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4 de mayo de 2021

Origen, formación y consolidación del antiguo Estado de Yamato en Japón



Imágenes: mapa del área de Yamato y línea sucesoria imperial Yamato (desde el siglo I a.e.c. a finales del siglo IV).

A finales del siglo IV comenzaron a construirse grandes túmulos funerarios, denominados kofun. Estos túmulos, con sus abundantes y preciados bienes sepulcrales señalan que fue en esta época cuando surgió en la región de Yamato un poder central poderoso y próspero capaz de movilizar una gran cantidad de población a su servicio. El nuevo Estado unificador estaba encabezado por un rey, Ókimi, el principal jefe entre los jefes tribales (kimi). Sometiendo a los demás, el rey señalaba en cada kuni sometido un territorio bajo su dominio directo, otorgando objetos de bronce, espejos y espadas principalmente, que simbolizaban la subyugación pero también un reconocimiento del poder local.

En el siguiente siglo los reyes de Wa aparecen citados en las fuentes chinas. La Crónica de Song menciona cinco reyes de Wa que tributaron a la dinastía meridional de China. Se trata de San, Chin, Sai, Kó y Bu, quienes corresponderían a los monarcas que en la Crónica de Japón o Kojiki serían conocidos como los tennó Nintoku, Hanzei, Ninkyó, Ankó y Buretsu. Eran reconocidos como soberanos de Wa por medio del otorgamiento de un título militar (Pacificador) de un territorio, desde la óptica china, bárbaro, territorio que incluía regiones del sur de Corea.

En esta misma época, aparecen en la península de Corea, con notable influencia política y cultural de China, tres reinos, llamados, respectivamente, Paekche, Silla y Koguryó. El estado de Yamato mantenía contactos tanto con Silla como con Paekche, además de un grupo de reinos meridionales de menor tamaño que recibe el nombre de Kaya. Estos Estados coreanos se aliaban en ocasiones, pero otras veces luchaban entre sí, buscando apoyo de uno u otro reino chino, además de Wa. El rey de Wa contaba con Mimana, un pequeño territorio colonial en Kaya, bajo su control, como base de operaciones comerciales. Sería abandonada en 562 debido a las arremetidas de Silla.

Las continuas guerras en China y Corea causaron que muchos refugiados llegaran al archipiélago japonés. Algunos eran miembros de casas reinantes o incluso nobles protegidos por los reyes de Wa, si bien la mayoría era gente trabajadora que traía nuevas tecnologías en distintos oficios. Se asentaron en diferentes regiones como colonos agrícolas o formando comunidades de artesanos, con gremios que servirían al palacio real o a los jefes y clanes dominantes. Se trataba de herreros, tejedores, músicos o escribas. Este aporte de nuevos inmigrantes desde China y Corea fue esencial para desarrollo agrícola y artesanal además de serlo para el establecimiento de un marco institucional por parte del Estado de Yamato. Por supuesto, fueron el soberano y los nobles de la corte, formada por los clanes dominantes, los que dispusieron de tales novedosas tecnologías. No obstante, al tiempo repartían arados o telas de seda, cuya producción había sido estimulada con la intención de abonar tributos, a los jefes de los clanes subordinados como retribución por la lealtad mostrada en forma de tributación o servicios personales. Tal vez el principal aporte de estos inmigrantes a la consolidación del Estado haya sido la introducción de la escritura china, aunque también fueron de extrema relevancia artes de gobierno, como las leyes, los rituales o el propio marco institucional, factores que coadyuvaron al reforzamiento de la concentración de poder bajo la hegemonía de Yamato.

El gran monarca, a la vez jefe político y religioso, otorgaba kabane o títulos (kimi, omi, atae, muraji) a los jefes de clanes para así garantizar el poder e influencia de los mismos en un específico territorio, todo ello a cambio de la subordinación a su poder y del pago de tributos. Los jefes de los clanes más destacados, como Ótomo, Soga o Mononobe, así como ciertos nobles originarios del continente y Corea, como los Hata, constituían la corte del soberano, participando directamente en el gobierno, en tanto que los jefes de clanes menores y los inmigrantes desempeñaban funciones de gobierno diversas y ejercían oficios que beneficiaban a la corte, del tipo escribas, guardianes, músicos, danzantes para los rituales y ceremonias o los artesanos.

Los jefes de clanes de las regiones subyugadas eran responsables del gobierno local bajo cuyo dominio estaban las comunidades agrícolas sedentarias originariamente Yayoi, además de las colonias de inmigrantes. Existían esclavos domésticos, que procedían del botín de guerra, los castigos por fechorías o las deudas. Pertenecían a la corte del rey y a los jefes de los clanes principales. Esta primaria y más antigua organización del Estado Yamato, vagamente centralizada todavía, recibe el nombre de Régimen de Clanes y Títulos Shiseisei.

A la par que el gobierno de Yamato fortalecía su organización centralizadora, mantenía una constante conquista de poblaciones no sometidas, caso de los hayato, los kumaso y los emishi. La expansión del poder de Wa en Yamato requirió la adopción de una organización gubernamental compleja, además de una ideología que pudiese legitimar el poder central y el mantenimiento del orden. De este modo, se introdujeron varias artes auxiliares de gobierno, como el calendario, la adivinación, la astrología y, sobre todo, los mitos y crónicas. Todo ello se asentaba en corrientes filosóficas y religiosas originarias de China, taoísmo y confucianismo, así como de India, el budismo.

A lo largo del dilatado período en el que se produjo el surgimiento y la consolidación del Estado Yamato fueron muy frecuentes las guerras intestinas por las rivalidades entre los principales clanes, así como debido a las habituales rebeliones de los muchos poderes locales. Estos conflictos se asociaban con los nexos que uno u otro de tales clanes establecían, dentro del Estado Yamato, con uno u otro de los Estados coreanos.

La manera de garantizar la continuidad del régimen y la legitimidad de la autoridad de Yamato, era establecer una sucesión hereditaria, incluyendo las mujeres. En 592 accede al trono la monarca Suiko, bajo cuya iniciativa se organizaron medidas para alcanzar una mayor institucionalidad del gobierno. A través de las mismas se abonó el terreno para introducir de modo sistemático aspectos culturales de la civilización china a lo largo de la siguiente centuria. Se establecieron una docena de rangos de nobleza y se adoptó un Precepto Ético para ministros y funcionarios con la intención de procurar el buen gobierno, cimentado en la armonía y la bondad.

Mientras, a fines del siglo VI, en China se restablece el Imperio de la mano de los dinastas Sui. El príncipe Shótoku envió, en 607, una misión para entablar relaciones oficiales con Sui. La misión diplomática fue encabezada por Onono Imoko, e incluía estudiantes y monjes, que a su vuelta vendrían empapados de conocimientos sobre las instituciones, el modo de enseñar y las artes. Shótoku se dirigió al emperador de Sui en términos igualitarios, pero según la filosofía política china, el Mandato del Cielo únicamente puede recaer en una persona (no puede haber dos Hijos del Cielo). En vista de ese inconveniente, en Japón se adoptó el título de Emperador del Cielo (tennó), pronunciado sumeragi. Desde ese momento, se emplearon los caracteres nippon (Sol saliente) para designar la denominación del país, conocido hasta ese instante y según la costumbre, como Wa.

Al fallecer Shótoku, el clan Soga acrecentó su influencia política en el gobierno, pero los opositores a Soga se unificaron alrededor del príncipe Nakano-óe y Nakatomi-no-Ka-matari (luego Fujiwara-no-Kamatari), quienes matarían a los líderes del clan Soga, declarando en 645, el inicio de una nueva política, que adoptaba de forma sistemática elementos de la cultura china. Nakano-óe (sumeragi o tennó Tenji) establecerá los cuatro principios de la Renovación, el establecimiento del dominio público sobre la tierra y la población con la consiguiente abolición del dominio privado por los clanes poderosos y el linaje real; la organización del gobierno central y local siguiendo el modelo chino adaptado ya en Corea; un sistema de asignación de la tierra a la población según edad, sexo y estatus y; un sistema de tributación en especie y servicio personal a la población según sexo y edad.

El tennó Tenji fortalecerá el Estado a través de un código, llamado Omirei. Además registrará a toda la población. A su muerte en 672, hubo un conflicto por la sucesión entre sus dos vástagos, el príncipe Ótomo y el príncipe Oama. Este último ocupó el trono, pasando a llamarse, en la crónica oficial, tennó Tenmu. Su política tendió hacia la consolidación del régimen centralizado al estilo de los Tang en China. Crea el Código de Asuka-Kiyomihara, base del posterior Código Taihó de 701. Ahora, el Emperador del Cielo gobernaba directamente tomando decisiones políticas y militares en audiencias, además de presidir las ceremonias y ritos, que servían para certificar la unificación y la supremacía de su clan.

A partir de Tenmu y su sucesora, su viuda Jitó, se avanzó en la institucionalización del Estado al establecerse un gobierno central y local con un fuerte soporte burocrático. El país abarcaba gran parte del archipiélago japonés, aunque ajenos al proceso de integración del Estado centralizado, quedaron el norte de Honshü, Hokkaidó y las islas Ryükyü. El territorio unificado se dividió en seis regiones y Kinai, la región central donde se ubicaría la capital según el ideal chino (en Heijó). Cada región se dividió en provincias (kuni), cada provincia, en condados, cada condado, en comunidades y, finalmente, cada comunidad, en ko, unidades domésticas básicas.

En fin, en el proceso de consolidación del Estado centralizado, además de la influencia de la filosofía política china (el legalismo) y la ideología social del confucianismo, el budismo  también desplegó un rol crucial en virtud de su carácter universalista y transcendental, sobre todo el de la corriente Mahayana.

La crónicas oficiales, la Crónica antigua (Kojiki), escrita en japonés, en 712, siguiendo la narración de Hieda no Are, así como la Crónica de Japón (Nihonshoki), en chino (720), a partir del modelo chino de crónicas dinásticas, tuvieron como referencia las crónicas anteriores de monarcas y jefes de los kuni más fuertes. A ellas se suma, asimismo, un registro descriptivo de cada provincia (Fudoki). A través de la oficialidad de las crónicas y los registros descriptivos, el gobierno del tennó unificó la visión histórica alrededor del origen mítico del gobernante y la genealogía de los clanes. Todo ello se hizo con el claro objetivo de legitimar, justificándolo, el poder y el ordenamiento existente. Los mitos recogidos en Kojiki apuntan que la Gran Diosa que Ilumina al Cielo (Amaterasu) descendió para gobernar las islas japonesas, fundándose así el linaje de la monarquía japonesa de los tennó. Una vez que esto ocurre, el Kojiki pasa de la Edad de los dioses a la de los Hombres divinos. Aun mitológica y no histórica, se comienzan a reflejar ciertos hechos históricos reales. La historia de la pacificación de las arañas de tierra por Jinmu, primer tennó mitológico, parece recrear el proceso de conquista de las tribus locales por el poder emergente de Yamato.

A partir de la práctica establecida por el rey de Yamato, el tennó conservó las funciones religiosas tradicionales, relacionadas a la ritualidad agrícola anual. La principal diferencia entre el régimen de tennó y el sistema imperial chino se halla en la concepción mágico-religiosa del poder regio. Mientras el emperador chino es un mortal virtuoso que recibe el Mandato del Cielo para poder gobernar, el tennó es el sumo sacerdote que preside los ritos del Estado además de la encarnación del espíritu ancestral de los tennó. Finalmente, el culto a los dioses múltiples (kami), fue institucionalizado y jerarquizado, integrándose al sintoísmo, sistema cultual oficial comandado por la deidad solar Amaterasu-ómikami, considerada, desde entonces, el ancestro mitológico del linaje del tennó, del emperador.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, mayo, 2021.


22 de julio de 2020

Vídeos (X): Toponimia básica. Ciudades, villas y pueblos del noroeste


Amigas, amigos, colegas, estudiantes y seguidores. Cordial saludo. Décima entrega, y última, de la serie que hemos venido llamando Toponimia básica de Ciudades, villas y pueblos del noroeste (peninsular). Con este vídeo ponemos fin a la serie, en la que se han analizado 87 topónimos cuyo origen etimológico es mozárabe, celta, preindoeuropeo o romance latino. Además, se han mencionado otras trece o catorce localidades, lo que da un total de más de cien ejemplos ilustrados. Como siempre, deseo que pueda ser de utilidad o de interés para alguien. Comentarios y críticas serán bien recibidos. Saludo cordial, J.L.S. 

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, julio 2020. 

14 de julio de 2020

Vídeos (IX): Toponimia básica de Ciudades, villas y pueblos del noroeste


Amigas, amigos, lectores, estudiantes, colegas. Noveno vídeo, penúltimo, de la serie Toponimia básica. Ciudades, villas y pueblos del Noroeste (peninsular), que trata de analizar algunos ejemplos referidos a la etimología de ciertos topónimos de este espacio geográfico hispano. En esta oportunidad, ejemplos escogidos de topónimos que inician con las letras T y V. Se ha optado por hacerlo en un nuevo escenario, concretamente en en tierras portuguesas. Espero pueda ser de interés, utilidad o de distracción para alguien. Cualquier comentario será bien recibido y contestado debidamente. Cordial saludo. J.L.S.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, julio del 2020. 

8 de julio de 2020

Vídeos (VIII): Toponimia básica de Ciudades, villas y pueblos del Noroeste


Amigas, amigos, compañeros, estudiantes, colegas: saludo cordial. Octavo vídeo (de diez en total) de la serie Toponimia básica. Ciudades, villas y pueblos del Noroeste (peninsular). Es la hora de algunas poblaciones, de mayor o menor extensión, cuya denominación comienza con las letras Q, R y S. Como es habitual, será una satisfacción si le sirve de ayuda, interés o hasta de inspiración para hacer algo mejor, a alguna persona interesada en el tema, directa o indirectamente. Comentarios de cualquier tipo, críticos o no, serán siempre bienvenidos y contestados en la medida de las posibilidades. Gracias. Saludo cordial. 

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, julio, 2020.

2 de marzo de 2019

Historias del mito (I): enseñanza, aprendizaje y ejemplo


Uno. ¿Por qué hay que estudiar los mitos o leer los clásicos y para qué hacerlo (y no solamente los occidentales)?. Interrogante nada retórico que pulula en la mente de algunos (afortunadamente no demasiados) estudiantes, de esos que aborrecen (por ignorancia crasa) el latín, el griego o la filosofía, alentados por los febriles mercados de trabajo de futuro, centrados en más de un 95% en especializaciones tecnológicas. Será que soy uno de los últimos, y abatidos, románticos. Un par de míseros ejemplos de los muchísimos que se podrían ofrecer. Algunos saben que la Eneida, al margen de sus virtudes como poema épico, fue una obra empleada para explicar la historia romana. Gracias a un buen número de sus elementos (formales, técnicos) la obra fue reconocida y valorada en todos los tiempos, lo cual la ubica en alta estima. De entrada, la gran cantidad de comentarios que surgieron a finales del imperio occidental habla por sí solo (el perdido de Elio Donato, el de Servio, el de Macrobio), estudios que condicionaron la imagen medieval de Virgilio. Y claro, la intensa (y extensa) pervivencia en la posteridad deja a las claras su potencial. Aparte del papel de guía para Dante en la Divina Comedia, fue una referencia modélica en el épica del Renacimiento (Torcuato Tasso, con Jerusalén Liberada;  Luis de Camões con Os Lusiadas; Alonso de Ercilla y su La Araucana; y el gran John Milton, con su Paraíso Perdido), pero también en Schiller y en T.S. Elliot. Pero no se queda en la literatura la influencia. Hay que destacar la relevancia de la Eneida en Dido y Eneas, ópera barroca inglesa de Henry Purcell; los conocidos motivos y episodios presentes en las artes plásticas (Tiépolo, con el Mercurio exhorta a Eneas a que parta de Cartago;  Barocci y su Eneas huye de Troya; P. da Cortona y la Venus que se le aparece a Eneas; Thomas Jones, con Paisaje con Dido y Eneas; Guercino y La muerte de Dido; van Dyck, con la célebre Venus en la fragua de vulcano; N. Poussin… ¿y qué decir de la Metamorfosis ovidiana, de ese poema épico-mitológico o épico-didáctico que humaniza el mito, de esa obra de mitos y leyendas, de transformaciones de héroes y dioses?. Su sensibilidad y potencia visualizadora repercutió en su posterior influjo, tanto en las artes plásticas como en el cine o la creación literaria. Baste recordar unos pocos nombres, tales como Botticelli, Rubens, Delacroix; Canova; su presencia en Chaucer, Dante, Ezra Pound o Christa Wolf. O la influencia musical en piezas operísticas de Monteverdi o su reelaboración cinematográfica en manos de realizadores como Pasolini o Woody Allen…y lo que restaría por decir.
Dos. La muerte está vinculada con el espacio. Es, incluso, un elemento de la representación de aquél. En la ciudad clásica griega la norma, como es bien sabido, era que no se enterrase a los fallecidos dentro de la misma, pero había algunas excepciones, como los niños (caso de Tarento, Esparta, Megara) y, sobre todo, una relevante categoría de personas, los héroes. Un héroe puede ser enterrado tanto en el ágora (Adrasto, Teseo y los fundadores de ciudades, como Temístocles en Magnesia, o Brasidas en Amphipolis), en las murallas y puertas de la ciudad (Etolo) o en las fronteras del país (Koribo, el célebre primer vencedor olímpico que menciona Píndaro). Son tres lugares equivalentes desde la óptica de la representación del territorio. En virtud de esto, se podría argumentar que la función principal de un cadáver objeto de tales honores era que montase guardia, defendiese el territorio y asegurara la victoria (como la osamenta de Orestes). El héroe vendría a ser, entonces, una suerte de figura metonímica del territorio. Pero todavía tenemos que sumar a estos los personajes enterrados en lugares secretos (caso peculiar el de Periandro, tirano de Corinto, o el menos renombrado de Edipo en Colono). El secreto de la sepultura  reforzaba la eficacia de la “protección”. El tirano Periandro (y hasta aquí quería llegar por motivos no tan oscuros como pudiera parecer para mentes sagaces) quería evitar la suerte que había corrido su sobrino Cípselos, cuya sepultura había sido violada después de su derrocamiento. Nicolás Damasceno cuenta que el pueblo arrojó su cadáver fuera de la frontera, dejándolo sin sepultura, violó las tumbas de sus antepasados y retiró las osamentas. No creo necesario advertir ese fuera de la frontera, lo que implica que el cadáver, lejos de ser benéfico, se vuelve una especie de pharmakós a expulsar, sin dilación, del territorio para siempre jamás.
Tres. El contraste tajante entre blanco y negro no existe ni en el mito ni en la vida. En ambos existen zonas grises, y no siempre resulta fácil, ni sencillo, distinguir el héroe del villano, ni siquiera en cualquier contienda, en donde a veces se blanquea al vencedor y se ennegrece al vencido. En consecuencia, hay grises en la realidad y blancos y negros en la ficción. El que gana puede ser el duplicado del oponente vencido. Veamos unos pocos casos. El odioso enemigo (léase en la mitología griega Pitón, Tifón o Medusa, por ejemplo) es un horripilante monstruo que se metamorfosea, envía pestes y plagas, asesina, masacra, viola, roba, secuestra o siembra todos los males habidos y por haber. Del mismo modo vale decir cosas semejantes del mismísimo Zeus, que también mora en cavernas, se transforma en toro o sierpe, lanza rayos destructores o envía tempestades, diluvios; encarcela y tortura o rapta doncellas. Incluso se concilia rastreramente con todos los dioses celestes para encerrar en una caja todos los males y enviarlos a los hombres. El elegante Apolo se transforma asimismo en serpiente, en lobo, en halcón; envía pestes sobre los hombres, usurpa templos o lanza destrucciones sobre los ejércitos aqueos. El héroe panhelénico por antonomasia, Heracles, es en ocasiones cruel, arbitrario y destructivo como ninguno. Asesina a Lino, su maestro de música, masacra a sus propios hijos obnubilado por una personificada Manía y se deja llevar de mortíferos ataques de ira (o de temperamento vehemente). Así pues, los héroes se transforman en villanos. ¿Y los villanos en héroes?. ¿Acaso es muy distinto el Tifón que asalta los cielos del Zeus que antes los toma por asalto también?; y ¿en dónde reside la diferencia entre Pitón que guarda Delfos y Apolo arrebatándoselo para guardarlo él mismo?. Hay figuras inversas y simétricas. Conviene no olvidarlo en todos los aspectos de la vida. Así, no resulta para muchos difícil moverse entre opuestos. En este sentido, se entiende esta retórica tan traumática: si uno es enemigo del régimen (pensemos en el que tenemos en mente), a la mejor distribución de los alimentos se le nombra como carestía, pero si por el contrario se es amigo, a tal carestía se la califica de mejor y más eficiente distribución. Dicho de otro modo, a veces se enfatiza la lujuria disoluta del Minotauro, mientras que los raptos, violaciones y seducciones de Zeus (por ser quien es) son debilidades perdonables, explicables y hasta divertidas que quedan en segundo plano.
Cuatro. En respuesta a una de las preguntas del rey Gylfi se le responde que la tierra es un gran círculo y que más allá se encuentra el Gran Mar. Los gigantes viven en la orilla de ese gran mar, pero se les impide entrar en otros lugares de la tierra gracias a un gran seto creado con las pestañas de Ymir, el gigante del hielo. Ese poderoso seto frontera es Midgard, recinto central o, como también lo llaman, la Tierra Media (Asgard, por su parte, sería el hogar de los dioses). Ese es el lugar en el que viven los humanos. Las primeras personas fueron creadas por Odín y sus dos hermanos (Vili y Ve) a partir de piezas de madera que encontraron a orillas del mar. Formaron un hombre con dicha madera y lo llamaron Ask; ensamblaron también una mujer y la llamaron Embla. Tanto Odín como sus hermanos entregaron regalos a esas personas recién creadas. El primero les dio vida, Vili consciencia y movimiento, mientras que el tercero voz, oído y vista. Si no fuera por esa bondad desinteresada de las deidades, la encorsetada rigidez de madera de los humanos seguiría muy presente, como de hecho lo está en más de uno. Cuando se creó el mundo, por su parte, la tierra se formó del cuerpo de Ymir. En su carne vivían criaturas que surgieron de la misma forma que lo hacen los gusanos en la carne en descomposición. Fue decisión divina, sentados en el templo de Gladsheim, que tales “seres” podían adoptar la forma y el raciocinio de los hombres, pero seguir habitando en la tierra y las rocas como viles reptiles. Es el origen de los enanos (más pequeños mental que físicamente).
Cinco. En Japón, desde la antigüedad, la serpiente ha sido venerada como deidad de montañas y ríos, de ahí que sea el espíritu de lagunas y pantanos. Al tiempo, se la ha respetado, hasta tiempos actuales, como protectora de los hogares. En los mitos del Kojiki un reptil gigantesco de ocho cabezas y el mismo número de colas fue derrotado por el héroe Susanoo (un encuentro que pareciera tener cierto eco con el de Heracles y la hidra de Lerna). Susanoo descendió a la tierra y allí encontró a un par de desolados ancianos que se lamentaban porque una sierpe se comía una tras otra a sus hijas, hasta que de ocho solamente les quedaba una. El héroe hizo que la serpiente bebiera gran cantidad de sake y luego la mató cuando estaba completamente ebria. Pero también este reptil se empleaba como representación del rencor, los celos, la avaricia y al obstinación. En el grabado de la imagen (Obstinación. Cien historias ilustradas, Katsushika Hokusai, en donde se aprecia a Hebi, la serpiente Yokai) se ve una serpiente, que simboliza un alma carcomida por los celos. Tras su muerte, no abandona el mundo y, en consecuencia, no alcanza el Paraíso a pesar de que, como se aprecia en la tablilla mortuoria, recibió un nombre póstumo budista y los monjes celebraban oficios para propiciar su descanso en paz. No en vano, la iconografía de la diosa de la fortuna Benzaiten (análoga a la Saraswati india) la muestra acompañada de una sierpe, sinónimo de “celos”. En un ámbito popular es muy famoso un reptil semi legendario llamado tsuchinoko, que chilla como un ratoncillo. Para terminar, no se puede dejar de mencionar la leyenda del monje Anchin y de Kiyohime, en el templo Dojoji de Wakayama. Anchin era un bonzo que estaba de peregrinación al templo de Kumano. Por el camino fue asaltado por la joven Kiyohime. Tuvo que prometerle que se casaría con ella a su regreso. Sin embargo, al final quiso escapar del compromiso. La joven, convertida en serpiente, lo persiguió sin descanso. Alcanzó al monje en el Dojoji, en donde se había escondido en el interior de una campana. Kiyohime, en realidad un espíritu del río, rodeó la campana con su cuerpo y lo quemó vivo en su interior.


Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, Braga. Marzo, 2019.

18 de septiembre de 2013

La literatura en el Egipto del Reino Medio y Nuevo

Fragmento 125 del famoso Libro de los Muertos


Durante el Reino Medio se escribía y hablaba el Egipcio Medio o Clásico, descendiente del Antiguo del Reino Antiguo. El Egipcio Medio es una lengua sobre todo literaria, de carácter sintético, que ayudaría a evolucionar la lengua egipcia hacia una lengua analítica. Como lengua hablada dejó de usarse ya en el Segundo Período Intermedio.
La literatura religiosa la conforman los llamados Textos de los Sarcófagos, aparecidos ya en el Primer Período Intermedio. Son un conjunto de fórmulas religiosas de extracción antigua a las que se les sumaron textos de diferentes procedencias y composición reciente. Además, existió una literatura mitológica en forma de relatos como el Cuento de Horus y Set. La literatura narrativa, por su parte, deriva de las autobiografías de finales del Reino Antiguo. Se dividieron en dos categorías: la Historia de Sinuhé y Narraciones Fantásticas. Estas últimas fueron antiguos relatos populares transmitidos oralmente hasta que en el Reino Medio se fijaron por escrito. Se destacan el Cuento del Náufrago, Historias del Rey Queope y Los Magos, así como las Historias del papiro Westcar. La literatura política es de tinte pesimista y de corte optimista. Se destacan las Enseñanzas de Amanemes I para su hijo Sesostris I; El Diálogo del Desengañado; Lamentaciones de Jajeperreseneb; y Canto del Arpista, en cuanto a las obras de tinte pesimista, e Instrucciones Lealistas de Ptahemdyehuti, Profecía de Neferti, Kemit y Aleccionamiento de Áctoes (sátira de los oficios), entre las optimistas.
Hasta la Dinastía XVIII la lengua escrita fue el Egipcio Clásico, lengua del Reino Medio. No obstante, la lengua hablada era ya el neo egipcio, evolución analítica del estado sintético de la lengua clásica. Este se impone a partir del período amarniense, siendo usado en textos populares administrativos y cotidianos, en tanto que el egipcio clásico quedó reservado a las inscripciones monumentales y los textos religiosos.
Se destacan en este momento las biografías, los anales reales y la obra denominada Aleccionamiento de Anii, ejercicio de literatura sapiencial. En la literatura neoegipcia se hacen referentes, esencialmente, los cuentos (Cuento de los Dos Hermanos, La Toma de Jope, El Príncipe Predestinado, La Disputa entre Horus y Set, Las Desventuras de Unamón, y otros), la épica (Poema de Pentaur), la literatura escolar y la sapiencial (Aleccionamiento de Amenope). Ahora, también se documenta un género particularmente egipcio, propio de la etapa ramésida: la poesía amatoria.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB