4 de enero de 2010

Epigrafía romana: inscripciones funerarias







Lápida funeraria de Prisco, dedicada a su hermano y datada en el siglo IV; altar cinerario de Marco Trebelio, datado entre 70 y 120. Hoy se encuentra en el Museo de las Termas de Roma; urna funeraria de Cayo Sergio, del siglo I, hoy en el British Museum; y estela funeraria de Licinia Amias, del siglo III. La dedicatoria Diis Manibus aparece vinculada con la fórmula cristiana pez de los vivos.
Las inscripciones romanas de carácter funerario pueden aparecer en simples lápidas, en urnas, mausoleos, en un sarcófago o un panteón, dedicándose a la memoria y honra del difunto. La inscripción es un epitafio fúnebre que sigue una serie de formulaciones más o menos regulares. En un principio, los epitafios más rústicos eran pequeños, apareciendo sólo con el nombre del muerto, en nominativo o genitivo. Más tarde crece la inscripción, y se suele poner la filiación del fallecido y su profesión, terminando con un verbo, como Obiit o Hic Situs Est. Todavía no aparece la edad y causas de la muerte de la persona honrada. No obstante, desde la República se acostumbra a colocar, tras el nombre, el término Elogia, lo que implica una cierta diferenciación social, pues los elogia corresponden a personas económicamente poderosas. Bajo el principado de Augusto, las inscripciones pasan a ser dedicatorias honoríficas a los dioses Manes, y los textos empiezan a tener partes constitutivas. Estas secciones se pueden dividir en esenciales y adicionales. La parte esencial empieza siempre con fórmulas del tipo Manibus, Diis Manibus (D.M.), Diis Manibus Sacrum (D.M.S.), Diis Inferi Manibus (D.I.M.), Diis Manibus Et Genio, o Diis Manibus Et Memoriae. A mediados del siglo II comienzan a reemplazarse estas dedicatorias por las de Júpiter y Juno. En algunos lugares, como Arlés (Francia), existen fórmulas específicas, tipo Pax Tecum, Pax Aeterna, o bien una fórmula duplicada, Pax Tecum Aeterna. En segundo lugar vienen los nombres del difunto, (en nominativo, genitivo o dativo), con su filiación, aunque no siempre con su profesión u honores especiales. En nominativo, forman el sujeto de verbos como Vixit o Situs Est, a no ser que el monumento haya sido erguido antes de morir el individuo; entonces, el nominativo se sustituye por Vivus Sibi Fecit. Si es genitivo va con Dis Manibus. Luego vienen los años: Annorum (A, An, Ann), Vixit Annis o Annos (V.A. o An, Ann, A); Qui o Quae Vixit Annis o Annos, seguido de la cifra de años, meses y días, en especial si se trata de niños. Tras los años sigue el epíteto Pius, que va antes de la mención del verbo. En ocasiones, el Vixit Annis puede sustituirse por Defuntus Annorum, Obitus Annorum Decesit. Si el difunto es un soldado se señala el empleo o rango que tenía en el seno del ejército: Provocador, Retiarius, Sagitarius; así como el número de combates y victorias obtenidas (Coronae). Si se trata de un cochero, por ejemplo, como estaban agrupados en gremios, se ponía el grupo al que pertenecía. Posteriormente, se ubicaban la patria y las ganancias. Si hablamos de un artista, un bufón o un juglar, se insistía en sus talentos. Finalmente, se colocan las particularidades que provocaron el óbito del personaje, como Interfectus a Latronibus, Incendio Opressus Periit o Regula Prolapsa Perentus. Las partes secundarias la conforman fórmulas que indican que en ese preciso lugar se hallan los restos del muerto: Hic Iacet (H.I.), Hic Situs (Est), Hic Sepultus Est (H.S.E.). No obstante, no debemos olvidar que un monumento funerario puede construirse sin que nadie esté allí sepultado (cenotafio). En general, los monumentos funerarios se erigen porque se deseaba dirigir un voto al muerto, Sit Tibi Terra Levis (S.T.T.L.). Pueden ser salutaciones que el propio difunto dirige a los vivos: Salve Valeviator o Tu Cui Legis Valeas, por ejemplo; también pueden aparecer noticias que nos indican en qué condiciones se hizo la tumba, Ex Decurionum Decreto (Ex.D.D.), Publicae Decreto Decurionum (P.D.D.); Ex Auctoritate, Ex Donatione, así como otras referidas a una fórmula testamentaria: Secundum Verbo Testamento. Se pueden, en este sentido, relatar algunas disposiciones del testamento (CIL VI, 10, 229, por ejemplo). Pueden figurar, del mismo modo, las disposiciones del terreno para la edificación del sepulcro: In Viam Pedes, In Agro Retro Pedes, Huic Monumento Terra Cedit (In Fronte Pedes o In Agro Pedes).
En ocasiones, las inscripciones funerarias se parecen a las de las edificaciones públicas, pues se indica el motivo de la tumba, quién la construyó y por qué lo hizo, los nombres de los que la levantaron y los de aquellos a los que se debe el recinto funerario. En los epitafios pueden aparecer, así mismo, las líneas de parentesco o amistad, lo que se expresa con un sustantivo, en oposición al nombre de los vivos, y con epítetos tales como Pater, Pater In Felicissimus, Coniugit Carissimo, Parentes Desolati, o por un sustantivo seguido de Patri Optimo, Viro Honesto; puede, incluso, existir una mezcla: Pater In Felicissime Filie Dulcissime, una frase completa referente al difunto o al vivo, como Filio Qui Parentes Suos, un sustantivo o genitivo precedido de Causa, Gratia, Ergo, un acusativo con Oc o un ablativo con Pro. Pueden venir, posteriormente, fórmulas que aseguren a propiedad del difunto, como, por ejemplo, Noli Violare, Rogo Noli Violare, Rogo Te Viator Monumento Huic Nil Male Feceris.
En época imperial, las tumbas se hacían para acoger a distintos miembros de una misma familia, hecho que solía ser indicado. Si la tumba era hecha por una persona viva para conservar el recuerdo de otros muertos, la inscripción se redactaba con el nombre de la persona y su edad, antes de colocar el nombre del responsable de su construcción.
Prof. Dr. Julio López Saco



2 comentarios:

felipeIV dijo...

muchas gracias, muy bueno.saludos de Raúl.Buenos Aires.

asiahistoria dijo...

Agradecido a usted, señor Raúl, por leerlo. Estoy a su disposición para cualquier comentario que podamos intercambiar. Un cordial saludo. Julio.