28 de enero de 2010

Edad del Bronce del Egeo: arqueología y arte de la Cultura Cicládica II







DE ARRIBA HACIA ABAJO: FIGURAS FEMENINAS DEL TIPO CANÓNICO, CICLÁDICO ANTIGUO II (2800-2300 A.N.E.); FIGURAS EN FORMA DE VIOLÍN, CICLÁDICO ANTIGUO I (3200-2800 A.N.E.); FIGURAS DEL TIPO POSTCANÓNICO, CICLÁDICO ANTIGUO II Y; FIGURAS DEL TIPO LOUROS, TAMBIÉN DEL CICLÁDICO ANTIGUO II.

Las figuras de la fase Pelos, del Cicládico Antiguo I (3200-2800 a.C.) son esquemáticas, semejantes a delgadas piedras que sugieren una figura humana. Las figurillas en forma de violín, características de este mismo período, presentan un cuello alargado y cilíndrico, con el triángulo púbico y el área abdominal simplemente indicadas por incisiones. Aquellas del tipo Plastiras presentan la figura humana de modo naturalista. Se trata de mujeres con rasgos faciales en relieve y con senos, glúteos, pubis y área abdominal modelados. Las piernas son trabajadas en redondo y están completamente separadas unas de otras. Las figuras Louros, correspondientes al Cicládico Antiguo II (2800-2300 a.C.), carecen de rasgos faciales y la cabeza se acerca a una forma triangular. Los detalles anatómicos están también ausentes, en tanto que los brazos son simples extensiones redondeadas que salen de la espalda. El tipo canónico, característico de esta fase, con los brazos plegados horizontalmente bajo el pecho, extiende sus formas, que se desarrollan ahora plenamente. En general, el brazo izquierdo se ubica sobre el derecho. Son figuras de estricta frontalidad, con cabezas en forma de lira inclinadas ligeramente hacia atrás. En estas figuras, mayoritariamente femeninas, la cara es delgada y sólo se representa en ella la nariz y, en ocasiones, las orejas. Muchas de ellas son mujeres embarazadas o que acaban de dar a luz. En algunos casos, su ligera inclinación de las rodillas pudiera sugerir algún tipo de movimiento oscilatorio, casi de danza. El tipo canónico presenta variedades (Kapsala, Dokathismata, Spedos, Chalandriani), definidas por rasgos particulares en las proporciones y por las formas representadas. En algunos casos, es posible, además, atribuir ciertas figuras de determinada variedad, sobre todo la denominada Spedos, a talleres locales o a artesanos individuales, que reciben nombres convencionales, como el Maestro del Museo de Naxos, el Maestro Kontoleon o el Maestro Goulandris. Además de las figurillas femeninas, contamos también con la presencia de algunas masculinas, representadas en acciones o actividades específicas, como guerreando o cazando, y grupos de personajes, sobre todo músicos.
Las figuras de la variedad Kapsala se caracterizan por sus espaldas estrechas, pechos proyectados y cabezas ovales. Los brazos se colocan directamente debajo del pecho. Las de la variedad Spedos presentan superficies redondeadas y una apariencia de robustez, con la cabeza en forma de lira y la cara convexa. La cintura es más estrecha que la zona del abdomen, la cual está separada de la parte inferior del cuerpo por una clara incisión horizontal. La parte inferior de las piernas se muestran separadas y enfatizadas por una ligera incisión a la altura de las rodillas. Algunas de las principales figuras de esta variedad se han atribuido al Maestro Goulandris. Se distinguen por su nariz prismática o cónica y por la clara distinción entre las diversas partes del cuerpo, indicada por profundas incisiones en el área púbica y abdominal, en las rodillas y en los tobillos. La variedad Dokathismata se caracteriza por presentar figurillas delgadas, con cabezas triangulares, caras delgadas y cuello largo y estrecho, además de espaldas angulares, bastante anchas en relación al resto del torso. Las piernas, largas y estrechas, confieren a estas figuras una especial elegancia. Su simplicidad y abstracción han sido significativamente valoradas, sirviendo de inspiración a las creaciones de escultores y pintores contemporáneos, como el distinguido caso de Amedeo Modigliani. La variedad Chalandriani, por su parte se caracteriza por unas figuras con cabezas triangulares sostenidas por largos cuellos cilíndricos, y, sobre todo, por un tórax cuadrado con piernas cortas. Las espaldas forman un ángulo recto con la parte superior de los brazos cruzados, que descansan directamente encima del triángulo púbico, inciso y de gran tamaño. Las figuras postcanónicas se consideran formas degeneradas, sin una consistencia tipológica precisa. Muchos de sus rasgos faciales son más claros que los de las figuras precedentes, y algunas representan cazadores o guerreros con bandas, o figuras femeninas que cruzan sus brazos sobre el pecho. Las figuras del Cicládico Antiguo III (2300-2000 a.C.), casi todas documentadas en la isla de Melos, suelen ser muy esquematizadas, con miembros superiores e inferiores, así como con cuellos, que no son más que proyecciones de las mismas superficies corporales. Existen dos tipos fundamentales, Apeiranthos y Phylakopi.
El sentido estético que estas figurillas reflejan, dentro del arte de la Cultura Cicládica, se delinea a través de una simplicidad de formas y del carácter translúcido del material empleado. Es bastante arriesgado propugnar algún tipo de interpretación al respecto del propósito que debieron tener estas representaciones figuradas. Las figurillas fueron manufacturadas como acompañantes del difunto, como ofrendas funerarias, aunque no podemos descartar que hubiesen sido artefactos preciosos o piezas propias del equipamiento hogareño, que se transmitieran, como objetos valiosos, simbólicos o emblemáticos, de generación en generación. Algunas de ellas han sido halladas en asentamientos, especialmente en aquellos pertenecientes al Cicládico Antiguo III, hecho que ha propiciado ciertas consideraciones sobre su funcionalidad, desde que fuesen una suerte de juguetes o representaciones de divinidades, hasta considerarlas unas protoninfas o una especie de simbólicas concubinas que acompañarían al difunto al Más Allá. Las figuras cicládicas representan mortales o deidades. Algunas pudieran referirse a una especie de ninfas en actitud de danza, siendo las precursoras de sus congéneres de la antigua religión griega. Esta afirmación es sostenida en virtud de algunos tipos en los que los pies parecen querer moverse hacia delante, en forma de pequeños saltos, mientras la cabeza se balancea ligeramente hacia atrás. No obstante, la mayoría de los especialistas creen que las figuras reflejan deidades, específicamente la Diosa Madre o las Diosas de la Gran Fertilidad, cuyo precedente neolítico es patente. Quizá el hecho de que algunas figurillas representen mujeres embarazadas, lo que las conectaría con la maternidad, apoya esta consideración. En cualquier caso, estamos ante un espléndido ejemplo de manifestación estética primigenia.

Prof. Dr. Julio López Saco

28-enero-2010