5 de marzo de 2009

Textos Asia 2009: cultura del Indo

TEXTOS
Cultura del Indo


1. ...”no existen restos de grandes templos, como en Mesopotamia, ni de suntuosas tumbas, como aquellas que guiaban a los faraones egipcios al otro mundo; dicho de otro modo, no hay en esta ciudad pruebas de que se haya impuesto jamás un reinado ni una teocracia. Lo que podemos apreciar son más bien los vestigios de una complicada sociedad basada en la clase media (...) si bien se han desenterrado algunas armas, no existen piezas talladas que refieran escenas de guerra, como las esculturas y textos procedentes de Egipto y Mesopotamia.(...) Alentado por el descubrimiento de 30 esqueletos humanos entre las ruinas, sir Mortimer Wheeler, escribió que hombres, mujeres y niños perecieron en horrible matanza por calles y en las casas, y fueron abandonados o, en los casos menos crueles, cubiertos crudamente, sin recibir los últimos auxilios espirituales. Para Wheeler, esa matanza coincidía con los himnos que narran la destrucción de las ciudades a manos del feroz y belicoso Indra. En nuestros días, los arqueólogos refieren que no se han hallado armas ni ninguna prueba de que haya ocurrido ataque alguno. Muchos arqueólogos dudan de que haya habido alguna invasión...”.


2. “... la mano muerta del conservadurismo en el diseño, más que en la técnica, se hace en todos los productos harappenses. Se conocían complejos procesos técnicos, pero la producción padecía de uniformidad y de utilitarismo casi puritano. Al trabajar dentro de estos estrechos límites de formas tradicionales, fosilizados por los siglos de una rígida posición mental de la que no cabía escapar, el artista o artesano pudo hallar pocos caminos, salvo en el desarrollo de la maestría técnica. El cuadro de la civilización de Harappa parece haber excluido los grandes monumentos, como templos, palacios o sepulturas, en los que una explosión de proezas artísticas hubiera podido redundar en gloria de dioses y orgullo de un monarca espléndidamente derrochador. La reserva de esos lisos muros de ladrillos, la arquitectura sin adornos de incluso los edificios de la ciudadela, la monótona regularidad de las calles y el sofocante peso de una muerta tradición se combinan para hacer de esta civilización una de las fases menos atractivas de la Historia de Oriente”.

3 de marzo de 2009

Monedas de la antigüedad: Persia sasánida

La imagen corresponde al anverso y reverso de una moneda de época sasánida que refiere al rey Cosroes II (en su grafía en griego), o Khusro II, que reinó entre 591 y 628.
Prof. Julio López Saco

2 de marzo de 2009

Programa Historia de Asia I-2009

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE HISTORIA



Ciclo: Pre-especialización
Departamento: Formación Histórica Especial
Cátedra: Historia Universal
Asignatura: HISTORIA DE ASIA
Prelación: ninguna
Código: 0334
Créditos: 04
Horas semanales: 04
Semestre: I-2009
Profesor: Dr. Julio López Saco



Introducción


El amplio desarrollo cronológico y espacial de la historia asiática y sus diversas perspectivas en el seno de los estudios generales y particulares del continente, hacen inabarcable, en un único período semestral, un pormenorizado análisis de todas aquellas regiones y culturas que desde el neolítico se han establecido en Asia. Por este motivo, nos veremos forzados a ofrecer una visión objetiva y un tratamiento más específico y puntual de aquellos procesos que requieran un análisis profundo y nos sirvan de eje de referencia para comprender el proceso histórico de culturas de gran raigambre civilizatoria en el continente asiático, como la hindú o la china.
Entre las diferentes posibilidades que ofrece el ámbito espacio-temporal que vamos a estudiar, adoptaremos, desde una óptica metodológica, el análisis de las formas socio-culturales, ideológicas y religiosas, y su relación con los procesos económicos de pequeña y de amplia envergadura, insertos en un contexto enmarcado en la protohistoria y la antigüedad india, china y japonesa.
Dentro de las grandes áreas geográfico-históricas que abarcan China, Japón y el subcontinente indio, haremos especial hincapié en sus orígenes histórico-culturales, en las formas de pensamiento filosófico y religioso, que han sentado las bases culturales que todavía hoy perviven en toda el Asia oriental, y en las vinculaciones con la historia “occidental”, en especial en lo referente al impacto cultural, producido por estas milenarias y, en algunos casos, tradicionalistas culturas orientales.
Los hechos históricos concretos y la contextualización de los procesos culturales principales de estos territorios serán trabajados en clase por los alumnos en función de la bibliografía general y específica recomendada en el programa y del diferente material de apoyo y complementario que el profesor vaya repartiendo a lo largo del semestre. Se procurará que los alumnos participen activamente en los debates que, a juicio del profesor o espontáneamente, puedan surgir. En este mismo orden de cosas, se darán las pertinentes explicaciones referidas a los conceptos históricos particulares de los temas a estudiar, así como a la cronología específica y a términos de uso convencional (occidente-oriente, por ejemplo) o singular de las culturas referidas.


Contenido del programa


Tema general del curso: El orientalismo asiático en la antigüedad: sus formas socio-culturales e ideológico-religiosas.

Tema 1. India

1.1 Las culturas del Indo y los indoeuropeos arios védicos

Objetivos: Establecer la ubicación geográfica de estas culturas, su carácter urbano y comercial, y estudiar la llegada de las corrientes arias seminómadas, con una nueva religión y nuevos elementos culturales, que van a ser básicos en la conformación india. Analizar los resultados generales de este contacto.

1.2 Los Vedas y la sociedad de castas

Objetivos: Estudiar el carácter específico de los textos védicos y la conformación de la rígida estructura social de castas que, con pocas alteraciones esenciales, ha llegado hasta la actualidad. Destacar las primeras bases de lo que será el hinduismo.

1.3 El Budismo

Objetivos: Analizar una de las grandes formas religioso-filosóficas de India, con especial énfasis en él como religión internacional a través de su peregrinaje por toda Asia oriental y su papel artístico y económico.

1.4 India en la Historia Universal: historia e historiografía. Clasicismo e Hinduismo

Objetivos: Repasar la particular visión historiográfica que sobre India tiene occidente y remarcar el papel de la historia entre los hindúes, considerada como legendaria o como una ficción poética. Se revisarán los primeros contactos con occidente: desde el helenismo a los portugueses. Se explicarán los caracteres más básicos del Hinduismo.

Tema 2. China

2.1 La mitología en China. Concepto del mundo y creación del hombre

Objetivos: Observar y comprender las particularidades del pensamiento mítico cuya impronta, a pesar del expurgamiento confuciano, es esencial en el desarrollo filosófico posterior.


2.2 China prehistórica: Yangshao, Longshan y el bronce de la dinastía Shang / Yin

Objetivos: Analizar el neolítico chino y la creación de la sociedad agraria en la época del bronce. Se estudiará el surgimiento de la idea imperial y de algunas de las bases culturales y mentales que todavía hoy definen a este enorme país.

2.3 Concepto de historia e historiografía china

Objetivos: Revisar el origen del concepto de historia plasmado en los textos chinos y la visión de una China tradicionalista y esclerotizada por parte de la historiografía occidental. Se comentarán los inicios y logros de la sinología (en especial, francesa e inglesa).

2.4 Confucianismo y Taoísmo

Objetivos: Estudiar las corrientes filosóficas chinas por excelencia: el racionalismo confuciano, creador de un estricta moral de obediencia ciega al gobernante, y el naturalismo taoísta, en particular relación con el Ying-Yang y la teoría de los Cinco Elementos, fundamentado en la repulsa a todo lo material que implica la sociedad.

2.3 La escritura y la medicina tradicional

Objetivos: Se hará una visión general de dos ámbitos culturales clave, que han despertado interés en occidente: la escritura, sus orígenes rituales y las particularidades que la hacen exclusiva, y el naturalismo filosófico que impregna la medicina china, siempre de actualidad como medicina alternativa.

Tema 3. Japón

3.1 Los orígenes: las culturas prehistóricas y el nacimiento del Estado Imperial. Los períodos de Nara e Heian

Objetivos: Hacer una revisión general referente a las culturas japonesas más antiguas (Jomon, Yayoi), y a la conformación del Estado unificado bajo la dinastía imperial en la llanura de Yamato.

3.2 Referentes culturales: las artes, el teatro, la ceremonia del té

Objetivos: Analizar algunas de las formas culturales propias de la cultura japonesa en tanto que reflejo de actitudes socio-políticas y religiosas de una época determinada.


Instrumentos y técnicas de evaluación


A partir del material bibliográfico y audiovisual, y de textos complementarios, los alumnos elaborarán comentarios de texto específicos referentes a la materia explicada y debatida en clase. Se realizarán además, dos parciales individuales de carácter interpretativo-analítico. También se podrán valorar las lecturas que se vayan haciendo a lo largo del semestre. La nota definitiva constará de: 1º, la valoración de las participaciones motivadas por los comentarios de texto hechos previamente y discutidos en clase, la explicación de diapositivas y / o videos-documentales y, 2º y 3º, los dos parciales escritos.
La intervención activa en debates y discusiones en clase podrán servir, por lo tanto, para aumentar o disminuir las calificaciones obtenidas por los estudiantes a lo largo del semestre.


Bibliografía

(Selección)


General


Collotti, Pischel E., (1982), Historia de Asia, editorial Oikos-Tau, Vilasar de Mar.

Larre, C., (1976), Filosofía oriental, editorial Kairós, Barcelona.

Prevosti i Monclús, A. (coord.), (2005), Pensamiento y religión en Asia oriental, edit. UOC, Barcelona.

Román, M.T., (2004), Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza editorial, Madrid.

Said, E.W., (2003), Orientalismo, edit. Mondadori, Barcelona.

Sardar, Z. (2004), Extraño Oriente. Historia de un prejuicio, edit. Gedisa, Barcelona

VV.AA., (1968), Historia de la cultura oriental, editorial Labor, Barcelona.


India


Auboyer, J., (1961), La vida cotidiana en la India antigua, Ed. Hachette, Buenos Aires.

Allchin, B., (1982), The rise of civilization in India and Pakistan, Cambridge, University Press.

Agud, Ana, (1995), Pensamiento y cultura en la Antigua India, editorial Akal, Madrid.

Aziz Ahmad, (1964), Studies in Islamic Culture in the Indian Environment, Oxford.

Boisselier, J., (1998), La sabiduría de Buda, editorial Temas Clave, Barcelona.

Berr, Henri, (1961), Al margen de la Historia Universal, vol. II, editorial Hispanoamericana, México.

Calle, R., (2004), La India: vida, mitología y arte, edit. Jaguar, Madrid.

Conze, Edward, (1997), El Budismo. Su esencia y su desarrollo, Breviarios F.C.E., México.

Coomaraswamy, A.K., (1997), Hinduismo y Budismo, ed. Paidós-Orientalia, Barcelona.

de Angelillo, M., (2007), India, RBA libros, Barcelona.

De Palma, D., (1998), Jâtaka. Veintitrés nacimientos del Buddha Gotama, Miraguano edic., Madrid.

Díez, F., (2005), El legado de la India: historia, filosofía y cultura, edit. Mandala & Lapicero, Madrid.

Dumézil, G., (1971), El destino del guerrero, editorial siglo XXI, México.

Frilley, G., (1998), India Sagrada, ed. Abraxas, Barcelona.

Gallud Jardiel, E., (2005), Historia breve de la India, edit. Sílex, Madrid.

García-Ormaechea, C., (1988), India inmortal, edit. Hist. 16, Madrid.

Gavin, F., (1998), El Hinduismo, edit. Cambridge Univ. Press, Madrid.

González Bueno, A., (1991), Historia de la Ciencia y de la Técnica: India y China, Vol. 9, ed. Akal, Madrid.

Gopal, R., (1959), India of the Vedic Age, Delhi.

Knott, Kim, (1999), Introducción al Hinduismo, Acento edit., Madrid.

Kosambi, D.D., (1965), The Culture and Civilisation of Ancient India, Londres.

Lenoir, F., (2000), El budismo en occidente, edit. Seix Barral, Barcelona.

López Saco, J., (2004), “La poesía épica en la literatura hindú: Mahabharata y Ramayana”, en Quincunce, nº 10, pp. 15-18.

Masson-Oursel / Stern Ph. / Willman-Gragowska, (1957), La India Antigua y su civilización, editorial Hispanoamenricana, México.

Metcalf, B. / Metcalf, T.R., (2003), Historia de la India, Cambridge University Press, Madrid.

Pániker, A., (2000), El Jainismo, ed. Kairós, Madrid.

Pérez-Embid Wamba, J., (2008), La India medieval: siglos VI-XV, edit. Arco Libros, Madrid.

Piggot, S., (1966), Arqueología de la India prehistórica hasta el año 1000 a.C., F.C.E., México.

Puech, H.-Ch. (ed.), (1985), Las religiones en la India y en Extremo Oriente, ed. Siglo XXI, Madrid.

Sardesai, D.R. (2008), India: la historia definitiva, Belacqua de ediciones, Barcelona.

Schuon, F., (1983), Castas y razas, Sophia Perennis, Barcelona.

Taddei, M., (1983), India antigua, Mars Ivars, Valencia.

Thapar, R., (2001), Historia de la India, I, F.C.E., México.

Thera, N., (1999), Dhammapada. La Enseñanza de Buda, ed. Edaf, Madrid.

Waterstone, R., (2006), India, Duncan Baird Publishers, Colonia.

Wilkins, W.J., (1998), Mitología Hindú, col Olimpo, Edicomunicación, Barcelona.

Wulff Alonso, F., (2008), Grecia en la India. El repertorio griego del Mahabharata, edit. Akal, Madrid.

Zimmer, H., (1979), Filosofías de la India, Edeba, Buenos Aires.

Zimmer, H., (1997), Mitos y símbolos de la India, ed. Siruela, Madrid.


China


Blunden, C./Elvin, M., (1984), Cultural Atlas of China, Oxford.

Botton Beja, F., (2007), China, su historia y su cultura hasta 1800, El Colegio de México, México

Ceinos Arcones, P., (2006), Historia breve de China, Sílex edic., Madrid

Cleary, T. (edit.), (2001), Wen-tzu. La comprensión de los misterios del Tao, edit. Edaf, Madrid.

Cotterel, A., (1988), China, a cultural history, Nueva York.

Confucio y Mencio, (1987), Los Cuatro Libros, clásicos Alfaguara, Madrid.

Cheng, A., (2002), Historia del pensamiento chino, edit. Bellaterra, Barcelona.
Ebrey, P.B., (2009), Historia de China, edit. La Esfera de los Libros, Madrid.

Franke, H., / Trauzettel, R., (1984), El imperio chino, editorial siglo XXI, Madrid.

Fréches, J., (2006), Érase una vez China. De la Antigüedad al Siglo XXI, edit. Gran Austral, Madrid.

Gernet, J., (1999), El mundo chino, editorial Crítica, Barcelona.

González de Mendoza, F.J., (2008), Historia del Gran Reino de la China, editorial Miraguano, Madrid.

Grousset, R., (1986), Historia del arte y de la civilización china, Barcelona.

Granet, M., (1959), El pensamiento chino, editorial Hispanoamericana, México.

Granet, M., (1959), La civilización china, edit. UTEHA, México.

Ikeda, D., (1986), The Flower of Chinese Buddhism, Weatherhill, Nueva York.

Kitaura, Yasunari, (1991), Historia del arte de China, Cátedra, Madrid.

Laird, T., (2008), La Historia del Tíbet, edit. Paidós-Ibérica, Barcelona.

Lao Tse, (1985), Tao Te Ching, ed. Orbis, Barcelona. (Trad. Carmelo Elorduy).

Lombardi, Denys, (2000), La China Imperial, colección Idea Univ., Barcelona.

López Saco, J., (2004), “La mitología tradicional en la literatura china antigua”, en Revista Quincunce, n° 8, UCAB, pp. 31-36.

López Saco, J., (2004), “Culturalidad china y budismo: ¿conciliación o sentimiento de superioridad cultural?”, Tierra Firme, nº 86, año 22, vol.XXII, pp. 181-189.

López Saco, J., (2004), “Dao: unidad, vacío, totalidad. ¿Una visión generadora y orgánica del Cosmos?, en Logoi, nº 7, UCAB, pp. 215-228.

López Saco, J., (2004) El triunfo de la cultura budista en China: budización frente a sinización. Historia de un proceso expansivo y de consolidación hasta época Tang, Colección Académica, UCV, Caracas.

López Saco, J., (2005), “El periplo del budismo en China: un proceso de transformación, aculturación y sinización”, Iter Humanitas nº 4, UCAB, pp. 9-53.

López Saco, J., (2005), “La historia y el pensamiento oriental en India y China en su particular visión: inconvenientes y desafíos en el marco de la investigación y la docencia. Reflexiones en honor al P. Carmelo Elorduy S.J.”, en Religión e Investigación Social. Libro Homenaje a Angelina Pollak Eltz, Memorias de las IV Jornadas de Historia y Religión, pp. 83-96, UCAB.

López Saco, J., (2006), “Origen y significado de la Ruta de la Seda en la antigüedad”, en Altagracia. Revista de la Biblioteca Nacional de Caracas, nº 2, pp. 116-123.

López Saco, J. (2007), “Simbolismo y significado de la arquitectura budista y su influencia en China”, Baciyelmo, nº 1, UCAB, pp. 83-99.

López Saco, J., (2007), “Memoria de un demiurgo chino: Yu, entre la re-creación mítica y el ordenamiento político”, en San Ginés, P. (edit.), LA INVESTIGACIÓN SOBRE ASIA PACÍFICO EN ESPAÑA, edic. Universidad de Granada, capítulo 42, pp. 677-685, Granada, España.

López Saco, J., (2007), La leyenda del Iluminado. Aproximación mítico-simbólica al Buda, edit. Comala.com, Caracas

López Saco, J., (2007), “Antiguos mitos chinos: héroes-dioses creadores y civilizadores”, Revista de Arqueología, nº 318, (España), pp. 46-55.

López Saco, J., (2007) “Imagen del mundo en la China antigua”, Revista de Arqueología, nº 320, (España), pp. 46-55.

López Saco, J., (2007), “Visión y perspectiva histórica de los clásicos confucianos de la antigüedad I: Yijing, Lijing y Shijing”, Ensayos Históricos. Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, UCV, nº 19, pp. 237-246.

López Saco, J., (2008) “Dinastías Shang y Zhou: fundamento tradicional de la antigüedad china pre-imperial”, Revista de Arqueología, número 325 (España), pp. 44-53

López Saco, J., (2008) “Las formaciones imperiales de China: dinastías Qin y Han”, Revista de Arqueología, nº 328 (España), pp. 42-51

López Saco, J., (2008), La antigüedad china. Reflexiones de Historia Antigua de Oriente, edit. Comala.com, Caracas

López Saco, J., (2009), “Comercio y cultura en la Ruta de la Seda de la antigüedad”, Revista de Arqueología, nº 334 (España), pp. 42-49

López Saco, J., (2009), “Madre y salvadora: hermenéutica de un mito antropogénico chino”, Memoria del XII Congreso Internacional y X Congreso Nacional de Aladaa (México), El Colegio de México, México D.F. Disponible en http://ceaa.colmex.mx/aladaa/

Mackenzie, Donald, (1995), China y Japón. Mitos y leyendas, M.E. editores, Madrid.

Maeth, R., (2007), Dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), El Colegio de México, México.

Maillard, Ch., (2000), La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo, ed. Akal, Madrid.

Maspero, H., (2000), El Taoísmo y las religiones chinas, ed. Trotta, Madrid.

Montenegro, A., (1974), Historia de la China antigua, ediciones Istmo, Madrid.

Mosterín, J. (2007), China: historia del pensamiento, Alianza edit., Madrid.

Muñoz Goulin, J., (2002), La Ruta de la Seda, Acento edit., Madrid.

Pernot, F., (2007), La Ruta de la Seda: desde Asia hasta Europa, edit. Parragón, Madrid.

Roberts, J.A.G., (2008), Historia de China, PUV, Valencia.

Schmidt-Glintzer, H., (2001), Antigua China, Acento edit. Madrid.

Watson, B., (1995), Records of the Grand Historian, Columbia University Press, Nueva York.

Werner, E.T.C., (1997), Cuentos e historias de la Antigua China, M.E. Editores, Madrid.

Whitfield, S., (2000), La vida en la Ruta de la Seda, edit. Paidós-Orígenes, Barcelona.

Wong, E., (1998), Taoísmo. Introducción a la historia, la filosofía y la práctica de una antiquísima tradición china, edit. Oniro, Barcelona.

Yutang, L., (1999), La importancia de comprender, edit. Sudamericana, Buenos Aires.

Xinzhong, Y., (2001), El Confucianismo, edit. Cambridge Univ. Press, Madrid.

VV.AA., (2008), Cultura tradicional china, edit. Popular, Madrid.

Japón


Anesaki, M., (1996), Mitología japonesa, col. Olimpo, edicomunicación, Barcelona.

Collcut, M., / Jansen, M., Kumakura, I., (1995), Japón. El Imperio del Sol Naciente, ed. Folio, Barcelona.

Delay, N., (2000), Japón. La tradición de la belleza, edit. BSA, Barcelona.

Derruau, M., (1973), El Japón, ed. Ariel, Barcelona.

Fairbank, J., (1960), A History of East Asian Civilization, vol. 1, East Asia: the Great Tradition, Boston.

Falero, A.J., (2006), Aproximación a la cultura japonesa, edic. Amarú, Salamanca.

Groot, G.J., (1951), The prehistory of Japan, Nueva York.

Haguenauer, C., (1956), Origines de la Civilisation Japonaise, París.

Kidder, E., (1985), El arte del Japón, ed. Cátedra, Madrid.

Kondo, A.Y., (1999), Japón. Evolución histórica de un pueblo (hasta 1650), ed. Nerea, Hondarribia.

Lavelle, P., (1998), El pensamiento japonés, Acento edit., Madrid.

Mikiso, Hane, (2003), Breve historia de Japón, Alianza edit., Madrid.

Mutel, J., (1972), Historia del Japón, ed. Vicens Vives, Barcelona.

Nakagawa, H., (2006), Introducción a la cultura japonesa, edit. Melusina, Barcelona.

Peinado, V.M., (2005), Mitología japonesa, Avalancha edit., Madrid.

Rubio, C. / Moratalla, R.T., (2008), Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón, edit. Trotta, Madrid.

Shinkokai Kokusai, B., (1964), Introducción a la cultura japonesa, Tokio.

Suzuki, D.T., (2002), El zen y la cultura japonesa, RBA edit., Barcelona.

Taró, Sakamoto, (1993), Breve historia del Japón, El libro menor, n° 207, Caracas, Academia Nacional de la Historia.

Tazawa, Y./ Matsubara, S./ Okuda, S., / Nagahata, Y., (1981), Historia cultural del Japón. Una perspectiva. Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón, Tokio.

Yukio, Kaibara, (2000), Historia de Japón, edit. F.C.E., México.

Whitney Hall, J., (1984), El Imperio japonés, ed. Siglo XXI, Madrid.


Material audiovisual general


a. Japón


Documental P&A, Geishas.

Cuando el viento sopla (animación), de J.T. Marukami.

El viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki

Cuentos de Tokio, de Yasuhiro Ozu

El intendente Sansho, de Kenji Mizoguchi

Cuentos de la luna pálida después de la lluvia, de Kenji Mizoguchi

Lluvia Negra, de Shohei Imamura

La Balada de Narayama, de Shohei Imamura

Los sueños de Akira Kurosawa, de Akira Kurosawa

Kagemusha (La sombra del guerrero), de Akira Kurosawa

Ran, de Akira Kurosawa

Rashomon, de Akira Kurosawa

Los siete samuráis, Akira Kurosawa

Rapsodia en Agosto, de Akira Kurosawa

Golpe de Estado, de Yoshida Kiju.




b. China


Documental Civilizaciones perdidas: China, dinastías de poder, Time Life.

Documental Religiones del Mundo: taoísmo y confucianismo

Documental Los tesoros perdidos del Yangzi

La semilla del crisantemo, Zhong Yimou

La linterna roja, Zhong Yimou

El último emperador, Bernardo Bertolucci

Ch’in, Cheng Kaige.

Héroe, Zhong Yimou

La maldición de la flor amarilla, Zhong Yimou

El Banquete, Feng Xiaogang


c. India


Documental Religiones del Mundo: hinduismo

Documental Religiones del Mundo: budismo

Asoka, Santosh Sivan
Sidharta, Conrad Rooks
Gandhi, de Richard Attemborough


Otros


Especial: The pillow book, de Peter Greenaway.

- Shusaku Endo, El Samurai. (Novela histórica).

- Hermann Hesse, Sidharta

Monedas Kushan de Asia central


La primera imagen muestra unas monedas del reino de Kushan, datadas en los siglos I-II. Se trata de un reino centro-asiático, de origen indoeuropeo, fruto de los movimientos migratorios de los pueblos Yuetzi, que tuvo al budismo como religión oficial; la segunda ilustración corresponde a unas monedas de oro del rey kushan Kanishka I, vestido a la usanza de un bodhisattva, también datadas entre los siglos I-II de nuestra era. Este reino, relativamente efímero, fue, sin embargo importante en la región, en torno al reino de Gandhara, que configuró un arte mixto greco-búdico, estilísticamente grecorromano y temáticamente budista del norte de India.

Prof. Dr. Julio López Saco

26 de febrero de 2009

Paleolítico chino: breve reseña

Fósiles del Paleolítico en China
Julio López Saco

El conocimiento del Paleolítico en China se ha enriquecido en los últimos años gracias a una serie de descubrimientos en varias zonas del país, que se suman a los primeros fósiles humanos, ya clásicos, como el Hombre de Beijing (北京男子 o Sinanthropus pekinensis, de 500000 años, asociado a cantos rodados y lascas semejantes a las clactonienses, encontrado en Zhoukoudian, yacimiento que también ha dado restos de Homo Sapiens al lado de vestigios de dientes de animales perforados), el Hombre de Yuanmou (元謀人),de 1.5 millones de años y el Hombre de Lantian (藍田人),datado en 700000 antes del presente. Especialmente significativo es el hallazgo del Hombre de Wushan (巫山人), que vivió 300000 años antes que el referido Hombre de Yuanmou, encontrado en la provincia de Yunnan en los años sesenta del pasado siglo. Este hallazgo, asociado con fósiles animales, como elefantes, rinocerontes y ciervos, ha servido para que algunos paleoantropólogos chinos consideren la posibilidad de que las regiones de Qinhai y Tíbet hayan sido, al igual que la cornisa oriental de África, lugares originarios de la evolución humana. En el valle del Fen, se ha descubierto también, no hace mucho, una facies cultural del paleolítico medio muy parecida al soaniense B reciente de la India, que semeja características técnicas musterienses.

Antropología de la China arcaica

ENTRE REYES Y DIOSES: UNA IMAGEN DE LA SOCIEDAD Y LA CULTURA EN LA CHINA ARCAICA

Prof. Dr. Julio López Saco
Escuela de Historia, UCV
yogonbus@hotmail.com

Las actitudes de divinidades, inmortales y otras “entidades” míticas en el seno de la literatura mitológica china clásica repercuten directamente en la racionalizada y humanizada literatura confuciana y en una variedad de textos filosóficos que se ubican en el taoísmo. En el primer caso, se utilizan las actividades de tales personajes como modelos estereotipados, modélicos e ideales, que es conveniente seguir, para, de este modo, estimular y justificar el modo ético y moral de conducirse en el gobierno del estado y en la organización familiar y social; en el segundo, como paradigmas que sirven para argumentar, elucubrar y constatar principios, conceptos y especulaciones diversas, también vinculadas con las particulares condiciones (de efervescencia cultural a la par que de conflictos armados) de la sociedad china de la antigüedad, en especial de los períodos denominados de Primavera y Otoño y Reinos Combatientes (771-484 y 484-221 a.n.e., respectivamente)
Los antiguos textos chinos recogen y sistematizan tradiciones míticas que tratan de hacer asimilable los orígenes del mundo y del hombre, y que son aprovechadas como modelos didácticos aplicados a la política, al concepto del buen gobierno y a la moral del gobernante ideal. En estas tradiciones, dioses y héroes, salvadores, culturizadores y fundacionales, son concebidos como estereotipos ideales de perfección. Los historiadores chinos, muy influidos por el confucianismo y, por lo tanto, profundamente “burocratizados” siguiendo un estilo cancilleresco recurrieron, para explicar los inicios del tiempo histórico, a esta serie de divinidades y ancestros para ensamblar un sistema unitario fundamentado en aspectos metafísicos y religioso-morales. Con este grupo de “personalidades” se buscaba, en consecuencia, moralizar y enseñar la progresiva degradación del orden, el equilibrio y la armonía del mundo, que pasa de la soberanía perfecta a la violencia y la decadencia. Una de las tradiciones mitológicas más significativas al respecto, y que será el objeto del presente ensayo, es la de los Tres Augustos y los Cinco Soberanos. A través de su análisis queremos constatar como se oficializa el ideal ortodoxo de nación y civilización china en el contexto del grupo étnico mayoritario denominado Han (con más del 95% de la población, pero en un espacio no mayor al 35% de la superficie de la actual República Popular de China).
Las fuentes que refieren las listas de estos augustos y reyes presentan gran cantidad de contradicciones y confusiones. Según los textos denominados Tableta de los Anales de Bambú y Genealogía de los Emperadores existieron treinta generaciones desde Huangdi (el Emperador Amarillo) a Yu (héroe que canaliza una destructiva inundación). No obstante, este desarrollo genealógico lineal presenta ciertas incongruencias. Es el texto Anales de Primavera y Otoño del Estado de Lu el que “ordena” a los Cinco Soberanos (Tai Gao (Fuxi), Yandi (Shennong), Huangdi, Shao Gao y Rui Hang), ofreciendo un modelo que deriva claramente de la idea de nacimiento cíclico sucesivo de los Cinco Elementos, y no de un orden “genealógico”. Sólo tardíamente, y para mitigar esta serie de contradicciones, se añadió la idea de los Tres Augustos; el prefacio del Libro de los Documentos, habla de Fuxi (domeñador de fieras), Shennong y Huangdi, mientras que Shao Gao, Rui Hang, Gao Xin, Yao (Tang) y Yu, quedarían como los Cinco Reyes. En toda esta confusión lo único medianamente claro es la privilegiada ubicación de Huangdi que, gracias a la ortodoxia confuciana, adquiriría el rango de patriarca de los chinos y cimiento con el que comienza la historia china, o lo que es lo mismo, “la civilización”. Esta mezcolanza pudo ser el resultado de sucesivas acumulaciones míticas a lo largo del tiempo, sin que hubiese diferencias entre una versión canónica y otras, digamos, apócrifas. Nuestra sugerencia inicial es que augustos y emperadores, que han prosperado, esencialmente, como héroes culturales o gobernantes sabios y virtuosos, reflejan la evolución histórica china, representan la personificación de los diferentes estados de desarrollo de la cultura de la antigüedad y se refieren a divinidades tribales o nombres de tribus o clanes específicos. Estos clanes, mezclados entre sí, factor que pudo motivar, asimismo, las sucesivas confusiones, producirían la nación china (Huaxia) y su civilización. Estos soberanos serían, en consecuencia, una especie de ancestros comunes al pueblo chino y, naturalmente, pioneros de su cultura, tal y como sus leyendas palpablemente relatan. Sólo tardíamente imperó la necesidad de confeccionar secuencias genealógicas generacionales para ordenar racionalmente estos acontecimientos y que así pudiesen ser asimiladas. Las mezclas de héroes-soberanos son bastante consistentes con la sintetización de las variadas culturas arqueológicas chinas en la región central. Creemos, pues, que esta imaginación mítica es un referente esencial para el primer imperio y su inherente unificación, justificando con ello una línea directa que permita concluir en un poder centralizado. La primacía de Huangdi implica, evidentemente, la anterioridad de otras culturas primitivas que acabaron sometidas al poder centralizador del Emperador Amarillo. Su lucha con el monstruoso Chiyou supondría, de este modo, el paso de una sociedad arcaica a otra más “civilizada” y, por supuesto, uniformizada (Changwu, T. 1988: 22-23; Birrell, A. 2000: 29-30). En resumen, se harán esenciales esta serie de actuantes míticos para sistematizar la cultura material, pero también para clarificar la sociedad política y el desarrollo espiritual:
“En la Edad de la remota antigüedad los seres humanos eran pocos, mientras que había muchos pájaros y bestias, y los hombres eran incapaces de superar a las aves, bestias, insectos y serpientes. De este modo, surgió un sabio que sujetó árboles y ramas juntas e hizo nidos, de manera que todo daño fue evitado. La gente se maravilló con esto y le convirtieron en gobernante del mundo, confiriéndole el título de “Constructor de Nidos…”. (Watson, B., 1964: 96)
Inicialmente, los Tres Augustos, cuyo significado es brillante, se referían a los rectores soberanos del Cielo, de la Tierra y de los Hombres, como elementos constitutivos del mundo, para luego ser identificados con algunos personajes míticos significativos. Estos Soberanos Supremos, Celestiales y Terrestres, pudieron ser símbolos arcaicos de una divinidad suprema, posibilidad que los asociaría con el primigenio Único Supremo, que representa el tao metafísico, ancestros o espíritus naturales de carácter totémico (Mori, Yasutaro, 170: 85-86; Hsiao-lien, W. 1977: 293-294). En cualquier caso, desde una óptica genealógica abren el espacio a tres períodos sucesivos, plenamente míticos: el primero, con el “reinado dinástico” de doce hermanos celestes, regidos según el elemento madera; el segundo, con otros once “soberanos terrestres”, vinculados al fuego y, el tercero, con “nueve reyes humanos”, hermanos entre sí, cada uno de los cuales controla una de las nueve provincias en las que se divide el reino, entiéndase la China clásica, construyendo ciudades y civilizando. Tras ellos se instalaría un período de Cinco Dragones, después del último de los cuales surgirían los Cinco Soberanos, encabezados por el mencionado Huangdi. Con su presencia se cubriría el período que abarca desde la creación misma hasta el comienzo del período de los Reinos Combatientes, es decir, globalmente hablando, los inicios de ese mundo que se va a llamar China y de su historia, oficializada y hecha ortodoxa por los letrados confucianos.
Los Cinco Soberanos o Emperadores son potencialidades abstractas anónimas y de carácter trascendente, que se refieren, en principio, a los Cinco Elementos, que cada uno controla, a las estaciones anuales, así como a los puntos cardinales, incluyendo el centro como un oriente más. La acción sucesiva de los elementos o fases triunfando unos sobre otros facilitó, a partir de esta elite primordial, la conformación de la organización mítica como hechos históricos sucesivos en el tiempo, donde unos héroes luchan contra otros por el “poder”. Su poder civilizador se produce al irradiar una fuerza ordenadora que se difunde en el tiempo y el espacio, constituyendo la futura unidad del Imperio. Sin embargo, también estos monarcas son asociados a espíritus celestiales que son diferentes animales, con un color distintivo propio (rojo, blanco, negro, azul y amarillo), y que pueden ser un recuerdo totémico de clanes chinos principales. Como fundadores de grandes familias nobles o principescas, se consideran auténticas hipóstasis del soberano celeste (denominado Shangdi, Soberano de lo Alto, Augusto Cielo), y emblemas conectados con animales míticos significativos (tigre, dragón, tortuga, serpiente, pájaro). En este sentido, podríamos verlos como antepasados que son emanaciones de un lugar fundacional que propició el inicio de la familia o de una dinastía concreta. Quizá en un principio de índole materno-femenino, luego serían solapados por el humanismo confuciano, como se desprende de la relevancia que muchos mitos conceden a las madres de los grandes héroes aculturadores y fundadores. No sería extraño, por consiguiente, considerar a estos monarcas míticos como recuerdos de jefaturas neolíticas o de grupos legendarios de antepasados pre-dinásticos de la edad del bronce, probablemente de los Shang (segunda dinastía, ss. XVIII-XI a.n.e.). Más tarde estos soberanos acaban siendo también identificados con diversos personajes heroicos, como Fuxi o Shennong. (Yuan, Ke 1998: 25-27; García-Noblejas, G. 2004: 50 y ss. y Zhang, N.S. 2002: 4-5).
Además de estos emperadores celestiales existió otro grupo de monarcas terrestres entre los que destacan Yao, Shun y Yu, humanos semi-divinos o emperadores-héroes de extrema sabiduría, y cuyas vinculaciones parecen recordar las relaciones feudales entre señores y vasallos, o entre nobles en una administración de tenor casi feudalista, donde gobernaba “nominalmente” el primero de ellos Yao (Yuan, Ke, 1996: 243-244; Changwu, T. 1988: 61-62). Los soberanos, como los augustos, mantuvieron una relación de continuidad y no de parentesco, de desempeño administrativo, mecanismo útil, “político”, para vincular oficialmente a “individuos” que representan, en realidad, clanes diferentes pertenecientes, fundamentalmente, al neolítico chino. Las sucesiones entre los soberanos, especialmente entre los mencionados, son por abdicación, usurpación o sucesión natural, pero no de padres a hijos, es decir, no son hereditarias. Este hecho hace plausible pensar que los tres referidos representarían diversos reinos que habrían ido surgiendo sucesivamente, y uno al otro se habrían sucedido en la jefatura de las alianzas de esos territorios “culturalizados”. Desde una óptica arqueológica esta situación pudo corresponderse con la cultura Longshan, en cuyo seno hubo diversas comunidades internas. Así pues, entre ellos las relaciones son del orden soberano-vasallo, en tanto que un “parentesco indirecto”, de tipo político, relaciona sus respectivos clanes. Estos soberanos mitológicos terrenales son el fundamento de las Tres Dinastías, es decir, de las primeras del espectro político anterior a la unificación imperial: Xia, Shang y Zhou. (Chang, K.C. 1983: 124). Los números tres y cinco tienen aquí, asociados a estos gobernantes, un valor, naturalmente, simbólico: tres, como expresión de perfección y totalidad, y cinco, de universalidad. En cualquiera de los casos, en definitiva, todos ellos son vestigios de la conformación de la autoridad política, que requirió diversos factores: segmentación de linajes, la creación de la autoritas moral, una fuerza coercitiva imprescindible para el control, y un acceso a una sabiduría “elitesca” a través de la exclusividad del manejo del ámbito ritual-adivinatorio por mediación del culto a los ancestros del clan.
Estos reyes legendarios de carácter mítico, abstractos en su naturaleza, héroes culturales y ancestros de clanes, moralmente superiores en el seno del poder político-social chino, merecieron la consideración de ser honrados en cultos a los antepasados por sus hazañas, y que se les rindieran sacrificios en virtud de que ofrecieron leyes, evitaron o sofocaron calamidades y salvaron a la humanidad de males y calamidades de diversa índole. Muchas de sus hazañas fueron sobrenaturales y mágicas, convirtiéndose su comportamiento en un ejemplo a seguir por los futuros gobernantes, en una experiencia generadora de “autoridad” porque se consideraban guías para los habitantes del mundo presente. (Xunsheng, Xu, 1985: 200-202; Liu Li 1999: 604).
En su catalogación como remanentes de antiguas divinidades tribales, esta serie de personalidades mitológicas pudieron haberse vinculado con el chamanismo y con un explícito reconocimiento del poder de la naturaleza, aunque sus asociaciones chamánicas fueron, ulteriormente, modeladas por las virtudes morales ejemplarizantes de tendencia confuciana. De hecho, muchos de estos héroes civilizadores habían sido, en un principio, animales fundadores totémicos de los clanes, en particular, serpientes, dragones, osos y aves y, sólo ulteriormente, serían convertidos en grandes y sabios fundadores. La idea más común en el arcaísmo chino, era, en efecto, que los sabios de la remota antigüedad habían sido generados por sus madres emparejándose con criaturas no humanas, como dragones, o fuerzas de la naturaleza, que aportarían los elementos propios de “divinidad” en ellos. Esto es lo que sucede con Yi el arquero, por ejemplo, cuyos rasgos “chamánicos” son básicos: poderes como volar sobre el viento o montar en nubes o pájaros, o también con Gun, quien podía adquirir forma de caballo blanco y que después de muerto fue transformado en un gran oso amarillo. Otros tienen apariencias no humanas, híbridas, un recuerdo, entre otras cosas, de que los antiguos sabios podían hablar con los animales y entenderlos. Los rasgos terioantrópicos, con colas de serpiente, cuernos de bovinos o alas de pájaros, funcionan como emblemas de fertilidad o agresión. Sólo las figuras míticas clásicas de la ortodoxia, de tradición masculina, se representan como plenos seres humanos, portando emblemas funcionales de carácter cultural, como el arado o la draga.
Tanto los Tres Augustos como los Cinco Soberanos han sido asociados con el Supremo Uno o Unidad Primigenia, Taiyi. La vinculación divina está visiblemente presente, por ejemplo, en el título póstumo para honrar a los ancestros reales que fue usado como titulación imperial (huang o huangdi). Los sabios-reyes arcaicos pueden, por consiguiente, estar íntimamente vinculados a una divinidad personal o a espíritus ancestrales dependientes del Ser Supremo, un factor que los relaciona con la cosmogonía filosófica de raigambre taoísta.
Con todas sus características divinas y heroicas, no dejamos de ver aquí reyes realistas y humanizados, de gran actividad creadora y salvadora, cuyos actos, decisivos para el desarrollo cultural, e inspirados en patrones observados y copiados de la naturaleza, se verifican históricamente en las diferentes etapas neolíticas locales. La tradición china “personaliza”, en consecuencia, los avances técnicos y socio-políticos propios del neolítico y la edad del bronce, a través de héroes humanizables y sabios virtuosos creadores de una “civilización nacional”. Representan una Arcadia modélica e ideal, a la que únicamente se accede a través de la propagación de virtudes cívicas y de acciones que portan cultura. Los “herederos” de augustos y soberanos serán, de este modo, gobernantes “históricos”, que han perdido su condición divina o semi-divina, pero han conservado, por el contrario, un aura de sacralidad, magnificada por la filosofía y recordada por el ritual (Ching, J., 1997: 62-63; de Bary, W.T., 1964:179-180). Los mitos recuerdan, de forma antropomorfizada, situaciones primordiales de carácter étnico-histórico: los pueblos del sur, denominados Sanmiao, serían descendientes de la gran familia de Huangdi; los famosos Qiang, origen de los tibetanos, serían descendientes de Yandi (Señor Ígneo), y Yu, entre los pueblos Xia o Huaxia del oeste, sería considerado su patrón.
En resumidas cuentas, los soberanos míticos, concebidos como mitificaciones de las tradiciones rituales y como padres de la humanidad, son auténticos estados de civilización, símbolos de las fases preparatorias de la sociedad china (Needham, J., 1973: 200-205; Levi, J., 1977: 75 y ss.; Granet, M., 1959: 351-355). Sus invenciones, modos de componer el mundo, sus leyes o formas de eliminar monstruos terroríficos, representan un modo de escenificar el orden universal. Tal actividad organizativa se superpone a un papel demiúrgico que les corresponde como reyes, asegurando, de esta manera, la permanencia de un ordenamiento humano calcado del cósmico, estructurado, jerarquizado y ordenado. Sus capacidades responden más al poder organizador que poseen como jefes que a una actividad intelectual o una habilidad especial. Dentro de este marco civilizador muchos monarcas-sabios se relacionan con la agricultura, con el desarrollo de sus operaciones de producción y con el surgimiento de la división social y la especialización laboral; es decir, con algunos de los elementos considerados clave del estadio de neolitización. En este mismo sentido, se asocian con la invención y tratamiento artesanal especializado en función de las diferentes necesidades sociales: objetos de jade, instrumentos musicales, cerámica u objetos de metal de carácter ritual o guerrero. En algunos mitos queda subrayada la intensificación de la división entre ricos y pobres, la aparición de la esclavitud y el sistema de rangos que implica diferentes identidades sociales, marcadas por la variedad de ropas, alimentos, costumbres o rituales, hecho que la arqueología neolítica y de la edad del bronce ha demostrado suficientemente. Los estandartes reales o las estructuras de los palacios reflejan estos rangos sociales y políticos distintivos. Estos reyes-sabios, constructores de ciudades y fortalezas, rasgos de cultura “urbana”, que la arqueología ha sacado a la luz en localidades como Anyang, Erlitou, Sanxingdui, Zhengzhou o Fenghao, hacen de ellos personalidades que crean un conocimiento cultural “profesional”: escritura, diagramas simbólicos, matemáticas o estudios científicos del comportamiento de los fenómenos celestiales. Todo ello reafirma, creemos que claramente, el papel de artífices culturales de estos sabios-reyes, creadores de las necesidades básicas para los grupos humanos como un reflejo de la división social del trabajo propio del desarrollo urbano de fines del neolítico y la edad del bronce, de la especialización de funciones y de la existencia de grupos o clanes distintos y diferenciados entre sí, que acabarían agrupándose, bajo la jefatura militar y legal, impositiva y dominadora del primer imperio hacia finales del siglo III a.n.e.
Estos soberanos míticos, que traen consigo un elemento civilizador, son expresión última, por consiguiente, del deseo de un estado centralizado y poderoso, y representan la superioridad moral del mérito frente al parentesco y el nacimiento (Bottom, F. 1984: 38-40; Puett, M.J., 2002: 252-256). Su mencionado carácter demiúrgico y fundador los convierte en modelos ejemplares en los que se fundamenta el prestigio de las principales familias nobles o principescas, adquiriendo, así, un sentido sacro y virtuoso, mítico-religioso, cuyo poder irradia en la eficacia de su prestigio, que abarca tanto el ámbito civilizador como pacificador. Imitando al Cielo estos personajes tienen poder para modelar, desde el mundo natural, el ordenamiento humano y organizar el mundo siguiendo una jerarquía normativa de control social.

Febrero, 2009


Bibliografía referencial

Birrell, A. (1993). Chinese Mythology. An Introduction. Baltimore: The Johns Hopkins University Press
_______. (2000). Chinese Myths. Londres: British Museum Press (Austin: University of Texas Press)
Bottom, F. (1984). China, su historia y cultura hasta 1800. México D.F.: El Colegio de México
Chang, K.C. (1983). Art, Myth and Ritual. The Path to Political Authority in Ancient China. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press
Changwu, T. “On the Legends of Yao, Shun, and Yu and the Origins of Chinese Civilization”. Chinese Studies in Philosophy. Vol. XIX. Nº 3, (1988) pp. 21-68
Ching, J. (1997). Mysticism and kingship in China: The Heart of Chinese Wisdom. Cambridge Massachusetts: Cambridge Studies in Religious Traditions
de Bary, W.T. (edit.) (1964). Sources of Chinese Tradition. Nueva York: Columbia University Press
García-Noblejas, G. (edit.) (2004). Mitología clásica china. Madrid: edit. Trotta
Granet, M. (1959). Danses et légendes de la Chine ancienne. (2 vols.) Université de France-París: Presses Universitaires de France. (Primera edición en Annales du Museé Guimet, Bibliothéque d’Études, 1926)
Hsiao-lien, W. (1977). Chung-kuo te she-hua yü ch’uan-shuo. Taipei: Lien-ching
Levi, J. “Le Mythe de L’Age d’Or et les théories de l’évolution en Chine Ancienne”, L’Homme, XVII, I, (1977), pp. 73-103
Liu Li “Who were the ancestors?. The origins of Chinese ancestral cult and racial myths”. Antiquity, 73, nº 28, (1999), pp. 602-613
Mori, Yasutaro (1970). Huang-ti ch’uan-shuo: Chung-kuo ku-tai shen-hua chih yen-chiu. Taipei: Diping xian Publications
Needham, J. (1973). “Le Temps et l’homme oriental”, en La Science chinoise et l’Occident. París: edit. Le Seuil
Puett, M.J. (2002). To Become a God. Cosmology, Sacrifice, and Self-Divinization in Early China. Cambridge-Massachusetts: Harvard-Yenching Institute, Monographs Series 57
Watson, B. (1964). Han Fei Tzu: Basic Writings, “The Five Vermin”. Nueva York: Columbia University Press
Xunsheng, Xu (1985). Zhongguo Gushi de Chuanshuo Shidai. Beijing: Wenwu Press
Yuan, Ke (1996). Gu Shenhua Xuanshi. Beijing: Renmin wenxue
________ (1998). Zhongguo Shenhua Da Cidian. Chengdu: Sichuan Cishu Chubanshe
Zhang, S.N. (2002). Five Heavenly Emperors. Chinese Myths of Creation. Toronto: Tundra Books

19 de febrero de 2009

Arqueología Irania: cerámica











La primera imagen es una vasija de Tepe Sialk, datada hacia 4400 a.C.; la segunda corresponde a una vasija doble, de Ardebil, con una cronología estimada en 800 a.n.e.; la tercera ilustración es un rhyton en forma de caballo, de Maku, con una cronología estimada entre 800 y 700 a.n.e.; la cuarta imagen corresponde a una jarra pintada hallada en Tepe Sialk, Isfahan, entre 900 y 800 a.C. y, finalmente, la quinta fotografía muestra una jarra de libación del Luristán, datada hacia 1500 a.C.
Prof. Julio López Saco




9 de febrero de 2009

Arqueología del Mediterráneo: etruscos


La segunda imagen corresponde al famoso sarcófago de Cerveteri, datado hacia 520 a.C., mientras que la primera muestra el interior de una tumba etrusca en la misma localidad. La necrópolis de Banditaccia, situada en las cercanías de la localidad de Cerveteri, presenta numerosas tumbas, algunas excavadas en la roca y otras varias rematadas por túmulos. Una buena parte están ornadas con bajorrelieves o pinturas murales de gran calidad estética. Los diferentes sepulcros en la necrópolis están organizados en función de un plan urbanístico análogo al de una urbe, con sus barrios, calles y pequeñas plazuelas.
Prof. Julio López Saco

4 de febrero de 2009

Edad del Bronce en China: Sanxingdui

El sitio de Sanxingdui corresponde a una antigua ciudad y estado de la cultura Shu (de la que fue capital), en el suroeste de China. La zona, de 12 kilómetros cuadrados, presenta murallas, hoyos sacrificiales y un área de enterramiento con múltiples jades y bronces. Esta cultura es un referente esencial del bronce chino.
Prof. Julio López Saco

Arqueología del Neolítico en China II: Peiligang, Liangzhu, Hemudu y Dawenkou







La primera imagen corresponde al sitio de Peiligang, en el condado Xinzheng de la provincial de Henan, descubierto entre 1977 y 1979. El lugar se compone de una zona de habitación y otra de tumbas (unas 114 orientadas hacia el sur). La mayoría de las casas son semi-subterráneas, y en ellas han aparecido gran cantidad de utensilios cerámicos. La segunda foto se refiere a la Cultura neolítica de Liangzhu, que se encuentra al norte de la provincia de Zhejiang y en las áreas costeras de la provincia de Jiangsu. Se caracteriza por la presencia de herramientas pétreas y formas cerámicas que testifican una sociedad agrícola, sobre todo del arroz, bien desarrollada. La tercera ilustración tiene que ver con al Cultura Hemudu, que se localiza en el bajo Yangze, en la provincia de Zhejiang. Su cronología abarca desde 5000 a 3300 a.e. Cerámicas, artefactos en hueso y tejidos han sido desenterrados en este sitio, además de significativos objetos de jade y vasijas lacadas. Finalmente, la última imagen corresponde a la Cultura Dawenkou, ubicada en el condado Taian, en la provincia de Shandong. Se trata de 133 tumbas que datan de unas fechas comprendidas entre 4300 y 2400 a.e. Probablemente reflejan una sociedad clánica matriarcal, posteriormente sustituida por otra patriarcal.
Prof. Julio López Saco



Adivinación Han: figura emplumada

Esta forma emplumada que aquí presentamos es la correspondiente a la figura voladora que en las fábulas surge en forma de ser humano alado. Simboliza el mantenimiento y vigencia de la magia y la adivinación durante la dinastía Han. Además, refleja el deseo del grupo social de los nobles feudales de poder volar hacia el Cielo y llegar a ser inmortales. En esta dinastía fue común la teoría de la adivinación y el interés por la inmortalidad. Es por eso que esta figura se convierte en un familiar motivo decorativo sobre objetos funerarios y de la vida cotidiana. Generalmente suele aparecer arrodillada.
Prof. Julio López Saco

3 de febrero de 2009

Semana Cultural de Japón 2009

Queremos informar que entre los días 5 y 14 de febrero se celebrará, como ya es habitual en Caracas, la XVIII Semana Cultural de Japón, en los espacios de CorpBanca, en La Castellana. Habrá ikebana (arreglos florales), demostración de la ceremonia del té, varias exposiciones, entre ellas de bonsáis, y un concierto por parte de la inigualable Hana Kobayashi, que ha deleitado esta reunión cultural en otras ocasiones.

Julio López Saco

29 de enero de 2009

Huangdi en la mitología clásica china: Interpretación simbólica y antropológica

HUANGDI O EL EMPERADOR AMARILLO: UNA INTERPRETACIÓN SIMBÓLICO-ANTROPOLÓGICA
Julio López Saco


En un principio, Huangdi se asoció con una deidad local, entendida mitológicamente como un ancestro de las tribus bárbaras Jung (榮格), Ti (鈦), Miao (苗) y Mao (毛澤東), todas ellas identificadas con lo “caótico” y, por ende, con Hundun. Tradicionalmente, se le ha asociado con el color amarillo a través de su vinculación con el simbolismo del pájaro teriomórfico (lechuza, cuervo, cisne o pelícano), y por medio de su unión al simbolismo del centro-axis mundi, que balancea, armoniza y equilibra Cielo y Tierra, yin-yang y las cuatro estaciones. En este sentido, desde su magnífico palacio en el centro del mundo, es decir, en la cima del monte Kunlun, divide la tierra en cuatro partes, norte-sur-este y oeste, asignando a cada territorio una deidad, un color imperial y una estación. A través de sus diversos sobrenombres (You Nai 您乃, Xiong Shi 敻式 o Xuan Yuan Shi 軒苑師), Huangdi pudo haber representado, no obstante, a un líder histórico de una confederación tribal de la cultura neolítica Yangshao. Las guerras tribales míticas entre el Emperador Amarillo y Chiyou, contadas en el Taiping Yulan (太平玉蘭), (donde también se narra la creación del hombre por Nüwa 女媧 a partir del barro amarillo), del siglo X y compilado por Li Feng (黎峰), reflejan el momento en que vencido el monstruoso Chiyou, Huangdi comienza a liderar las diferentes tribus de las planicies de la China central. La tribu Jiu Li (李長久) en Shandong y Anhui, estaba liderada por el monstruoso Chiyou. Cuando esta tribu inició su expansión hacia el oeste se encontró de frente con las tribus Yan di (炎帝) y Huang di. Se entabló un conflicto y Jiu Li fue derrotada, integrándose, en parte, con las tribus victoriosas, mientras que otra parte se dirigió hacia las zonas de Jing y Chu, mezclándose con los Miao. Tras varias batallas entre los Yan y los Huang, ambos clanes se establecerían, con algunos miembros de Jiu Li, en las planicies, y profesarían, desde ese instante, su respeto y devoción a Huangdi. De este modo, el conflicto reflejaría la resolución de los problemas territoriales intertribales del neolítico.
En este combate, en busca del control total, cada uno lucha con un arma particular: Huangdi con el agua y su contrincante con el fuego, elementos antitéticos que pueden relacionarse con la filosófica secuencia alternante de los Cinco Elementos (Wuxing 五星) o Fases constitutivas del Cosmos. Su vinculación con los Cinco Elementos se asocia con la tierra, los dragones, lo amarillo y el centro. A través de uno de sus hijos, Zhuang Xu (徐壯), cuyo “opuesto” es Gonggong (龔龔) (cf. Huainanzi, 3, 1a-b), se establece cierto vínculo con el inicio de los mitos de inundaciones, que finalmente resuelve Yu. Gonggong es el monstruo que golpeó la montaña Bu Zhou (步週) en el noroeste de la tierra, rompiendo el pilar del Cielo y provocando la inclinación de éste, con el sol, la luna y los demás astros, hacia el noroeste, mientras que la tierra, con las aguas, tendió hacia el sureste. El desequilibrio generó una gran inundación, una “catástrofe acuosa”, que Nüwa se encargó de solucionar. En su papel de prototipo de gobernante sabio y civilizador, que crea las comunicaciones, los números y el calendario que rigen la vida humana, no tiene más remedio que enfrentarse al desafiante del poder establecido, que encarna, en su facha monstruosa-caótica, Chiyou. El fragor de la lucha es por la unidad del poder imperial, pues el oponente del Emperador Amarillo es percibido como un gobernante despótico ilegítimo del sur, acompañado de terribles cómplices. Es el enfrentamiento entre la hueste humanizante y la monstruosa, la civilizadora frente a la de la barbarie, el buen gobierno frente a la brutalidad, la legalidad frente a la usurpación. En el marco de la batalla actúan las fuerzas elementales desmedidas de la naturaleza (sequía e inundación, fuego-agua), por lo que está en juego el orden y armonía naturales. Para contrarrestar las armas de Chiyou, Huangdi envía un dragón, pero la fuerza de éste es aplacada por los vientos de los espíritus de la Lluvia y el Viento. En vista de tal contratiempo, ordena a su mujer, Ba (巴金) o Chishui Nuizixian (赤水山賢) que baje del Cielo y detenga las lluvias desoladoras, tarea que cumple pero que termina generando el efecto contrario: fuerte sequía, ante la que la agricultura seguiría sin prosperar. Su carácter mediador servirá, finalmente, para dulcificar el clima y mantener el equilibrio natural, el orden, domeñando los extremos climáticos. Su victoria definitiva es, así, el triunfo del cosmos sobre el caos. La victoria de Huangdi, mejor armado que su oponente, especialmente con carros de guerra, es, por consiguiente, una alusión a los enfrentamientos entre jefes tribales, conflictos propios de grupos rivales neolíticos o de la Edad del Bronce.
La alusión a Huangdi como un personaje con cuatro caras, que podían mirar de modo simultáneo hacia todos los orientes, en una mítica fisonomía omniabarcante que también está presente en India y Grecia, supone enfatizar su deseo de tener bajo su gobierno los cuatro puntos cardinales y, quizá, la plasmación de una alianza con otros cuatro líderes políticos, en una especie de confederación para gobernar de modo “centralizado”, unitario, en modo análogo a como hace el centro respecto de la periferia. A partir del Emperador Amarillo se traza, convencionalmente, el linaje de los reyes y emperadores de las dinastías Xia, Shang, Zhou y Qin. Se le presenta como el ancestro de las tribus con el tótem del dragón, del que descenderían los habitantes del pueblo Xia, tradicionalmente considerado como las gentes de la primera dinastía. Desde esta posición será visto, así, como un eminente generador de linajes y clanes, con carácter ordenador y controlador, a veces portando una soga en la mano. El combate mítico con los cuatro emperadores, dioses de los cuatro puntos cardinales, dios-verde del Este, Gran Luz Blanca, el dios-escarlata del sur, divinidad de la llama, el Joven Cielo Brillante, dios-blanco del Oeste, y Zhuang Xu o Amante Cuidadoso, deidad negra del norte, implica el dominio del mundo, concebido como un cuadrado, y representa China misma y el ideal de cultura superior y jerarquizada frente a los grupos bárbaros incivilizados y “caóticos”, desordenados. En su carácter de dios guerrero, usa su fuerza destructiva para lograr una paz constructiva. El específico sobrenombre Xuan Yuan (禤淤庵) parece hacer referencia a una afiliación tribal patrilineal, que lo hace inventor de adelantos técnicos como el compás o el carro, pero su otro apodo (Shi / ji 施 /季), pudiera vincularle a filiaciones tribales matriarcales y matrilineales, lo cual le otorgaría la representación de la virtud de la tierra en el seno de la metafísica china, puesto que el carácter huang también alude al color amarillo de la tierra, que simboliza la soberanía total y que puede estar también en relación, tras su apoteosis mítica, con su papel solar, ya que aunque este color es el de la tierra, también lo es del oro (huangjin 黃金), metal que es una esencial solar. El nombre del país que gobierna en sus mitos más arcaicos, llamado You xiongji (您熊吉) o “país del oso”, creemos debe interpretarse, no obstante, como los esfuerzos agrícolas del gobernante en el seno de tribus patriarcales neolíticas.

28 de enero de 2009

Arte y arqueología de Corea


La primera imagen muestra una pintura mural en la tumba de Dukheung-ri, de época del reino de Goguryo, en Corea, donde se muestra un juego de tiro con arco desde los caballos. La segunda ilustración se refiere a una pintura mural de cazadores en la antigua tumba de Muyongchong, de época del reino de Goguryo, que muestra una escena en la que tres guerreros están cazando tigres y ciervos.
Prof. Julio López Saco

27 de enero de 2009

Arqueología del Neolítico en China: yacimiento de Bampo

Vemos en esta imagen un muy significativo ejemplo de yacimiento arqueológico chino. Se trata de una casa circular del asentamiento neolítico de Bampo, perteneciente a la Cultura Yangshao. Se han hecho reconstrucciones de este tipo de viviendas, con techo cónico y una semi-elaborada distribución del espacio interior.
Prof. Julio López Saco

Literatura india: el mundo en Kerala

Literatura india. Arundhati Roy y el mundo indio en Kerala a través de El Dios de las pequeñas cosas


Arundhati Roy es hija de madre cristiana siria-ortodoxa de la región de Kerala, y de padre hindú de Bengala. Hizo sus estudios de arquitectura en la Universidad de Delhi, aunque su temprana vocación literaria le llevó a realizar guiones para películas y algunas series de televisión. Su primera y única novela hasta ahora es El dios de las pequeñas cosas, escrita entre 1992 y 1996, y galardonada con el premio Booker de 1997. Sin embargo, quizá su desempeño más significativo se realiza a través de artículos de opinión, escritos políticos y de compromiso social, en los que procura romper una lanza a favor de los más desfavorecidos o los desposeídos. Por toda esta actividad ganó el Premio Sydney de la Paz en 2004 por su denodado trabajo en campañas sociales y por su ferviente apoyo al pacifismo como política vital. En sus escritos busca ser entendida en el mayor número de lenguas indias posibles. Según lo que ella misma afirma, en India están más familiarizados con sus escritos de opinión y de corte político que con su novela. En su labor narrativa la propia autora ha señalado que sus maestros inspiradores han sido Vladimir Nabokov y James Joyce, sin embargo, ha sido comparada por la crítica literaria, en específico por esta magnífica novela, con el colombiano Gabriel García Márquez, por sus presuntos toques de realismo mágico, y con Salman Rushdie, en virtud de su puntilloso pulso narrativo.
La novela que queremos aquí comentar, y de la que deseamos extraer aspectos históricos de la India contemporánea, es, realmente, una obra semiautobiográfica que cuenta las experiencias vitales, en tono de cierta magia y mitología, de dos hermanos gemelos en el estado de Kerala, al sur de India, desde 1969 hasta su reencuentro 24 años más tarde. La mayoría de la historia sucede en una aldea que se llama Ayemenem, en Kottayam, en el mencionado estado sureño. Es reseñable que una significativa porción de la novela está escrita desde la visión y perspectiva de los niños. La novela capta con bastante claridad varios aspectos relevantes de la vida en esta región, desde el comunismo pasando por el cristianismo sirio-ortodoxo, heredado de la madre de la autora, hasta el imperante sistema de castas.
Estamos ante una historia de tres generaciones de una familia en el sur de India, que acaba, como muchas otras, desperdigada por el mundo, aunque logra reencontrarse en su tierra natal. Pero en realidad es más de una historia; son muchas entrelazadas en una general: la de la niña inglesa que se ahoga en un río, una muerte que permanece en la retina de los gemelos; la de los dos gemelos; la de Ammu, la madre de los gemelos, y sus furtivos amores adúlteros; aquella del hermano de Ammu, un marxista educado en Oxford y divorciado de una mujer inglesa, con lo cual se vincula el mundo occidental, concretamente británico y su poso colonialista, con el local; la de los abuelos, que en su juventud cultivaron la entomología y, sobre todo, pasiones prohibidas. Estamos, entonces, ante una historia familiar que transita tiempos convulsos en los que todo puede cambiar de un día para el otro, y en un país cuyas esencias y tradiciones más arcaicas parecen eternas y ancladas en la cotidianidad más actual. Se trata de una suerte de saga familiar en la que se entremezclan amor y muerte, como vida y renacimiento, un ideal tradicionalmente presente en la religiosidad india, en donde las pasiones rompen tabúes (especialmente de casta). Es una historia, además, de los deseos inalcanzables, de la lucha por la justicia, tan precaria entre sectores sociales menos favorecidos, y una de las mayores preocupaciones de la autora; del dolor causado por la pérdida de la inocencia, del peso e influencia del pasado y todas las variables posibles de un presente multifocal. Nos encontramos con una obra en la que no existe un desarrollo lineal de la trama, sino que se nos conduce por vericuetos en los que los diferentes acontecimientos y sucesos discurren por medio de constantes cambios de orientación, de focalización. En este sentido, el presente y el pasado se suceden y alternan, se enlazan por que son una misma cosa, a pesar de los cambios. Un tema recurrente en la narración lo conforman el sistema de castas, sus particularidades y pervivencias. Se señala cómo las múltiples castas de India todavía permanecen, son renuentes a desaparecer a pesar de los embates de la modernidad y de su marcado tono de injusticia social. En este sentido, parece haber una velada denuncia, aunque también resignada aceptación, de la persistente influencia británica, aunque ya empieza a quedar lejana la definitiva retirada del Imperio, y la menos velada muestra de las diferencias económicas entre grupos, el contraste entre la riqueza de unos pocos potentados al lado y frente a la impresionante miseria de muchos pobres, de cualquier edad o sexo. Finalmente, la novela retrata, de modo interconectado con lo anteriormente señalado, la presencia de amores socialmente posibles y lícitos enfrentados a los considerados imposibles, tradicional y religiosamente sacrílegos.
Esta novela, y quizá de ahí su peculiar título, rememora los paisajes delicados, vibrantes, a veces efímeros o impermanentes (muy al estilo budista y la estética hindú), que son una singular mezcla de naturaleza y civilización, y nos muestra la belleza de cada minúsculo y detallado, pero significativo momento, de una vida. Los personajes viven, respiran, actúan nítidamente, casi se sienten. En fin, estamos ante una novela que presenta historias amorosas que no siempre pueden, ni deben ser; ante un relato que hace hincapié en esas pequeñas cosas, detallados aspectos y situaciones que hacen vivir, que son, de hecho, las que merecen la pena ser vividas, experimentadas, sentidas.

Julio López Saco
Enero del 2009

23 de enero de 2009

Escritura en la antigüedad oriental II


La primera imagen corresponde a unas inscripciones del período elamita, datadas en torno a 1340 a.n.e., en tanto que la segunda se refiere a una inscripción cuneiforme y a un amuleto en serpentina verde en el que se representa a la diosa Lamasthu. Fue hallada en Babilonia, y su cronología se ubica en torno al 1800 a.C.

Prof. Julio López Saco

Escritura en la antigüedad oriental


La primera imagen corresponde a una tablilla administrativa, en cuneiforme, de Jemdet Nasr, datada entre 3100-2900 a.C. La segunda ilustración es también una tablilla administrativa que muestra animales y una figura masculina. Su cronología es 3100-2900 a.C., y fue hallada en Jemdet Nasr.
Prof. Julio López Saco

21 de enero de 2009

Escultura y pintura budista en China II







La primera de las imágenes de esta segunda parte de la escultura y pintura budista en China corresponde a un texto de esta doctrina, concretamente el Sutra del Diamante, que fue impreso en el año 868. Es de época Tang; la segunda imagen corresponde a una pintura de dos patriarcas budistas armonizando sus mentes, una obra pintada por Shi Ke, del período de las Cinco Dinastías; la tercera es la estatua de un arhat o santo budista. Es del período de los Xia Occidentales; finalmente, presentamos la imagen de un Buda de colores, de época de los Qi Septentrionales.
Prof. Julio López Saco



Escultura y pintura budista en China







La primera ilustración corresponde a un bodhisattva de las grutas de Mogao, en Dunhuang; la segunda imagen es la de otro bodhisattva que, en esta ocasión, enseña el camino al paraíso a una mujer noble fallecida. Pertenece al período de las Cinco Dinastías. La tercera fotografía corresponde al famoso y muy visitado Buda de Leshan, realizado en época dinástica Tang; finalmente, la cuarta imagen es la de otro ejemplo de escultura monumental budista en China, en este caso concreto, el Buda de las cuevas de Yungang, de época de los Wei Septentrionales.
Prof. Julio López Saco



19 de enero de 2009

Arte de las nacionalidades en China


La primera ilustración es una jarra de plata con diseño de figuras legendarias, de nacionalidad Dai. La segunda imagen corresponde a un barco de pesca con diseños pintados. Es de nacionalidad o de la minoría étnica Gaoshan.
Prof. Julio López Saco

14 de enero de 2009

India y el cine: Satyajit Ray

Queremos informar de la próxima apertura de la Cátedra Libre de India Siglo XXI, convenio entre la Embajada de India en Caracas y la Universidad Central de Venezuela. El coordinador general de dicha cátedra será quien suscribe. Uno de los eventos que queremos realizar el próximo semestre, muy probablemente durante el año en curso, es un cine-foro sobre la India rural y costumbrista a través de las obras del mayor cineasta indio: Satyajit Ray. Presentamos a continuación un adelanto.
India profunda en época del Raj*
Satyajit Ray: la trilogía de Apu
Julio López Saco



Nacido en Calcuta en 1921 y fallecido en 1992, este director, guionista y compositor indio creció y bebió en un ambiente cultural, porque su padre, llamado Sukumar Ray, se destacó en la literatura bengalí. Con formación pictórica (se inició como ilustrador y director de arte de una agencia publicitaria) y economista de profesión, fue crítico de cine y profesor universitario en la Universidad Tagore de Viswa-Bharati. La situación colonial de su país y una desahogada coyuntura económica en su casa le posibilitaron visionar películas de toda procedencia, tanto de Europa como de América del norte. Su formación políglota y su asimilación de las realidades y tradiciones locales serían fundamentales en su filmografía, en ocasiones muy costumbrista.

Su obra fílmica es una profunda mirada socio-cultural de la India y una constante evocación retratística de la vida en su país. Sus modos narrativos se despliegan desde una perspectiva individual con significativas influencias de Jean Renoir (que había llegado a Calcuta para filmar El Río) y del neorrealismo italiano. Fue fundador de la Calcuta Film Society a fines de los años cuarenta. Su primer largometraje fue Pather Panchali o La canción del camino, de 1955 (rodada con actores no profesionales y vencedora en el festival de Cannes), con el que da inicio a su trilogía sobre la vida del joven Apu, que es completada en los años siguientes con Aparajito o el Invencible (1956, ganadora en el Festival de cine de Venecia), y con Apur Sansar o El mundo de Apu, de 1959. En 1981, su obra su obra fue objeto de una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva Cork, y no mucho antes de su muerte la Academia Cinematográfica de Hollywood le concedió un Oscar honorífico por el conjunto y prestigio de su obra. Podemos catalogar a Satyajit Ray como el verdadero padre del cine indio.

Otras obras de Ray, dentro de un conjunto de más de una veintena largometrajes, varios documentales y cortos, desde los años cincuenta hasta 1984, son Tagore, de 1961, La Gran Ciudad, de 1963, Un Trueno Lejano, de 1973, ganadora en el Festival de Berlín de ese año, Los Jugadores de Ajedrez, de 1977, La Entrega, de 1981, donde trata los importantes problemas nacionales de las castas, y su último film, titulado El mundo de Bimala, de 1984.

Basada en la obra cumbre de la literatura bengalí de Bibhutibhusan Bandopadhyay, publicada en 1928 (una novela de formación que desarrolla la personalidad social, psicológica y moral de los protagonistas), la trilogía nos presenta, en un realismo lírico excepcional, y teniendo como eje el desarrollo vital de Apu, la cotidianidad, plena de sinsabores, desgracias y penalidades, de una familia rural bengalí y su traslado a la ciudad, primero a Benarés (Varanasi) y luego a Calcuta (Kolkata). En Pather Panchali, se nos muestra la infancia de Apu en la Bengala rural, en concreto en la localidad de Nischindipur, durante los años 20 del pasado siglo.Su padre, Harihar, es un sacerdote seglar y poeta, pero apenas gana para el sustento de la familia, mientras que su madre Sarbajaya se dedica a cuidar a sus hijos (Durga y Apu). En Aparajito se desarrolla el tema de las ambiciones del joven Apu frente al egoísmo amoroso y excesivamente protector de su madre. Se nos muestra la educación del muchacho en una escuela rural y en un instituto de Calcuta. En el Mundo de Apu se narra la difícil vida de un desempleado Apu en Calcuta, su matrimonio con Aparna (que muere prematuramente), su paternidad y sus deseos de escribir una novela basada en su propia vida. La película termina con el reconocimiento de padre e hijo como amigos y con la posibilidad abierta de comenzar una nueva vida juntos.

*Nos referimos al período de la administración colonial británica de todo el subcontinente, época que abarca desde mediados del siglo XIX, cuando la Compañía de las Indias Orientales cede el gobierno a la Corona inglesa, hasta 1947, momento de la independencia y la separación entre Pakistán e India.


Julio López Saco
Enero 2009