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26 de septiembre de 2005

Otros textos II

TEXTOS
Julio López Saco



“… Esta concepción traduce muy precisamente la forma en que el hombre griego experimenta su propia situación como ciudadano, después de que las luchas sociales permitan el nacimiento de la polis y antes de que los nuevos conflictos de clase lleguen a desunirla. El hombre arcaico se evadía de la temporalidad imitando una esencia sagrada que se elevaba por encima del tiempo; al reconocerse en una ciudad que existe en el devenir, el ciudadano adquiere su ser temporal y conquista su cualidad de agente histórico. ( … ). La libertad, en el sentido de posibilidad efectiva de actuar, revela su doble cara en la polis: gracias al estatuto político puede existir y se diluye la fatalidad reguladora de la existencia del miembro del genos; pero a la vez, puesto que ésta es política, no puede ser más que la expresión de una voluntad más general, determinada ella misma por una situación histórica. El hombre, al conquistar su efectividad en el devenir sensible y profano, debe admitir también las determinaciones de este devenir, presentes para él bajo los aspectos de una situación histórica real”.


Chatelet, F., El nacimiento de la historia, edit. Siglo XXI, México, 1979, pp. 54 y 55.

TEXTOS


“ ( … ) La fase embrionaria es un período muy importante: es el momento en que se forman y dividen las células nerviosas. En los chimpancés dura dos semanas, mientras que en el hombre se prolonga durante ocho. Resultado: las neuronas del hombre son entre dos y tres veces más numerosas que las del chimpancé, y la capacidad craneana del hombre es considerablemente más grande que la del chimpancé. Curiosamente, el período fetal apenas dura más en el hombre que en el chimpancé: nueve meses frente a ocho. ¿ La razón ?. Si el crecimiento del feto se prolongara más en el hombre, la cabeza alcanzaría un tamaño incompatible con un parto en buenas condiciones ( … ). Resulta interesante constatar que el crecimiento del feto se hace claramente más lento entre la trigésima y la cuadragésima semana, para proseguir, después del nacimiento, a un ritmo idéntico al que había tenido al principio de la gestación. El nacimiento marca el inicio del período lacteal ( durante el que aparecen los dientes de leche ), que es considerablemente más largo: dura hasta los 6 años en el hombre, mientras que en el chimpancé se detiene a los 3 … “.


Thomas, H; Nuestros Orígenes, edit. Temas de Hoy, Madrid, 1998, pp. 142-143.

TEXTOS


“Los impresionantes conjuntos como Altamira, Ekain o Tito Bustillo nos demuestran que nos encontramos con grupos humanos en los que la percepción del entorno alcanza cotas muy elevadas, tanto que su conocimiento a finales del siglo XIX fue recibido con cierto escepticismo. A la hora de presentar una visión del entorno de los autores de esta faceta artística, vamos a dividirnos en dos campos, por un lado el entorno económico, y posteriormente el entorno “cultural” ( … ). En cierto modo es obvio reconocer en el arte rupestre paleolítico el arte de comunidades de cazadores. Sin embargo, estudios recientes sobre pueblos con economía de acumulación, no productores, han criticado la importancia de la caza en comparación con la recolección de productos vegetales. Tales estudios indican que comunidades como los bosquimanos kung o los yanomamis dependen para su supervivencia de los recursos vegetales. Sin embargo la aplicación a las comunidades del Paleolítico Superior de la zona templada o subsolar presenta como inconveniente la escasez de recursos vegetales en estas áreas ( … ) en la zona templada el bosque caducifolio no presenta frutos de gran tamaño ( … ). Si consideramos el arte como una trasposición del mundo tal y como lo percibían los grupos paleolíticos, veremos que animales como el bisonte o el caballo pueden representar realidades más importantes en el mundo social que en el económico, de forma que sus representaciones tenderán a ser más importantes cualitativamente que cuantitativamente ( … ). Durante el Paleolítico Inferior y Medio, las sociedades humanas desarrollaron procesos de control social orientados a su propia supervivencia como grupos. En el siguiente estadio, los procesos de control social se desarrollan. La plasmación externa es el arte, que presenta los conceptos que son propios del grupo cultural. Progresivamente al arte se considera como una forma de comunicación en el que si bien desconocemos el mensaje, sí parece que podemos conocer el medio. La distancia cultural que nos separa de los grupos paleolíticos no es sólo cronológica, sino conceptual”.


Bernardo de Quirós, F., “El mundo del arte rupestre paleolítico”, en Arte Rupestre en España, Zugarto edic., Madrid, 1987, pp. 22-27.

Otros textos

TEXTOS
Julio López Saco


“La desecación progresiva de algunas regiones del Oriente Próximo habría provocado la desaparición de algunas especies cazadas hasta entonces, de la misma manera que habría motivado la concentración de los restantes animales, plantas y del propio ser humano en los entornos húmedos aún agradables, es decir, en los oasis, aprendiendo allí a convivir y a tener un conocimiento más profundo de su comportamiento biológico...”


Cerdeño, M.L., El Neolítico, Hist. 16, Madrid, 1995, p. 8


“Él ( Gilgamesh ) edificó los muros de Uruk, la bien cercada, y el santuario puro del sagrado Eanna. Contempla su muralla exterior, que parece hecha de bronce. Mira sus paredes internas, que no tienen rival ( ... ). Acércate al Eanna, la morada de Ishtar, que ningún rey venidero, ningún hombre, igualarán jamás. Sube y paséate por las murallas de Uruk. Inspecciona su base ... “.


Lara Peinado, F., Poema de Gilgamesh, Madrid, 1988, p. 104
TEXTOS


“...Bernheim da la siguiente definición: “Historia es la ciencia de la evolución del hombre considerado como ser social”. Bauer, define así: “Historia es la ciencia que intenta describir y explicar, volviendo a vivirlos, los fenómenos de la vida en aquello en que se trata de los cambios que las relaciones de los hombres con las diversas colectividades sociales llevan consigo, seleccionándolos desde el punto de vista de su influencia sobre los tiempos posteriores o con respecto a sus cualidades típicas y concentrando la atención, fundamentalmente, en aquellos cambios que no pueden volver a repetirse en el tiempo ni en el espacio”.
Apenas hace falta recordar que la palabra “historia”, entendida prima facie, indica, 1. algo que ha acaecido, 2. el relato de algo que acaeció, 3. la ciencia que se esfuerza en relatar lo acaecido. No será arbitrario afirmar que en el lenguaje general la palabra historia suele emplearse en el segundo de estos tres sentidos. El griego istoria significa etimológicamente, “aquello que llega a saberse preguntando”, y se halla, por tanto, ya de suyo, más cerca de la acepción “ciencia” o “saber”. Apliquemos la definición de Bernheim o la de Bauer a Herodoto, a Gregorio de Tours, a Joinville, a Villani, a Michelet, a Macaulay, y nos será difícil reprimir un cierto sentimiento de desasosiego. Para mantener en pie la definición nos vemos obligados a establecer una funesta e imposible separación entre la modalidad de describir Historia, la de investigarla y la de considerarla, y después arrojar de la casa de la ciencia a la historiografía de tiempos anteriores. Y si, por último, alguien saca de esto la conclusión de que tiene que ser así porque la historiografía es en realidad un arte, la confusión conceptual será ya completa”.


Huizinga, J., El concepto de la historia, F.C.E., México, 1980.
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“Toda tradición inspira un respeto muy particular y ese respeto se comunica necesariamente a su objeto, sea éste real o ideal. Esta es la razón de que sintamos algo augusto que los pone aparte en esos seres cuya existencia o cuya naturaleza nos enseñan y describen los dogmas. La manera especial en que aprendemos a conocerlos los separa de lo que conocemos por los procedimientos comunes de las representaciones empíricas. He aquí el origen de la división de las cosas que está en la base de toda organización religiosa (...). Este elemento de la definición tiene por finalidad diferenciar lo religioso de otros posibles hechos sociales (jurídico-morales, creencias comunes laicas). La religión no es exclusivamente ni una filosofía obligatoria ni una disciplina práctica: es lo uno y lo otro a la vez. En ella, el pensamiento y la acción se encuentran estrechamente unidos, hasta el punto de ser inseparables. Se establece que las creencias colectivas laicas son, en cierta medida, indiferenciables de las creencias propiamente religiosas, pero se trata de una fe a la que no corresponde un culto (...). No se traducen con la misma necesidad en un sistema de prácticas obligatorias”.


Durkheim, E., Las formas elementales de la vida religiosa, Madrid, 1982. Estudio
Preliminar de Ramón Ramos, pp. XI y XII.
TEXTOS


“Como esta circunstancia se repitió en diversas ocasiones, finalmente Darío se vio en una situación crítica; y, al percatarse de ello, los reyes de los escitas despacharon un heraldo para que llevase a Darío unos presentes consistentes en un pájaro, un ratón, una rana y cinco flechas. Entonces los persas preguntaron al portador de los presentes cuál era el significado de los mismos, pero el hombre respondió que no se le había dado más encargo que entregarlos y regresar cuanto antes, e instó a que fueran los persas quienes, si eran inteligentes, interpretasen por su cuenta lo que querían decir aquellos presentes. Al oír estas palabras, los persas se pusieron a deliberar sobre el caso.
Pues bien, la opinión de Darío era que los escitas se rendían, entregándole de paso la tierra y el agua; y basaba su interpretación en el hecho de que el ratón vive en la tierra y se alimenta de los mismos productos que el hombre, que la rana vive en el agua, que el pájaro se parece extraordinariamente al caballo y en que entregaban las flechas en representación de sus armas. Esta fue la interpretación que propuso Darío. Sin embargo, a dicha interpretación se opuso la de Gobias, ya que, a su juicio, los presentes querían decir “Persas, si no os convertís en pájaros para remontaros al cielo, o en ratones para esconderos bajo tierra, o en ranas para zambulliros en las charcas, no regresaréis a vuestra patria, pues seréis atravesados por estos dardos” “.

Herodoto, Historias, IV, 110 y ss.
TEXTOS

“En el ámbito de la Arqueología prehistórica van iluminándose los contornos de las culturas cuyo enlace y sucesión, objeto a veces de rectificaciones, adquiere paulatinamente más elementos de seguridad y mayor eficacia. Cada día, no obstante, el auténtico prehistoriador es más parco en sus conclusiones y más cauto en la solución de los problemas de su estudio, ya que cuando no se poseen todos los elementos de juicio – y todavía la tierra custodia muchos – lo más científico no es la afirmación categórica, sino el planteamiento de la duda incitante. Lógica posición mental además, porque la posesión de los medios necesarios a la argumentación arqueológica sólo se da en la medida en que se pretendan las conclusiones. (...) Sin planteamientos de primacías, que nada resuelven ni sirven a fines científicos, no cabe ignorar la trascendencia de la edad de la Piedra Nueva... Y el hombre, tras una crisis, total, aunque no catastrófica, cambia su vida sobre la tierra con un alcance en lo material que la Arqueología ha puntualizado suficientemente y cuyos hitos pudieran ser: la economía agrícola y por ende el sedentarismo; la domesticación de animales; la vida social de la cerámica. Del neolítico se ha podido decir: “la plus grande revolution sociale de tous les temps s’accomplit”. Y en esto reside la grandeza del momento que no debe empequeñecerse con cuestiones terminológicas, aunque en las aguas del tiempo de transición, ya agitadas de por sí, vengan a entrecruzarse las ondas culturales que irradian los primeros centros agricultores y metalíferos. (...) Hay predominio de supervivencias; pero se inicia el germen de la nueva edad y éste y no aquéllas debe dar el nombre al nuevo período. Pero como la transición al Neolítico no se produce como desarrollo evolutivo que explique todos los cambios, debemos comprender bajo la denominación de Mesolítico todas aquellas culturas que aparecen después del Paleolítico y antes del Neolítico pleno...”

San Valero, Julián, “Consideraciones metodológicas para el estudio del Neolítico”, Crónica del II Congreso Arqueológico del Sudeste Español, Albacete, 1956.