2 de agosto de 2021

Zoroastrismo. Una semblanza de la religiosidad persa aqueménida



Imágenes, de arriba hacia abajo: el dios Mitra, el rey Ardashir II (Artajerjes) en el centro y el dios Ahura Mazda a la derecha, que le entrega el poder. Siglo IV; Figura en terracota de un sogdiano, datada en el siglo VIII, con velo de capucha. Puede ser un sacerdote zoroastriano oficiando un ritual en un templo del fuego. Museo de Arte Oriental del Turín y; moneda de plata de Yazdegerd II, con presencia de un altar del fuego y dos presuntos sacerdotes o ayudantes.

La política religiosa persa aqueménida fue esencialmente tolerante. Este notable hecho contrasta con la práctica habitual, y mucho más tradicional en el Próximo y Medio Oriente, que era la de perseguir o desterrar la divinidad tutelar del pueblo vencido en combate, aislándola de su lugar de origen y residencia habitual.

La religión aqueménida se suele vincular a un individuo llamado Zoroastro. Lo poco que se sabe de este personaje procede de los gathas del Yasna, uno de los libros del Avesta. La situación político-social del mundo de Zoroastro estaba impregnada de valores guerreros, reflejando una distribución espacial fragmentaria que nada tenía que ver con la sociedad homogénea aqueménida y su estricto régimen monárquico. Por tal motivo quizá la presencia de Zoroastro haya que retrotraerla al tránsito entre el II y I Milenio a.e.c., lo que explicaría el escaso carácter mazdeísta de la dinastía fundadora de los persas. La formación del zoroastrismo se puede encuadrar, de modo genérico, entre 1600 y 1200 a.e.c., en la región del noroeste de Irán. Se trata de una de las primeras religiones henoteístas conocidas.

La religión irania parece haberse desarrollado, de modo genérico, en tres fases. En principio, una fase que supone un sistema politeísta, que sería la religión de los nómadas indoeuropeos; en segundo término, una etapa de renovación, propuesta por Zoroastro, para adecuarse a las nuevas estructuras sociales y económicas, y que supone ya un monoteísmo ético dualista, abiertamente opuesto al politeísmo previo; finalmente, un período de parcial recuperación del politeísmo a través de procesos sincréticos, elaborados teoréticamente por el clero (los sacerdotes avésticos y los magos medos), por necesidades de la política imperial. En el sistema religioso aqueménida Ahura Mazda no será el dios único, sino el más grande, un hecho que favorecía la política de integración de los territorios conquistados a través de un aparato ideológico. Los reyes persas se asimilarán a esta deidad, considerándose sus representantes en la esfera terrenal, lo cual les facilitaría la posibilidad de justificar el sometimiento de la población.

La religión en Irán antes de la reforma de Zaratustra-Zoroastro presentaba rasgos análogos a los de la India védica, como el sacrificio de animales, aquellos dedicados a la entidad divina llamada Geush Urvan, y el empleo de la bebida ritual haoma (soma védico). Los seres divinos pertenecían a dos clases, los ahuras o señores y los daivas o dioses. Se trataba de una religión que correspondía a la aristocracia guerrera. Con la reforma de Zaratustra (Zoroastro), se rechazaron los sacrificios sangrientos y se propuso un cambio en el panteón, que pretendía ser monoteísta y dualista al mismo tiempo.

Entre las fuentes del zoroastrismo, puestas por escrito entre los siglos IV y VI, se destacan el mencionado Avesta y los escritos en pahlavi o persa medio, redactados tardíamente (durante el siglo IX), entre los que deben señalarse el Zand, una interpretación del Avesta, el Bundahishn o génesis zoroastriano, el Denkard y el libro Namag, entre otros.

Con el zoroastrismo asistimos a una revolución puritana de las costumbres. El recurso a la idea del libre albedrío no supera, sin embargo, una contradicción lógica, pues Ahura Mazda, señor supremo, creador de los contrastes, tiene dos hijos gemelos, Spenta Mainyu (Espíritu Benefactor) y Angra Mainyu (Espíritu Negador), que deben escoger entre la verdad asha y la mentira druj, pero ambas consisten, a la vez, en pensamientos, acciones y palabras malas o buenas. Tal dualismo ético tiene aspectos cosmológicos, teológicos y antropológicos.

Ahora los ahuras son dioses que optan por asha, y los daivas demonios que eligen la mentira. Los intermediarios entre el espíritu benefactor y los seres humanos son los Anesha Spentas, Inmortales Benéficos, en realidad un conjunto de virtudes (pensamiento, verdad, devoción, plenitud, entre otros varios), propias de Ahura Mazda, pero también atributos de los mortales que se acogen al orden de la verdad.

Los sacerdotes avésticos orientales, y más tarde los sacerdotes occidentales, conocidos como magos, llevaron a cabo síntesis de los aspectos tradicionales. Recuperaron antiguos dioses y transformaron otros, como Indra, en demonios; además, aparecen otras divinidades mazdeas que son reinterpretaciones de la diosa indo-irania conocida como Sarasvati y de Mitra. En el panteón mazdeo Mitra preside, al lado de Sraosha y Rashnu, el juicio de las almas tras la muerte. Otras divinidades relevantes son ahora Verethragna, deidad de las victorias o Vayu, dios que preside el viento.

Como características cruciales del zoroastrismo derivado del mazdeísmo podríamos señalar las siguientes: la presencia del Faravahar, símbolo del alma antes de nacer y después del fallecimiento; la preeminencia del fuego como elemento sacro, lo cual redunda en el hecho de que la práctica funeraria no haya sido la cremación; y la creencia en una resurrección además de la existencia de un paraíso, en tanto que se espera un salvador, de nombre Saosyant al final de los tiempos, que hará resucitar a todos los fallecidos. Las almas tendrán que cruzar un puente y serán juzgadas tanto por sus actos como por sus palabras y hasta por sus pensamientos. Una vez eliminado el mal, la salvación se universaliza.

Las enseñanzas de Zoroastrismo, como religión monoteísta y dualista a la par, se focalizaron en la naturaleza espiritual y moral del ser humano, así como en el determinante encuentro entre el bien y el mal, destacando la libertad humana para elegir moralmente entre uno u otro. Acabaría siendo sustituida por el Islam a partir del siglo VIII.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, agosto, 2021.

 

30 de julio de 2021

Ejemplos del arte budista chino: relicario en plata


Algunos notabilísimos ejemplos de vajillas en plata de época Tang, como la que se muestra en la imagen, han sobrevivido hasta nuestros días. Extensamente usada por las clases superiores, solían adoptar formas y motivos propios de las regiones occidentales de Asia, unos territorios con los que los dignatarios Tang tenían estrechos contactos diplomáticos y comerciales. Una de estas piezas, depositada en el templo Famen (un lugar que estuvo bajo el patrocinio de la corte, en Fufeng, provincia de Shaanxi), es el relicario en plata dorada de la fotografía, que muestra a un bodhisattva arrodillado sobre un trono de loto.

En la inscripción se remarca que el objeto fue presentado al emperador en el año 871, con la esperanza de que le propiciase una larga vida, tuviese una gran progenie y fuese capaz de someter a su poder el mundo entero. Conviene recordar al respecto que entre los motivos del patrocinio del arte religioso budista se encuentran la piedad personal, el deseo de una larga vida y de una numerosa descendencia, pero también el mantenimiento del poder político.

Prof. Dr. Julio López Saco 

UM-FEIAP-UFM, julio, 2021.

22 de julio de 2021

Influencias orientales en la mitología y religión griegas. Una visión historiográfica

No es ya discutible hoy la influencia oriental (Mesopotamia, Próximo Oriente, Anatolia) sobre el ámbito cultural griego en aspectos como las ciencias, el arte, el comercio o la filosofía. No obstante, los campos en los que los paralelismos existentes entre el mundo griego y el oriental han llamado poderosamente la atención de los investigadores y estudiosos ha sido el de la mitología, tal como aparece reflejada, naturalmente, en la literatura, y el de la religión, sobre todo después del desciframiento de los textos mitológicos hititas y de la literatura ugarítica. En los años treinta del pasado siglo fue Franz Dornseiff uno de los primeros clasicistas que apostó, aunque no exento de cierta polémica, por el estudio de las formas paralelas de la poesía griega y la oriental, babilonia o fenicia, contribuyendo con una importante lista de préstamos griegos tomados de Oriente.

Sería la publicación del texto hitita Reinado del cielo, que menciona la castración de la deidad celestial por Kumarbi, la que acabaría siendo un notable punto de inflexión en función de las evidentes similitudes que ofrecía con el mito griego de Urano y Cronos tal y como se refleja en la Teogonía hesiódica. Otros trabajos pioneros relevantes fueron los de Peter Walcot sobre la relación entre la poesía de Hesíodo y Oriente Próximo, así como el enorme compendio sobre las relaciones de la mitología y la literatura griegas con las de Oriente Próximo de Martin West. Esta íntima relación entre los mitos griegos y los del Oriente Próximo fue explorada también en la segunda mitad del siglo xx por la investigadora francesa Jacqueline Duchemin, el historiador suizo de la religión griega Walter Burkert o la estudiosa española Carolina López Ruiz, por mencionar solamente algunos nombres de prestigio.

Debe mencionarse, del mismo modo, la sustancial contribución egipcia al desarrollo de la religión griega arcaica y clásica. En tal sentido, sobresale la arqueóloga estadounidense Emily Vermeule quien identificaba como préstamos procedentes de Egipto ideas griegas como la geografía del mundo subterráneo (modelada como un palacio de un reino de la Edad del Bronce) y la figura de Caronte, el peso de las almas de los muertos, o el concepto de los bienaventurados y su denominación (Makares), equivalente al egipcio Maakherou, alma en forma de ave. Incluso los juegos de mesa por parte de los difuntos también habría tenido su origen en las tierras del Nilo. El reconocido Walter Burkert sumaría el motivo del fuego dador de vida, idea que desempeña un rol relevante dentro del mito de los misterios de Eleusis.

La serie de comparaciones al respecto de las distintas realizaciones entre las culturas orientales y entre éstas y la griega se vio además facilitada por los muy sesudos estudios de ciertos indoeuropeístas de indudable prestigio, como es el caso, por ejemplo, de Jaan Puhvel.

A estos aspectos reseñados ha de sumarse también una determinada tendencia a desacralizar la cultura griega de parte de unos pocos reputados helenistas que han querido detectar la presencia de elementos “distorsionadores” dentro de un luminoso (e idílico) marco generado por los promotores del ideal milagro griego, presidido por la racionalidad, la armonía y el equilibrio. En semejante dirección se tiene que mencionar el celebérrimo trabajo de Eric Dodds, Los griegos y lo irracional, que se centraba en mostrar la cara oculta de la mentalidad griega, destacando la presencia y relevancia de determinadas formas de culto muy impregnadas de aspectos irracionales. En la misma línea se hallan los trabajos de la escuela de París, a cargo de los afamados Marcel Detienne y Jean-Pierre Vernant, quienes siguiendo los pasos del antropólogo Louis Gernet, pusieron de relieve las facetas de la cultura griega que no se ajustaban al esquema racionalista y modélico diseñado desde una clara óptica clásica idealizante.

A pesar de la creciente cantidad de evidencias que apuntan al reconocimiento de la influencia de las civilizaciones orientales en la formación de la cultura griega en determinados momentos de su desarrollo, han existido  resistencias por parte de algunos especialistas. Estos estudiosos se niegan a asumir la susodicha dependencia, argumentando disímiles y complejas estrategias para paliar los efectos de la misma si no queda más remedio que asumir tal posibilidad histórica. En ese orden de acontecimientos, cobró fuerza la idea de separar el legado mitológico griego del de sus vecinos orientales, sobre todo de la mano de renombrados estudiosos de la filología clásica, caso de U. Wilamowitz, M. Müller, Ch. G. Heyne o Friedrich Welcker. Aunque se maquillaban simplemente determinadas tendencias ideológicas antisemitas, la principal estrategia académica consistía en apuntalar el bien conocido ideal del genio griego particular, capaz de articular y generar por sí mismo las ingeniosas narraciones que han trascendido como mitos gracias a la tradición literaria  que  ha sobrevivido. Estos especialistas, herederos intelectuales de los conceptos de Winckelmann, fueron personalidades de gran erudición filológica, capaces de configurar el mito de la autarquía creativa-intelectual helénica, que marcaría a fuego al neohumanismo alemán originando el etéreo “milagro griego”.

La contribución oriental a la cultura griega se llegó a minimizar hasta el paroxismo. Quedaría reducida a unas pocas costumbres, habilidades manuales, fetiches, ornamentos anticuados y utensilios específicos de unas repelentes divinidades. Algunos, como Julius Beloch, acabarían negando de forma drástica la presencia oriental (en un marco genérico de antisemitismo, hay que remarcar), así como la posibilidad de que en las leyendas pudiera encontrarse cualquier atisbo de realidad histórica, relegando al terreno de la mera fantasía insustancial cuestiones como el Cadmo fenicio o el Heracles de Tasos. Llegó a sostener incluso que los fenicios fueron solo un pueblo oriental de carácter mítico (denominación heredada de Phoenix, divinidad solar con credencial  de existencia histórica), que ulteriormente serían identificados con los habitantes de la costa del Levante oriental en el periodo arcaico griego.

Similares reacciones de esta suerte de negación radical de influencias orientales se oficializaron sin rodeos en terrenos como al arte o la filosofía (Eduard Zeller, Robert Cook o John Boardman, por ejemplo).

El ámbito clasicista fue el propiciador de ese modelo ideal, abstracto, denominado ”milagro griego”, en el sentido de la plasmación de un espíritu o genio específicamente helénico que marcaría todas las creaciones surgidas en el ámbito de la civilización griega con un sello distintivo propio, incomparable con el de otras culturas de la Antigüedad. Semejantes ideas fueron expuestas en obras de historiadores como Jacob Burckhardt, en trabajos de helenistas alemanes como Helmut Berve, Werner Jaeger y V. Ehrenberg, empeñados en descubrir valores y esencias protitípicos de la helenidad, así como en otros autores, de la talla de Johann G. Droysen o Victor Duruy.

En fechas ya bastante recientes (fines de los años ochenta del pasado siglo), se reabrió el debate (nunca realmente finalizado), sobre las relaciones entre la cultura griega y las civilizaciones orientales, gracias al seminal libro de Martín Bernal (Atenea Negra. Las raíces afroasiáticas de la civilización clásica), que provocó la reacción de quienes defendían los cimientos sobre los que se asentaba el predominio intelectual y educativo de la cultura clásica. El fin primordial, en consecuencia, era establecer el concepto de identidad griega nacional a modo de modelo de civilización autónoma y autosuficiente. En esta obra (hoy justamente desautorizada) se defiende la influencia ejercida por fenicios y egipcios sobre el mundo griego en el II milenio a.e.c., a través de oleadas invasoras y colonizaciones llevadas a cabo por egipcios y semitas en el Egeo hacia fines de la Edad del Bronce. Tales acontecimientos habrían quedado fijados de manera imborrable en las leyendas y mitos griegos.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, julio, 2021.

12 de julio de 2021

Arte antiguo budista en China hasta el siglo VII





Imágenes, de arriba hacia abajo: jarra cerámica con efigie del Buda; bronce dorado de un Buda meditando; cueva nº 285 en Mogao; grupo escultórico en bronce dorado de época Sui y; nicho pintado de Changzhi.

Las imágenes de Buda aparecieron en China como elementos aislados en la decoración de las tumbas de los miembros de las clases superiores, tanto en forma de pinturas murales como de relieves. La figura del Buda fue absorbida en la práctica funeraria y religiosa ya previamente existente en China. Fue una absorción específicamente fructífera en la zona sureste, en donde registros textuales sugieren la presencia de imágenes independientes de Buda realizadas ya a fines del siglo II. Se trata de figuras con presumible función de guía y protectoras de almas, aunque en un contexto ritual que incluye sacrificios a los ancestros.

Uno de los más antiguos motivos artísticos budistas de los que se tiene constancia arqueológica en China corresponde a una serie de jarras cerámicas fabricadas entre 250 y 280 en la región costera sureste de China, en el territorio del Estado de Wu, uno de los renombrados Tres Reinos constituidos tras la desmembración del imperio Han. Tales vasijas se debieron emplear en enterramientos en los que el cuerpo físico del difunto estaba ausente.

Otro de los varios sobresalientes ejemplos que se deben mencionar lo constituye una figura en bronce dorado de un Buda sentado en meditación, fechado hacia 338, que fue elaborado en el territorio del reno de Zhao Septentrional, una entidad política realmente efímera cuya capital estuvo en la célebre Luoyang. Esta pequeña imagen ilustra la relevancia de las cortes permitiendo la entrada en China del budismo como una religión de extranjeros, pero  que acabaría estableciéndose como una próspera institución de mecenazgo artístico y cultural. Los maestros budistas, operando en una época de constantes disputas y guerras, serían muy apreciados por los gobernantes de la tercera centuria.

Aunque no hay constancia arqueológica de esculturas indias en China, debieron existir, no obstante, imágenes importadas que estarían disponibles como modelos para los artesanos, tal vez dirigidos por monjes. Los textos budistas chinos más antiguos describen al Buda como una figura dorada, radiante, lo cual explicaría la prominencia de esculturas doradas. Serían imágenes no para ser ubicadas en los templos, sino dispuestas para formar parte de depósitos votivos con la finalidad de servir de protección a los donantes individuales de las mismas, al Estado o al mismísimo gobernante.

Las cuevas Tanyao, grupo de cinco cavernas esculpidas en unos acantilados en Yungang, cercanos a la ciudad de Datong, que datan del último tercio del siglo V (460-490), constituyen un complejo de arte budista templario cuyas raíces son indudablemente indias. Fueron construidas fuera de la capital de la dinastía Wei Septentrional, un Estado de conquistadores turcos servidos por aristócratas chinos, que dominó el norte de China entre los siglos V y VI. Los líderes de la comunidad budista, en respuesta al patrocinio regio, desarrollaron doctrinas que igualaban al mandatario con el propio Buda. En Tanyao destacan los cinco colosales Budas, erigidos en una época en la que se produjo una breve persecución del budismo (entre 444 y 450). Tal vez fueron construidos como un acto de expiación.

Estos cinco Budas probablemente representen los cinco emperadores Wei, aunque es también posible que el entero conjunto haya servido como un elaborado talismán para la protección de estado Wei, al construirse los enormes Budas siguiendo un programa iconográfico que incluía Budas del pasado, el futuro y el presente, a partir de influencias de origen cachemir. No se concibieron las esculturas, en cualquier caso, para que fuesen vistas por una gran congregación de fieles. Los donantes de las mismas, según se obtiene de las inscripciones, fueron monjas y devotas mujeres, nobles y asociaciones religiosas. Estas inscripciones reclaman bendiciones para las familias de los donantes y no, curiosamente, para la familia imperial. Los trabajadores responsables de las esculturas y programas iconográficos serían escultores de talleres imperiales, aunque las cuevas más pequeñas pudieron ser gestionadas por clientes privados.

En las cuevas de Mogao, en Dunhuang, provincia de Gansu, existió un monasterio mayor budista así como una serie de cuevas-templo que fueron objeto de peregrinaje, siendo visitadas por viajeros que transitaban las tutas terrestres entre China y el Asia occidental además de los que viajaban con la intención de adorar imágenes consideradas de especial eficacia. La peregrinación a sitios cultuales especiales fue una práctica cultural que el budismo adoptó en China. Encontramos en Mogao pinturas polícromas y escultura en terracota modelada sobre núcleos de madera. Uno de los ejemplos más notables es la cueva número 285, con presencia de escenas de cielos lunares y solares, narraciones alusivas a la vida del Buda histórico (Sakyamuni), así como una escenografía relativa al Paraíso Occidental (la Tierra Pura). Los murales de esta cueva conforman la evidencia más significativa del budismo esotérico en China. Tanto la cueva principal como los nichos y capillas adyacentes se usaron como técnicas de meditación por parte de monjes, de forma que tal vez no fueran accesibles a los peregrinos. Los pintores eran asistidos por los monjes del templo, bien como artistas propiamente dichos o bien como consejeros de la específica iconografía budista allí presente.

Los cambios doctrinales en el seno del budismo se reflejaron en novedosos arreglos iconográficos. En el siglo VII, las figuras individuales de gran formato que poblaban Yungang fueron sustituidas por típicos grupos de cinco figuras en los que los Budas aparecen flanqueados por bodhisattvas o discípulos (luohan), simbolizando en conjunto la doctrina del Mahayana o Gran Vehículo.

En tal sentido, una obra destacable al respecto es el grupo escultórico en bronce dorado, datado en el cuarto año del reinado de Kaihuang de la dinastía Sui (año 584), que fue encontrado en los suburbios de Chang’an, a la sazón la capital Sui. Este lugar se caracterizaba por la concentración de riquezas, el patronazgo político y una cultura aristocrática, aspectos todos ellos con los que se interrelacionaba la religiosidad budista. El grupo lo forma una figura central sedente del Buda Amitabha, mostrando el típico y elaborado repertorio ritual de gestos manuales (mudras), en este caso aquel que refiere la ausencia de temor. Aparece flanqueado por un par de bodhisattvas y, en frente, se encuentran dos Reyes Celestiales, guardianes del budismo, a su vez precedidos por dos leones gruñendo.

El donante de la imagen es un alto oficial de nombre Dong Qin, que ruega se bendiga al emperador de la nueva dinastía así como a su familia. Sigue a continuación un poema que enfatiza que las buenas acciones y la compasión con todos los seres vivos son parte esencial del proceso de renacimiento en el paraíso de la Tierra Pura. Los donantes atestiguan, de esta forma y al tiempo, tanto la piedad religiosa como la lealtad política.

El culto de Amitabha, el Buda de la Tierra Pura Occidental comenzó en China en un medio ambiente monástico alrededor del siglo V, expandiéndose al contexto doméstico hasta convertirse en la devoción budista por excelencia. En consecuencia, muchos santuarios caseros, característicos de la piedad popular, fueron realizados en diversos materiales, muchos perecederos.

La escultura en piedra, probablemente, no se empleó en contextos domésticos, sino que estuvo confinada en los templos, si bien vinculaba ambos espacios, casa y templo, a través del hecho de que las mismas solían ser sufragadas por donantes laicos. Un caso paradigmático al respecto es el grupo de un nicho pétreo pintado de Changzhi, en Shanxi, datado en el siglo VII, en el que se observa una figura sedente del Buda, en esta ocasión Maitreya, el Buda del futuro, flanqueado por una pareja de bodhisattvas vestidos con ropajes y adornados con joyas propios de los príncipes indios. Los Reyes Celestiales son remplazados ahora por discípulos vestidos con túnicas de monjes, en tanto que unos leones defienden el grupo. Este nicho pintado[1] fue, sin duda, un objeto de devoción.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, julio, 2021.



[1] Conviene recordar, en tal sentido, que al igual que en la antigua Grecia, en China la escultura estuvo originalmente decorada con una policromía naturalista.

 

6 de julio de 2021

Aspectos esenciales de la religiosidad Bön en Tíbet


Imagen: pintura a base de pigmentos minerales sobre algodón, que muestra un protector mundano, sometedor de demonios, propio de la religión bon. Rubin Museum Art, siglo XIX.

Se conoce con el término Bön a un tradición chamánica y animista tibetana, que hoy en día es una de las más relevantes escuelas espirituales en Tíbet. Uno de sus centros simbólicos principales será el muy conocido monte Kailash, sacro también para el hinduismo.

La adaptación del Bön al Budismo que llega de Khotan,  desde las culturas iraníes dentro del Tibet Occidental o desde India, propiciará la división entre el Bon Blanco y el Negro. Los textos fundamentales del primero son los Vehículos del Fruto, mientras que el Bon Negro o Arcaico rechaza el budismo y sus enseñanzas se contienen en los Cuatro Vehículos de la Causa. Este Bön antiguo se fundamenta en diversas creencias acerca de la naturaleza y en prácticas chamánicas de talante animista.

La tradición mítica del Bön, señala que fue fundado por un personaje mitológico de nombre Shenrab Miwo, quien habría habitado una suerte de tierra espiritual idealizada de nombre Omolungring, lo que parece ser una mezcla de la idea de Shambhala, el Monte Meru budista y el referido Kailash. Este lugar, asociado a tribus nómadas, estaría en Persia o Arabia o bien al occidente del reino de Zhangzhung, que se ubicaba en el Tibet Occidental. En consecuencia, es probable que el Bön provenga de Asia Central, tal vez de un área cultural iraní. Miwo llegaría a Zhangzhung, siempre según la tradición, entre los siglos XI y VII a.e.c.

La influencia de Zhangzhung se adentraría en el área de Yarlung, en Tibet Central, permaneciendo hasta la fundación, por parte de Songsten-gampo, del primer Imperio Tibetano.

En las primeras etapas del Bön existió un gran énfasis en el más allá, particularmente en el llamado Estado Intermedio, de ahí la práctica de rituales funerarios muy precisos.

Muchos textos zhangzhung fueron sepultados dentro de paredes de barro en el monasterio Samye por parte de un gran maestro llamado Jampa-namka. Los bonpos enterraron, por tanto, lo que puede entenderse como las enseñanzas Bön. Estos textos sepultados en Samye, fueron descubiertos por primera vez en 913, pero luego fueron codificados en 1017 por el gran maestro bonpo Shenchen Luga.

Hay algunos factores en común entre el Bön y las tradiciones del budismo tibetano. Podría considerarse a los bonpos como otra forma de budismo tibetano, si bien esto dependerá de la manera que se tenga de definir la tradición budista. Lo cierto es que el Bön habla sobre la iluminación, de alcanzar la iluminación y también de Budas. Además, el Bön posee la tradición de los debates, igual que las tradiciones budistas tibetanas, y enfatiza las ciencias tradicionales indias, como la medicina o la astrología. El Bön, como el budismo tibetano, posee monasterios y votos monásticos así como un sistema de tulkus, igual al de los monasterios budistas.

Algunos elementos tomados del Bön por el budismo tibetano son determinados métodos de adivinación y el llamado tejido de la armonía espacial, una tejido en forma de telaraña de hilos con muchos colores que representan los cinco elementos. Proviene de la idea de armonizar los elementos externos previamente al trabajo con los internos o karma. En el fondo, se trata de armonizar los elementos y advertirle a los espíritus que nos dejen tranquilos, pues el espíritu de alguna persona puede ser robado, eventualmente, por espíritus dañinos.

El concepto de las famosas banderas de oración proviene, asimismo del Bön. Poseen los colores de los cinco elementos y se cuelgan para armonizar y equilibrar los elementos externos. Muchas de tales banderas de oración portan la imagen del caballo del viento, asociado al caballo chino de la fortuna. Del mismo modo, elementos de la sanación Bön entraron al budismo como es el peculiar caso concreto de rociar agua bendita con una pluma de ave.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, julio, 2021.


1 de julio de 2021

Instrucción y consejo. Hombre, moral, política y Estado en la antigua China


Imágenes, arriba, edición del Hanfeizi de la Hongwen Book Company (Guangxu), de época Qing. Museo Provincial de Hunan; abajo, retrato anónimo de Mencio, National Palace Museum, Taibei, Taiwán.

Entre el diverso conjunto de corrientes de pensamiento chino de la antigüedad, deseamos destacar, y en esta oportunidad analizar brevemente, el ideal de la bondad humana en Mencio, contrapuesta a la maldad en Xunzi, la teoría estatal de Mozi y, finalmente, la practicidad de legalismo de Han Feizi. Todo ello en un marco cronológico que abarca desde el siglo V al III a.e.c.

Al igual que creía Confucio, Mencio (Mengzi, 孟子 372-288 a.e.c.) pensaba que el hombre superior, verdadero sabio, debía cultivar la benevolencia, virtud suprema, y debía también anteponer la rectitud, el deber, al interés provechoso. Mencio establecía que la naturaleza humana estaba conformada por un conjunto heterogéneo de deseos, apetitos y tendencias espontáneas, lo cual nos asemeja a los animales.

No obstante, existe una diferencia esencial respecto al mundo animal, que es el corazón (xin), justamente lo que el hombre superior cultiva y el común ignora. El corazón, que piensa y delibera, puesto que es el órgano del pensamiento, contiene cuatro sentimientos naturales, raíces de las virtudes y de las tendencias morales que son el fundamento de la bondad innata del hombre: la compasión, que espontáneamente nos conduce hacia la benevolencia; la vergüenza, que nos lleva hacia la rectitud; el respeto y la modestia, que es el camino hacia la urbanidad, las formas, la etiqueta y el cumplimiento ritual; y el sentir lo que está bien o mal, inicio del camino de la sabiduría. Estos sentimientos, raíz de las virtudes innatas en el hombre pueden, sin embargo, agotarse y llegar a desaparecer, lo que implica, necesariamente, su continuado cultivo.

Las virtudes morales son congénitas a la naturaleza humana. El mal procede de la ofuscación del entendimiento, de ahí la imperiosa necesidad, dice Mencio, de practicar la autodisciplina. El fundamento naturalista en Mencio se convertirá, finalmente, en una especie de utilitarismo.

Para Xun Kuang (Xunzi, 荀子 312-238 a.e.c.) el hombre es malvado por naturaleza, incontrolado, egoísta, y por eso debe, utilizando un mecanismo artificial, educarse con esfuerzo consciente y dedicación, así como disciplinarse en el seno del marco social para adquirir la bondad. En este sentido, se hace necesaria la influencia civilizadora de la legislación, de los ritos y de la virtud de la rectitud.

No obstante, aunque el ser humano no es bueno por naturaleza, si es, en cambio, inteligente, y posee un corazón que piensa, mecanismo que le puede servir para sobreponerse a sus impulsos naturales innatos y así alcanzar la bondad. Esta evidente negación de la filosofía de la naturaleza humana es una filosofía positiva de la cultura, puesto que todo aquello valioso, bueno y útil en el hombre es resultado directo del propio esfuerzo humano, un producto, por tanto, cultural. La bondad reside en el ordenamiento cultural que logramos imponer sobre el caos de nuestras tendencias espontáneas naturales.

En general, el hombre es un ser que desea todo de manera espontánea, al igual que los animales, factor por el cual tendemos a la pelea, la disputa, el conflicto. Es a través de la moralidad, las costumbres y las ceremonias, que establecen límites definidos, así como mediante la repartición de rangos, derechos y obligaciones, como podemos frenar nuestros impulsos naturales. Adquiridos estos buenos principios, y asimilados por el corazón humano, se convierten en una suerte de segunda naturaleza, de modo que aunque no podemos evitar los deseos naturales intrínsecos al ser humano, si podemos, por lo menos, evitar seguirlos en el futuro.

El hombre necesita imperiosamente organizarse para sobreponerse a las demás especies animales, para domeñarlas y someterlas a su servicio. El ordenamiento social es el que, compensando la debilidad física frente a animales más fuertes o rápidos, nos hace gobernar sobre el resto de seres vivos. En definitiva, la superación humana de los deseos individuales se produce a través de la disciplina que impone la organización social a partir de la moralidad compartida; el hombre, una tormenta de tendencias anárquicas, debe someterse al imperio de la sociedad, la cual, mediante la represión, educa, domestica y canaliza, las tendencias humanas al desorden hacia una dirección que beneficie a todos, un beneficio general o colectivo, que es el verdadero bien. Así pues, la sociedad educa, las instituciones forman y la cultura triunfa sobre la naturaleza.

La manifestación, desde el nacimiento, de conductas  antisociales y egoístas solamente puede corregirse, en fin, a través de la influencia beneficiosa que ejerce el orden social. La sabiduría verdadera implica, por consiguiente, un entrenamiento moral, obtenido mediante la observancia de las normas rituales y las convenciones sociales. Estamos, así, ante una filosofía pragmática.

Mozi (Mo Di, 墨子 468-391 a.e.c.), por su parte, desarrolló una teoría del origen del Estado, según la cual éste surge de una suerte de pacto social que supera un previo y primigenio estado de anarquía y caos. Su razón de ser radicará en su utilidad, pues es el mecanismo esencial que contribuye al bienestar de la población, factor éste que supone entender al Estado al servicio de la moralidad (la política es, en el seno del pensamiento antiguo chino, una rama de la moral, aquella que se ocupa de las relaciones humanas esenciales, las del súbdito y el soberano).

En el principio de los tiempos, los seres humanos vivían en un Estado natural, caótico, anárquico, desordenado. El pueblo entendió la necesidad de un Estado para poder salir del caos, que se configura a partir de la presencia y acción de un primer soberano salvador, nombrado por el Cielo. El Estado creará el orden unificando los diferentes estándares individuales, lo que supone la existencia de una única opinión, la del monarca, que pone su absoluta moralidad al servicio del bienestar del conjunto poblacional, propiciando y patrocinando la humanidad, esto es, el amor universal y el provecho mutuo.

El jefe del Estado debe ser un líder moral, dar ejemplo de benevolencia y rectitud. En virtud de ello, únicamente el hombre superior o sabio puede ser un monarca apropiado, auténtico rey (wang). Se trata, en consecuencia, de un Estado totalitario y unificado al servicio de un ideal humanitario, que reconoce la habilidad, la virtud, el mérito y el talento para elegir a los funcionarios, obviando los privilegios aristocráticos previos.

El gobierno político debe estar centralizado, en tanto que los funcionarios tienen que ascender según sus méritos. De esta forma se beneficiaba a todos los grupos sociales, en función de un principio de amor universal. El pensamiento de Mozi, por lo tanto, enfatiza el racionalismo con una poderosa orientación lógica.

Los denominados “hombres de métodos”, caracterizados por su realismo y por su practicidad política, asesoraban a los príncipes en una época en la que el feudalismo de interrelaciones familiares Zhou se desmoronaba y China estaba inmersa en una lucha sin cuartel entre varios Estados. Estos hombres ofrecían métodos adecuados para la correcta dirección estatal, señalando que el éxito del soberano no estaba vinculado con su expresa virtud moral, sino con su sapiencia a la hora de aplicar un mecanismo adecuado. Esto suponía el desprecio de la anquilosada ritualidad anterior, el abandono de la tradición y su sustitución por leyes promulgadas de modo público, que todo el mundo debía obedecer aunque fuesen impuestas por el soberano.

La justificación filosófica de este método y doctrina, que cimienta una filosofía política, fue llevada a cabo por Han Feizi (韩非子 280-233 a.e.c.). Los problemas de esta época convulsa, denominada Reinos Combatientes (484-221 a.e.c.) debían afrontarse, en consecuencia, mediante una vuelta a las reglas conductuales pasadas, sin emplear ningún tipo de moralismo utópico. Tres son los factores que debían tenerse en cuenta: fa, las leyes por las que el Estado puede ser regulado; shi, el poder del soberano, que respalda y asegura la vigencia y aplicación de la legislación; y shu, la habilidosa manipulación sobre la población para lograr imponer las leyes. Tal manipulación se alcanza al dosificar premios y castigos; nobles y señores feudales eran regulados por el li, las buenas costumbres, ceremonias y el comportamiento caballeroso, mientras que la gente común lo era por los xing, castigos, penas. El mundo sólo es gobernable de acuerdo a la naturaleza humana, en la cual hay sentimientos buenos y malos, de placer y de disgusto, de modo que los premios y castigos son efectivos en igual relación, motivando que órdenes y prohibiciones se cumplan a rajatabla.

Han Feizi propone, en esencia, un conductismo político por el que la población es condicionada a portarse adecuadamente, según las leyes estatales, y mediante la amenaza de sanciones castigadoras. La población, en su totalidad, debe ser obligada a hacer lo que al Estado le conviene; para los que no lo hagan habrá severas penas y castigos, pues de otro modo no se asegura un Estado en perfecto orden. En este sentido, por tanto, el Estado que así se propugna es totalitario, y con dos orientaciones cruciales, la agricultura y la guerra.

Al margen de la milicia, la administración estatal y la agricultura ennoblecedora, únicamente restan comerciantes, artesanos, parásitos sociales (muchos de ellos filósofos y letrados confucianos), así como vagabundos, destinados todos ellos, en el fondo, a ser arrinconados y despreciados, cuando no a ser simplemente aniquilados.

Aboga Han Feizi, por consiguiente y en resumen, por una suerte de dictadura regulada por leyes impersonales que fortalezcan el Estado, sobre todo para la guerra. Un gobernante debe utilizar estrategias que le permitan mantener el control sobre las funciones legislativas, así como tomar las acciones necesarias para impedir la usurpación del poder por parte de los funcionarios, debiendo en todo momento mantener la autoridad suprema.

Se puede afirmar que desde la propia perspectiva de todos estos pensadores y filósofos arriba reseñados, la clave radicaba en hallar a un noble o a un gobernante valioso y digno a quien poder aconsejar. Se les ofrecía esencialmente instrucción y consejo.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, julio, 2021.

Bibliografía básica

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Fraser, Ch., Mozi. The Essential Mozi. Ethical, Political, and Dialectical Writings, Oxford University Press, Oxford, 2020

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Graham, A.C., El dao en disputa. La argumentación filosófica en la China antigua, edic. FCE, México, D.F., 2013

Mosterín J., Historia de la filosofía. La filosofía oriental antigua, Alianza edit. Madrid, 1983

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Wang Tianhai, Xunzi jiaoshi, 2 vols., ed. Guji, Shanghai, 2005 

 

22 de junio de 2021

Arte funerario de época Han (206 a.e.c.-220) en China






Son varias las piezas artísticas, así como los lugares, que se pueden destacar de esta época histórica. Se hará hincapié en algunos ejemplos de entre otros varios que podrían tratarse. Uno de los que más sobresale es el estandarte de seda pintado hallado en una tumba en Mawangdui a comienzos de los años setenta del pasado siglo. Datada en 168 a.e.c. se encuentra ubicada en Changsha, en la provincia de Hunan. Esta prenda simbólica puedo tener diversas funciones. Se pudo usar en el ritual de invocación del alma tras la muerte, o ser empleada como prenda llevada en procesión como parte de los ritos funerarios, antes de su definitiva instalación en la tumba. Pero también pudo ser un estandarte o bandera de nombre, foco de veneración por parte de los deudos durante la ceremonia fúnebre. Presenta cuatro niveles, empezando desde la cima con los cielos, en donde el sol y la luna están representados con sus respectivos símbolos, un cuervo y un sapo, mientras que seres inmortales y dragones pululan cabriolando por los cielos.

Más abajo se encuentran dos niveles de la esfera terrestre, en donde el ocupante de la tumba es mostrado como una anciana mujer, con su séquito y rodeada de sus sirvientes. Una serie de vasijas sacrificiales se hallan ante su cadáver. Hacia el fondo se encuentra el mundo subterráneo. Este estandarte ni fue un trabajo aislado, sino que debió formar parte de los elaborados rituales de enterramiento aristocrático, rituales en los que la tumba misma, su espacio físico, así como su contenido, eran únicamente la parte visible de los mismos.

Otro notable ejemplo digno de señalarse es el incensario en plata del palacio de la princesa Yangxin, hermana del conocido emperador Han Wudi, quien reinó entre 140 y 87 a.e.c. Con la forma de una rama de bambú, soporta un modelo en miniatura de montaña con unas oquedades para permitir que salga el humo. No es una montaña real, sino un paraíso en el que debe habitar el alma de la princesa después de su muerte, en compañía de bestias mágicas e inmortales.

Estas compañías se muestran a través de objetos de tumbas imperiales Han como un jinete inmortal realizado en jade blanco, aparecido en la tumba del emperador Zhaodi, datada en torno al año 70 a.e.c. A menudo vestidos con plumas, estos inmortales pululan con libertad al margen de la mundanidad, tal y como aparecen en los textiles de Mashan o en los sarcófagos de Mawangdui. Tales objetos, fabricados para formar parte de las ceremonias fúnebres, contienen imágenes que inflaman la cultura de las clases superiores. Es bastante probable que las representaciones de escenas paradisíacas hayan influido en el ulterior interés chino en las representaciones paisajísticas.

Un monumento esencial del arte funerario del período Han más arcaico lo conforman los diferentes bajorrelieves hallados en diversos asentamientos septentrionales, en especial, el grupo de esculturas en bajorrelieve del santuario de Wu Liang que fue erigido en 151 a.e.c. para un personaje de clase alta con ese nombre, denominación que podría vincularse con el rey Wu Ding, el cuarto monarca Shang, que gobernó desde la ciudad de Anyang, que aquí haría el papel de ancestro. En realidad, se trata de un complejo de santuarios en los que se llevaban a cabo ofrendas en honor de los hombres muertos de la familia Wu, en Jiaxing, provincia de Shandong. Los miembros de esta familia ejercieron como oficiales o funcionarios de grado medio en las instituciones de gobierno. En definitiva, por lo tanto, no se trata de un recinto funerario, esto es, de una tumba.

A lo largo de la primera centuria de nuestra era se produjeron cambios tanto en las prácticas de inhumación como en las creencias religiosas. La adoración, enfocada en la casa imperial y en la elite cortesana se modificó desde los templos de los ancestros, relevantes en los períodos de la Edad del Bronce, Shang y Zhou, a la tumba misma. Ahora son los recintos funerarios o los santuarios cercanos, los lugares en donde se realizan los sacrificios. Esos santuarios, es relevante comentar, se concibieron como lugares públicos, abiertos a todo aquel que deseasen visitarlos.

Entre las escenas individuales en bajorrelieve esculpidas en los muros del santuario, destacan escenas, como la denominada Batalla del Puente. Muchos de los paneles aparecen acompañados de cortos textos que identifican personajes referidos a los textos clásicos, en buen número personalidades míticas. Se trata de personajes propios de la tradición filosófica y espiritual de la antigüedad china. Esta decoración del santuario vincula ideas ultramundanas y del alma con el orden social sobre la esfera terrenal empleando elementos de la historia humana y también cósmica. La temática representada, de gran valor y relevancia iconográfica y simbólica, comprende varios temas asociados con la mitología taoísta y la historia confuciana. Se distinguen cuatro grupos temáticos: el de los emperadores legendarios, en pequeñas losas individuales, en una posición semi-perfilada, y con inscripciones explicativas en su margen izquierdo; las escenas que ilustran célebres cuentos confucianos, sobre todo aquellos en los que se destaca el valor de la piedad filial; una serie de escenas de la historia previa a la dinastía Han y finalmente; varias escenas relativas a personajes o a relatos característicos de la mitología taoísta.

El uso de la piedra, poco usada en fases previas pero ahora relevante en el santuario, refleja ideas acerca de la permanente conmemoración asociada a ideas cambiantes referidas al otro mundo así como al lugar que el individuo ocupa en él.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, junio, 2021.

15 de junio de 2021

Personalidades de la antigüedad en China e India




Imágenes (de arriba hacia abajo): ilustración de Qinshihuang en un álbum coreano del siglo XIX, hoy en la British Library; rollo colgante pintado sobre papel de Zhang Lu, de época Ming, que muestra a Laozi montado sobre un búfalo de agua. Museo del Palacio Nacional, Taibei y; relieve de Amravati, del siglo I, que probablemente representa al rey Asoka. Museo Guimet de París.

A pesar de una numerosa presencia de personalidades relevantes en ambos ámbitos geo históricos, se hará énfasis en algunos de los más conocidos, estudiados y sobre los que hay mayor documentación histórica. Es así tanto en el ámbito de la política como en el de la sociedad y la cultura. En el caso de China, fijaremos la mirada en el Primer Emperador, Confucio, Laozi y el emperador Han Wu Di, en tanto que en el de India, se tratarán prestigiosas personalidades de la historia antigua, concretamente los referentes de las dinastías Maurya y Gupta, Asoka, Chandragupta y Samudragupta, respectivamente. 

Qin shi Huangdi es el nombre del primer emperador de China, primer gobernante de la dinastía Qin (221-210 a.e.c). Durante el período de los Estados Combatientes, a fines de la dinastía Zhou Oriental, el reino de Qin fue el que alcanzó el poder derrotando a otros seis reinos, gracias a su superior desarrollo militar y a su organización socio-política. El rey Ying Zheng (nombre verdadero del emperador), después de la unificación, en 221 a.e.c, se proclamó emperador (huang di, "augusto emperador”. Considerado un déspota, estableció un estado unificado, centralizado y burocrático. Aconsejado por un ministro de nombre Li Si e inspirado en la filosofía legalista creada en el siglo III a.e.c. por Han Fei, organizó un sistema centralista cuyo eje fue la aplicación de la ley mediante un código de premios y castigos. Su intolerancia originó la persecución de los seguidores de Confucio y la quema de libros confucianos. Unificó también los diferentes sistemas de escritura existentes en un único estilo. Estandarizó pesos y medidas y estableció la unidad monetaria. Dividió el imperio en treinta y seis comandancias, gobernadas por un gobernador civil, otro militar y un inspector imperial (delegado del gobierno). A su vez, estas comandancias se subdividían en condados, gobernados por magistrados que dependían del delegado del gobierno. Ningún cargo era hereditario.

Construyó una red viaria que convergía en la capital, Xian. Mandó construir la Gran Muralla para reforzar la frontera norte y defenderla de los ataques de poblaciones nómadas. El historiador Sima Qian cuenta en sus Memorias históricas, la obsesión de Qin Shi Huang Di por la inmortalidad. Se hizo rodear de alquimistas, astrónomos y médicos con la pretensión de que le ayudasen en ese propósito. Su obsesión, unida al gusto por lo monumental y la magnificencia imperial, dio como resultado la construcción de una enorme tumba cerca de Xian, la que hoy se conoce por los guerreros de terracota.

Confucio, nombre dado por los jesuitas al llamado Kong Fu zi (maestro Kong); fue un letrado y pesador chino nacido en el Estado de Lu, en Shandong y que vivió entre 551 y 479 a.e.c. De familia noble, alternaría periodos en los que ejerció de maestro de otros con etapas en las que sirvió como funcionario. Sus preocupaciones principales fueron de orden moral, tanto en lo que respecta a la orientación de las conductas privadas como a las normas del buen gobierno. La moral se basaba en el altruismo, la tolerancia, el respeto mutuo, la armonía social y el cumplimiento del deber y el ritual, sobre todo la piedad filial. Su filosofía moral contribuyó a modelar la sociedad y la política chinas sobre una base común. Entendía que el pueblo debía someterse a las autoridades, si bien rechazando las actitudes tiránicas. Los súbditos debían obediencia al soberano, pues el Estado existía para buscar el bien de los gobernados; pero los gobernantes debían gobernar también según los rectos principios éticos, aplicando el ejemplo moral y no la fuerza bruta. Estos pensamientos conforman la base del confucianismo (escuela de los letrados o Ru Jia), que es más una ética que una religiosidad. El confucianismo se convertirá en la filosofía oficial del Estado con los dinastas Han. Desde esa época el sistema para seleccionar el personal funcionarial del Estado se haría mediante oposiciones en las que se seguía el estudio del pensamiento de Confucio. Fue, así, un pilar de la formación del hombre culto, al que se abrían las puertas de la burocracia y la promoción social.

Laozi es la denominación de un pensador chino que presuntamente vivió entre los siglos VI y IV a.e.c. Se duda, no obstante, de su existencia real, pues incluso su nombre, Laozi, responde únicamente a un título que significa viejo maestro, además de ser la denominación de un tratado a él atribuido. Por otra parte, se contaba su mítico nacimiento, ya siendo mayor en el seno de su madre. Una tradición le hace contemporáneo de Confucio, mientras que otras indican que trabajó como bibliotecario en Luoyang, la capital de la dinastía Zhou durante el periodo de los Reinos Combatientes (siglos V y IV a.e.c.). En cualquier caso, su relevancia radica en haber sido el autor del Daodejing, Libro sobre el camino y la virtud, desde el que arranca la filosofía taoísta. Aquí propone una filosofía laica y una moral individual que se centra en seguir el camino de la naturaleza (el Tao); en tal sentido, recomienda las virtudes de la sencillez y la naturalidad, censurando la ambición de poder y riqueza. Por ello, advierte a las autoridades que intervengan lo menos posible en la vida de sus gobernados. Con posterioridad, esta filosofía laica se transformaría en una religiosidad, a partir de otras influencias populares.

Wudi, o emperador Wu de la dinastía Han (206 a.e.c. a 220), vivió a caballo de los siglos II y I a.e.c. Bajo el reinado del “Emperador Guerrero” (140-87 a.e.c.) alcanzó la dinastía su máximo esplendor. Su política exterior facilitó la expansión de los territorios imperiales. Esta expansión territorial propició la conquista de Corea a fines del siglo II a.e.c., de las zonas de Annam (parte de Vietnam), de Xinjiang y de la Fergana (hoy en Uzbekistán). En 133 a.e.c., Wudi inicia una campaña contra los nómadas xiongnu, cuyas incursiones amenazaban el poder Han. Los derrota logrando de este modo el dominio de la denominada Ruta de la Seda. Convirtió la filosofía política de Confucio en una suerte de ideología social estatal dentro de la administración imperial.

Asoka, hijo del rey Bindusara, es el nombre del tercer emperador de la dinastía Maurya, que unificó y gobernó casi toda India, parte de Afganistán y Pakistán entre los siglos IV y II a.e.c. Con capital en Pataliputra (hoy Patna), el reino se fue expandiendo gracias al poderío militar, hasta que Asoka logró unificar todo el territorio de la India por primera vez en la historia. Las crónicas de la época recogen episodios, probablemente legendarios, sobre el rey, al que apodaron Chanda Ashoka o Asoka el cruel. El peregrino budista chino Fa Xian menciona la tradición de que Asoka había hecho construir un jardín amurallado, en el que torturaba a la gente. No obstante, el relato principal en estas crónicas es el que alude a la conversión al budismo de Asoka después de finalizar las conquistas maurya. La conquista militar del reino de Kalinga, en el actual estado de Orissa, hacia 262 a.e.c., que supuso la muerte de miles de personas y la deportación de una gran cantidad de enemigos se convirtió en la causa de su conversión religiosa, al entender que la conquista de un reino significaba muerte, destrucción y desventura. El rey y su séquito peregrinaron a Sarnath, en las afueras de Varanasi (Benarés), lugar en donde Buda había ofrecido su primer sermón. Desde ese momento se le conoció como Dharma Asoka o Asoka el piadoso.

El rey mandó grabar sus edictos, con las doctrinas del dharma y, sobre todo, con los preceptos morales budistas, en pilares en piedra que ubicó en los lugares santos del budismo, en los pasos de montaña y en las regiones fronterizas. Fundó monasterios, santuarios y hospitales propiciando que los súbditos peregrinasen a los lugares santos de India. Incluso envió misiones proselitistas a Sri Lanka además de embajadores hasta las cortes de Occidente, como la de Ptolomeo II Filadelfo en Alejandría. Encarnó, por tanto, el ideal budista del monarca universal, chakravartin, aunque a su muerte se debilitó el Estado, decayendo el imperio.

Chandragupta, fue un monarca de India (entre 320 y 298 a.e.c.), fundador de la dinastía Maurya y gobernante del reino de Magadha, tras destronar a la dinastía Nanda. Conocido por los griegos como Sandrocottos creó, desde el norte de India, el primer gran imperio indio, posteriormente extendido por su hijo Bindusara y su nieto Asoka. Pudo haber combatido a Alejandro Magno, aunque luchó con seguridad contra Seleuco I Nicátor (305 a.e.c.), logrando el control de Beluchistán y Afganistán. Al margen de la victoria Chandragupta contrajo matrimonio con una hija de Seleuco, quien enviaría a la corte de Pataliputra como embajador a Megástenes, autor de una obra, Indika, que nos ha permitido conocer la corte Maurya. La dinastía Maurya configuró un imperio centralista. Estaba dividido en cinco virreinatos, y cada uno de ellos en distritos, contando con un cuerpo de funcionarios encargados de la administración y la justicia. Además existía un cuerpo diplomático, a través del cual se enviaron embajadores a Occidente, al sur de India y a Sri Lanka, un hecho que favoreció el desarrollo del arte, con influencias persas, las tradiciones populares y el establecimiento del budismo. Según una leyenda el rey se haría monje exiliándose en el sur de India, donde moriría.

Samudragupta, fue el primer gobernante de la dinastía Gupta en India (entre 320 y 510), gobernando entre 330 y 380. Hijo de Chandragupta I y de Kumaradevi, una princesa Licchavi, fue considerado el rey ideal y el guerrero heroico que además cultivaba las artes, como la poesía o la música. El reino, que abarcaría desde Uttar Pradesh hasta los límites de Bengala,  fue expansionado por él en una serie de campañas militares. Tras derrotar a los Pallava y a otros reinos meridionales, restituye sus gobernantes aunque con la obligación de pagarle tributo. Recibiría homenaje también de regiones como Assam, Nepal, de diversas tribus de Rajastán y de la sección oriental del Punjab. Las inscripciones en monedas y en los pilares de Asoka en la localidad de Allahabad nos muestran a un Samudragupta devoto del dios hindú Visnú. Se podría decir, en tal sentido, que tanto él como sus sucesores serían los responsables de la consolidación del brahmanismo como código de comportamiento social y como un sistema teológico que todavía es imperante en la India actual.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, junio, 2021.

1 de junio de 2021

Poblaciones del antiguo norte de África: Garamantes y Númidas

En la época en la que los colonos fenicios y griegos alcanzaban las costas norteafricanas ya habitaban la región un pueblo denominado garamantes. A pesar de que hoy se trata de un terreno rocoso y árido, las fuentes grecorromanas mencionan su dieta, consistente en uvas, trigo, cebada e higos. En la zona norte de la región de los Garamantes, dicen estas fuentes, se encontraba una estrecha franja de tierra seca que era el único sitio en donde crecía la planta llamada silfio, que griegos y romanos buscaban ávidamente por sus propiedades gastronómicas y también medicinales. Según Heródoto los enemigos principales de los garamantes eran una población que moraba en cavernas (de ahí su denominación como trogloditas), a quienes combatían con lanzas desde sus carros. 

A partir de la presencia griega en tierras libias estas poblaciones acabaron por explotar los recursos mineros y el comercio. Se establecieron como intermediarios de bienes que transitaban la región trans-sahariana y el ámbito del Mediterráneo, comerciando con las gentes meridionales de África en busca de marfil, esclavos y oro.

Se sabe muy poco de su religiosidad. Silio Itálico, el escritor romano del siglo I, afirma que los garamantes consultaban a sus deidades en tumbas proféticas. Nombre como su principal divinidad un tal Ammon, denominación que tal vez esté en relación con el Amón-Ra egipcio (Amun). En época de la presencia romana los garamantes empezaron a urbanizarse. Entre sus asentamientos destaca el más extenso de ellos, de nombre Garama, en Libia. Desde ahí llevaban a cabo saqueos en provincias romanas ubicadas más hacia el norte, hasta que hacia 203 el emperador romano Septimio Severo dijo basta. Al final de la etapa romana, vemos a los garamantes desarrollando un sofisticado sistema de irrigación, aunque con el tiempo los niveles de los acuíferos bajarían y el sistema colapsaría por la falta del vital líquido. Finalmente desaparecen del registro histórico a comienzos del siglo VIII.

Numidia, cuyo nombre parece derivar de nómada a partir de la denominación griega, se configura como Estado en relación a Cartago. Estas gentes merodeaban en los alrededores de la colonia fenicia, ejerciendo como mediadores de las tribus seminómadas del desierto. Vivían como tribus autónomas con escasa presencia de lealtades entre ellos por parentesco. En cualquier caso, los cartagineses trataron con sus vecinos númidas como un simple grupo. Su diplomacia ayudó a crear dos confederaciones tribales hacia 200 a.e.c., que recibieron el nombre de Masilios (orientales) y Masesilos (occidentales). Entre ambos acabarían formando una nación que ocuparía buena parte de la actual Argelia, expandiéndose sobre Mauritania hacia el oeste y Túnez por el este.

Los númidas fueron parte integrante del fuego cruzado entre Cartago y Roma en sus enfrentamientos militares, específicamente en las dos primeras Guerras Púnicas (264-241 y 218-201 a.e.c.). Inicialmente, apoyaron a Cartago, ciudad con la que comerciaban y a la que servían, en ocasiones, como mercenarios, hasta que Masinisa optó por cambiar de bando (a la postre un cambio acertado, desde la perspectiva práctica del momento). Los victoriosos romanos convirtieron a Masinisa, como recompensa, en rey supremo de Numidia, gobernando casi medio siglo como aliado de Roma.

Bajo su liderazgo, los númidas se asentaron en ciudades, el Estado desarrolló la amonedación y floreció el comercio del aceite de oliva, en concreto a través del puerto de Cirta. Hacia 118 a.e.c. sería Yugurta quien, utilizando a su favor la corruptela de algunos senadores romanos y asesinando a sus rivales, llegaría al poder. A pesar de una inicial cercanía con Roma, los romanos atacarían su reino, en lo que se ha dado en denominar la Guerra Yugurtina (entre 112 y 105 a.e.c.), en principio signada por la corrupción,  incompetencia e ineficacia de los oficiales romanos, aunque ulteriormente la fuerza romana acabaría imponiéndose. Capturado Yugurta, sería ejecutado, lo cual vendría acompañado de una notable pérdida territorial de Numidia en favor de un Estado cliente de Roma, Mauritania.

Ya con César en el poder, el Estado númida sería dividido entre Mauritania y la provincia romana de África. Un tiempo después, el rey Arabio intentó revivir el reino de Numidia, en especial tras la desaparición de Julio César, aunque únicamente logró reinar cuatro años antes de perecer asesinado.  

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, junio, 2021. 

19 de mayo de 2021

Las manifestaciones estéticas en la Europa de la Edad del Bronce














Imágenes (de arriba hacia abajo): puñal en bronce de la Cultura de Unetice. Narodni Museum, Praga; brazalete en oro de Bilje, de la Cultura de Otomani. Museo de Historia Natural de Viena; capa de oro de Mold, Cultura de Wessex. Museo Británico; panorámica parcial del túmulo de Kernonen, en la Bretaña francesa. Bronce Antiguo (1800-1500 a.e.c.); plano del conjunto de Stonehenge, Inglaterra; vaso funerario en oro de Rillaton. Bronce Antiguo, Cornualles, Inglaterra; cono de Avanton, en oro, de la etapa del Bronce Medio (1500-1300 a.e.c.); Lúnula irlandesa (2000-1500 a.e.c.); diadema de la necrópolis de La Colombine (sepultura 101), hecha en colmillo de oso con bronce. Bronce Final (1300-700 a.e.c.); cascos de Vikso, en Zealand, Dinamarca, entre 1000 y 900 a.e.c. Museo Nacional de Copenhague; hojas de afeitar en bronce de Gerdrup y Darup (Dinamarca), con prótomos en forma humana. Bronce Final (900-700 a.e.c.); par de lurer daneses en bronce. Bronce Final, hacia 900-700 a.e.c. Museo Nacional de Copenhague y; pintura rupestre de Tanum. Barco con tripulantes que elevan armas o lurer. Bronce Final, Suecia.

La explosión socio-económica que conlleva la producción de un metal como el bronce tiene su base en las dos grandes rutas mercantiles de la época, la del estaño y la del ámbar. Será el eje centroeuropeo de la ruta del ámbar, en torno a Turingia y Sajonia la que en el II milenio a.e.c. comience a emplear el estaño para fabricar bronce. Los aspectos económicos y tecnológicos favorecerán el afán de la creatividad artística, manifestada en una metalurgia del bronce centrada en ornamentos, objetos suntuarios y ceremoniales.

En la Europa del Bronce Antiguo (2300-1500 a.e.c.) un factor clave en la propagación de la metalurgia del bronce será la fabricación, la posesión y la distribución de armas, especialmente debido a la implantación del factor social que conlleva la presencia de elites sociales poderosas, jerarquías necesitadas de una simbología del poder como medio de mantener el poder y magnificar su prestigio. La pretensión de disponer de las mejores armas y una elevada demanda de objetos suntuarios de carácter personal trajo consigo la consolidación de una intrincada red de intercambios. Los centros específicos de desarrollo serán aquellas regiones en las que el acceso a los yacimientos de cobre, estaño u oro es cómodo y sencillo, caso de los Cárpatos, Bohemia, Bretaña, Irlanda, Transilvania y las Islas Británicas. La posición privilegiada de los poderosos en estas zonas geográficas, aunado a la su necesidad de pieles y tejidos para la vestimenta o al gusto mostrado por el caro ámbar, daría lugar al suministro de objetos metálicos, incluidas las armas, a los países de la región escandinava. Una muy relevante cantidad de tales objetos valiosos fueron depositados en tumbas, como el caso de collares, puñales, espadas, vasos de oro, alfileres o joyas de diverso tipo. En la Europa de nobles guerreros de esta época la producción artística estará signada, sin duda, por las creencias religiosas.

En la Europa central dará comienzo la larga historia de las artes metalíferas, con la presencia de adornos, piezas de oro y armas. Las manifestaciones artísticas de la Edad del Bronce Antiguo en Centroeuropa consisten en construcciones funerarias, con sus respectivos ajuares principescos en zonas como Turingia y Sajonia, en los singulares estilos cerámicos de la región de los Cárpatos, en las armas de carácter y función ceremonial de Rumanía y Eslovaquia, así como en las joyas transilvanas.

Ocurre en el marco de la denominada Cultura Unetice (Aunjetitz), en la región al noroeste de la capital de la República Checa, Praga. La cultura ocupa una significativa región metalúrgica y está ubicada en la encrucijada de la ruta del ámbar. En sus tumbas aparecieron torques, puñales de hoja triangular, brazaletes y anillos. La fase más tardía de la cultura (hacia 1800 a.e.c.), se relaciona con las tumbas de cámara bajo un túmulo, que reciben el nombre de tumbas principescas (túmulo de Helmsdord, o el de Leubingen, en Sajonia-Turingia). En esta última, el ajuar funerario contenía puñales hechos en bronce, cinceles, hachas y piedras de afilar, además de dos anillos, un brazalete y un par de alfileres de oro. Además de puñales o alabardas, esta cultura también es la autora de un casco cónico (hoy en el British Museum), cuya semejanza formal con aquellos de las tumbas micénicas de los guerreros en Cnosos es singular. Tal vez como medida de salvaguarda ante algún peligro, en la fase tardía de la cultura cierto armamento fue ocultado en depósitos, como los dos puñales del depósito de Horomerice-Kozí Hrbety.

Las culturas de los Cárpatos presentan gran número de grupos culturales[1]. De entre ellos destaca, en el ámbito de las culturas del Bronce Antiguo en Eslovaquia, la designada como cultura Otomani, caracterizada por sus poblados amurallados. Esta cultura ha dejado constancia arqueológica de edificaciones de carácter religioso, particularmente Salacea, (Marghita, en Rumanía), un sitio fortificado en cuyo interior se han hallado, además de la característica cerámica (como el conjunto cerámico de Barca, Kosice), una serie de materiales sagrados como modelos de carro, la miniatura de un barco, vasos cultuales, cuchillos de piedra y figurillas, en los que la decoración principal consistía en acanaladuras y espirales entrelazadas.

Otra de las culturas rumanas es la identificada con la cerámica de Cirna. Cirna se asocia con una necrópolis de incineración cuyos vasos funerarios son cuencos de grandes aberturas con una decoración caligráfica (espirales, temas curvilíneos), geométrica y fitomorfa. Sus principales motivos son los puntos, guirnaldas y los arcos. Otro estilo decorativo en la región transilvana es el del lugar de Wietenberg, cuya cerámica presenta acanaladuras paralelas que configuran temáticas geométricas diversas, sobresaliendo la espiral y el meandro.

En el Europa atlántica del Bronce encontramos enseñas y emblemas de poder, como las mazas de mando, armas y hachas ceremoniales, enseres de distinción y prestigio, caso de las vajillas, tanto de metal como el oro, como de sustancias como el ámbar, además de adornos de tipo personal, del tipo brazaletes, collares y pendientes. Destaca el trabajo en oro del occidente del continente en el Bronce Antiguo, en especial el de la Armórica bretona y el de las Islas Británicas. No se puede comenzar a sintetizar el ámbito estético y religioso de la región atlántica sin mencionar Stonehenge, en Wiltshire, Inglaterra, una construcción ideada para medir con precisión la secuencia periódica y regular de las estaciones del año. El sitio dispuso de cuatro piedras de las estaciones ubicadas en las esquinas de un rectángulo, que delimitan un ángulo recto en el momento de coincidir con la línea del amanecer en el solsticio de verano. Stonehenge fue remodelado hacia 1750 a.e.c., levantándose en el centro del lugar un doble circuito de monolitos en arenisca de tonos azulados. Unas décadas después, volvió a ser renovado, erigiéndose un nuevo círculo de piedras enlazadas entre sí por enormes dinteles. Tal círculo megalítico encerraba cinco unidades de tres trilitos, un dintel y un par de soportes. Es muy probable que una jerarquía, tal vez sacerdotal, fuese la encargada de realizar el monumento, ejerciendo una autoridad de intermediación entre lo divino y lo humano.

Lo cierto es que esta estructura infiere la presencia de constructores vinculados por un sentido comunitario en lo relativo al más allá. Es la época en que los grupos humanos viven la tradición cultural del vaso campaniforme tardío, fase cultural que había sido la responsable de la industria del bronce en Gran Bretaña y en una buena parte del resto del continente. El motivo campaniforme es una vasija en forma de campana invertida que se decoraba con incisiones de bandas horizontales con diversos motivos geométricos, como triángulos rombos o espigas. Sus fabricantes son gentes guerreras cuyas tumbas contenían dagas metálicas, hojas de cuchillos, hachas pétreas y puntas de flecha en piedra, pero también botones de ámbar, vajillas, fáleras y brazaletes de bronce. El propio vaso campaniforme sería, no obstante él mismo, un objeto de prestigio, que acompañaría a las hachas de metal como símbolos de poder.

De esta época se destacan dos culturas sobre todas las demás. Se trata de la cultura de Wessex (zona sudeste de Inglaterra) y la cultura de los túmulos de la Armórica, en la Bretaña de Francia. Ambas presentan relaciones con Micenas, pues de la ciudadela micénica o bien fueron importados objetos de metal prestigiosos, o bien sabiamente imitados. Son sociedades probablemente estratificadas y comandadas por una elite principesca. Tañes señores guerreros se llevaban consigo a sus tumbas símbolos de su poder, como cetros o mazas, emblemas profesionales, caso de hachas de combate y puñales, además de referentes de su poder económico, como el vestuario u objetos de oro para el adorno personal. Las dos culturas elaboraron sepulcros individuales bajo túmulos, aunque los más notables por su estructura prominente son los armoricanos (por ejemplo Saint-Jude). La arquitectura megalítica bretona dejó evidentes rastros en estos túmulos de Armórica, como es el caso del gran túmulo de Kernonen. En este grandioso túmulo se encontraron tres cofres de madera, conteniendo hachas de bronce y puñales con empuñadura de madera en las que se incrustaron clavos de oro, mostrando diversos motivos geométricos (círculos, rombos). También aparecieron puntas de flecha de sílex talladas.

En la cultura de Wessex debe mencionarse el túmulo de Bush Barrow, en cuyo interior apareció un enterramiento masculino con un ajuar que contenía dos puñales de cobre y de bronce, respectivamente, una maza de piedra, joyas de oro, un cetro y un hacha broncínea. Por su parte, el túmulo de Upton Lovel, en Wiltshire, viene a ser la versión en femenino del anterior. En este caso el ajuar contaba con una placa de oro, un cincel de bronce, un cuchillo, vasos de cerámica y un collar de cuentas de ámbar. Paralelismos con Micenas se pueden hallar en otros túmulos, como el que contuvo el vaso de Rillaton, en Cornualles, un vaso áureo con paredes muy rugosas, de técnica semejante a los vasos de Eschenz y de Fritzdorf.

Un innegable afán de notoriedad de las personas inhumadas en estos ricos túmulos de la Armórica, de Gran Bretaña o incuso del valle del Rin, dio lugar a la acumulación de objetos para ser exhibidos y apreciados, lo cual pudo incentivar las rutas de comunicación y transporte desde las Islas Británicas al Peloponeso griego, propiciando una difusión de una suerte de indefinida koiné micénica por la Europa “bárbara” del bronce.

Las joyas áureas de Wessex se formaron en la tradición local de las joyas campaniformes pero con el añadido de técnicas continentales. Uno de los ejemplos más destacables es la Capa de Mold (Clwyd), un vestido ceremonial con esferas y pequeños diamantes en repujado. En este sentido, Wessex, que dispuso de un acceso directo y bastante cómodo al continente, debió ser un centro religioso en el II milenio, de ahí que las tumbas más llamativas no se encuentren alejadas del  lugar de Stonehenge. En la región isleña Británica, específicamente en Irlanda, sobresalen, además, los discos, hallados en parejas y con decoración de motivos cruciformes, destinados a ser prendidos en las ropas, y las lunulae, láminas de oro en forma de cuarto creciente lunar con extremos rematados en paletas, unas joyas de carácter personal que de llevarían colgadas del cuello.

Estas lunulae aparecieron en depósitos aislados. Suelen poseer una ornamentación a base de triángulos enlazados y rombos. Es muy probable que hubiese habido una inspiración en los motivos de la cerámica campaniforme, aunque no hubo mucha población campaniforme en Irlanda. Lo que parece seguro es que su posesión tendría como finalidad la exhibición, siendo símbolos de poder. Entre las principales lunulae se puede mencionar el ejemplar de Blessington, hoy en el British Museum. Estas piezas satisfarían el afán de representación y ostentación, así como el exotismo del Bronce Antiguo en un ámbito popular, en tanto que no formaban parte de ajuares funerarios.

Aunque los países de Escandinavia adolecen de recursos metalíferos produjeron sin embargo notables piezas de metal, como armas, adornos y objetos personales. Seguramente esta aparente contradicción se explica porque estas regiones contaron con una destacada moneda de cambio, el ámbar. Gran cantidad de ajuares metálicos y vestimentas fueron recuperados de las inhumaciones individuales en cajas hechas con troncos bajo montículos tumulares en Seeland, Jutlandia o Goteland. También en estas latitudes se hicieron donaciones votivas de armas (espadas sobre todo) y otros objetos de bronce a las aguas de ríos, pantanos, pozos o lagos, en honor de las deidades acuáticas y como recurso de protección divina.

Los discos de cinturón fueron objetos de la donación ritual, aunque también se depositaron en tumbas (Soborg, Hverrhus). Las placas de estos discos presentan bandas concéntricas que contienen espirales, un tema habitual en la metalistería nórdica durante la Edad del Bronce. Un disco de bronce, llamado disco del sol, apareció instalado en un carro de seis ruedas del que tira un solo caballo. Fue descubierto en la marisma de Trundholm, al norte de Zealand, y datado a mediados del II milenio a.e.c. Anverso y reverso del disco aparecen decorados con motivos de círculos, algunos engarzados en espirales. A través de unas riendas el caballo tira del disco solar. Va engalanado el animal con placas y motivos en oro.

Es bastante factible que el vehículo estuviese orientado a recorrer un camino análogo al del Sol; primero un camino de ida, de este a oeste, mostrando la cara más reluciente del disco, y después uno de vuelta, de oeste a este, con la cara menos luminosa o apagada. Aunque no se puede descartar su uso como un juguete móvil, tal vez la pieza represente en pequeño tamaño algún ejemplar ritual de mayor envergadura que podría haberse empleado en ceremonias y procesiones.

Desde el siglo XIII a.e.c. en Centroeuropa se hacen comunes los enterramientos en urna, en zonas como Provenza, Tirol, Polonia, nordeste de la Península Ibérica y valle del Rin. Se trata de las necrópolis llamadas Campos de Urnas del Bronce Final. La implantación de las tumbas de incineración en regiones llanas hacen retroceder las construcciones tumulares. El cambio de ritual funerario se produjo en zonas de Hungría, desde donde se expandió hacia occidente. Las ideas y conceptos fueron los que se movilizaron, no las gentes. Ello supuso una suerte de reorientación de las mentalidades.

Son bastante escasos los poblados y asentamientos, al margen de los enterramientos en urnas, en la Edad del Bronce Antiguo, pero ya más abundante en el Final, donde se localizan en elevaciones y promontorios. Estos yacimientos fortificados más notables corresponden a la cultura de Lausitz (Polonia y Alemania). La presencia de fortificaciones implica la de armas. En efecto, circularon grandes cantidades de armas de bronce, defensivas como corazas, escudos o cascos, además de ofensivas, del tipo espadas sobre todo. La panoplia militar acompañaba al difunto en su sepulcro, de ahí la habitual aparición de armas en depósitos enterrados o arrojados a ríos y pantanos. Muchos de los depósitos de objetos metálicos fueron de carácter votivo. Se consideran donativos de quienes los poseían a los espíritus de montes, grutas o aguas. No obstante, algunos pudieron ser almacenes de metal e incluso escondrijos en tiempos de crisis o de peligros inminentes.

Hubo dos áreas geográficas principales en esta época del Bronce Final, por un lado la Europa nórdica, y por el otro la atlántica. La primera destacó por sus broncistas y la segunda por sus refinados orfebres. Aunque las tumbas con ricos ajuares son frecuentes en las fases tempranas de las Urnas (siglos XIII y XII a.e.c.) en toda Centroeuropa, los ajuares de las urnas acabaron por uniformizarse, lo cual puede señalar la participación de más individuos en los asuntos comerciales, del transporte, la explotación de la tierra y hasta de la guerra, contribuyendo así a reforzar el engranaje social y económico de la época. En definitiva, la sociedad del Bronce Final pudo ser un tanto más igualitaria.

En el Bronce Final se elaboró tecnológicamente el equipo militar. Es así que las gentes guerreras de los Campos de Urnas empleaban escudos redondos, algunos de ellos hechos de cuero, aunque otros en bronce, que aparecieron en las tumbas. Destacan los ejemplares de Clonbrin y Churchfield, en Irlanda así como los hallados en depósitos en las Islas Británicas o Centroeuropa. También usaban coraza, bien en el ámbito real como ceremonial o ritual, entre las que destaca las nueve encontradas en Petit Marais, y la de Caka, en Eslovaquia. Al margen de escudos y corazas, fueron relevantes los cascos de cimera crestada, unas armas funcionales pero también llamativas al ser vistas. En este caso, se destacan los ejemplares de la marisma de Brons, en Vikso, Dinamarca, que destacan por presentar cuernos encorvados en la forma de una lira, y cuyas cimeras debieron estar cubiertas por penachos de plumas o tal vez cresta decorativas. Es muy probable que tales cascos hayan servido para un ceremonial de culto.

Los grandes recipientes metálicos hallados en determinadas tumbas de cámara de la época final de las Urnas (900-800 a.e.c.), son piezas de una gran calidad. Uno de ellos es el vaso de bronce de la Tumba Real de Seddin. Otro destacable es el ejemplar descubierto en el ajuar de una tumba de cámara en Acholshausen, que muestra cuatro aves acuáticas que empujan un carro de cuatro ruedas  que transporta una vasija de bronce. Tales vehículos con ruedas que llevan vasijas broncíneas con forma de crátera, ánfora o urna, son célebres en Dinamarca, Bohemia y los Balcanes. Han recibido la denominación de hervidores de agua. Estos carritos escandinavos y centroeuropeos que acarrean vasijas (vasija de Peckatel, vasija de Skallerup), debieron tener una clara función ritual.

El modo funerario de la inhumación no se abandonó por completo en la época de la Urnas en la Europa occidental. Este hecho ha permitido que algunas sepulturas hayan ofrecido en sus ajuares anillos, alfileres y adornos en bronce. En la tumba de Les Gréves destaca un pectoral, mientras que en la 101 de Colombine, lo hace una hermosa diadema formada al acoplar placas de colmillo de oso polar. En los ajuares de los enterramientos nórdicos se hallan conjuntos de ornamentos que se llevaban en el cuello (torques), en las prendas (fíbulas de disco) o en la cintura (discos), además de útiles de aseo personal. La temática ornamental principal es la espiral, que posee, a buen seguro, valencias simbólicas. Se trata de una temática que tuvo, no obstante, su génesis en Centroeuropa. Entre estos utensilios destacan las navajas de afeitar escandinavas, que adoptan la forma del casco de un navío, si bien las navajas suntuosas más antiguas adoptarían la forma de ciervos, seres humanos y prótomos de caballos en el agarradero, como es el caso del conocido ejemplo de Gerdrup. Otras temáticas sugerentes fueron, asimismo, aquellos alusivos al disco solar, figurillas humanas que son viajeros en los barcos y peltas que se parecen al perfil de las hachas de ceremonias. El afeitado debió formar parte integrante de algún tipo de ritualidad religiosa.

El trabajo en oro, en forma de joyas, es destacado en la Irlanda de la última fase del Bronce Final, entre 800 y 700 a.e.c.  Las joyas halladas en los depósitos destacan por las diversas técnicas empleadas, sobre todo el troquelado, el repujado, el grabado y el cincelado. Uno de estos depósitos, el del poblado fortificado de Mooghaun North, contenía casi ciento cincuenta piezas áureas, entre ellas brazaletes, torques y collares. Una producción característicamente irlandesa fueron las abotonaduras, cuyo principal ejemplar procede de Clones. Debieron desempeñar estrictas funciones rituales o ceremoniales. Sus orígenes pueden hallarse en las fíbulas nórdicas de placas discoidales.

Una parte relevante del legado estético de la Edad del Bronce europeo parece reflejar una religiosidad asociada al culto solar. Varios objetos, decorados con espirales y entramados curvilíneos, parecen responder, de forma directa o indirecta, a este culto, como es el caso de las aves acuáticas, ruedas, círculos radiados, toros con cornamenta, barcos, carros y los personajes que en ellos viajan.

Entre las figuras en terracota del ámbito danubiano destaca una estatuilla, hoy desaparecida (se perdió a lo largo del desarrollo de la Primera Guerra Mundial), cuya procedencia se registró en el cementerio del Bronce Medio de Klicevac (Serbia oriental). Hallada en 1881 en el interior de una urna con restos humanos cremados, se dató en la segunda mitad del II milenio a.e.c. y pertenece a la cultura de Dubovac-Zuto.

El aspecto es el de un ser que se muestra emitiendo haces lumínicos o de fuego desde una esfera celestial o inframundana. Su aspecto expresionista se resalta con su vestimenta: una falda acampanada con franjas de dameros entre bandas de zig zags. Los brazos convergen en el centro al lado de la placa colgante de un collar con broche circular, ornamento que combina con un torques con puntas en espiral. A la intensidad compositiva de nariz, cejas y orejas se suma unos ojos grandes, redondos y equidistantes, con elevado poder comunicativo. El cabello se recoge en una suerte de diadema denticulada. El sentido y la simbolización de la figura es desconocido, aunque es probable que se haya ideado mostrando algún poder sobrenatural.

A fines del II milenio pertenece un carruaje de terracota hallado en el yacimiento fortificado de Dupljaja (Vojvodina, Serbia). Se trata de un carro de tres ruedas que aparece tirado por un par de ánades erguidos que portan collares al cuello. El carruaje transporta a un personaje masculino de cara de ave, ornado con colgante y un torques, vestido con túnica talar que presenta triángulos incisos y círculos. Delante de la figura el carro lleva un tercer pájaro, en una posición centralizada.

Podríamos estar ante una figura que fuese una deidad y el ave su atributo. De hecho, la presunta deidad aparenta moverse gracias a la fuerza desplegada por los servidores-ave, y quizá se encuentra en un proceso de metamorfosis-transfiguración en su propio símbolo (el pájaro). Si al carro se le otorga una función ritual, representando el recorrido del astro solar, la figura que en él se encuentra podría entenderse como una divinidad del sol que está en sacra comunión con el ánade. Conviene recordar que agua, pájaro y carruaje se reúnen simbióticamente en aquellos vehículos que transportan vasijas de bronce tan típicos del Bronce Antiguo y Medio europeo.

En tal sentido, los pájaros en el fondo de un plato de un ajuar de incineración encontrado en un yacimiento de la cultura de Lausitz, Alemania, debieron desempeñar también un papel no únicamente ornamental, sino de carácter ritual.

Unos objetos en chapa de oro cónicos y alargados, en forma de cilindros apuntados y que suelen adoptar una base acampanada son, asimismo, propios del Bronce Final europeo. S ha dicho que pudieron ser una suerte de ritones con función de vasos rituales, o carcajs ceremoniales, sin embargo, lo más probable es que sean columnas ardientes o tal vez conos que se podrían interpretar como axis mundi y, por tanto, como objetos de culto solar en la Edad del Bronce.

La cerámica del Bronce Final tuvo una funcionalidad meramente artesanal, si bien en las últimas fases del período sobresalen vasos de ofrendas, platos y urnas con decoración geométrica. Se trata de la cerámica pictográfica, normalmente hallada en cuevas, localizadas sobre todo en el Languedoc y en Charente, al sur y oeste de Francia, respectivamente. En la ornamentación destacan trazos incisos formando espinas de pez o cuadrados, además de redondeles y lo que parecen simulacros de animales con dos patas. Incluso se muestran figuras con forma humana con las manos enlazadas, a modo de danzantes.

En depósitos votivos de Europa occidental, sobre todo en Dinamarca e Irlanda, han aparecido instrumentos musicales de viento, sobre todo la cuerna, un tubo cónico abocinado, y las cornetas danesas, trompas delgadas, largas y arqueadas, denominadas lurer. En este último caso destacan los ejemplos de Rorlykke y de Tellerup. Era un instrumento que se usaría en actos sociales diversos, procesiones y ceremonias religiosas.

En el arte rupestre del Bronce Final, representado en Irlanda, Galicia, Malta, Escandinavia o Bretaña, se encuentra la representación de laberintos, reticulados, manos, cazoletas o discos que configuran todo un repertorio iconográfico abstracto. La representación figurativa, en forma de animales, personas, armas, barcos o carruajes, se muestra integrada en una escenografía de danza, guerra, de procesión, caza o de labores varias. Se trata de un arte que ignora la congruencia escenográfica si bien parece tener, a través de un dibujo esquemático, plena consciencia de su contenido narrativo.

Uno de los centros principales de este arte lo encontramos en los Alpes Marítimos, en el denominado Valle de las Maravillas, en donde se pueden apreciar casi cien mil grabados en los que abunda la presencia de representaciones esquemáticas de cabezas de buey y símbolos en forma de cono (además de puñales y alabardas). La figura humana está poco representada, aunque una de las figuras más llamativas es el denominado Brujo, un rostro de trazos abstractos del cual surgen un par de manos que tienen puñales acostados. Tal vez estemos ante una deidad con poderes cosmológicos. En este valle parece que se rendiría culto, si se estima esta interpretación, a una divinidad de las tormentas, indomable ser creador y benefactor de la lluvia que fertiliza los campos de cultivo.

Otra buena serie de grabados rupestres los encontramos en Val Camonica, en donde predominan las composiciones monumentales, con presencia de vehículos, armas, ciervos y símbolos del sol. Gracias a su cornamenta, se consideraba al ciervo, representado en manadas, como un animal regio, que debió ser venerado por su fuerza y altiva figura. Es factible que por su aparatosa cornamenta fuese señalado como un animal propiciatorio.

La más sustancial riqueza nórdica de arte rupestre de la Edad del Bronce se encuentra en Zealand, Dinamarca, y en Bohuslän y Scanie en Suecia. Parecen referirse al culto a las aguas, al sol a los animales con cuernos como el toro, así como a divinidades benefactoras de la agricultura. Precisamente en Bohuslän destaca la figura humana de un gigante itifálico que porta un hacha ceremonial o bien una lanza. Por otra parte, danzantes y gesticulantes formando escenas sobre barcos están bien representados en Engelstrup. Por debajo de un barco que es impulsado por un par de aves se desarrolla una escena de adoración a un disco, probable manifestación de culto solar. El propio buque sería símbolo de prosperidad, vida y de movimiento. También son frecuentes, finalmente, los carros de dos ruedas en las rocas de Scanie, Suecia.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP-UFM, mayo, 2021.



[1]En los cementerios de la época en toda la región de los Cárpatos se adaptó la incineración como modo funerario bastante tiempo antes de la presencia y consolidación de las necrópolis de urnas centroeuropeas.