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30 de julio de 2025

Arte e historia antigua de Roma: Lucio Quincto Cincinnato


En la imagen se presenta un óleo de estilo neoclásico, del pintor español Juan Antonio Ribera Fernández (que llegó a ser pintor de cámara de Fernando VII y director del Museo del Prado), titulado Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma. Su composición se fecha en 1806.

Su argumento se inspira en un pasaje heroico de la historia antigua de Roma narrado por el historiador Tito Livio (59 a.e.c.-17). El cuadro representa el momento trascendental en que varios senadores, en representación del pueblo romano, acuden en busca de Lucio Quincto Cincinnato (519-430 a.e.c.), héroe patricio dedicado a la labranza, ya algo mayor, para nombrarle dictador de Roma y pedirle que haga frente a los pueblos que amenazaban la ciudad.

Es, desde esta perspectiva estética, una figura legendaria que deja el campo para vencer, al frente del ejército, a los invasores ecuos (los aequi eran un grupo tribal itálico, pariente de los Volscos, de la etnia de los oscos). Cincinato, había sido nombrado cónsul el 460 a.e.c. y después sería designado dictador (magister populi) en dos ocasiones, en 458 y 439, regresando a sus labores en su hacienda junto al Tíber tras restablecer la paz.

Este es un ejemplo de honradez y ética política, una exaltación de la falta de ambición y apego al poder de parte del buen gobernante pero también una justificación teórica de los regímenes absolutos y las dictaduras temporales para reinstaurar el orden en tiempos de caos. Símbolo del ciudadano ideal virtuoso, leal, que debe anteponer los asuntos de estado a los meramente particulares.

Las actitudes solemnes en el cuadro subrayan lo trascendente del argumento. Estas actitudes trascendentes de las figuras, contenidas las expresiones de sus afectos, están revestidas de una dignidad noble de acuerdo a la altura moral de sus protagonistas y a la significación histórica de la situación emocional de la escena. En fin, un paradigma del desprecio por el poder político en favor de la paz de espíritu y el sacrificio del deber patriótico; un prototipo del ciudadano y del político ideal.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AEEAO-UFM, julio, 2025.

29 de marzo de 2023

Historia del diluvio en la mitología griega. Motivo y características (I)



Imágenes. Arriba, Deucalión y Pirra, obra de Domenico Beccafumi, datada en 1520; abajo, Deucalión y Pirra, de P. Rubens, óleo sobre tabla de 1636, hoy en el Museo de El Prado, Madrid.

La historia del diluvio en la mitología griega es plural. El espectacular cataclismo de la inundación se convierte en las formulaciones filosóficas principales en un episodio que contempla un ciclo de destrucción y renovación, a veces entendido como típico del modo antiguo de observar la historia.

En el ámbito cultural griego y romano existieron tres tradiciones, cada una con su propio héroe. La más relevante e influyente fue la configurada alrededor de la figura mítica de Deucalión, convertida en una versión proverbial, en tanto que las otras dos, la vinculada a Dárdano, fundador legendario de la dinastía de Troya, y la relacionada con Ógigo, rey de Atenas o incluso de Tebas, son bastante más marginales. No obstante, todavía existe alguna que otra tradición más periférica. Se refiere a la que relata un acontecimiento devastador en Frigia, cuyo protagonista estelar es un hijo de Brombio, de nombre Priaso. Este Priaso habría escapado de una inundación propiciada por Zeus en Frigia, refugiándose en Beocia. Asimismo, una tradición diluviana conectada con la versión bíblica estaba enraizada en Apamea, cuudad que recibió la denominación de Kybotos (en la versión de los Setenta, arca), y en la que se acuñaron monedas con la inscripción Noé, al lado de la representación del arca, en forma de lárnax, junto a dos personas.

Hoy en día, existe consenso en la crítica al afirmar que el motivo mitológico del diluvio provino del Próximo Oriente en época arcaica. La mayoría, y las más antiguas, referencias diluvianas en Grecia, se hallan en la región de Lócride, un hecho que ha motivado señalar que las historias viajaron desde la costa de Siria hasta las helenas a través de la isla de Eubea. Es probable que el monte Parnaso, cuya ladera nororiental se encuentra en Lócride, jugase un rol destacado en el establecimiento del mito en tierra helena. El momento de dicha instalación aparece testimoniado en el Catálogo de las Mujeres de Hesíodo, en el que Deucalión aparece como clave en la configuración de las genealogías heroicas que establecían un estimable prestigio a las estirpes de la época histórica. No obstante, existen dudas sobre si el Deucalión del Catálogo de las Mujeres es ya el mismo héroe diluviano de la época clásica. En cualquier caso, es posible que una historia diluviana estuviese presente en la Titanomaquia de Eumelo.

Sea de una manera o de otra, las distintas versiones imperantes reflejan los efectos de la tensión entre la dispersión local y una convergencia panhelénica unitaria. Por una parte, el mito del diluvio, que tiene como protagonistas a Deucalión y Pirra, se incorporó al tejido de historias que los griegos históricos identificaron como sus épocas pretéritas. Las etapas de tal proceso implican su vínculo con Delfos y con la región de Tesalia, proceso crucial en la formación de la identidad griega en los comienzos del siglo VI a.e.c. Hay que remarcar que Helánico de Lesbos, autor de la Deucalionea, convertía a Deucalión en rey de Tesalia, si bien la tumba de Pirra la ubicaba en Cino, en la Lócride. Además, en los escolios a Píndaro se destaca que según Helánico, el arca de Pirra y Deucalión descansó finalmente en el tesalio monte Otris, y no en el Parnaso.

Por otra parte, la historia cuenta también con desemejanzas y rivalidades propias de carácter político y cultural de algunos de esos mismos griegos que no quieren perder sus elementos específicos en una identidad genérica. El artificio mitopoético que amalgamó difusión y convergencia consistió en conciliar el diluvio de Deucalión con diversos otros lugares, tanto a través del protagonista principal como por medio de la sincronización con las salvadoras acciones de otros héroes culturales de titularidad local (Platea, Lesbos, Megara, Samotracia, Dodona, en la región del Épiro, Quíos). La historia de Atenas se sincronizó, según cuenta Apolodoro, con el diluvio del mencionado Deucalión durante el reino del rey Cranao. El Mármol de Paros, así como Trogo Pompeyo, advierten que Deucalión se refugió en la polis, siendo el encargado de erigir un templo a Zeus Olímpico. Por su parte, Teopompo (de Quíos), Plutarco y Apolonio de Acarnas, refieren la noticia de que en las Antesterias se conmemoraba la salvación de la inundación. Para Arriano, Deucalión habría desembarcado en Argos.

Estas historias están protagonizadas por personajes de relevantes linajes míticos griegos que no se incorporaron al sistema helénico que inicia con el vástago de Deucalión, Heleno, y toda su descendencia. El motivo diluviano en tales genealogías puede ser un medio de enfatizar su específica independencia en relación a otras prestigiosas familias de la historia mítica helena.

La primera mención a un diluvio como componente de la historia antigua griega aparece en Píndaro. La historia de la pareja Deucalión y Pirra se muestra, asimismo, en la escena cómica a principios del siglo V a.e.c., como es el caso de Pirra o Prometeo, del poeta siciliano Epicarmo.

Salvar a los demás de una devastación y salvarse a uno mismo es una tarea que le corresponde a alguien que destaque por su sabiduría, su poder y su estatus. Con su sobrevivencia, Deucalión encarna un desacato a las órdenes de los dioses, aspecto relevante en la mitología asociada a Prometeo. Es así que lleva a cabo un par de actos desafiantes en la esfera humana, al modo prometeico, la creación de los seres humanos y la institución del sacrificio. Tal cualificación genealógica se constata por mediación del matrimonio con Pirra, hija de Epimeteo, hermano de Prometeo, y Pandora. Por si fuera insuficiente, Pirra conecta la historia con la geografía de la región de Tesalia. Así, a tenor del poeta helenístico Riano de Creta, Tesalia también era nombrada como Pirrea.

La causa del tremendo diluvio fue, según refiere Apolodoro, la voluntad de Zeus de aniquilar por completo los hombres de la denominada Raza de Bronce, aunque en el conocido relato de las edades de Hesíodo, la Raza de Bronce no finaliza por mor de un decreto divino, sino a causa de la violencia que esos humanos propician. El intertexto de Hesíodo encauza la acción de Zeus con el motivo de Prometeo de resistirse, y desafiar, los planes de Zeus, favoreciendo a una desamparada raza humana y apostando por su sobrevivencia.

La acción definitiva de Zeus es una reacción a la degradación de la humanidad o una respuesta a algún crimen que simbolice el poder devastador de su accionar. Aquellos que sobreviven no lo hacen por su piedad, sino que la salvación responde a la presencia cercana de una montaña con una elevación suficiente. Esto significa que en la tradición más arcaica de Deucalión y de otros héroes del diluvio, la culpa humana como motivo inicial no estaba presente. La decisión de Zeus, en apariencia arbitraria, refiere entonces un mundo de pugnas y rivalidades entre deidades y seres humanos, motivo mitológico muy próximo al que se halla en el Próximo Oriente, ámbito en el que se integraría la Grecia arcaica. Los dioses, creadores del ser humano, mantienen con éstos una relación de tensa ambivalencia, resuelta en una separación que tendrá como intermediación el ritual que los héroes del diluvio instituyen.

Las torrenciales lluvias que desencadena Zeus, a decir de Apolodoro, provocan una inundación que afecta a buena parte de la Hélade, si bien dejando a las cimas de las montañas como único refugio posible. Como algunas regiones quedan a salvo, el diluvio mítico griego facilita la conexión de tradiciones diferentes a través de historias de refugios y de escapadas. Los nueve días de inundación, período bastante breve, aproxima la versión de Apolodoro a las conocidas versiones babilonias que posteriormente se comentarán.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, marzo, 2023.

12 de enero de 2023

Un puerto para Roma: Ostia Antica











La tradición literaria señala que la ciudad portuaria de Ostia fue fundada por el rey Anco Marcio a finales del siglo VII a.e.c., en un lugar que ya contaba con un asentamiento del siglo anterior, denominado Ficana. No obstante, la arqueología ha demostrado que las estructuras más arcaicas son de principios del siglo IV, en una época ligeramente posterior a la conquista de Veio. Pero también hay que destacar que las excavaciones arqueológicas han mostrado elementos de fases más antiguas, en particular fragmentos de decoración arquitectónica en cerámica que datan del siglo V a.e.c., así como vestigios de cabañas. No en vano, el sitio de Ostia se documenta mencionado un par de veces en estrecha relación con acontecimientos acaecidos en esa centuria. Todo esto posibilita la presencia de una primera fundación, quizá en un lugar desconocido o todavía no explorado.

Lo cierto es que la zona era muy frecuentada, en relación al papel que desempeñaba la margen izquierda del río Tiber en el comercio de la sal. El tramo final de la llamada Vía Salaria (Vía Ostiense) transcurría por esta región, siendo de capital importancia para las poblaciones sabinas. La relevancia estratégica, por tanto, pudo desempeñar un significativo rol en el empeño romano por controlar la zona, para lo cual éstos tuvieron que enzarzarse en conflictos con poblaciones latinas y etruscas.

La primera colonia de Roma fue el centro erigido en el siglo IV a.e.c., con trescientos ciudadanos con la premisa de controlar la vía fluvial. El asentamiento, de forma rectangular y rodeado de una muralla defensiva al modo de un castrum, refiere una inicial función militar. Desde poco antes de mediado el siglo III a.e.c. el puerto se convirtió en un mando de la flota romana, aunque ya desde 212 a.e.c. se constata que en el puerto fluvial se depositaba el trigo para el reparto militar. Paulatinamente, empezaría a prevalecer la función mercantil sobre la militar. Desde fines del siglo II a.e.c., el cuestor de Ostia se encargaba de importar el trigo que después se redistribuía a Roma.

Tras ser atacada por piratas y ser asaltada por Sexto Pompeyo, a mediados del siglo I a.e.c., Ostia adquirió una autonomía de grado respecto a Roma. A través de una nueva legislación se creó un colegio de cien decuriones con poder legislativo, un par de duoviri, de funciones judiciales, y dos ediles, que se encargarían de los servicios públicos y los mercados. Ya en la etapa imperial aparecerían los quaestores, responsables del erario o tesoro de los ciudadanos. En el aspecto religioso el principal cargo lo desempeñaba el Pontifex Volcani, encargado del culto a Vulcano, que era el dios que protegía la colonia.

Durante los dos primeros siglos de nuestra Era la relevancia comercial del puerto trajo consigo la necesidad de una nueva cuenca portuaria, a lo que se abocó primero un proyecto de Claudio y después otro posterior de Trajano. A comienzos del siglo II se instituyó en Ostia el cargo de encargado de los edificios públicos, que tenía la misión de supervisar la renovación urbana de la ciudad. Ya muy posteriormente, Constantino dotó a la ciudad de una nueva muralla y de su primera basílica cristiana. La decadencia definitiva de Ostia comenzaría en el siglo V.

Son muy numerosos los restos hoy todavía visibles de Ostia. Destacaremos y detallaremos una buena cantidad de los mismos. La necrópolis de Puerta Romana se empleó desde el siglo II a.e.c. hasta el III-IV. Fue utilizada por los funcionarios de la colonia así como por miembros de clase acomodada. En ella sobresale la Tumba de Hermógenes, un escriba de los ediles curules, y la tumba de los Arquillos, que presenta decoración arquitectónica policromada. Luego destaca la Puerta Romana, parte de la muralla que ordenó construir Sila entre el 80 y el 63 a.e.c., conformándose como la entrada monumental a la ciudad. Tras la puerta, se encuentra la Plaza de la Victoria, con vestigios de un templete dedicado a las ninfas, así como los almacenes republicanos.

Otro lugar destacable son las Termas de los Cisiarii, tal vez baños privados del gremio de los carreteros. Más relevante todavía son las Termas de Neptuno, con algunos mosaicos de suelo en blanco y negro, que formaron parte del proyecto de renovación urbanística iniciada por Adriano y completada por Antonino Pío hacia mediado el siglo II. La caupona de Fortunato es una taberna vinaria, mientras que la insula del Hércules y la del Techo Pintado representan construcciones privadas de la clase media de la época de Adriano.

Sin duda el teatro es una de las construcciones más sobresalientes de Ostia. Erigido a finales del siglo I a.e.c., es un palpable ejemplo de la propaganda de Augusto. Lugar de entretenimiento y de encuentro social, fue ampliado por Cómodo y después restaurado por Septimio Severo, Detrás del teatro se halla la Plaza de las Corporaciones, un lugar de paseo y resguardo hecho por Augusto. Acabó siendo, entre los siglos II y III, el centro de la vida comercial de la ciudad.

La Sede de los Augustales, corporación político-religiosa de los libertos, que se encargaba del culto de la casa imperial, y la casa señorial llamada Domus de la Fortuna Annonaria, ejemplo de casa señorial de época tardoimperial, con esculturas de deidades y de personificaciones asociadas al comercio y a la ferilidad de la tierra, son otros dos ejemplos destacados en las ruinas de la ciudad. A ello deben sumarse los Grandes Horrea, edificio comercial construido por el emperador Claudio, con dos pisos, tras una ampliación de Cómodo, así como los molinos, que destacaban por la producción de harina tanto para el mercado local como el de la ciudad de Roma.

En la zona central de Ostia Antica se encuentra un barrio alrededor del Foro en donde se encontraban las calles más concurridas, destacando la Via Diana así como varias tabernae y talleres. En este sector, la Casa de Diana pudo ser un albergue para huéspedes que estaban en tránsito, de ahí la presencia de una letrina en común. Casi enfrente de la insula de Diana, la Plazoleta de los Lares estaba dedicada a los Lares Compitales, protectores del barrio. Además del Caserío de las Pinturas con varias insulae de alquiler, el Caserío de los Dolia, muestra un buen número de estas grandes tinajas de terracota semienterradas en el suelo destinadas al almacenamiento de vino y aceite.

Un sector especialmente relevante es el del Caserío del Thermopolium, con numerosas hosterías (popina) necesarias para las labores de artesanos, comerciantes, obreros y hasta trabajadores portuarios, que llegaban en las naves de carga.

La plaza principal de Ostia es el Foro, el centro socio-político de la urbe. Sobre todo en época imperial, desde los tiempos de Tiberio a los de Adriano, el Foro adquirió un carácter monumental, con presencia de pórticos columnados en los que se erigieron los monumentos simbólicos de la cultura tradicional de Roma. Aquí encontramos el Capitolium, templo dedicado a la Tríada Capitolina, datado a comienzos del siglo II, y alzado como una réplica del templo de Júpiter Óptimo Máximo del Capitolio romano. También aquí se halla el Templo de Roma y Augusto, empleado en el culto imperial, en donde quedan vestigios de una estatua de culto que simboliza a Roma vestida como una Amazona. En uno de los extremos del Foro se levantaron las Termas del Foro (mediados del siglo II, por iniciativa del prefecto del pretorio M. Gavio Máximo). Entre estas termas y el decumano se puede ver el Caserío de los Triclinios, la sede del colegio de los Fabri Tignuarii, corporación de constructorres de notable fama en la época del emperador Adriano. En el sector oeste del Capitolium, por su parte, se halla la presumible Curia (el Senado local, sede del colegio de los decuriones), un edificio de planta cuadrangular con un pórtico de seis columnas. La Basílica judicial de época de Trajano completa este espacio urbano.

Próximo a la Basílica está el Templo Redondo, tal vez un Pantheon o un Augusteum, construido en el siglo III. En frente de este templo se levanta la Casa del Larario, con un patio con nichos para las estatuas sacras de los Lares.

Un gran edificio de almacenes, llamado Horrea Epagathiana y Epaphroditiana por los nombres de sus propietarios, dos libertos enriquecidos gracias a las actividades mercantiles, cumplía la función de depósito comercial privado. Este gran almacén de dos pisos se levanta alrededor de un patio porticado con presencia de nichos para las estatuas de Afrodita y Agathé Tyche (Buena Fortuna). Unos edificios muy significativos son asimismo, las Tabernas de los Pescaderos, con una piscina vivero y un destacable mosaico de suelo en el que se observa a un delfíin mordiendo a un pulpo. Por detrás se encuentra el Macellum o mercado de carne, activo desde el siglo I al V.

El área sacra republicana es una suerte de plaza con varios edificios de culto. El principal es el Templo de Hércules (fines del siglo II a.e.c.) En el pronaos se encuentra la estatua de un atleta en reposo, probablemente un retrato heroico idealizado de Cartilio Poplícola, quien fue magistrado de la colonia. Era un lugar de veneración de Hércules como protector del comercio y como divinidad oracular, cuyos auspicios consultaban los comandantes de la flota antes de zarpar. Otros templos destacados son el Templo Tetrástilo, tal vez dedicado a Esculapio y asociado al Tíber, pues en Roma este dios poseía su templo principal en la isla Tiberina, y el llamado Templo del Ara Redonda.

La Casa de Amor y Psique, vivienda de personas pudientes, se halla, en una de sus habitaciones, decorada con mármoles policromados, el grupo escultórico de Amor y Psique. No obstante, parte del templo está dedicado a las ninfas. La presencia de las ninfas es una adaptación al uso privado de un monumento particularmente específico de las construcciones públicas, un indicador del estatus social de los propietarios. Hacia el oeste se alzan las Termas de Mitra, una deidad irania del sol y del bien vencedor del mal, cuyo culto estuvo asociado a la simbología astrológica oriental, difundiéndose en la península Itálica a finales del siglo I a través de los mercaderes y militares. En Ostia alcanzó se mayor difusión entre los siglos II y III.

Un poco más adelante se puede ver el Colegio de los Mensores, pesadores de trigo, Su actividad se ve reflejada en un mosaico ubicado en la sala de reuniones, en el que se observa al mensor con el modius y el rutellum (bastón para nivelar), a cuyo alrededor aparecen varios mozos de carga y un asistente. Está contando los sacos de trigo ensartando cuentas.

En eje con el Caserío de Serapis se encuentran las Termas de los Siete Sabios, de época de Adriano, que muestra una pintura que representa a los siete famosos sabios griegos en el apodyterium o vestuario de estos baños. Algunos retratos, con sus nombres en griego, aparecen con máximas sobre las funciones fisiológicas. En la sala circular del frigidarium se conserva un mosaico de suelo en blanco y negro con escenas de caza, mientras que en una sala adyacente se representa la Venus Anadiomene (surgida de las aguas), con amorcillos. Muy cerca, en la insula de los Aurigas, se observan pinturas de aurigas en carros. Formaba parte de un gran complejo residencial de tres pisos que data de mediado el siglo II. En algunas de las salas se pueden ver escenas mitológicas, de la vida cotidiana y de caza, acompañadas de ornamentos geométricos.

En la sección opuesta al decumano se levantaba la Basílica Cristiana, de dos naves, construida sobre unas antiguas termas. En uno de los arquitrabes de la entrada de una de las salas se señalan los cuatro ríos del Paraíso terrenal, Fison, Geon, Éufrates y Tigris. Tal vez la sala fue un lugar de culto de un mártir o una escuela de catecúmenos. El Mitreo de las Paredes Pintadas (siglo II), se halla detrás de esta basílica. Fue erigido en el interior de una casa republicana. En su decoración pictórica se puede ver, por ejemplo, al Heliodromus con una antorcha o al Nymphus disfrazado de fémina.

Delante de un pequeño templo de los Fabri Navales se erige la Schola de Trajano, del siglo II. Quizá haya sido la sede de la corporación de los Fabri Navales. Su monumental entrada presenta cuatro columnas corintias, que abre paso a una exedra de mármol. Hacia el interior, una sala con ábside y columnas espiriliformes se empleaba para los banquetes sociales en homenaje a la llegada de un notable huésped o en honor de la botadura de una nave.

Otros dos espacios singulares son la Insula de las Musas y la Insula de las Bóvedas Pintadas. La Insula de las Musas era una residencia señorial, una domus de doble piso que acogía a una rica familia de clase alta. En la decoración, se conservan pinturas que representan a Apolo y a las nueve Musas, además de escenas dionisíacas. En la Insula de las Bóvedas Pintadas la decoración consiste en escenas dionisíacas y de la vida cotidiana. La Domus de los Dióscuros, con mosaicos del siglo IV, así como la Domus del Ninfeo se hallan en las proximidades. Un elemento destacable de este sector residencial lo configuran las casas-jardín.

Al sur del decumano se encuentra la Puerta Marina (otra de las puertas de la muralla silana), englobada por una serie de tabernae de la etapa de Adriano. En el sector externo a la puerta hubo una necrópolis, aunque en siglo I se erigieron allí edificaciones públicas. La Via Severiana, que conectaba Ostia, Porto y Terracina pasaba por esta zona. Muy cerca se encuentra el sepulcro de Cartilius Polícola (siglo I a.e.c.), así como las Termas de Puerta Marina o de Marciana (por el nombre de la hermana de Trajano), funcionales hasta la época de Teodorico (siglos V-VI), que conserva mosaicos de suelo representando atletas recibiendo premios en un entorno con peces y escenas marinas.

Finalmente, en la parte oriental de las termas está la Sinagoga, indicio de una activa, y antigua, comunidad judía en Ostia. En uno de sus espacios laterales se puede apreciar el horno para cocer el pan ácimo, y en la entrada el pozo para las abluciones rituales. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, enero, 2023.

13 de octubre de 2022

Mito y memoria minoica a través del tiempo: una presencia cultural




Imágenes (de arriba hacia abajo): Ariadne, de Giorgio di Chirico, 1913. Óleo y grafito sobre lienzo; La caída de Ícaro, de Marc Chagall, 1975. Óleo sobre lienzo, hoy en el Centro Pompidou; y portada de la revista Minotaure, hecha por Pablo Pisasso.

La memoria de un glorioso pasado de Creta fue preservada viva hasta la Antigüedad Tardía gracias a la literatura y las artes plásticas, aunque con posterioridad vivió una reactualización renovadora en el Renacimiento, una época en la que se produjo una reanimación, un resurgimiento del legado grecorromano y el predominio del ideal clasicista, que traería consigo una presentificación de los mitos minoicos, encantadores y aractivos para esa mentalidad, en el amplio repertorio de la creación estética.

Desde el siglo XIV en adelante, una serie de artistas de distintos tiempos y tendencias (Giotto, Veronese, Tiziano, Rubens, van Dick, además de Sokolov, Daumier, Canova o el mismísimo Mozart, que compuso una ópera titulada “Idomeneo, rey de Creta”), se inspiraron en la mitología minoico-cretense. Los mitos más relevantes fueron representados en pinturas, grabados sobre metal, esculturas, dibujos, relieves, manuscritos iluminados o tapices. Es el caso, sin ir más lejos, del rapto de Europa por Zeus convertido en toro, motivo prototípico de la cultura europea; la aventura de Teseo y Ariadna en el mito del Minotauro; o el primer vuelo y la final caída de Ícaro en la leyenda de Dédalo, constructor del famoso laberinto. El laberinto, de hecho, se convirtió en un motivo principal de muchas composiciones, tanto desde una perspectiva simbólica como meramente decorativa.

A finales del siglo XIX y principios del XX, momento en que el clasicismo dio lugar el estilo modernista, la recepción occidental del legado prehistórico cretense entraría en una nueva dinámica. El factor determinante sería el fortuito comienzo de las excavaciones en el yacimiento de Cnosos por parte del renombrado arqueólogo Arthur Evans, justamente en 1900. En las campañas posteriores, Evans revelaría y restauraría el monumental palacio minoico, gracias a lo cual dispondría del material suficiente para escribir su grandioso trabajo, en cuatro volúmenes, que lleva por título “El Palacio de Minos en Knossos”, en el cual indagó, interpretó y destacó aspectos del carácter único, específico, de la civilización cretense prehistórica, que gracias a él recibió la denominación de “minoica” (en virtud del mítico rey de la isla). El descubrimiento causó una auténtica revolución en los círculos eruditos, artísticos y científicos de Europa, y no solamente porque la antigua tradición asociada a Creta se viese corroborada por los hallazgos arqueológicos y la gran cantidad de materiales y objetos obtenidos.

Una avanzada civilización de la Edad del Bronce incluía, en oposición a las orientales, rasgos considerados propios de la cultura moderna europea. Concretamente, se habló de la presencia de una sociedad que paladeaba la alegría de vivir, de un modo se diría hedonista; de la actuación de unos gobernantes alejados del despotismo, del amor por la naturaleza, verificado en los mitos y la religiosidad; de una notable participación social de la mujer; de una actividad comercial avanzada, así como de fluidos contactos con regiones extranjeras a través de rutas marítimas; e, incluso, del empleo más arcaico de una escritura en una zona que pertenece geográficamente a Europa.

Sería el arqueólogo australiano Vere Gordon Childe el primero en etiquetar a la civilización minoica como la primera civilización europea. Muchos eruditos, historiadores y filósofos discutieron esta apreciación, y otras análogas, en sus trabajos, como el caso de Sigmund Freud, A. Toynbee, O. Spengler o J. Myres. Mientras esto ocurría, importantes artistas empezaron a identificar elementos del modernismo o del Art Nouveau a partir del arte minoico, en su iconografía, los repertorios, las arquitecturas y en el estilo en general. La incorporación de temas minoicos en el arte moderno de la época aparece representado en obras plásticas como la serie llamada “Ariadna durmiendo” del pintor y escultor greco-itálico Giorgio de Chirico, creador de la pintura metafísica, o en la música, como la ópera del gran compositor de poemas sinfónicos, R. Strauss titulada “Ariadne auf Naxos”.

Un énfasis todavía más elocuente en relación a la representación de mitos minoicos se produjo durante el período de entreguerras, tanto en el trabajo de los modernistas como de los surrealistas. En tal sentido, artistas de la talla de M. Ernst, J. Miró, R. Magritte, S. Dalí, H. Matisse, M. Duchamp, J. Pollock o D. Rivera, representaron los mitos de Pasifae, Ariadna, el laberinto, Ícaro y, fundamentalmente, el minotauro. Baste recordar que el P. Picasso cubista empleó este tema del minotauro en una serie de trabajos, que incluyen la cubierta del primer número de la revista de arte llamada Minotaure, que salió a la luz en 1934.

Símbolos y mitos minoicos han continuado influenciando e inspirando obras de artes plásticas y de literatura. Es el caso de trabajos tan diversos como La caída de Ícaro de M. Chagall, el célebre Ulisses de J. Joyce, el Thèsée de A. Gide. Algo semejante ocurre con el caso del laberinto, cuyo uso se observa plasmado en la obra de J.L. Borges, o el aura de los minoicos en la producción del mítico autor cretense N. Kazantzakis. Ese mismo espíritu es el que mostró el pintor surrealista griego N. Engolopoulos, que fue el artífice de las series Teseo y el Minotauro, en donde representa a Teseo llevando puesta una moderna fustanella griega (falda tradicional varonil).

En nuestros días la inspiración de la Creta minoica sigue expandiendo su influencia, pues ha influido en las artes decorativas, en la joyería, las miniaturas, exhibiciones, películas, juegos, en modernas creaciones estéticas y en composiciones musicales de lo más variado. Esta tendencia ha sido últimamente reforzada por dos factores que pueden considerarse capitales. Por un lado, el acceso a una información masiva a través de la Red, y por el otro, a la promoción de la isla de Creta como un destino turístico especialmente popular (al margen de las islas del Egeo), destacando los yacimientos arqueológicos (Festos, Cnosos) y los muy dotados museos arqueológicos, en especial el Museo Arqueológico de Heraclión.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, octubre, 2022. 

23 de julio de 2022

Nuevo libro. Julio López Saco



En los próximos días estará ya circulando por diferentes librerías mi último libro, titulado A la larga sombra del mito. Un prolegómeno histórico-cultural, Dodo Books Indian Ocean, 2022, 328 pp. cuya principal finalidad radica en observar el mito como pretérito referente pero también como expectativa presente, como un amplio preludio de los aspectos de la cultura y como el guía de la tradición. Desde lecturas comprensivas y bajo una calidoscópica mirada crítica, se subrayan varios de sus anclajes, enseñanzas y funcionalidades, enfatizando su contemporánea permanencia en el mundo de hoy. Deslizándose de manera transversal a lo largo del tiempo, se focaliza su acción en el marco de la historia del mundo antiguo pero sin desdeñar su proteica acción y consolidación en forma de modernos constructos. Marco inherente de la cultura humana, el mito ha seguido transmitiendo valores y rezumando una sabiduría inseparable de la historia, del arte, de la filosofía. Estará disponible (en papel e ebook) en Amazon, Abebooks, Barnes & Noble y en otras plataformas, librerías y distribuidoras para América, Asia y Europa. En España y Portigal, en la ferrolana Central Librera, y también en Casa del Libro e Iber Libro.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, julio, 2022. 

12 de junio de 2022

Vídeo (serie ¿Y si hablamos de mitos?).Temáticas y narrativas míticas en el arte del Paleolítico (parte 1)


Primer programa de la serie ¿Y si hablamos de mitos?, en el canal Hablemos de mitos. Se trata de la primera parte de Temáticas y narrativas míticas en el arte del Paleolítico. Habrá un total de doce programas, uno pos mes, analizando las singularidades del discurso y del pensamiento mítico (Mesopotamia, Egipto, Grecia, China, mitos de consumo actuales, etc.). Espero puedan resultar de utilidad o de estímulo para toda persona interesada en el campo de la mitología y la mitocrítica. Se puede ver el vídeo en YouTube y os podéis suscribir al canal si es vuestro deseo. Saludos.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, junio, 2022.

14 de diciembre de 2020

Canal de YouTube. Arte por Arte: Arte de la periferia occidental de Mesopotamia (Siria I)


Amigos, amigas, colegas, estudiantes. Saludo cordial para todos. Primero de los vídeos dedicados al arte de la periferia occidental de Mesopotamia (Mediterráneo Oriental), centrado en el arte de Siria, dentro de la serie Arte antiguo en el Canal Arte por Arte. En esta oportunidad se analizan los pormenores del arte sirio de Ebla y Alalah, mientras que en el segundo programa dedicado a Siria completaremos con las peculiaridades del sitio de Ugarit. Como siempre en estos casos, espero que resulte de interés o de utilidad para alguien cualquiera de los vídeos disponibles. Comentarios, preguntas, críticas, aportes varios y sugerencias siempre serán bienvenidas, con el afán de enriquecer o mejorar el producto final. Podéis seguir la serie completa en YouYube, en Arte por Arte. Cada semana un nuevo vídeo. Saludos. J.L.S.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP, diciembre, 2020.

3 de noviembre de 2020

Canal de YouTube. Arte por Arte: arte mesopotámico III


Amigos, amigas. Continuamos con el arte mesopotámico dentro de la serie Arte antiguo en el Canal de YouTube Arte por Arte. Iniciamos ya la arquitectura, en lo tocante a los tipos constructivos, en este caso el templo y el palacio. Ya podéis encontrar el primero, que aquí pusimos, así como el segundo, en el canal. Esos dos primeros tratan de las generalidades del arte en Mesopotamia. En fin, espero pueda ser de interés y utilidad. Saludo. 

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, noviembre, 2020.

2 de octubre de 2020

Arte luvio-arameo: ortostato de Milid y placa mural frigia



En el marco de eso que se ha dado en llamar el arte del occidente periférico de Mesopotamia, o desde una perspectiva únicamente geográfica, del  Mediterráneo oriental, y que encuadra el arte de Siria (Ebla, Alalah, Qatna, Ugarit y demás), el arte fenicio (de sus ciudades-estado), el de Palestina (cananeo e israelita) y el de Anatolia (Hacilar, Alakahüyük, hititas y arte luvio-arameo, que incluye el arte frigio), dos piezas memorables del Museo de las Civilizaciones Anatólicas en Ankara. En primer término un ortostato de Milid, en basalto, que muestra al rey Sulumeli ante el famoso Dios de las Tormentas. Ha sido datado entre los siglos XI y X a.e.c. En este notable ejemplo del arte luvio-arameo, el rey ofrece una libación y una víctima a la deidad, que aparece representado dos veces, recibiendo la ofrenda y en su carro, a la izquierda. En segundo lugar, una placa mural en cerámica pintada y pulimentada, fechable en el siglo VI a.e.c. Se trata, esta placa frigia, de un par de guerreros vestidos a la usanza frigia (la armadura es idéntica a la de los guerreros de Karkemish). Estas placas decoraban, formando un friso continuo, la parte más elevada de los muros exteriores de buena parte de las casas frigias. Nótese la, se diría, simpática estilización de los rostros de los combatientes, casi caricaturescos. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP, octubre, 2020.

30 de septiembre de 2020

Arte y religión: retoños de la mente simbólica humana

Una buena cantidad de productos de nuestro cerebro que son capaces de mover pasiones (fantasía, mitos, imaginación), pueden clasificarse en el marco de dos facetas universales propias del comportamiento humano, que definen nuestra especie, a pesar de que desde la perspectiva de la sobrevivencia se puedan contemplar como inútiles: el arte y la religión, las cuales han marcado el devenir de la historia humana. El desarrollo de nuestra mente simbólica, fundamento de ambas, es una mente que trasciende la realidad inmediata. Es la mente que ya tenían aquellos neandertales que adornaban su cuerpo con conchas de diversos colores. Las creencias religiosas y las artes se contemplan como un juego vital, una parte decisiva del juego social. Y es que la principal característica humana parece ser antes el juego que la sapiencia. Desde la óptica zoológica ambos productos son extraños pues concentran valores sociales y rangos emocionales.

El arte es capaz de producir placer biológico, tangible y con profunda intensidad. Su apreciación provoca acción y movimiento, emoción y empatía. Tal vez los ornamentos corporales personales hayan sido el motor de la posterior evolución cultural del arte figurativo. Los más arcaicos ejemplos de adorno personal se hallaron en la cueva de Blombos, en Sudáfrica, en donde aparecieron caracoles marinos de unos ochenta mil años de antigüedad, perforados con la intención de ser ensartados en un collar. A pesar de que faltan evidencias de la función social del arte figurativo, zoomorfo o antropomorfo, no se puede descartar que se destacase por su propensión a impresionar a los demás. Hasta es probable que el sapiens quisiera demostrar su superioridad sobre los neandertales en Europa precisamente haciendo ostensible sus refinadas y precisas habilidades motoras necesarias para producir obras estéticas. Aquí cobra valor el supuesto de que el arte, como otras facetas humanas, es un juego. En cualquiera de los casos el arte, tanto el adorno personal, como el arte figurativo, pictórico o escultórico de los cromañones, es una manifestación de una mente simbólica.

Se suele señalar a las inhumaciones intencionadas como la seña que indica la presencia de creencias religiosas en los grupos humanos. La célebre Sima de los Huesos en Atapuerca (Burgos) puede haber sido un lugar de acumulación intencionada de cadáveres por parte del Homo heidelbergensis, hace más de medio millón de años. Una clave para entender la religiosidad humana, no obstante, es la presencia en el ser humano de una mente modelada para vivir socialmente, la cual permite entender como agentes causales una serie de cosas que en realidad no lo son. Astros, piedras, nubes, objetos de distinto tipo pueden poseer “vida” y “voluntad”; es decir, tener intencionalidad. El ser humano, como buscador de mentes, cree encontrarlas en todas partes, lo que significa que las creencias religiosas pudieron crearse a partir de tales mecanismos mentales.

Con un menor atisbo de duda, se puede decir que las creencias religiosas desempeñan un rol destacado en la cohesión grupal. Una razón factible de las religiones puede ser la sugestión, capacidad probablemente única del ser humano. Las personas pueden ser sugestionadas, y si quien sugestiona es superior jerárquicamente (una autoridad) al sugestionado, el efecto se multiplica exponencialmente. Tal es así que muchas religiones han podido emplear el efecto sugestionador como un mecanismo potenciador de la credibilidad. Un fenómeno, que también puede fomentar la sugestión, y que resulta, además, específico del ser humano, es la hipnosis. Su rol en el desarrollo de las creencias es factible. Un nuevo factor que contribuyó al éxito de las creencias religiosas radicó en su capacidad de explicar o hacer comprensible el mundo y lo que ocurre en él.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP, septiembre, 2020