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3 de junio de 2020

Hallazgos arqueológicos (XI). Mosaico de las Musas, hemiestátera celtíbera, denario de Venus y áureo de Leliano






Imágenes, de arriba hacia abajo: Mosaico de las Musas; hemiestátera celta gala; denario con la figura de Venus; y áureo de Leliano.

Cuatro referentes arqueológicos destacables y, en consecuencia, dignos de ser comentados con un cierto detenimiento en el detalle (aunque sin exagerar). Un mosaico y tres espectaculares ejemplos de numerario. El primero es el Mosaico de las Musas (Djem, Túnez), datado en el siglo III; en este caso el fragmento alusivo a Maias (origen del nombre del mes de mayo, denominación que proviene de la diosa Maia). Se trata de una deidad itálica de la primavera que en Roma se asoció al nacimiento. El segundo, es una espectacular moneda celtibérica, una hemiestátera que se ha relacionado con los Aulercos-Eburovicos que habitaban la región del río Loira en la Galia. Destaca por su esquematismo, tanto del jinete como de la montura, con formas volumétricas casi cubistas. Se puede apreciar en el Museo de Palencia. La tercera forma parte también del numerario, en esta ocasión romano: un denario de plata de Faustina la Menor (hija de Antonino Pío y esposa del gran Marco Aurelio). Aquí la representación corresponde a la diosa Venus (la Afrodita griega, de la cual procede, por cierto, Aphro, el origen de Aprilis, el nombre del mes), que se encuentra de pie sosteniendo en una mano una Victoria y en la otra un escudo. Esta última pieza, por cierto, se encuentra en el Museu Arqueológico Diego de Sousa de Braga, Portugal.
El cuarto y último es el célebre áureo dorado del siglo III, de gran valor por su escasez (únicamente se conocen un par, la otra moneda es un vellón antoniniano acuñado en Maguncia o Tréveris, como el áureo). Corresponde a un tal Ulpio Cornelio Leliano, algo más que un efímero emperador (ni dos meses de mandato antes de su fallecimiento por asesinato) durante el año 269. Es un ejemplar que fue descubierto durante unas obras en una carretera inglesa. Este hombre había sido un veterano del ejército (un oficial) que encabezó una rebelión en Maguncia, como muchas que habría en tiempos cercanos al de su vida, y posteriores, ante Póstumo. En el anverso, Leliano con corona de laurel y la leyenda respectiva, mientras que en el reverso Temporum Felicitas, una figura femenina (una personificación), reclinada que sostiene una rama y se apoya en una liebre. ¿Liebre (o conejo), como reivindicación de Hispania, teniendo en cuenta el posible parentesco de Leliano con Trajano y Adriano, que pertenecieron a la familia de los Ulpios?. Imposible no parece.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, junio, 2020.

14 de enero de 2019

Medallón de Septimio Severo



En la imagen tenemos un medallón de cobre del emperador, de origen ítalo-púnico, Septimio Severo Pertinax (193-211), acuñado en Roma en 195, como se infiere de la mención en la leyenda del tercer poder tribunicio del emperador y de su segunda tenencia del consulado. Se combina aquí un retrato con una escena explícita de propaganda política (algo bastante común en las monedas romanas, con la presencia de un “evento” o de una construcción). En las monedas griegas más antiguas, y también en las helenísticas, aunque puede haber un mensaje político, el mismo siempre aparece en términos simbólicos. El anverso muestra un poderoso retrato de Septimio, con su espalda desnuda hacia el espectador, con un escudo sobre su hombro izquierdo y una corona de laurel sobre su cabello. Es una imagen que semeja aquella de Augusto sobre el cameo Blacas. Tal vez se buscaba algo así como un eco de las representaciones de Alejandro Magno y sus grandiosas victorias orientales. En el reverso se muestra al propio emperador dirigiéndose a un grupo de legionarios que mantienen sus estandartes. Su brazo derecho está levantado, en el gesto de adlocutio, mientras que en su izquierda mantiene una espada, lanza o un bastón de mando. Más allá de él, se observa a su hijo mayor, Caracalla. La escena parece celebrar la relación entre el ejército y el emperador. La leyenda reconoce la fidelidad de los soldados (fidei milit). Tal vez medallones de este tipo fueran usados por los oficiales.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP. Enero, 2019.

8 de enero de 2019

Hallazgos arqueológicos (VIII): monedas de los oppida célticos




Una de las monedas de las imágenes, la dorada, muestra el anverso de una estátera correspondiente a la civitas de los parisios. Representa un caballo, estilizado, cuya inspiración procede de otros prototipos belgas, tal vez de los ambianos. El otro ejemplar pertenece al reverso de una acuñación de los dobunios, en la Britania, datada en el siglo I a.e.c. Se observa, de nuevo, un caballo estilizado, semejante a los de las acuñaciones áureas de los ambianos de la Galia belga. El motivo puede relacionarse con la simbolización de alguna divinidad o asociarse con un papel como marcador de un estatus aristocrático. Los parisios, cuyo territorio se encontraba en el valle central del Sena, tuvieron según César, su oppidum principal en la famosa Lutecia. Las primeras acuñaciones de este grupo, específicamente estáteras de oro, son del siglo II a.e.c. Dejarían de acuñarse con la conquista romana, hacia 52 a.e.c., momento en que los parisios de Camulogeno fueron vencidos por Tito Labieno.
Los celtas debieron adoptar la moneda a fines del siglo IV o, más probablemente, durante el III a.e.c., influenciados sin duda por las culturas mediterráneas. Las acuñaciones más antiguas son las imitaciones áureas de aquellas macedónicas de Filipo II y Alejandro III e, incluso, de las de Tarento. Este hecho ha sido puesto en relación con el regreso de mercenarios celtas que habrían entrado en combate en zonas del Mediterráneo oriental. Otras influencias provienen de ejemplares en plata de las polis griegas occidentales, principalmente Massalia, Emporion y Rhode. El gran valor intrínseco de las piezas y la falta de moneda fraccionaria hace pensar que las monedas se empelarían inicialmente como un mecanismo para tesaurizar la riqueza de los aristócratas, que eran los emisores. Su escasa distribución se vincularía con la presencia y mantenimiento de séquitos militares, cuya entrada en combate provocaría un aumento de las acuñaciones.
No se emplearía la moneda como medio de pago hasta mediado el siglo II a.e.c., en coincidencia con la emergencia de los oppida, grandes concentraciones desde las que se desplegarían las actividades comerciales. No se ha constatado una moneda ciudadana, esto es, de la civitas como comunidad política. No obstante, si habría regiones económicas en las que se usaría un mismo tipo monetal, con peso e iconografía propias. Así, por ejemplo, destacó el área del denario galo, con la presencia de  eduos, lingones y sécuanos, quienes acuñarían quinarios (o medio denario) en plata siguiendo prototipos romanos. El fenómeno de urbanización y concentración poblacional que suponen los oppida, propiciaría una indetenible emisión de numerario, de acuñaciones regionales y locales, que acabarían siendo un motivo de identidad o un reflejo del deseo de poder de las elites. Las clases aristocráticas plasmarían sus propios atributos en la moneda a través de la representación de deidades, armamento o estandartes.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-FEIAP, enero, 2019.

14 de julio de 2018

Monedas de la antigüedad (IV): monedas de Pérgamo




Varias monedas de Pérgamo. La primera muestra un Cistophoros. Se data entre 200 y 133 a.e.c. En el anverso, anepígrafo, una cista mística con serpiente. Todo ello dentro de una corona de yedra. En el reverso, un arco entre serpientes rodeado de yedra. Monograma a la izquierda y cabeza de Apolo a la derecha. La segunda es un tetradracma fechado entre 241 y 197 a.e.c. En el anverso, anepígrafo, una (presunta) cabeza laureada de Filetero que mira hacia la derecha. En el reverso, Atenea sentada hacia la izquierda y acodada en un escudo adornado con la Gorgona, además de una lanza sobre la espalda. En el campo, un racimo de uvas y detrás un arco. La última es también un tetradracma, en esta ocasión posterior a 189 a.e.c. La moneda había sido emitida en 172 por Atalo II, hermano de Eumenes II. En el reverso, los Dióscuros, gemelos que se consideran un símbolo del amor fraterno, enmarcados por una corona de laurel.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Julio, 2018.

12 de febrero de 2014

La moneda romana antigua IV: la iconografía

MONEDA ROMANA CON POMPEYO EN EL ANVERSO Y NEPTUNO EN EL REVERSO.


Las imágenes se producían golpeando la moneda en un molde previo al corte. En la etapa republicana el control de estado sobre la acuñación se llevaba a cabo a través de magistrados (primero tres, luego cuatro), llamados tresviri aere argento auro flando feriundo (a.a.a.f.f.). Estos magistrados favorecieron las imágenes clásicas como las de Iove, Roma, Marte o la Victoria. En las piezas monetales del siglo II a.n.E., aparecieron series de monedas en las que se representaban cuadrigas, aunque desde 135 a.n.E. los tresviri empiezan a favorecer la aparición de sus historias familiares, marcas locales, eventos contemporáneos y la efigie de miembros de sus lealtades personales. Se evitaba la representación de los gobernantes, probablemente porque en las monedas griegas tal imagen se reservaba a reyes y tiranos, hecho nada acorde con los principios republicanos romanos. Las leyendas se hacían en líneas verticales u horizontales, pudiendo continuar, si era necesario, en la cara opuesta de la moneda.
En las monedas romanas pueden aparecer representadas muchas alegorías de divinidades, héroes y animales míticos, como Calíope, Herakles, Lares, Eneas, Amaltea, Can Cerbero, Esfinge o Luperca. Son muy habituales las personificaciones femeninas de emociones, sentimientos o virtudes (Abundantia, Aequitas, Aeternitas, Caritas, Clementia, Concordia, Fortuna, Eirene, Felicitas o Patientia, entre otras muchas).
Las monedas romanas del período imperial suelen tener en sus anversos los rostros de los emperadores, llevando una corona radiante o de laurel. En muy raras ocasiones, se muestra un miembro destacado de la familia imperial. Son verdaderos retratos, algunos idealizados y otros muchos más realistas. La variabilidad dependerá del emperador en particular, de las situaciones de su reinado y de las convenciones artísticas cambiantes. A partir de Constantino, los retratos imperiales se hacen más estandarizados, convirtiéndose en una norma la representación uniforme del emperador, al margen de sus características físicas. Muy excepcionalmente se puede encontrar alguna moneda en la que el emperador use S C o Senatus Consulto, cuya significación en el contexto imperial debe ser la que refiere el apoyo del senado. La leyenda rodea a la moneda en el sentido de las agujas del reloj, empezando desde la parte inferior izquierda.
El reverso de las monedas imperiales podían llevar una amplia variedad de imágenes y diseños. Sobre las antiguas monedas de bronce a menudo se representaba la proa de un barco. Las monedas de mayor valor mostraban temas diversos: monumentos, como la columna trajana, templos o el coliseo, además de proyectos de ingeniería promocionados por el estado romano (acueductos, puentes, puertos, sobre todo el de Ostia). Algunas imágenes portaban un sentido simbólico, como la del cocodrilo encadenado a un árbol de palma, que representa la conquista imperial de Augusto. En otras se simbolizaba la subyugación de Egipto al poder de Roma. Las monedas provinciales, acuñadas en cecas locales, representaban héroes y dioses locales, monumentos o símbolos religiosos locales, como los vasos cánopes en los reversos de algunos ejemplares de Alejandría. Ciertas monedas, incluso, pueden también representar monumentos perdidos o arruinados.

Bibliografía

Albiñana, C. H., Introducción a la numismática antigua. Grecia y Roma, ed. Complutense, Madrid, 1994.
Blanchet, J. A., Les monnaies romaines, Petit bibliothèque d'art et d'archèologie, Leroux, París, 1896.
Howgego, C., Coinage and Identity in the Roman Provinces. Oxford University Press, USA, 2008.
Kenneth J., Ancient Greek Coins. Numismatic Fine Arts Intl, 1989.
Sear, D. R., Roman coins and their values, Millennium edic., Londres, 2000
Potter D.S. (edit.), A Companion to the Roman Empire, edic. Wiley-Blackwell, Londres, 2009.
William E. M., The Oxford Handbook of Greek and Roman Coinage, Oxford University Press, USA, 2012.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV. Escuela de Letras, UCAB

9 de febrero de 2014

La moneda romana antigua III: amonedación imperial


IMÁGENES: ARRIBA, UN DENARIO DE ÉPOCA DEL EMPERADOR GALBA; ABAJO, UN SESTERCIO EN BRONCE DE ÉPOCA DE TITO, CON EL COLISEO EN SU REVERSO. (LA PRIMERA ES UNA CORTESÍA DE www.tesorillo.com).

Fue Julio César quien primero usó la imaginaría en las monedas en su beneficio como recurso propagandístico. Sin embargo, fue Augusto quien reformó las denominaciones de las más pequeñas monedas y creó un nuevo sistema que sería el fundamento de la acuñación monería romana durante tres siglos. Las monedas de plata inferiores al denario fueron reemplazadas en 23 a.n.E. por el sestercio y el dupondio de latón (aleación de cobre y zinc) y oricalco, mientras que el as era acuñado en cobre o bronce. El denario argénteo siguió como hasta entonces, mientras que los aureii de oro correspondían a 25 denarios cada uno. Algunos núcleos, como Lugdunum y Lyon en la Galia, o Antioquía, Cesarea y Alejandría, en el Cercano Oriente y Egipto, además de otros, emitían moneda de modo autónomo, aunque de forma esporádica. La proliferación de acuñaciones monetarias se agudizó con los Severos; gran número de ciudades emitían sus propias monedas, si bien eran todas ellas convertibles a los valores romanos.
Diversos problemas financieros de los emperadores, sobre todo los Severos, así como la falta de metales con los que acuñar moneda, dieron como resultado una serie de medidas por medio de las cuales se redujo el contenido de metal precioso en la amonedación, sobre todo de la plata. El Antoniniano, sin ir más lejos, producido por Septimio Severo y Caracalla equivalía a dos denarios, cuando en realidad no llegaba ni a la mitad de uno. Las monedas de plata vieron reducido el porcentaje de ese metal de cincuenta a solo dos por ciento. La moneda falsa fue muy común. Ciertos profesionales, llamados nummularii, eran los encargados de analizar las monedas bajo sospecha. Con las invasiones bárbaras la proliferación de monedas falsas fue mucho mayor y su control mucho más difícil. Desde la época de Aurealiano en adelante, las monedas fueron estampadas señalando el contenido de metal. Diocleciano hizo una reforma para garantizar el contenido de oro del áureo (luego el sólido, que sobrevivió al fin del imperio), y acuñó una nueva moneda de plata con algo de bronce, conocida como nummus. Además, los diseños y leyendas se homogeneizaron.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV 

27 de enero de 2014

La moneda romana antigua II: denominaciones republicanas


IMÁGENES: ARRIBA, UN AES SIGNATUM ROMANO CON UN ELEFANTE EN EL ANVERSO Y UN JABALÍ EN EL REVERSO; ABAJO, DENARIO DE PLATA DEL SIGLO II A.N.E. BUSTO DE VENUS CON LA LEYENDA ROMA EN EL ANVERSO, Y ESTATUA ECUESTRE SOBRE UN PUENTE EN EL REVERSO (esta última cortesía de www.tesorillo.com).

Las primeras monedas romanas fueron acuñadas en el siglo IV a.n.E. Aunque sus denominaciones y valores fueron muy cambiantes a lo largo del tiempo, ciertos tipos persistieron a lo largo de la historia antigua de Roma, como es el caso del sestercio y el denario. Gracias a las acuñaciones monetales, diversos pagos y una actividad comercial a gran escala se hicieron posibles, sin contar con las enormes posibilidades propagandísticas a través de su difusión, en especial de la imagen de la clase gobernante, de los emperadores o de los monumentos conmemorativos más emblemáticos.
En comparación con otras culturas y civilizaciones del entorno mediterráneo, Roma empezó a emplear la moneda tardíamente. Al comienzo de la república se usó un sistema de pesos de bronce, en forma de barras, denominado aes rude que, en conjunción con las cabezas de ganado, conformaban los mecanismos utilizados como medio de intercambio. Se empleó sistemáticamente este sistema (con el aes signatum[1]) hasta 218 a.n.E[2]. La expansión romana por  la península itálica, Roma entendió que podría acuñar moneda empleando metales preciosos, plata, oro y bronce. Las primeras monedas, en bronce, se acuñaron en Neápolis en 326 a.n.E., llevando la leyenda PΩMAIΩN; las primeras de plata se acuñaron en el siglo III a.n.E., siendo semejantes a las griegas. Debido a los gastos que las Guerras Púnicas produjeron, el peso de las monedas se redujo, si bien las necesidades financieras requirieron la fabricación de algunas monedas de oro. En torno a 211 a.n.E. se introdujo un nuevo sistema monetario, en el que se destaca el denario, acuñado en plata. Inicialmente se acuñó para financiar una tasa sobre la propiedad. Equivalía a diez ases de bronce. Otras monedas de esta época fueron el victoriatus, también de plata, y  el quinario, cuyo valor era la mitad de un denario. Para el momento del cambio de siglo (del III al II a.n.E.), Roma acuñaba moneda en la península itálica, cuya difusión se producía, esencialmente, a través de las tropas militares.
La expansión romana y la adquisición de botines y tesoros de guerra, propició que la plata sustituyese al bronce como metal de acuñación. Este cambio fue especialmente evidente cuando Roma adquirió las minas de plata de Macedonia en 167 a.n.E. En el siglo I antes de Cristo, las monedas romanas ya se usaban de modo extensivo por toda la cuenca del Mediterráneo. Sila emite nueva moneda en plata y oro para cubrir la soldada militar. Unas décadas después, hacia 45 a.n.E., César hizo lo mismo. Tras su muerte, varias relevantes personalidades acuñaban moneda. Tuvo que ser Augusto quien estableciera una acuñación monetaria uniforme en Roma.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia y en Ciencias Sociales, UCV


[1] La introducción de lingotes fundidos, marcados con motivos diversos en una de sus caras, con la intención de lograr pesos uniformes, conforman lo que se conoce como aes signatum. No eran acuñaciones. Se producían utilizando moldes en los que se vertía el metal fundido.
[2] La Ley de las Doce Tablas demuestra el empleo en Roma del as de bronce como forma de medir el valor de las  propiedades en el siglo V a.n.E. Tiempo después de la introducción de la moneda, una balanza y un trozo de bronce se seguían empleando como símbolo de la venta y del cambio de propiedad en la ceremonia de la mancipatio.

22 de enero de 2014

La moneda romana antigua I: aspectos técnicos



El estudio de las monedas es una fuente histórica de primera magnitud. Su hallazgo en una excavación arqueológica permite la datación del estrato en la que se encontró y hasta del yacimiento completo. Además, las monedas son útiles porque proveen informaciones sobre el comercio, el ordenamiento social, la ideología, la mitología, o el mundo militar. Las imágenes sobre las monedas pueden contribuir a nombrar ejemplos escultóricos no identificados, en tanto que su distribución revela datos precisos sobre los movimientos demográficos, las redes comerciales y las identidades cívicas.
Las monedas suelen estudiarse, desde un punto de vista técnico, teniendo en cuenta diversos aspectos: el anverso o frente de la moneda. En el caso romano (de época imperial), usualmente se acuñaba el rostro perfilado del emperador o el de un pariente cercano. No obstante, no siempre es fácil identificar el anverso por sus imágenes, sobre todo en las monedas griegas más antiguas; el reverso, o cara opuesta, en la que pueden aparecer, en el caso romano, motivos propagandístico-ideológicos o míticos, como la glorificación de un ancestro; la leyenda o inscripción (sin contar los caracteres propios de la ceca emisora), que se distribuye, habitualmente alrededor del borde exterior de la pieza. La leyenda suele aparecer en forma de abreviaturas, como es el caso de la moneda romana: AVG (Augusto), C/CAES (César), COS o Cónsul, IMP PP o PERP (Imperatus, Perpetuus); P F (Pius Felix, en relación a los dioses, al estado a la familia propia), P M, Pontifex Maximus, P P o Pater Patriae, padre o senador de país, S C (Senatus Consulto), y la máxima, casi emblema, SPQR, Senatus Populusque Romanus; el campo y el exergo, siendo el primero un área lisa no decorada, pero que puede tener alguna marca de control en forma de secuencia de letras o símbolos que señalan quien o quienes son los fabricantes de la moneda; y el segundo, un espacio al fondo del reverso que suele aparecer separado de las imágenes por una línea. En ciertos casos puede aparecer aquí alguna marca o parte de la leyenda; finalmente, el tipo, que es el diseño central sobre el reverso, generalmente rodeado por la leyenda, encima del exergo.
Algunas abreviaturas nos indican el metal con el que se acuñaron: AE  (base de metal, aleación, cobre o bronce); AR, moneda de plata (argentum), y AU, moneda de oro (aureum). Otros aspectos que hay que tener en cuenta son serratus, cuando la moneda presenta bordes dentados; restauración, una moneda reproduce otra previa con algunos pocos cambios. Muchas veces se hacía para mantener en circulación la efigie de alguna importante personalidad pasada.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas