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20 de abril de 2009

Literatura antigua de Japón: Kojiki

Kojiki o Crónica de antiguos acontecimientos es una obra que narra las tradiciones nacionales japonesas desde la época mítica de los orígenes y las deidades hasta el reinado de la emperatriz Suiko (593-628). Como primer exponente de la conciencia histórica de Japón, es una obra literaria a caballo entre la literatura oral, anterior a la introducción de la escritura en el archipiélago japonés (realizada a fines del siglo IV, en vinculación con el reino coreano de Paekche), y la tradición escrita. Además de ser un recuento del origen de un pueblo, y un relicario de mitos y leyendas de los antiguos habitantes de Japón, es una obra sacra del sintoísmo. La vida, la muerte, los dioses, valores y creencias de un pueblo en sus albores históricos, son fundamentos de una visión sintoísta de las cosas que, a su vez, reflejan una estructura social. Esta literatura mitológica es una preciosa fuente para conocer la cotidianidad de la antigüedad japonesa y los componentes de la cultura más primitiva de Japón. En la obra se contemplan aditamentos postmíticos, en razón de necesidades políticas y reflexiones filosóficas. A través del Kojiki se confecciona un mito de origen celestial, de filiación directa con una divinidad creadora del Japón, y se eleva a la categoría de historia oficial. En el texto se teje una coherente red de tradiciones y mitos de las zonas sometidas, aliadas o sumisas al estado de Yamato, mostrando con ello la supremacía de este clan gobernante, que será la familia imperial. La línea mitológica de Yamato, así como la de la región de Izumo, se imbrican para, de esta manera, establecer a la primera con una posición jerárquica, con Amaterasu como divinidad solar, y fuente de legitimidad dinástica. En definitiva, se crea una mitología nacional, inspirada en las visiones cosmogónicas chinas taoístas, que se convierte en historia nacional. Kojiki es, en consecuencia, una fabricación artificiosa fabricada por los funcionarios cortesanos para legitimar el poder y ascendencia de la casa imperial. La obra se compone de tres libros temáticamente diferentes: la era de los dioses, la de los héroes y la época de los hombres. Esta última, históricamente relevante, abarca los acontecimientos ocurridos desde el reinado del emperador Nintoku (ca.395-427, uno de los “Cinco reyes de Wa” aludidos en la crónica china Song shu o Crónica de la dinastía Song, 420-479), hasta el de la mencionada Suiko.
Según el prólogo de Kojiki, Oo no Yasumaro escribió el texto a partir de la recitación de un empleado cortesano (toneri), de tiempos del mítico emperador Temmu, llamado Hieda no Are. Entre las fuentes perceptibles de Kojiki están las crónicas y anales de los soberanos y textos míticos sobre divinidades, como el Teiki, Linaje solar de los soberanos, el Senki o Crónicas anteriores, el Sendai Koji (Asuntos antiguos de pasadas épocas), el Honji o Asuntos fundamentales y el Koji o Asuntos del pasado. Entre sus fuentes orales estarían los Kataribe (relatadores de antiguos ritos y leyendas de la corte imperial). Los linajes de Kataribe cantaban y ofrecían sus relatos como un símbolo de lealtad y sumisión al soberano. En resumen, y en definitiva, Kojiki es la creación de una mitología genealógica, que legitima la soberanía de un clan dinástico, el del emperador legendario Temmu (Yamato), que remarca el derecho divino a gobernar un territorio de deidades, y que integra varios clanes, siguiendo una relación jerárquica, en una suerte de empresa histórica al total servicio del poder político.
La imagen que se muestra corresponde a una edición sobre papel en japonés antiguo del Kojiki, con glosas en chino, de Edo (Tokio), datado a comienzos del siglo XIX. Catalogado como MS 5327, muestra adiciones entre las columnas, en Kanji rojo.
Prof. Dr. Julio López Saco

5 de octubre de 2005

Textos. Mitos de Japón

TEXTOS
Japón
Julio López Saco


1 “Al principio había el caos, como un mar de aceite. De aquel primer caos surgió algo como el vástago de un junco. Resultó ser una deidad, y con él se generaron dos deidades llamadas dios-Productor de lo Alto y la diosa-Productora de lo Divino (...). tras una sucesión de generaciones y desapariciones espontáneas, pareció una pareja destinada a generar muchas cosas y dioses de gran importancia. Fueron el “Macho que invita” y la “Hembra que invita”. Descendieron de su morada por el “Puente Flotante del Cielo”. La deidad macho se deslizó a través del espacio con su espada y las gotas de agua salada de la punta de su espada se coagularon en un islote llamado Onokoro. Después aterrizaron allí y se casaron, y más tarde dieron la vuelta al islote en direcciones opuestas y se hallaron en el extremo más lejano”.


2 “La hermana mayor, la diosa-Sol, resplandecía en su apostura, dignificada con su atuendo, de carácter magnánimo y benigno, y brillaba gloriosamente en el cielo. Tenía a su cargo el gobierno de los cielos. Por otra parte, el hermano menor, el dios-Tormenta, tenía un aspecto oscuro, llevaba barba, era de carácter furioso e impetuoso, aunque su cuerpo mostraba una gran reciedumbre. El mar era el reino a él confiado. Mientras la diosa-sol cumplía sus deberes y se ocupaba en promocionar la vida y la luz, el dios-Tormenta descuidaba su reino y provocaba toda clase de alborotos y revueltas. Llorando y rabiando, en sus transportes de furor, destruía todo lo que ordenaba sensatamente su hermana, como los trabajos de irrigación de los arrozales, e incluso los lugares sagrados dispuestos para las fiestas de la nueva cosecha (...). Tras tan intolerables ofensas, no sólo contra ella, sino contra las sagradas ceremonias instituidas, la diosa-Sol se escondió de las atrocidades cometidas por su hermano en una cueva celestial. La fuente de luz desapareció, todo el mundo se oscureció y los espíritus del mal asolaron el mundo (...). La diosa envió mensajes a dichos malos espíritus, y más tarde mandó varias expediciones punitivas contra ellos y los dioses terrenales, que finalmente rindieron sus tierras a los dioses celestiales. Una vez estuvo así pavimentado el camino, la diosa-Sol envió a su ahijado a las islas para “gobernar el país hasta la eternidad”. El grupo del ahijado llegó a la isla de Tsukushi ( actual Kyushu ) en la cumbre de un pico muy alto, y se asentaron en la región de Himukai, en la costa del Pacífico de la isla occidental”.


Nihon Shoki, I, 1, 34 y ss., tomado de Anesaki, M., Mitología Japonesa, ed, Edicomunicación, Barcelona, 1996, pp. 11, 26-27, 29 y ss.