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30 de septiembre de 2020

Arte y religión: retoños de la mente simbólica humana

Una buena cantidad de productos de nuestro cerebro que son capaces de mover pasiones (fantasía, mitos, imaginación), pueden clasificarse en el marco de dos facetas universales propias del comportamiento humano, que definen nuestra especie, a pesar de que desde la perspectiva de la sobrevivencia se puedan contemplar como inútiles: el arte y la religión, las cuales han marcado el devenir de la historia humana. El desarrollo de nuestra mente simbólica, fundamento de ambas, es una mente que trasciende la realidad inmediata. Es la mente que ya tenían aquellos neandertales que adornaban su cuerpo con conchas de diversos colores. Las creencias religiosas y las artes se contemplan como un juego vital, una parte decisiva del juego social. Y es que la principal característica humana parece ser antes el juego que la sapiencia. Desde la óptica zoológica ambos productos son extraños pues concentran valores sociales y rangos emocionales.

El arte es capaz de producir placer biológico, tangible y con profunda intensidad. Su apreciación provoca acción y movimiento, emoción y empatía. Tal vez los ornamentos corporales personales hayan sido el motor de la posterior evolución cultural del arte figurativo. Los más arcaicos ejemplos de adorno personal se hallaron en la cueva de Blombos, en Sudáfrica, en donde aparecieron caracoles marinos de unos ochenta mil años de antigüedad, perforados con la intención de ser ensartados en un collar. A pesar de que faltan evidencias de la función social del arte figurativo, zoomorfo o antropomorfo, no se puede descartar que se destacase por su propensión a impresionar a los demás. Hasta es probable que el sapiens quisiera demostrar su superioridad sobre los neandertales en Europa precisamente haciendo ostensible sus refinadas y precisas habilidades motoras necesarias para producir obras estéticas. Aquí cobra valor el supuesto de que el arte, como otras facetas humanas, es un juego. En cualquiera de los casos el arte, tanto el adorno personal, como el arte figurativo, pictórico o escultórico de los cromañones, es una manifestación de una mente simbólica.

Se suele señalar a las inhumaciones intencionadas como la seña que indica la presencia de creencias religiosas en los grupos humanos. La célebre Sima de los Huesos en Atapuerca (Burgos) puede haber sido un lugar de acumulación intencionada de cadáveres por parte del Homo heidelbergensis, hace más de medio millón de años. Una clave para entender la religiosidad humana, no obstante, es la presencia en el ser humano de una mente modelada para vivir socialmente, la cual permite entender como agentes causales una serie de cosas que en realidad no lo son. Astros, piedras, nubes, objetos de distinto tipo pueden poseer “vida” y “voluntad”; es decir, tener intencionalidad. El ser humano, como buscador de mentes, cree encontrarlas en todas partes, lo que significa que las creencias religiosas pudieron crearse a partir de tales mecanismos mentales.

Con un menor atisbo de duda, se puede decir que las creencias religiosas desempeñan un rol destacado en la cohesión grupal. Una razón factible de las religiones puede ser la sugestión, capacidad probablemente única del ser humano. Las personas pueden ser sugestionadas, y si quien sugestiona es superior jerárquicamente (una autoridad) al sugestionado, el efecto se multiplica exponencialmente. Tal es así que muchas religiones han podido emplear el efecto sugestionador como un mecanismo potenciador de la credibilidad. Un fenómeno, que también puede fomentar la sugestión, y que resulta, además, específico del ser humano, es la hipnosis. Su rol en el desarrollo de las creencias es factible. Un nuevo factor que contribuyó al éxito de las creencias religiosas radicó en su capacidad de explicar o hacer comprensible el mundo y lo que ocurre en él.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP, septiembre, 2020


14 de septiembre de 2020

Canal de YouTube. Arte por Arte. Vídeo 4: escultura del Paleolítico Superior.


Cuarto vídeo de la serie Arte antiguo, en el canal Arte por Arte. En esta ocasión, la segunda parte de la escultura del Paleolítico Superior, concretamente sobre la función y significado de las mal llamadas Venus. Espero que resulte de interés. Un saludo. J.L.S.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, septiembre, 2020.

10 de diciembre de 2019

Hallazgo arqueológico reciente: Venus de Renancourt



Imágenes: arriba, excavación del yacimiento arqueológico en donde apareció la Venus; abajo, varias imágenes de la Venus de Renancourt.

Una nueva “Venus” paleolítica, de cerca de treinta mil años de antigüedad, ha visto recientemente la luz (junio del presente año, pero ahora, en diciembre, “publicada”). Diminuta como la mayoría (4 centímetros de piedra caliza), la ya conocida como Venus de Renancourt (Amiens), presenta esos atributos tan característicos que son muy conocidos en otras piezas (Willendorf por ejemplo): volúmenes de senos, nalgas y muslos evidentes, aunque un tanto hipertrofiados, además de brazos apenas dibujados, que ubican la pieza en el marco del Gravetiense (28000-22000 a.e.c.). La cara sin líneas y el “tocado” o “peinado” de incisiones en cuadrícula se asemeja al famoso ejemplar austríaco de Willendorf o al de la cabecita de Brassempouy. Lo que resulta más interesante es que esta es una de las quince figurillas recuperadas en el yacimiento (que se excava desde 2014), lo cual puede ser un indicio, según el criterio de los arqueólogos, de la presencia de un “taller” de producción de parte de los cazadores-recolectores. El “Estilo Gravetiense” (Paleolítico Superior), fue bastante uniforme, pues su presencia se constata arqueológicamente desde los Pirineos a las profundidades de Rusia. También se han hallado en el yacimiento adornos personales, herramientas y osamentas de animales. Tenemos ante nosotros, entonces, una nueva expresión simbólica (de lo femenino, de la fertilidad), de esas ya casi centenar de figurillas que conforman el grupo de las Venus.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, diciembre, 2019.


19 de agosto de 2018

El Neolítico en África





Imágenes (de arriba hacia abajo): una posible escena de combate. Pinturas de Tassili, Argelia; una serie de fragmentos de huevos de avestruz con decoración; y una gubia del yacimiento de Shaheinab.

El proceso de Neolitización en el continente africano no ha sido un proceso de segundo orden. Hay que tener en cuenta que un buen número de cultivos, entre ellos el ñame, el cacahuete, el sorgo, algunas variantes de mijo o la espadaña son originarios de África.
El proceso comenzó en la región del noroeste del continente, en unas fechas que oscilan entre 7000 y 5000 a.e.c., llegando a su fin en una época tan tardía como el siglo I en la zona meridional. Los dos elementos clave de la neolitización africana son, por un lado, la llegada de gentes al valle del Nilo y, por el otro, la evolución autóctona de ciertos grupos mesolíticos en las zonas interiores del Sáhara y el Magreb.
El norte del continente, de clima mediterráneo, presentaba condiciones aptas para el cultivo de cereales, esencialmente cebada y trigo. Los yacimientos más antiguos se encuentran en el Sáhara y el valle del río Nilo. Hacia el VI milenio, los grupos mesolíticos prepastoriles del área desarrollaron una economía productiva que daría lugar a grupos culturales diferentes en lo que hoy es Sudán y Egipto, la amplia región del Magreb y el Sáhara.
En el valle del Nilo, gentes provenientes del exterior desarrollarán las culturas de Shaheinab (Jartúm) y de Fayum.
El neolítico de Jartúm, en el valle medio del Nilo, se data entre 4900 y 3800 a.e.c. Se relaciona con una tradición mesolítica local así como con el Sáhara. Los yacimientos más relevantes son Jartúm, Shaheinab, Geili y Kadero. La economía de esta cultura se centra en la caza y la pesca, en la recolección, sobre todo de sorgo, y en la ganadería de bóvidos, ovejas y cabras. Existen yacimientos pequeños, cercanos al Nilo, en los que han aparecido arpones y microlitos y que, por tanto, estarían dedicados a la pesca, así como otros mayores, más alejados del río, con presencia de cerámica y morteros. Es posible que esta particularidad responda a una ocupación cíclica. Ciertos indicios apuntan a una estratificación social. Se trata de algunas inhumaciones en Kadero, en donde ricos ajuares, con amazonita sahariana, cerámicas de lujo, mazas y conchas provenientes del Mar Rojo, apuntan hacia esa dirección.
La cultura material, por su parte, está conformada por la presencia de morteros, arpones de hueso, cerámica impresa, incisa, fina y bruñida, anzuelos confeccionados en concha, microlitos geométricos y gubias pétreas pulimentadas. En el yacimiento de Jebel Tomat, en el centro de Sudán, así como en el sitio de Dhar Tichitt, localizado en la actual Mauritania, es donde se han hallado los primeros restos de especies cultivadas. Al final del Neolítico la proporción de los yacimientos disminuye, quizá como consecuencia de una economía ganadera y comercial que suponga el abandono de la agricultura. En cualquier caso, en la necrópolis de El Kadada (Sudán) así como en la de Kadruka (Nubia septentrional), datadas entre 2800 y 2300 a.e.c., existen ricos ajuares en tumbas agrupadas alrededor de una más antigua y suntuosa que se ubica en las zonas más elevadas.
En Merimda y el Fayum (hacia 4450 a.e.c.), se encuentran las primeras culturas neolíticas del norte del continente, que presentan influencias de la región levantina del Próximo Oriente de Asia, de donde procederían útiles en piedra pulimentada, puntas de flecha, la agricultura del trigo, el lino y la cebada, la ganadería de cabras y ovejas, así como, muy probablemente, el hilado y el tejido, así como del Sáhara, lugar de procedencia de las hachas pulimentadas, ciertas decoraciones cerámicas y las cuentas de cáscara de avestruz y de amazonita del Tibesti. En el oasis de El Fayum se descubrieron grandes asentamientos (con poblaciones que rondarían las dos centenas de personas), en los que se encuentran cabañas de madera con hogares internos, además de silos concentrados (tal vez comunales), fechados hacia 3800 a.e.c. La base económica sería mixta, a base de caza y pesca (que incluiría hipopótamos), la ganadería, centrada en la cría de cerdos, ovejas, cabras y bóvidos, y la agricultura de cebada y trigo.
La cultura material consiste en la presencia de hoces en piedra con mangos de madera o de hueso, puntas de flecha bifaciales, hachas, molinos de piedra, cerámica bruñida y lisa así como punzones y arpones de hueso. La cultura abarcaría dos fases: una, de 4450 a 3550 a.e.c., en la que se presentan claras afinidades con el Próximo Oriente y se caracteriza por los útiles bifaciales y una industria de lascas; y la otra, de 3450 a 2850 a.e.c., con una industria microlaminar de la que podrían ser responsables grupos humanos llegados del Sahara oriental.
En el gran yacimiento de Merimda Beni Salama (3950-3450 a.e.c.), que pudo contener casi dos millares de personas, las primeras viviendas fueron hechas de madera (luego de adobe), presentando una planta ovalada, semiexcavada. Entre las casas se ubicaban sepulturas sin ajuar, sobre todo de mujeres e infantes. Alguas zonas son de trilla, con jarras con función de silos en los suelos de las viviendas. Aparecieron algunas figurillas humanas, de factura bastante tosca. En sus fases finales parece que hubo una cierta diferenciación social, pues algunas casas de un tamaño distinto, con graneros en su interior, pudieran ser un posible indicio de propiedad privada.
La primera colonización sahariana postglaciar se produjo hacia el IX milenio, tal y como constatan yacimientos con microlitos así como la presencia de campamentos temporales de recolectores (gramíneas) que provienen de la costa mediterránea, y cazadores locales. Se emplean anzuelos hechos en concha y arpones óseos. Ya hacia el séptimo milenio se elabora cerámica decorada con espina de barbo, una cerámica que se difundirá hacia el valle del Rift y el Nilo, así como hacia occidente, el río Níger, gracias a los pastores nómadas.
Únicamente a mediados del I milenio a.e.c. aparecen comunidades agrícolas, dando comienzo la expansión bantú hacia el sur y el centro del continente. Los indicios apuntan al cultivo de mijo y sorgo, además de la domesticación de bovinos.
En esta región hay tres grupos de Neolítico. El primero de ellos, el Mediterráneo, en la costa del Magreb; el segundo aquel de tradición industrial Capsiense, en las zonas interiores del Magreb; y el tercero, el Tenereense en el Sáhara central. Los tres poseen en común una economía pastoril, cerámicas incisas y un utillaje pétreo análogo. Del neolítico Mediterráneo destaca el yacimiento de la cueva de Oued Guettara, datada hacia 4900 a.e.c., así como el llamado cementerio de los escargots. Estos sitios encajan con aquellos de la costa opuesta del mar Mediterráneo, de donde procederían, como el caso de Curriachiagu, en Córcega, Cueva de los Murciélagos, en Córdoba, o Chateneuf-les-Martigues, en la Provenza francesa. La relación marítima con la zona europea de la costa mediterránea se verifica por los hallazgos de obsidiana de Lípari y Pantelleria en yacimientos de Argelia y Túnez, así como en la presencia de cerámica cardial en el norte de Marruecos (Gar Cahal, Cueva de Achakar, por ejemplo).
El Neolítico de tradición Capsiense se definió a partir del sitio de Redeyef (Túnez). La facies propiamente neolítica de la región capsiense corresponde a Jebel Bou, en Argelia, con presencia de morteros y útiles en hueso. La cultura material incluye agujas de coser en hueso, puntas de flecha bifaciales, recipientes de cáscara de huevo de avestruz y, sobre todo, ejemplos de arte mueble en forma de grabados de animales y cuentas de collar confeccionadas con caparazones de tortuga. La cerámica es bastante escasa.
El Tenereense (Ténére, y macizo de Air, Sáhara central, al norte de Níger, aunque se extiende al sur de Argelia, como Tassili, y a Chad), se fecha entre 3850 y 2450 a.e.c. Su presencia es clara en los yacimientos de Adrar Bous. En la cultura material destaca la presencia de herramientas en jade verde y sílex, sobre todo puntas de flecha bifaciales triangulares, así como microlitos geométricos, raspadores, raederas y cuchillos. Además se han hallado azuelas y hachas, en tanto que la cerámica presenta decoración impresa e incisa. El arte rupestre y mueble es muy notable, destacando las famosas figuras antropomorfas y zoomorfas de Tassili.
En el África oriental el Neolítico parece originarse a partir de los contactos con grupos de pastores migrantes que se dirigen hacia el sur escapando de la desecación sahariana. En esta amplia región el Neolítico se data entre 4000 y 1300 a.e.c., destacando el complejo cultural llamado Neolítico Pastoral (Kenia y norte de Tanzania).
En el norte del África Oriental fue Etiopía la clave en la difusión de la agricultura. En esta área se cultivaron, hasta la actualidad, especies de origen asiático, en tanto que la ganadería de bóvidos, en torno al lago Besaka, se constata ya en el IV milenio. Los vestigios agrícolas más arcaicos corresponden a los hallazgos de la Cueva de Lalibea, en especial guisantes y cebada. En las proximidades del célebre lago Turkana, yacimientos de grupos mesolíticos aparecen asociados con los ejemplos más antiguos de ganado doméstico.
En los sitios del Neolítico Pastoral hay restos de ganado, tanto ovejas y cabras como vacas, si bien en una proporción inferior a los vestigios de especies animales salvajes, básicamente ñúes y gacelas, un dato que hace factible pensar que la cría de ganado pudo ser un complemento. No hay pruebas de cultivo de plantas, si bien se puede pensar que recolectarían especies silvestres, pues se encontraron morteros. En las tierras altas de Uganda, Kenia y Etiopía se cultivaron plantas zonales, del tipo del nug y del plátano africano. En las zonas selváticas se repite el fenómeno, pero con la palma aceitera y tubérculos como el ñame. La cerámica está también presente.
Existen en la zona yacimientos con presencia, normalmente en inhumaciones, de útiles líticos (en obsidiana), hojas, lascas y cerámica, además de recipientes pétreos, sobre todo cuencos. Estos útiles han dado lugar a la denominación de grupos, entre los que sobresale el llamado Cultura de las vasijas de piedra.
Aunque en el África Occidental solamente se han podido documentar animales domesticados a mediado del III milenio, y de plantas no antes de 1200 a.e.c., la presencia en esta región de hachas, azadas, microlitos y cerámica fechables entre 5000 y 4000 a.e.c., levantan serias sospechas acerca de la época de inicio aquí del neolítico. La primera cultura neolítica conocida fue la de Kintampo, hacia 1600 a.e.c., que se desarrolló en lo que hoy es Ghana, Togo y Costa de Marfil, esencialmente presente en abrigos rocosos.
Los indicios de sedentarización en pequeños asentamientos se obtienen de la abundante cerámica y de las herramientas líticas, sobre todo puntas de flecha (Ntesero), las hachas pulimentadas, quizá empleadas para talar bosques, morteros y brazaletes de piedra. Existen, por otro lado, restos de actividad ganadera de cabras, vacas y ovejas y agrícola de palma, guisantes y ñame. Muy probablemente estas gentes recolectasen sorgo y mijo. En Duadi Tilemsi (río Níger) y en Kintampo (Ghana, cuyas fases finales se documentan hacia 1050), se han hallado restos de bóvidos domesticados datados en torno al 2000 a.e.c. la presencia de materias primas es un indicador de un intercambio comercial a larga distancia. Lo mismo podría decirse al respecto de la presencia de figurillas zoomorfas hechas en arcilla.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. 

17 de noviembre de 2017

Complejos tecnológicos del Paleolítico Superior en contraste: Chatelperroniense y Auriñaciense








Imágenes (de arriba hacia abajo): la escena de los caballos, cueva de Chauvet. Auriñaciense; unas herramientas líticas auriñacienses de Suabia; el rinoceronte en la cueva de Chauvet, del período Auriñaciense;  un mapa de distribución de los principales yacimientos del Chatelperroniense y; puntas o cuchillos chatelperronienses. Quinçay.

El inicio del Paleolítico Superior en la Europa occidental muestra, desde una perspectiva arqueológica, la presencia de dos diferentes grupos humanos que fabricaban dos distintos tipos de utensilios. Los Homo sapiens, que se movilizaron desde el oriente de Europa hasta el oeste del continente se desplazaron trayendo consigo con el tecno complejo denominado Auriñaciense y, con ello, muy probablemente, las ideas que dieron lugar al “arte”. Durante unos cinco milenios al comienzo del período del Paleolítico Superior, una industria asociada con el neandertal, el Chatelperroniense, se desarrolló en ciertas regiones del sudoeste de Francia, en la Dordoña y en los Pirineos. Se implica que existió un contacto entre auriñacienses y chatelperronienses. De hecho, en algunos yacimientos, como Piage y Roc de Combe (Dordoña), estratos auriñacienses están interestratificados con los chatelperronienses. Así pues, ambas culturas coexistieron y hasta ocuparon los mismos espacios. Hacia 35000 a.e.c., los chatelperronienses desaparecen.
La sustitución (Auriñaciense por Chatelperroniense) debió ser gradual, por pasos. Algunas colonias de sapiens se habrían adelantado, expandiéndose y uniéndose a la población previa conforme atravesaba localidades ecológicas. Con ello, la población neandertal se iría contrayendo como respuesta a esta dinámica. Si bien la coexistencia no debió ser universal, hubo zonas (Pirineos, centro y sur de Francia), donde unos y otros, neandertales y sapiens, vivieron juntos durante algunos miles de años.
Desde la óptica de los útiles líticos, se debe señalar la existencia de una continuidad acusada entre los tipos y las formas de las herramientas musterienses del Paleolítico Medio y otras chatelperronienses, del inicio del Superior, ambas asociadas al neandertal. Por otro lado, ningún emplazamiento auriñacense se vincula con neandertal. Hay una evidente ruptura entre el Musteriense y el Auriñaciense en cuanto a útiles y también en relación con los homínidos. En la península itálica y en la Europa oriental hubo dos complejos técnicos que se comparan con el Chatelperroniense. Se trata del Uluzziense y del Szeletiense, y los dos parece que se desarrollaron a partir de un musteriense previo. Ambos se prolongan hasta la llegada del Auriñaciense. Probablemente sean respuestas locales a la yuxtaposición de comunidades musterienses y auriñacienses.
La existencia de paralelismos de gran significación entre Chatalperroniense y Auriñaciense en ciertas regiones del occidente de Europa conlleva que el origen exclusivo del primero a partir del musteriense se ponga en seria duda. El componente tecnológico de hoja del chatelperroniense parece que provino del auriñaciense, no de sus antepasados musterienses. Útiles en cuerno y hueso, además de herramientas como buriles y raederas muestran una tecnología que parece haberse iniciado en el Auriñaciense. En esto se incluirían los adornos personales, como los dientes perforados o el empleo del ocre rojo. Estos rasgos, digamos tomados en préstamo se constatan en un período tardío del Chatelperroniense, tiempo después de la aparición y consolidación del Auriñaciense en la región occidental de Europa. La pregunta es si son desarrollos personales, locales, de neandertales chatelperronienses, una imitación selectiva de las comunidades auriñacienses, un intercambio entre ambas o una aculturación de la primera respecto a la segunda. La combinación de rasgos heredados (del musteriense) y de préstamos (auriñacienses) probablemente responde a un proceso de aculturación, que es resultado lógico del contacto (con independencia de la naturaleza del mismo) entre dos especies humanas (neandertal y sapiens).
Debieron existir muchas formas de interacción en distintos lugares y tiempos, entre neandertales y auriñacienses sapiens. En un primer momento parece factible que los auriñacienses hubieran explotado paisajes diferentes a los que eran propios de los neandertales. La competencia entre unos y otros en lo tocante a la caza (cuyas diferentes estrategias denotan estructuras sociales distintas) debió ser, en consecuencia, poco frecuente en un comienzo. Sin embargo, más capaces de forjar ámbitos de poder y redes sociales con sostenimiento simbólico, los auriñacienses crecieron en población, de tal manera que la competencia por los recursos, necesariamente tuvo que aumentar. Su ventaja demográfica pudo haber sido decisiva y haber conllevado la extinción de los neandertales chatelperronienses.
También es bastante probable que los nuevos auriñacienses hubieran traído consigo un lenguaje moderno. Pudo haber habido una comunicación verbal entre ambas comunidades de homínidos, aunque hubiese sido en un nivel cotidiano y bastante simple.
Algunos de los aspectos que los neandertales chatelperronienses no tomaron de los sapiens auriñacienses fueron las técnicas avanzadas de caza, la realización de imágenes y los entierros con presencia de enseres elaborados y, por tanto, muy ritualizados. Los adornos corporales y las inhumaciones se asocian con la construcción, y expresión, de un tipo de sociedad jerarquizada, impensable entre los neandertales. El hecho de que la cultura neandertal hubiera absorbido esporádicamente algunos ornamentos corporales auriñacienses pudo haberse debido a una búsqueda de un parecido superficial en relación a los más complejos auriñacienses. Muy probablemente también, el tipo de conciencia neandertal era diferente a la de las gentes del Paleolítico Superior, lo cual incapacitaría a estos chatelperronienses para la conformación de elaborados enterramientos o para la creación de imágenes. Sus imágenes mentales serían diferentes, y más limitadas en su acción. Las sofisticadas imágenes mentales auriñacienses podrían extenderse y hallar expresión en representaciones bidimensionales de objetos tridimensionales. Los neandertales simplemente no podrían comprender este tipo de imágenes.
La capacidad auriñaciense para formar, tener en consideración y manipular imágenes mentales en contextos sociales y de concebir, así, un reino espiritual (y de preparar a los fallecidos para tal reino) viajó con ellos hasta la Europa occidental, pues de hecho son los responsables de enterramientos y de la elaboración de estatuillas presentes en yacimientos del este y el centro de Europa. Se podría inferir que se habrían dado cuenta de que los neandertales chatelperronienses no poseían tales capacidades. Un tipo de conciencia distinto y un poder de creación de imágenes mentales con fuertes intereses sociales sería, potencialmente hablando, un relevante rasgo distintivo de su sociedad frente a la neandertal. No sería extraño imaginar que pudo haber engendrado un sentimiento de superioridad auriñaciense sobre los chatelperronienses y haber servido de catalizador de las relaciones entre ambos grupos.
La producción de arte figurativo de parte de los sapiens auriñacienses, a partir de sus imágenes mentales, afirmarían su predominio social frente, y sobre, los neandertales chatelperronienses. Entre 45000 y 35000 años antes del presente los neandertales del Chatelperroniense tuvieron que enfrentar un mundo nuevo de relaciones sociales (aquellas auriñacienses). Se trataba de enfrentar nuevas y más complejas comunidades sociales de sapiens, que incluían formas de simbolismo que señalaban posibles formas de vida más eficaces que las neandertales. Tales nuevos y sofisticados componentes estaban fuera del alcance neandertal. Algunos componentes de la vida auriñaciense podían ser imitados, como la fabricación de útiles o el adorno corporal, aunque de este último no serían capaces de entender su pleno significado. El neandertal del Chatelperroniense no estaría mentalmente equipado para abordar ciertos comportamientos auriñacienses (enterramientos elaborados, creencias espirituales o creación de imágenes). Sería, en definitiva, una deficiencia que se podría atribuir a un tipo específico de conciencia (la del auriñaciense) y no tanto a una inteligencia inferior (la neandertal).

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR, noviembre 2017.

23 de abril de 2017

La prehistoria europea desde los nuevos estudios genéticos




IMÁGENES, DE ARRIBA HACIA ABAJO: EL CRÁNEO DE VILLABRUNA, ITALIA; EL ESQUELETO DE LA BRAÑA 1 (LEÓN); Y LA MANDÍBULA DE LA DAMA ROJA, CUEVA DEL MIRÓN, CANTABRIA.
Los estudios genéticos llevados a cabo en los últimos tiempos han sido decisivos a la hora de aclarar el panorama de la prehistoria del continente europeo, particularmente la que corresponde al final del Paleolítico Superior, desde hace 45000 años hasta 13000. Los investigadores, específicamente genetistas, señalan la presencia de momentos poblacionales que reemplazan a otras poblaciones previas a través de migraciones que coinciden con cambios climáticos relevantes. Se establece que neandertales y sapiens se cruzaron de modo eficaz, tuvieron una descendencia fértil, si bien el porcentaje de ADN ha ido disminuyendo de forma gradual, revelando una determinada incompatibilidad evolutiva.
Los primeros sapiens llegaron a Europa hace 45 mil años, pero su huella genética no se encuentra ya en las poblaciones actuales. Las primeras poblaciones con las que persiste cierto parentesco son de hace 37000 años, y se identifican con la cultura lítica auriñaciense (que sustituyó a partir de hace unos 38000 años a la cultura Musteriense), cultura a la se asocian los ejemplos más arcaicos de arte (cueva de Chauvet y un instrumental óseo especializado (flautas)[1]. Era una época en la que seguían predominando las glaciaciones, lo cual debió suponer movimientos de población en dirección al sur o su desaparición definitiva.
Hacia 33 mil aparece otro grupo humano que reemplaza prácticamente por completo al anterior. Esta vez es vinculado con la cultura gravetiense, relacionada con las Venus paleolíticas realizadas en hueso y con los restos de pinturas de manos en negativo. Sin embargo, hace 20 mil o 19000 años reaparecen en el contexto continental algunos descendientes pertenecientes a la cultura auriñaciense. Es posible que sus antepasados hubiese migrado hacia refugios más cálidos en el sur de Europa, entre ellos la Península Ibérica, y que una vez pasados los rigores del frío de la última glaciación, sus descendientes se hubiesen expandido, de nuevo, hacia el norte del continente, recuperando algunos territorios y reemplazando a la población existente. Algunos restos humanos hallados en Cantabria parecen demostrar que los habitantes de esta región estaban emparentados con ellos.
Pero todavía habría habido otra oleada poblacional. Hace 14000 años, una población humana llegada desde el Próximo Oriente se despliega por el continente y se hace dominante, sustituyendo a buena parte (aunque probablemente no a toda) de las poblaciones anteriores. La identificación de esta nueva población se verificó a partir de los restos de un cazador-recolector hallado en Villabruna (Italia). Las marcas genéticas de esta última población se perpetuaron durante varios milenios, como parece demostrar el hallazgo de un cazador-recolector aparecido en el yacimiento de La Braña, en León, datado en 7000 a.e.c., que estaba emparentado con este grupo.
Un aspecto que ha resultado descollante para los investigadores es que los genes del individuo de La Braña muestran que su tez era oscura y, muy probablemente, sus ojos claros. Hasta la aparición de sus ancestros en Europa (14000 a.e.c.), se estima que todos los europeos tenían la piel oscura pero los ojos marrones. Los primeros individuos con genes de pieles más claras vivieron hace unos 13 mil años. Solamente con  la llegada de los primeros agricultores desde Oriente Medio, ya en el Neolítico, la tez blanca se hace más generalizada.


Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-Ugr. Abril, 2017


[1] El fósil humano de la cueva del Mirón, en Cantabria que ha sido nominado como la “Dama Roja”, pertenece al linaje de los primeros pobladores auriñacienses. Está emparentada con un individuo de la Cueva de Goyet, en Bélgica, fechado hace unos 35000 años.

9 de enero de 2017

Sapiens en migración: desde el corredor del Nilo a la conquista de Europa (I)


 

Imágenes: arriba, un esqueleto profusamente adornado en un entierro en el yacimiento de Sungir, Rusia; abajo, un conjunto de herramientas en hueso del mencionado sitio de Sungir, Paleolítico Superior, de hace unos 30000 años.

El corredor del Nilo debió haber provisto un hábitat natural muy atractivo, y perenne. En este ambiente debieron converger diferentes grupos humanos. El registro arqueológico, por desgracia, no es particularmente abundante, pues muchos de los asentamientos estuvieron en sitios de superficie más que en cavernas.
Se han destacado una serie de rasgos culturales complejos (denominados “cultura Nubia”) en la región hace más de 40000 años. Estarían asociados a nuevos grupos que provendrían del sur, en tanto que muchas de sus características se observan en la cultura del sur de África.
Los fundamentos de esta “cultura” se encuentran en sitios clave, como Nazlet Safaha y Taramsa I. En ellos se ha encontrado evidencia que confirma la actividad estratégica de la caza de subsistencia, puesto que han aparecido un gran número de puntas de proyectil. Tal abundancia, aunado a los conflictos para adquirir la piedra, sugieren también una considerable densidad de población y un contexto apropiado para la interacción social, rasgo característico de la complejidad cultural sapiens.
Una cultura moderna desarrollada es sugerida por la complejidad lítica del conjunto de herramientas y por el modo en que los artesanos planean adquirir la materia prima en determinados lugares y trasladarla para propósitos particulares.
Únicamente un esqueleto ha sido hallado en Taramsa I, y ha sido datado, de modo tentativo, en 55000-50000 años. Además de probar que sapiens fue el responsable de esta cultura Nubia, su hallazgo representa el ejemplo más antiguo de enterramiento de un hombre moderno. Se trata de un ejemplar de chica joven, de unos diez años de edad, encontrada en posición sentada y orientada hacia el este. Si se tratase de un enterramiento deliberado, podría ser un indicio de una cultura que posee alguna idea sobre la vida de ultratumba y de algo cercano a lo que podríamos denominar “religión”, un auténtico marcador cultural.
La presencia de lo que los antropólogos denominan bienes funerarios, como objetos de arte, herramientas, ornamentos diversos, acompañando a los huesos es lo que es tomado como una marca de una verdadera tumba. La ausencia de en el yacimiento de Taramsa I de tales bienes y de cualquier otro artefacto que evidencia un ritual religiosos, y el hecho de que es el único ejemplo anterior en unos 25000 años a enterramientos ciertos aparecidos en el registro arqueológico, pudiera indicar que la disposición de los restos de Taramsa I no fueron una verdadera inhumación.
No se puede, en consecuencia, asegurar que hayan sido esas gentes nubias quienes gradualmente se expandieran y se desplazaran hacia el Levante, si bien el “viaje” no sería largo (de unos pocos cientos de kilómetros) desde los sitios con fósiles de la cuenca del Nilo. Además, la migración podría encajar con el modelo de las migraciones de homínidos africanos previas, incluyendo una que condujo a los sapiens a asentarse aquí en el período comprendido entre 110000 y 70000 años antes del presente, cuando África era especialmente seca y cálida y gran número de mamíferos fueron atraídos por un más húmedo Levante.
Nuevas poblaciones se movilizaron no mucho después de hace unos 50000 años. A juzgar por la clase de herramientas encontradas, marcadas por puntas de lanza (algunas con forma de V), y la sofisticación de las mismas, esas gentes procedían de África. Un soporte de esta perspectiva se encuentra en la clase de esqueletos hallados, que son aquellos típicamente ambientados o criados en zonas tropicales, con largas extremidades y un alto torso que provee grandes áreas de superficie de piel que permitan perder calor, a diferencia de los ambientados a un clima frío, como los Neandertales, de menor estatura.
Además, la reciente evidencia genética, que compara marcadores de cromosomas Y, muestra que uno de ellos, propio de las poblaciones africanas nororientales, es idéntico al de la mayoría de la gente levantina, y que la mutación podría datarse en algún momento entre 50000 y 45000 años, lo cual implicaría  una migración en dirección septentrional sobre esas fechas.
La primera evidencia segura de cultura moderna en Levante se data en 49000 años, concretamente a partir de las herramientas halladas en el sitio llamado Boker Tachtit, en el desierto del Neguev, al sur del Israel actual. Los objetos aquí hallados incluyen muchas puntas triangulares de lanza y diversos útiles de pedernal que marcarán la cultura moderna tal y como se desarrolla en Levante y en Europa. Se trata de cuchillas u hojuelas de piedra, raspadores y buriles usados como perforadores.
Este conjunto de herramientas expandidas y notablemente estandarizadas, con la predominante punta de lanza de diferentes tipos, además de hojas, buriles, medias lunas dentadas, leznas, punzones, morteros, espátulas y piedras de amolar, es un signo de la intensidad con la que las gentes de Boker Tachtit fueron capaces de explotar los alrededores.
Sin duda fueron cazadores de una gran variedad de animales, a los que habrían aprovechado de un modo intensivo. Estaríamos ante un ejemplo de sociedad sapiens que llegaría a ser dependiente, pero también muy competente, de la tecnología.
A partir de los útiles de Boker Tachtit se ha argumentado que sapiens habría desarrollado un nuevo patrón de conocimiento, clave en su subsiguiente éxito y expansión territorial. Se habría desplegado, entonces, una especial forma de razonar y pensar, particularmente en lo relacionado a los modos de transformar los núcleos en una gran variedad de usos. Se ha sugerido un razonamiento analógico por el cual una cosa podría ser hecha para servir multifuncionalmente, y que ello sería parte de las estructuras lingüísticas del sapiens y de su manera de ordenar el mundo a su alrededor y establecer su compleja organización social.
No está claro, en cualquier caso, quien pudo fabricar tales herramientas puesto que los primeros fósiles de sapiens en el área se fechan sobre 46000 años (los restos de un niño en el abrigo rocoso de Ksar 'Akil, cerca de la costa libanesa. Sin embargo, los útiles hallados en el sitio de Ksar 'Akil son semejantes a aquellos de Boker Tachtit, y, por lo tanto, la lógica sugiere que fue sapiens quien hizo estas iniciales herramientas unos tres milenios antes. Los fabricados por los neandertales, que habían estado en la región 50000 años antes, no son como los de los modernos sapiens.
El esqueleto de Ksar 'Akil es considerado por muchos como el ejemplo más antiguo de consciente enterramiento sapiens en el Levante. Se ha llegado a esa conclusión porque a los restos le fueron colocados encima un conjunto de guijarros traídos deliberadamente hasta el abrigo rocoso, sugiriéndose con ello algún tipo de tumba. Sin embargo, también podría tratarse de un simple medio de proteger el cadáver ante los carnívoros carroñeros, sin que exista, por tanto, ninguna connotación ritual.  Por otra parte, aquí se carece también de bienes funerarios rituales.
Ciertos indicios de alguna suerte de “arte” parecen emerger hace unos 45000 años. Es el caso de una losa de piedra con ocre rojo hallada en la cueva de Qafzeh, cerca de la costa mediterránea de Israel, que ha sido datada entre 44000 y 42000 años; también pudiera ser el caso de pequeñas piezas pétreas con pintura roja y negra encontradas en el Nivel D de la Cueva Hayonim, fechada en 32000 años, así como de dos pequeñas losas grabadas (del mismo nivel). Una de ellas es la primera (y muy rara) representación de un animal en el registro arqueológico levantino, en una época en la que algunos animales aparecen en el arte de Europa. Se trata de un caballo inciso con una pequeña mella en un ojo. En función de que la representación fue cubierta de ocre rojo en el medio se ha pensado que pudiera simbolizar la sangre. Algún significado que va más allá de la simple decoración, es muy probable.
En el abrigo rocoso de Ksar 'Akil se ha encontrado un abundante tesoro de cuentas de concha. Las conchas marinas para la ornamentación personal estuvieron muy extendidas en el Levante. Cuentas de otros materiales, como dientes de oso, ciervo y caballo, también han aparecido en sitios tardíos como la mencionada Caverna Hayonim, en El Wad, al norte de Israel y en erq el-Ahmar, en Jordania.
Hace 27000 años en Ksar 'Akil también se encontraron incisiones regulares sobre una punta de hueso, quizá de una lechuza. La presencia de estas cuentas implica un sistema de comunicación, que señala a las gentes de otras bandas o tribus algo especial sobre el estatus del portador (grupo de identidad, riqueza, posición, relaciones con otros, los éxitos en la caza), que los demás pueden asumir o entender.
Podría esperarse que la tecnología para los ornamentos surgiese primero en lugares en donde hubiese oportunidades de encontrarse con extranjeros y fuese beneficioso advertir la identidad y el estatus propio desde lejos. También podría tratarse de un medio de distinguir una banda o tribu de otras, quizá proclamando la territorialidad sobre un espacio de caza, o un mecanismo para proclamar quien es el individuo, a dónde pertenece y quien le protege.
Algunas bandas de sapiens migraron fuera del área, encarándose hacia el norte, si bien el registro fósil muestra que muchos escogieron quedarse y sobrevivir a partir de la caza de animales de rápida reproducción, como conejos,  perdices u otras aves, aunque ello implicase emplear más tiempo y esfuerzo. Este modo de caza supone, asimismo, la invención de trampas. Se ha sugerido (Ofer Bar Yosef) que algunos sapiens habría cazado en círculos más extensos utilizando unas armas más intrincadas (arcos y flechas, lanzas arrojadizas), aunque ningún ejemplar de este tipo ha sido hallado. Ciertas posibles competencias, pudieron haber propiciado contactos regulares, y quizá amigables, entre bandas o tribus. Por tal razón no resulta tan sorprendente que algunos medios de identidad ornamental pudieran haber sido creados para tal fin.
Los adornos probablemente también indicaban un significativo auto reconocimiento individual, además de identidad grupal, tal y como actualmente ocurre. Incluso se podría pensar en un cierto mecanismo de atractivo personal.
Una sofisticada cultura sapiens del Levante, que enfatizaba la caza, la pesca y la captura de aves, poseía “arte” y ornamentos, quizá practicase magia y contase con un sentido de los sobrenatural y, además, fuese consciente de su individuación, comenzó a desplazarse hacia el norte, hacia Europa y las llanuras de Asia central en algún momento hace 46000 años. En un tiempo relativamente breve, de unos cinco milenios, los grupos tuvieron un gran éxito en la ocupación del territorio. No parece que los cambios climáticos hubiesen provocado directamente esas migraciones, ya que la Europa de esas épocas continuaba a ser fría y seca, con escasos períodos cálidos y, por consiguiente, no debió haber sido especialmente más deseable que el Levante, de temperatura más templada.
Sin embargo, una fractura en el período frío se produjo hace unos 45000 años, cuando las capas de hielo polar retrocedieron hacia el norte y las planicies herbáceas de la tundra gélida también lo hicieron hasta la Europa septentrional y nórdica, de manera que se abrieron espacios de coníferas en una zona templada, con bosques de árboles de hoja caduca, alrededor del Mediterráneo, que pudieron haber sido áreas atractivas de asentamiento, en especial para especies que sabían cómo adaptarse al frío usando el fuego y la vestimenta. Parece más probable, incluso que hubiese sido un repetido fenómeno de uso excesivo del medio ambiente circundante y un exceso de caza, lo que haya forzado el éxodo de sapiens.
No se constatan yacimientos que registren los posibles corredores de la migración. No obstante, en Georgia, en la región oriental del Mar Negro y del norte de Turquía, pudieron existir accesibles fuentes de vegetación y suministros, incluso en períodos más fríos. Además en la región hay un gran número de abrigos naturales y de cuevas, aparte de abundancia de pedernal. Esto sugiere que la zona de Georgia fue un sendero de salida del Levante, siguiendo, tal vez, el río Éufrates, las montañas del Tauro y continuando alrededor del Mar Negro, internándose en Europa, y en las proximidades del Caspio en la llanura occidental siberiana.
No obstante, los sitios más antiguos en Europa con conjuntos de útiles análogos s los hallados en el Levante, solamente aparecen en lo que hoy es Bulgaria. En consecuencia, parece probable que la ruta de salida del Levante haya sido por esta región. Con ello se evitaría el problema de cruzar las montañas turcas y por tanto, se habría seguido la costa mediterránea. En cualquier caso, ningún yacimiento ha sido hallado que suporte esta conjetura, si bien en la actualidad pueden encontrarse bajo las aguas.
Un reciente estudio del ADN de las poblaciones europeas actuales sugiere que la migración más antigua hacia Europa tuvo lugar desde el Cercano Oriente hace 45000 años por dos rutas principales, una a lo largo de la costa turca hasta el interior de Grecia y al sur de Francia, y la otra cruzando los Balcanes y, siguiendo el Danubio, hasta entrar en lo que en la actualidad es Alemania.    
La pobreza de fósiles humanos para el conjunto del período que abarca desde los 45000 a 36000 años es un tanto decepcionante. Algunos ejemplos son muy dudosos. En Alemania los investigadores encontraron tres huesos de un esqueleto en un sitio originalmente de Neandertales. Creyeron en su momento que se trataba de una hembra de sapiens de hace 44000 años. En uno de los más antiguos sitios en los que existen conjuntos de útiles de sapiens (Caverna de Bacho Kiro, en la Bulgaria central), que se data en 46000 años, se hallaron restos fósiles de un homínido, en concreto fragmentos de una mandíbula superior e inferior de un joven, además de un diente. Sin embargo no se puede concluir que sean restos incontestables de sapiens y sean, probablemente de neandertales.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB- FEIAP-UGR. Enero, 2017.

22 de diciembre de 2015

Sobre el bipedismo y sus ventajas

La notable transformación morfológica del ser humano a lo largo del tiempo presenta cuatro aspectos cruciales interconectados: la bipedestación, la mano prensil, el aumento del cerebro y la transformación del rostro. La bipedestación marcó, no obstante, el punto de salida, originando, a su vez, el empleo de la mano para manipular objetos de distinta consideración, el aumento del cerebro y una progresiva transformación de la estructura ósea y de los músculos de la cara. Estos cuatro aspectos se influenciaron recíprocamente. En este caso particular, nos centraremos en el bipedismo.
La postura erguida supuso un cambio tanto morfológico como de la conducta. El bipedismo era, aparentemente, habitual en los ardipithecos, los australopitecos y, quizá también, incluso, en el Orrogin tugenensis. Hay que señalar, en cualquier caso, que los cambios morfológicos que se produjeron a partir del inicio del andar erguido fueron paulatinos, muy graduales. Una de las transformaciones más relevante implicó la modificación de la columna vertebral. La misma fue adoptando la forma sinuosa para sostener el tronco vertical, apoyado en la pelvis. Tal posición obliga a la pelvis a ensancharse para poder, así, sostener todo el cuerpo y las vísceras del abdomen. Además, se produce un alargamiento de las piernas, en comparación con los brazos, y un imprescindible desarrollo de la musculatura glútea; el pie también se transforma. El cráneo, por su parte, ahora ya no cuelga de la columna, sino que se sitúa apoyado en la parte superior del tronco. Se da, así mismo, un progresivo alargamiento del cuello.
La postura erguida supuso, sin duda, una notable mejora en el proceso adaptativo al medio ambiente, que debido al enfriamiento del planeta y a una sequía muy duradera, produjo una nueva retirada del bosque y una ampliación de zona de sabana con espacios abiertos. La adopción del bipedismo debió verse posibilitada por una serie de mutaciones genéticas que lo hicieran posible. En los comienzos más o menos titubeantes, debió predominar entre los homínidos un estilo de vida mixto entre la vida arborícola y la propiamente terrestre en la sabana.
Se han identificado diversas ventajas en la posición erecta y en la posibilidad de caminar erguido. Ya en el siglo XIX se afirmaba que la posición del pie permitía a los homínidos liberar sus manos y, en consecuencia, fabricar utensilios de distinta naturaleza, garantizándose, de ese modo, la superioridad sobre los demás animales. Esta apreciación, no obstante, situaba el origen de los cambios de forma y conducta en una suerte de determinada“previsión intencional” de la especie.
Hoy este planteamiento ha perdido vigencia en virtud de que las diversas especies de homínidos caminaban erguidos a pesar de poseer una capacidad cerebral realmente no muy superior a los chimpancés. En tal sentido, la razón del inicio del bipedismo debe buscarse en la necesidad de adaptarse a un nuevo entorno ecológico generado por una prolongada sequía, lo que originó un retroceso de la densidad arborícola y un decisivo aumento de la sabana. Además, tal hecho se relaciona con el tipo de alimentación de los primeros homínidos, centrada en la carne (no cazada, sino por el carroñeo), en los frutos y las semillas.
Entre los beneficios de la nueva postura erguida se señalan determinadas ventajas clave, como aquellas asociadas al transporte de comida y al cuidado de los hijos más pequeños, las relativas a facilitar una conducta vigilante, al levantarse sobre la hierba de la sabana; aquellas vinculadas con una presunta exhibición fálica de los machos para atraer a las hembras; las que favorecían el seguimiento de las piezas de caza en la sabana; o las que aseguran la decisiva ventaja de perder calor corporal al quedar expuestos a la radiación solar en plena sabana. Algunas más consideran que el bipedismo es favorable en el gasto energético en el momento en que hay que hacer marchas muy largas.
De un modo bastante particular, y desde cierta antropología, se ha propuesto también (C. Owen Lovejoy) que el bipedismo se debió a un nuevo modo de vivir la sexualidad y a una nueva estrategia reproductiva del ser humano. Dicho en otras palabras: el bipedismo permitiría procrear más. La mencionada estrategia reproductiva sería ahora de un tipo cualitativo (tener menos descendientes, pero atenderlos mejor). En tal sentido, cada pareja humana no estaría interesada en tener muchos hijos al mismo tiempo, sino sólo uno, aunque tengan que cuidarlo con gran esmero para lograr que sobreviva. Ello supone, según la teoría de Lovejoy, la afirmación de la tendencia a la conformación de parejas sexuales monogámicas e íntimamente unidas, situación a la que contribuyó la orientación que fue adoptando la sexualidad femenina, que pasó de carecer de período estrogénico (estro) a estar en permanente disponibilidad de apareamiento y a la consciente procreación. Lo que es más. Esos condicionantes le permitirían a la hembra sujetar de modo continuo a su pareja y, (desde una perspectiva sociobiológica), conseguir que el macho abandone su natural e instintiva tendencia promiscua y poligámica, y colabore de modo uniforme y comprometido en la cría y cuidado de la prole. De aquí se iría imponiendo un reparto de roles sexuales y culturales, en el que el sexo masculino se orientaría a la caza mientras que el femenino al cuidado de los hijos y a la recolección y, ulteriormente, a la agricultura y la ganadería. Por lo tanto, la postura erguida le permitiría a la mujer llevar en brazos al recién nacido y al varón le habría permitido emplear activamente las manos para manejar las armas o útiles que necesitaba para cazar o buscar alimentos tanto para su pareja como para sus hijos. En la actualidad, este hipótesis es muy criticada y, por ende, muy discutible, ya que el sexo no tiene porque ser la adherencia, o la única adherencia de una pareja.
La solución que, en consecuencia, proponen otros autores (caso de Marcel Blanc, por ejemplo), en relación al origen del bipedismo, no sigue la orientación de un mayor éxito reproductivo (como Lovejoy) sino la senda de una mejor adaptación a un nuevo nicho ecológico, en el que se podía alimentar más (y sobre todo, mejor), sin tener ninguna especie que pudiera hacerle frente al ser humano en ese nuevo entorno natural. Tal ámbito ecológico estaría representado por las grandes extensiones de sabana, con escaso arbolado. En ellas, los homínidos se irían acostumbrando a alimentarse de frutas silvestres y frutos secos de arbustos y pequeños árboles. En un entorno de estas características, resultaría especialmente ventajoso poder ponerse de pie y caminar erguido para así poder advertir con suficiente antelación la llegada de ciertos depredadores.
Es muy probable que la adopción del bipedismo haya permitido una mayor cohesión social del grupo, un factor que, a su vez, habría sido propiciado por la adaptación a un mejor nicho ecológico y un mejor reparto de roles. Una plausible y progresiva cohesión grupal se mejoraría sensiblemente cuando los seres humanos estuviesen provistos de una significativa capacidad cerebral así como de un modo de comunicación dotado de un  lenguaje articulado.
 
Prof. Dr. Julio López Saco
UCAB-UCV, Caracas. FEIAP-UGR