22 de abril de 2010

Peculiaridades de la historia japonesa

Japón nunca constituyó una civilización clásica propia, sino que fue modelado a partir de varias influencias externas, concretamente chinas: la escritura, las técnicas de gobierno, en especial la idea de imperio y la burocracia, la arquitectura y los sistemas religioso-filosóficos, en particular el confucianismo y el budismo chan chino. La historia de Japón se vio influenciada por la insularidad, lo que provocó una tendencia hacia la homogeneidad y la uniformidad. El aislamiento ralentizó su evolución político-social. En la historia nipona no ha habido revoluciones significativas ni invasiones extranjeras. Se desarrolló un proceso de transformación y reemplazo más que un proceso destructivo, lo que implica un continuismo histórico. Además, Japón siempre estuvo unificado bajo una autoridad política única, hecho favorecido por la topografía abrupta, que favoreció la división administrativa[1]. La base económica ha sido, tradicionalmente, la agricultura, dominada por una minoría de familias que constituyeron una poderosa clase dirigente (terratenientes, aristocracia guerrera, sacerdotes y funcionarios). El escaso desarrollo comercial y artesanal trajo como consecuencia que la relación entre la clase dirigente y los campesinos fuese muy autoritaria. El gobierno se hacía despótico porque no tenía oposición de la Iglesia o las normas del derecho, como si ocurrió en Occidente, hasta las reformas Taika de 645. En términos generales, la historia japonesa suele dividirse en etapas en función del tipo de sociedad constituido: una sociedad tribal, desde los comienzos (cultura Yayoi-Kofún), hasta el siglo VI; una aristocrática, de influencia china, entre los siglos VII y XII (períodos Nara e Heian, este último con predominio de la familia Fujiwara), una sociedad feudal, aristocrático-militar, desde el siglo XII al XIX (sogueados Kamakura, Muromachi-Ashikaga y Tokugawa) y; finalmente, una sociedad moderna, industrializada, tecnificada y occidentalizada.
[1] A partir de la institución de los sogunados, existía una autoridad fáctica, de carácter militar, y aquella del emperador en Kyoto, cuyo poder sería sólo de carácter ritual y prestigioso.
Prof. Dr. Julio López Saco