es el Shinkokinshû o Nuevo Kokinshû, de 1205, un trabajo ordenado por el emperador Gotota. A la vez, los letrados y las damas de la corte siguieron con la tradicional redacción de diarios, destacándose Towazugatari, de comienzos del siglo XIV, escrito por una concubina, luego monja, llamada Nijô, en la que se hace referencia a lo precario y fugaz de la existencia humana. Entre los relatos históricos, que recogen las disputas entre clanes rivales, se destaca sobremanera Heike monogatari emaki (Cantar de Heike), que cuenta las batallas por el poder entre el clan Minamoto (genji) y el clan Taira (heike)
[1]. Se narra el ascenso de los Taira o Heike, y la caída y muerte del líder del clan Taira no Kiyomori. En un ambiente propio de los guerreros, se analizan introspectivamente los grandes generales, y también se les critica por su carácter o comportamiento. Este trabajo épico adquiere su forma definitiva hacia 1371, atribuyéndosele a un monje de nombre Kakuichi, si bien siempre circularon diversas tradiciones y variantes orales. En este ambiente bélico se ilustran también los vaivenes de la fortuna de los protagonistas y sus respectivas familias en el marco de una visión budista del mundo, caracterizada por lo impermanente y efímero de la vida. El rollo ilustrado Heiji monogatari emaki describe, frenética y convulsivamente, el ataque de los Minamoto al palacio imperial de Sanjô.
[1] A fines del siglo XII, el poder aristocrático de los Fujiwara pasa a manos de los militares después de varias batallas. Entre 1156 y 1158 ocurre la insurrección Hôgen; al año siguiente, la insurrección Heiji, a partir de la cual los Taira se convierten en terratenientes en el sur de Japón. En 1185 los Taira sufren una derrota a manos de los Minamoto, clan apoyado por los monjes guerreros de los templos de Nara, en especial Tôdaiji y Kôfukuji, lo que trajo como consecuencia la instauración del gobierno militar de Minamoto no Yoritomo en Kamakura.

Prof. Dr. Julio López Saco

12-marzo del 2010