25 de noviembre de 2015

La mitología del gnosticismo y del maniqueísmo

El gnóstico entiende que la verdadera realidad espiritual del hombre es el Sí real y ontológico, consustancial con la propia sustancia divina. El conocimiento (que transmite un revelador-salvador) y que una tradición esotérica garantiza, salva por sí mismo. La iluminación-revelación suele acompañarse de una instrucción por la que el adepto se inicia en los misterios de la gnosis. La misma se fundamenta en comunicar de modo esotérico un relato mítico que es respuesta a los interrogantes existenciales, asociados a una concepción pesimista del mundo y de quien lo crea, el demiurgo, que sería una interpretación en negativo del Dios creador veterotestamentario, dios malvado, ignorante, frente al “bueno”, trascendente e incognoscible* (salvo a través de la revelación de la gnosis).
Un núcleo dualista, entonces, tanto de carácter cosmológico, pues opone el mundo neblinoso creado por el demiurgo, al superior y lumínico del pléroma o plenitud divina, como de tono antropológico, en virtud de la oposición entre principio espiritual latente (pneuma) y el compuesto psíquico y físico generado por el demiurgo que aprisiona la realidad divina. Desde el principio se distingue la plenitud de un mundo divino, pero un incidente (habitualmente un pecado cometido por el último eón emanado por la pareja inicial, identificado con Sophia) propicia el origen de un mundo deficiente, de vacío humano y cósmico. Estamos ante una mitología de autorreflexibilidad y ante una dialéctica interna que es una forma de proceso autorredentor. Autorreflexibilidad porque la mitología narra los aconteceres del Anthropos pleromático (una deidad especial), y autorredentor porque el proceso salvador llevado a cabo por la gnosis es un proceso de autoconocimiento (entiéndase “conocimiento” de la realidad divina**).
La mitología gnóstica incluye también una teología, una teogonía, una teosofía, una cosmogonía, una antropogonía y hasta una escatología. Las dos primeras, en función de que la mitología narra el nacimiento eterno de un dios desconocido; una teosofía porque con el mito se puede escudriñar el misterio que rodea tal nacimiento; una cosmogonía porque contiene una versión anti bíblica de la génesis de este mundo (lugar del mal por responsabilidad del demiurgo); una antropogonía, pues el demiurgo y sus malvados ángeles son los creadores del compuesto psicofísico transitorio humano, en el que el demiurgo inunde, sin embargo, el pneuma transmitido por la Sophia extrapleromática; y una escatología porque el mundo material que configura el artífice divino tiene como destino su destrucción, y solamente sobrevivirá la materia espiritual, capaz de “reconocer” su auténtica, verdadera naturaleza y origen.
La mitología gnóstica, en consecuencia, habla de las vicisitudes del dios concreto que es el gnóstico. Señala sus orígenes, menciona aquello que lo precipita en las tinieblas y en la muerte y precisa, finalmente, como la gnosis hace viable la vía de la salvación.
El mito maniqueo, por su parte, se fundamenta en la doctrina que se ha llamado de los dos principios y los tres tiempos. Desde el origen, dos fuerzas, Bien y Mal, se oponen, y se mantienen separadas, pero en el mundo humano, decadente, se entremezclan, y únicamente al final de los tiempos se separarán de modo definitivo.
En un primer tiempo hay una radical y completa separación de la Luz y la Tiniebla, ambos principios eternos, no engendrados. El primero, el Reino de la Luz, se encuentra en lo alto y es al casa del Padre de la Grandeza. Aquí, el Espíritu con su soplo, expande luz (vida) a los cinco elementos que configuran esta esfera y a los doce espíritus que la habitan. Mientras, el segundo, el Reino de las Tinieblas, se ubica abajo, y se conforma con cinco abismos superpuestos, cada uno de ellos presidido por un arconte. Estos cinco arcontes tienen formas diversas, de animales (león, pez, águila, serpiente) y de demonio. Este reino (que representa la mentira, la materia, los errores), tiene un “jefe”, un Príncipe de las Tinieblas, que simboliza el mal olor, la bajeza moral, los celos y la fealdad.
Hay varios momentos en el segundo tiempo o tiempo medio. En el primero, en el transcurso de una enorme batalla cósmica el Padre evoca a la Madre de los seres vivos y, a través de un proceso emanativo, hace que surja el Hombre Primordial (el alma del Padre), que encabeza la lucha contra el mal, al mando de cinco hijos (viento, aire, agua, fuego, luz). En la refriega resulta herido y cae a manos de los arcontes del mal. Así, se produce la mezcla mítica de tinieblas y luces; el resplandor divino cae en la materia. El Espíritu viviente liberará al Hombre Primordial, lo que establece el prototipo de la salvación. El Espíritu, aliado de la luz, comandando cinco hijos, da el grito salvador en el Reino de las Tinieblas que provoca la respuesta del Hombre Primordial. Se juntas las manos de ambos y el Hombre Primordial es rescatado.  Esta Salvador-Salvado, modelo de la salvación de las almas, se ubica con el Padre. En un segundo momento, el Espíritu viviente castiga a los arcontes, atándolos y desmembrándolos. Con la piel de los mismos configura la bóveda celestial, con su carne la tierra y con sus huesos las montañas. Como demiurgo liberador, el espíritu, libera parte de la luz (y así crea las estrellas, el sol y la luna). Para liberar todavía más luz, el Padre de la Grandeza envía al Tercer Enviado, Virgen lumínica que se encarga de excitar a los arcontes, con cuyo esperma crea la vegetación y los animales. Nace, al final, la primera pareja humana, Adán y Eva que son, en realidad, criaturas de la “mezcla”.
El tercer momento es el de los mensajeros gnósticos, cuando el Padre emana a Jesús, ser cósmico y trascendente, que crea el Gran Pensamiento (cuyo mensaje es la Gnosis, hija del Gran Pensamiento), y transmite a Adán el mensaje de liberación. Hay varios mensajeros (Sem, Abraham, Buda, Jesús, Zaratustra). En la última fase se liberan las últimas partículas de luz. Pero para que esto ocurra de forma absoluta hay que esperar a los últimos tiempos. En ese momento, habrá una batalla definitiva, y Jesús, como juez, separará a los salvados de los condenados lo que generará la completa derrota de las fuerzas del mal.

*Deus absconditus, Primer Principio. Sustancia infinita y desconocida (no puede ser conocida por vía negativa porque no toma decisiones). Trasciende el ente, del que es su origen. Existencia absoluta y exclusiva, de la que nadie participa. Ni es principio de algo ni padre de alguien, por eso está en perfecta auto subsistencia. Esta perfección autosuficiente, no obstante, se interrumpe, pues es infecunda, por lo que se requiere una auto contemplación fecundante, de modo que Dios se identifica con el agua de vida, la sustancia pneumática femenina que lo rodea. Entonces, se manifiesta a sí mismo su propia semejanza. Es un nacimiento eterno, el de un Hijo, un acto de gracia que conlleva el misterio de la libertad divina. La “generación” como manifestación de la potencialidad latente en la naturaleza divina, propiciará el inicio del camino de la salvación.
** La influencia cristiana en textos gnósticos (Basílides, Valentino), propició la construcción de una soteriología, en la que es crucial el elemento de la gracia divina y su talento salvador.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. 25 de noviembre del 2015

Las culturas Erlitou y Xiaqiyuan: ¿inicios de las primeras dinastías chinas de la antigüedad? (II)

La formación del estado de Erlitou incluyó una rápida expansión territorial colonizando las regiones adyacentes, zonas periféricas en el sur de Shanxi, Hubei y Shaanxi, en donde abundan ricas fuentes naturales, especialmente sal y metales. Tal expansión “cultural” fue fruto, muy probablemente, de migraciones de población dirigidas por un estado “centralizado” para procurarse fuentes materiales vitales. La expansión de la cultura material Erlitou en distintas direcciones pudiera sugerir, en consecuencia, diversos intentos de alcanzar un dominio político y de“colonizar” una periferia rica en fuentes primordiales. De hecho, Erlitou mantuvo contactos, directos o indirectos, con lejanos lugares con la intención de adquirir bienes exóticos. Es el caso de los caracoles, cuyo posible origen debió encontrarse en la región oceánica de India, así como de los motivos decorativos que presentan características de culturas centroasiáticas, como se evidencia en algunos enterramientos elitescos de Erlitou. La relación entre el centro y la periferia de la entidad Erlitou apunta al desarrollo de un control económico y político centralizado, hacia la nuclearización de la población que acompaña el urbanismo y a una expansión política y militar.
Cuando la cultura Longshan se desarrolló en la Erlitou, se produjeron una serie de cambios en los modelos de asentamiento y en la cultura material. Decreció el número de sitios arqueológicos y se nuclearizaron los asentamientos, haciéndose mucho más grandes y, en consecuencia, la estructura política cambió, de la coexistencia de múltiples entidades políticas en competencia, a una sola en la cual un único gran centro dominó otros más pequeños y a un número significativo de villas en una región muy extensa. Apareció también una nueva categoría de símbolo de estatus, el moldeado del bronce, en forma de armas y vasos rituales*; los estilos cerámicos alteraron su diversidad (de las seis variantes dela cultura Longshan, se pasó a una cierta uniformidad, a través de las dos variantes de Erlitou), un hecho, probablemente, relacionado al crecimiento de la centralización económico-política. La supresión de pequeñas entidades políticas, un mayor y más libre movimiento de los artesanos en las zonas controladas por el estado, y la expansión de la influencia cultural Erlitou, pudieron ser factores que expliquen la reducción de la variabilidad estilística.
En cualquier caso, no se puede asegurar si la distribución de la cultura material Erlitou coincidió con el territorio del “estado”, si bien la entidad política estableció una dominación económica y política sobre un territorio mucho más extenso que cualquier otra entidad neolítica. Como entidad centralizada, Erlitou puede caracterizarse como un estado territorial (Trigger, Liu, Li). El sistema político-económico Erlitou ha sido descrito también como un “sistema mundial”; es decir, la presencia de un centro dominante (urbano) con diversas regiones periféricas subordinadas, rurales (Frank, Kohl, Stein, Wallerstein). El estado pudo formar una red interregional focalizada en la producción y distribución de bienes de prestigio, sobre todo bronces. Tal red o armazón, incorporaría dos sectores interdependientes, que se han señalado como centro y periferia. El centro, dominante, controlaría la producción de esos bienes prestigiosos, mientras que la periferia, subordinada, proveería materias primas, como los lingotes de metal o la sal. La élite Erlitou, en el centro o núcleo, habría alcanzado el dominio a través de la fuerza militar, estableciendo puestosavanzados en la periferia para asegurar el flujo de materiales e informaciones. Este sistema-mundo sería sostenido ideológicamente por un sistema de creencias ya formado y centrado en los cultos a los ancestros.
Los tipos cerámicos de la cultura Xiaqiyuan son similares a aquellos de la cultura Erligang, vinculados con la dinastía Shang antigua. El límite entre las dos culturas se puede trazar en el río Qin y en una parte del río Amarillo. Al oeste del río Qin y  al sur del Amarillo encontramos la cultura Erlitou, mientras que al este del primer río y al norte del Huanghe encontramos la cultura Xiaqiyuan. Tal demarcación cultural, arqueológicamente confirmada, parece coincidir con el desarrollo del territorio de la dinastía Xia tardía.
La cultura Xiaqiyuan probablemente derivó de una tradición mixta vinculada a las culturas Longshan en el norte de Henan y en el Shanxi central**. Puede dividirse en dos variantes, Zhanghe y Huiwei. Se han identificado casi cuarenta sitios de esta cultura (Li Boqian, Zhang Lidong, Liu Xu, Zhao Zhiquan). Los arqueólogos han concebido la posibilidad de que la cultura Proto-Shang en Henan del norte, como sus predecesores Longshan, se caracterice como un sistema de jefaturas en competencia. Los textos de la antigüedad registran que Xia y Shang estuvieron frecuentemente engarzados en guerras con otra serie de grupos étnicos. Algunos autores han visto una correlación de la variante Zhanghe con Proto-Shang, mientras la variante Huiwei con el estado Wei***, que fue derrotado por los Shang (Zhang Lidong, Zou).
Así pues, si la cultura Xiaqiyuan se vincula con Proto-Shang, estos, difícilmente debieron haber sido un único grupo étnico o una simple entidad política, sino un número determinado de jefaturas probablemente en competencia con otra forma de dominación regional. Esta cultura Xiaqiyuan parece ser la red de unas entidades políticas de moderado tamaño más que una simple entidad política megalítica dominando un pequeño número de entidades. El estado Erlitou, por su parte, parece haber emergido de un conjunto de jefaturas y haber continuado coexistiendo con muchas de ellas (que mostrarían diferentes grados de complejidad social), llevando a cabo un proceso de expansión sobre el territorio. En definitiva, el estado fue creado, más que evolucionado, del contexto de grupos de jefaturas en competencia, cuando una de ellas adquirió poder sobre sus vecinos, a los que convirtió en provincias de una mayor entidad política.

*La producción de bronces pudo haber sido una “industria” controlada por el estado, que aseguraría así su monopolio de los objetos de bronce para uso ritual y militar.
**Las “llanuras centrales” (zhongyuan) es un término con un doble significado geográfico. En un sentido estricto se refiere a la región de Henan, pero en un sentido amplio, define el entero territorio que comprende el valle medio y bajo del río Amarillo. Habitualmente, la expresión se emplea para cubrir una región que incluye Henan y el sur de Shanxi, los lugares donde los primeros estados, Etlitou y Shang, se desarrollaron.
***No obstante, también se ha sugerido que la entidad política en el área Mengzhuang representó el estado Wei.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. FEIAP-UGR.

12 de noviembre de 2015

Las culturas Erlitou y Xiaqiyuan: ¿inicios de las primeras dinastías chinas de la antigüedad? (I)

El establecimiento de la dinastía Xia (2100-1600 a.e.c.) simboliza la emergencia del estado chino más antiguo. Los restos de la cultura material de esa dinastía se ven representados por la cultura Erlitou (1900-1500 a.e.c), centrada, en esencia, en la cuenca del Yiluo, en el Henan occidental (Li Xueqin, Wang Lixin, Childs-Johnson, Zhao Zhiquan, entre otros). Incluso los arqueólogos apuntan a que el sitio de Erlitou fue la capital de la dinastía Xia tardía (Gao Wei). La entidad política que representó Erlitou no sería la única. Su rival contemporáneo habría sido Proto-Shang. Correspondan o no este Proto-Shang a un grupo étnico o a varios de ellos, lo cierto es que los arqueólogos chinos han señalado que la cultura Xiaqiyuan, o una porción de la misma, en el norte de Henan y el sur de Hebei, se relaciona con esta cultura Proto-Shang, que antecedería a la “dinastía” Shang (Li Boqian, Yang Guijin, Liu Xu, entre otros).
La cultura Erlitou recibió su nombre de un sitio de la Edad del Bronce nombrado Erlitou, localizado en Yanshi, en la provincia de Henan occidental, y cuya superficie fue de unas 300 hectáreas. Las excavaciones, llevadas a cabo desde finales de los años cincuenta del pasado siglo, han desenterrado una serie de restos culturales que incluyen fundamentos de palacios o templos, talleres para el trabajo del hueso y el bronce, cimientos de viviendas, piezas cerámicas, hornos, objetos rituales en bronce y jade y enterramientos de diferente estatus social*. El período cultural se divide, en función de los estilos cerámicos, en cuatro fases. Se han hallado unos doscientos sitios con conjuntos materiales Erlitou en las regiones de los valles medios de los ríos Yangzi y Huanghe. Aunque la mayoría de los yacimientos se concentran en el sur de Shanxi y en Henan, algunos aparecen difundidos en Shaanxi oriental y Hubei. Erlitou representa una jerarquía de asentamientos de cuatro niveles: un centro mayor, Erlitou; dos menores, Fucun y Shaochai, once grandes pueblos de entre quince y veinticinco hectáreas de superficie, y un elevado número de pequeñas villas de menos de trece hectáreas. Los más grandes sitios se concentran en el área nuclear cerca de Erlitou, en la mencionada región de Yiluo. Este modelo de asentamientos indica la presencia de un sistema socio-político altamente integrado y centralizado.
La cultura se divide en dos variantes regionales, distintas según sus estilos cerámicos: la variante “Erlitou”, en los sitios en Henan, y la variante “Dongxiafeng” en los yacimientos del sur de Shanxi (Zhao Zhiquan, Zhao Qingchun). Los datos cerámicos y funerarios sugieren que la primera variante se desarrolló localmente desde la cultura Longshan, en el Henan central, a través de un período intermedio denominado fase Xinzhai (período entre Longshan tardío y Erlitou Fase I). Por el contrario, la continuidad de la cultura material de la cultura Longshan y Erlitou en la variante Dongxiafeng es muy escasa. Los restos cerámicos más antiguos Erlitou en el sur de Shanxi y el valle del río Qin, del norte de Henan, corresponden a la Fase II, un conjunto cultural que pareciera una combinación de las tradiciones materiales locales y de regiones vecinas. Como las tradiciones culturales locales Longshan en el sur de Shanxi desaparecieron en la variante Dongxiafeng, mientras una asociación en la cultura material entre Erlitou en el Henan occidental y esta variante, se documenta bastante bien, se ha señalado que el cambio de la cultura arqueológica en el Shanxi meridional puede haber sido el resultado de una expansión de la cultura Erlitou desde su área central nuclear a las regiones del noroeste (Li Boqian, Li Weiming). Henan central, que parece ser, en consecuencia, el origen de la fase Xinzhai**, es el foco del surgimiento del estado Erlitou.
Ahora bien, que el centro primario de Erlitou haya sido el valle del río Yiluo más que el Henan central, donde la mayoría de los sitios Xinzhai se localizan, es un verdadero misterio. Los textos antiguos dicen que los reyes Xia reubicaron su capital en diversos sitios, muchos de ellos identificados en el área nuclear de la cultura Erlitou en el centro de Henan, donde el conflicto intergrupal y los constantes cambios de centros políticos son características comunes predominantes de la cultura Longshan tardía. Es probable, entonces, que ciertas reubicaciones de la capital Xia fuesen consecuencia de guerras intergrupales, aunque también resultado de la adivinación o de la elección deliberada de un gobernante (Keightley, Chang).
El primer centro urbano en Erlitou surgió en dependencia de un terreno agrícola fértil, de la disponibilidad del medio ambiente natural para la defensa militar, y del fácil acceso a las regiones circundantes a través de vías de agua para el transporte de mercancías. Así, fue asociado a diversos tipos de producción artesanal (cerámica, bronce, artefactos manufacturados en hueso***). No obstante, el desarrollo del núcleo de Erlitou pudo ser el resultado de una migración poblacional desde algún lugar o el desenlace de una amalgama de diversas villas de la región (Liu, Li). Aunque el proceso de urbanización comenzó en la Fase II, su culmen fue en la III, momento en el que la población del recinto urbano pudo haber alcanzado entre veinte y treinta mil habitantes. Es en la Fase III cuando se construyó un complejo de palacio-templo, con más de treinta estructuras, distribuidas de forma que probablemente tuvieron distintas funciones administrativas.
Tras la Fase IV (período Shang antiguo), el núcleo se redujo en tamaño y la población disminuyó y se dispersó. Como en las regiones adyacentes a Erlitou no se han descubierto bienes de prestigio, como jades o bronces rituales, se supone que las relaciones económicas entre el asentamiento urbano y aquellos rurales debieron ser asimétricas, lo que sugiere un sistema tributario (Flannery, Wright).


*La práctica mortuoria en Erlitou muestra que algunos enterramientos de élite se localizaron dentro del recinto palacial, completamente separados de las inhumaciones de las gentes comunes.
**La región central de la fase Xinzhai se ubica en el lugar donde sitios de la cultura Longshan tardía (Wangchenggang, Guchengzhai y Wadian) se establecieron.
*** La producción de bronce fue notable, sobre todo bronces rituales en la forma de vasijas para beber y cocinar, que fueron usadas en las ceremonias del culto ancestral, simbolizando, además, poder y estatus social. La metalurgia del bronce se evidencia en dos centros regionales del período Erlitou, Nanguan y Dongxiafeng.


Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-Caracas. FEIAP-UGR, España

29 de octubre de 2015

Fuentes no cristianas del cristianismo antiguo

En referencia al cristianismo se pueden distinguir tres conjuntos de fuentes no cristianas, integradas en las paganas grecorromanas, de principios del siglo II, las paganas de Sirio-Palestina, esencialmente del siglo I, y las judías de los siglos iniciales de la era cristiana.
En relación las primeras se destaca, en primer término, Tácito y sus Anales. Además de suscribir el carácter supersticioso del cristianismo, señala algunos aspectos relevantes, entre ellos que Jesús murió en época de Tiberio y durante la prefectura de Pilato, que se extendió entre 26 y 36, que lo hizo siguiendo el modo de ejecución romano más tradicional, la crucifixión, y que el cristianismo ya se había difundido por el Imperio para la época en la que escribe (el siglo II), afirmando que existía en Roma una comunidad cristiana importante en época de Nerón. También es referencial Cayo Plinio Segundo o Plinio el Joven, del que destaca la correspondencia con Trajano en la que consulta al emperador acerca de los mecanismos de persecución a los cristianos. A través de estas misivas se pude inferir una significativa presencia de cristianos en Asia Menor, la validez de los procedimientos contra los cristianos como una política de gobierno a comienzos del siglo II, y la asidua práctica de reuniones y algunos rituales cristianos.
Una fuente también destacada es el orador romano Marco Cornelio Frontón, que vivió en la primera mitad del siglo II. Escribió una Oración contra los Cristianos en la que plasma acusaciones de diverso tipo quizá originarias de comentarios callejeros. En Sobre la muerte de Peregrino, el autor satírico Luciano de Samosata (segunda mitad del siglo II, entre 120 y 190), menciona a los cristianos, descritos como ingenuos y poco sagaces. Luciano sitúa el origen del cristianismo en Palestina y afirma que Jesús, tildado de sofista, fue crucificado por los romanos.
Otro autor correspondiente a este primer grupo señalado es Suetonio (Vida de los Doce Césares), quien comenta la expulsión de la comunidad judía de Roma, encabezada por un tal Cresto, probablemente en torno al año 49, aunque muy probablemente alude aquí a Cristo y la predicación cristiana. De hecho, el nombre cristianos aparece escrito en ciertas obras romanas como chrestianos (derivado de Cresto, posible deformación de Cristo), en tanto que el nombre de Cresto está ausente en los epitafios de las tumbas judías del siglo I. Quizá Suetonio se refiera a los inicios del cristianismo en Roma y a las subsiguientes disputas y discusiones que la presencia cristiana generaría entre los judíos.
Otras muy parcas referencias se encuentran en los estoicos Epicteto, en sus Diatribas (55-135) y Marco Aurelio, en sus famosas Meditaciones (121-180), quienes etiquetan a los cristianos de irracionales, confiados, sumisos, dramáticos e irreflexivos.
En cuanto a las fuentes paganas de la región de Siria y Palestina se destaca, esencialmente, una carta de Mara bar Serapion, recogida en un manuscrito siriaco del siglo VII, que hoy se encuentra en el British Museum londinense, y que pudo haber sido escrita a fines del siglo I. En dicha carta se cataloga a Jesús como un rey sabio, a la altura de Pitágoras y Sócrates, cuya sabiduría sobrevive a su muerte, causada por los judíos, a través de su enseñanza.
En las fuentes judías, por su parte, Jesús y sus seguidores eran considerados, en términos generales como herejes, malditos y apóstatas. Se pueden destacar las Dieciocho bendiciones (Semoné esre), un texto-plegaria empleado como rezo en las sinagogas. El Talmud de Babilonia atestigua que la plegaria fue adaptada en Jamnia contra los cristianos en tiempo del rabí Gamaliel II, a fines del siglo I.
Otro texto es una baraitha del siglo II conservada en el tratado Sanhedrin del mencionado Talmud de Babilonia, en el que se menciona la muerte de Jesús y se le etiqueta como idólatra y hechicero. Es posible que dicha alusión corresponda a un tal Jesu, un mago discípulo de un rabino del siglo I a.e.c. No se olvide, no obstante, quesemejantes acusaciones contra Jesús aparecen en el Nuevo Testamento. En el tratado sobre el ayuno pTa‘anit, es probable que la referencia a una falso profeta o mesías sea vinculable con la figura de Cristo. Otro tratado de la literatura rabínica, en este caso el Tratado b‘Aboda zara, dedicado a la idolatría del Talmud de Babilonia, refleja la convivencia cristiano-judía en Palestina, aunque también se intenta desacreditar la figura de Jesús.
También entre las fuentes judías hay que mencionar a Flavio Josefo, que vivió en el siglo I, y que escribió una obra titulada Antigüedades Judías, en la que se encuentran informaciones sobre Jesús, enmarcadas en el llamado Testimonio Flaviano, cuya autenticidad se discute. El fragmento pudiera ser una interpolación posterior de un copista cristiano. No obstante, en lo que subyace del autor judío, Jesús es presentado como un hombre docto, sabio y con grandes capacidades para obrar milagros.
Un hecho incontrovertible que las fuentes no cristianas señalan, en general, es la existencia histórica de Jesús. Según todas ellas, Jesús fue un predicador errante, sabio y hacedor de milagros y prodigios que terminó sus días crucificado bajo el poder romano.
 
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas; UGR, Granada.

21 de octubre de 2015

Homo naledi: un nuevo representante del género humano

Un nuevo homínido acaba de ver la luz este año 2015. Se trata del Homo naledi. Descrito por primera vez en agosto del presente año, fue descubierto en 2013 en la denominada cámara Dinaledi de la famosa cueva Rising Star, sita en Sudáfrica, cerca de la ciudad de Johannesburgo. Las investigaciones han sido llevadas a cabo por científicos de la Universidad Canterbury de Kent y del College CUNY de Nueva York. Fue hallado entre unos quince individuos y más de mil restos fósiles. El análisis de ciento cincuenta huesos, que incluyen una mano derecha de adulto, parece confirmar que este espécimen pudiera encontrarse entre los que conformaron las raíces de los primeros representantes del género Homo. Sin datación fiable por el momento, naledi se acerca morfológicamente a los erectus y al hábilis, aunque su volumen craneal es muy parecido al de los australopitecos. Podía usar sus manos con la habilidad y precisión necesarias para manipular, en tanto que sus extremidades inferiores, sus piernas y pies, son claramente humanos, si bien el tronco presenta características de australopitecinos. El pulgar fuerte y largo de naledi, así como la estructura de la muñeca son semejantes a los de los neandertales y humanos modernos. Según los expertos, pudo haber estado adaptado para trepar árboles y, al tiempo, para caminar como movimiento dominante.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV. Caracas

Relaciones culturales este-oeste en época prehistórica a través de las figurillas humanas neolíticas en China




Imágenes, de arriba hacia abajo: figurilla neolítica hecha en jade y hallada en la provincia de Anhui; huellas de construcciones en un yacimiento de la cultura Peiligang; y restos de un yacimiento de la cultura Yangshao.

Un conjunto diverso de figuras cerámicas antropomórficas han sido halladas en varios sitios neolíticos en el valle medio y bajo del río Amarillo. Es el caso de Jiangxicun, en Fufeng; de Liujiahe, en Ankang, en el sur de Shaanxi, que data de la fase Miaodigou del período Yangshao medio; y de Dengjiazhuang, en Lintong, también en Shaanxi, y del mismo período Yangshao. Las figurinas humanas neolíticas encontradas en la región pudieran ser reflejo de imágenes de practicantes rituales con toda su vestimenta característica. Una de ellas, muy particular, encontrada en el yacimiento de Zhouyuan, en Fufeng, porta un signo sobre la cima de su gorro que es idéntico a la inscripción oracular en hueso para wu, que significa mediador ritual (algunas veces traducido como chamán). Se ha sugerido que las figuras en cuestión pueden representar a los Sakas del Asia central, quienes fueron ejecutantes de magia, o que reflejen magos de origen iranio, quizá de la cultura Andronovo, como los que sirvieron como adivinadores en la corte real Zhou. Sin embargo, es difícil asegurar si esos individuos foráneos actuaban como simples entretenedores o como sacerdotes con gran poder en la corte Zhou.
Muchas de las figuras encontradas en Fufeng, cerca del río Wei, que se datan entre el IV y el I milenio a.e.c., tienen rasgos caucasoides. El valle de este río fue una región en la que los grupos étnicos del oeste y el este entraron en contacto. En tal sentido, los practicantes rituales con orígenes centroasiáticos representados en las figurillas, parecen poseer tanto rasgos mongoloides como caucasoides. Estilísticamente, no obstante, la mayoría de las figuras centroasiáticas son diferentes de los ejemplos Yangshao. Es el caso de una figura masculina de Kara-Depe, en Turkmenistán, que lleva barba, una anillo en la nariz y un gorro apuntado, así como el de varias figuras femeninas halladas en Geoksyur, también en Turkmenistán*, que aparecieron sin cabeza.
No se puede aclarar del todo si la civilización china antigua recibió alguna inspiración cultural desde el occidente. Los hallazgos de horquillas con cabezas caucasoides en Zhouyuan, y de diversos artefactos con características centroasiáticas en Erlitou, el primer sitio urbano de la Edad del Bronce en Henan, ha despertado un excitante interés en destacar las interacciones culturales entre la antigua China y los límites occidentales más allá de las fronteras de la China moderna. Las similitudes entre las figuras Yangshao y aquellas del Asia central parecen apoyar el argumento de que los contactos culturales entre este y oeste ocurrieron desde la prehistoria, mucho antes del establecimiento de la Ruta de la Seda.
Las más probables fuentes de la influencia cultural centroasiática pudieron haber estado en la región noroeste de la China actual, en Xinjiang. En esa zona, las tradiciones culturales han sido similares a las de la parte occidental de Asia central, reflejándose en una adaptación a un modo de vida de pastores en condiciones medioambientales semejantes, en las que se combinan desierto, estepas, montañas y oasis. Las regiones centroasiáticas se conectaban tradicionalmente con el este, con las llanuras centrales del norte de China, a través del famoso Corredor del Gansu, conocido cuando se estableció la Ruta de la Seda en los siglos III-II a.e.c.
Los descubrimientos de momias bien preservadas en la cuenca del Tarim sugieren que ciertas poblaciones caucasoides se asentaron en esta región hace bastante tiempo, al menos desde el 2000 a.e.c. La presencia de sombreros de varios estilos, de fieltro o de lana, decorados con plumas, cortos o apuntados, pudiera ser un reflejo de la costumbre regional que surge de la adaptación al medioambiente desértico de Asia central. Es probable que las gentes de la región de Xinjiang empleasen gorros de varios estilos durante los milenios V y IV a.e.c. También es probable que algunos de ellos, incluyendo practicantes rituales o magos, hubiesen viajado hacia las regiones orientales, dejando su imagen e impronta en los restos materiales que se encuentran en los sitios Yangshao.
Al margen de estos supuestos o probables contactos culturales, no se puede aseverar si la influencia centro asiática tuvo un destacado papel en los cambios socio-políticos que acontecen en el Neolítico chino. Las figurillas en arcilla se han desenterradas en todos los contextos arqueológicos en los sitios calcolíticos y de la Edad del Bronce de Asia central, desde basureros y habitáculos domésticos, hasta en el ámbito de la arquitectura monumental. Pudieron ser usadas, tal vez, en rituales, aunque no existe indicación alguna de actividades rituales centralizadas focalizadas sobre tales figuras. Además, no se puede saber si los individuos representados en la figuras se integraron formalmente en las sociedades Yangshao, o solamente fueron individuos itinerantes que iban de poblado en poblado ejecutando ceremonias locales. La antropología física no ha identificado, al menos hasta la fecha, esqueleto caucásico alguno entre las poblaciones Yangshao. Esto supondría que la dinámica de los cambios sociales derivó, con mayor probabilidad, de las propias sociedades indígenas (Yangshao) más que de las culturas distantes y foráneas.

*Ambos sitios datan de la cultura Namazga III, entre 3500 y 3000 a.e.c., contemporánea del período Yangshao tardío. Su ubicación, no obstante, es muy alejada de los “territorios” Yangshao: más de cuatro mil kilómetros.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. FEIAP-UGR (España)

11 de octubre de 2015

La construcción de una historia nacional y de la civilización china de la antigüedad

En los años noventa, un autor, de nombre Su Bingqi, estableció un modelo de investigación de nombre quxi leixing, fundamentado en las tipologías cerámicas. Dice que después del 10000 a.e.c. seis divisiones regionales más o menos estables (quxi) se formaron en el área que abarcó la China histórica: la región norte centrada en las montañas Yan y en la zona de la Gran Muralla; la región oriental focalizada en Shandong; las llanuras centrales (Shaanxi central, Henan occidental y sur de Shanxi); la región suroriental en torno al lago Tai; la zona suroccidental que incluye el área del lago Dongting y la cuenca de Sichuan; y la zona meridional que abarca el lago Poyang y el delta del río Perla. Tales culturas regionales se dividirían en fases locales (leixing). Cada región tendría su propio origen cultural y su propio desarrollo, aunque interactuarían entre sí para conformar el proceso de despliegue de la civilización china. Otro erudito, en este caso Yan Wenming, sugirió que las llanuras centrales habrían sido algo así como el centro de una flor, en tanto que las tradiciones culturales en las áreas adyacentes los pétalos de dicha flor. De este modo, enfatizaba el papel desempeñado por las llanuras centrales en el proceso que condujo a la civilización china, aunque reconociendo la existencia de elementos civilizatorios en la periferia en etapas prehistóricas. Con esta postura, sin embargo, se compromete, en cierta medida, la diversidad cultural.
Los gobiernos nacionalista primero, y comunista, después, intentaron configurar la población multiétnica de China en una unidad política viable y coherente. El concepto de nación, a partir de los años cincuenta del siglo XX, llegó a hacerse equivalente al de estado, descrito por Fei Xiaotong, a fines de los años ochenta, como duoyuan yiti (una entidad simple con múltiples componentes). En un proceso formativo amalgamativo, el núcleo dominante sería Huaxia y las gentes Han, aunque la interacción cultural entre Huaxia-Han y otros grupos étnicos no hubiese sido en una única dirección de difusión, sino de influencias mutuas. De tal modo, el concepto quxi lexing en arqueología, y el paradigma duoyuan yiti en una perspectiva sociológica, se compensaron uno al otro en la dinámica de construcción de la historia nacional.
En los años noventa del pasado siglo Song Jian elaboró un proyecto para reconstruir una cronología segura de las Tres Dinastías (Proyecto Cronológico Xia Shang Zhou), en el que empezaron a participar diversos expertos en arqueología, historia y astronomía. La finalidad, no alcanzada, era hacer la civilización china temporalmente comparable a las más antiguas civilizaciones del mundo, sobre todo las de Mesopotamia y Egipto. Una nueva organización investigativa surgió, entonces, desde el seno del Departamento de Arqueología de la Universidad de Beijing, el Centro para el Estudio de la Civilización, formalizado en 1999, que determinó hallar el origen último de la civilización china en las culturas del neolítico. En este sentido, la cultura Longshan se convertiría en el foco de interés primordial.
Siempre ha habido en la arqueología china una tendencia a identificar las culturas y fases arqueológicas, sitios e, incluso, útiles, con específicos grupos antiguos de personas que son nombrados en las leyendas, mitos y en la literatura histórica. Así, la cultura Longshan de Henan se ha considerado el grupo Proto-Xia, que daría surgimiento a la dinastía china más antigua registrada; o la expansión de los vasos cerámicos he y jue, representarían el desarrollo históricamente documentado de la migración de las poblaciones Xia y Shang. Términos tomados de las leyendas chinas han favorecido las discusiones académicas sobre la cultura Longshan. Es el caso de Wudi shidai o el período míticos de los Cinco Emperadores, que refiere héroes legendarios y sabios que habrían gobernado antes de la dinastía Xia. Un período de tiempo caracterizado por la coexistencia de muchos estados, cada uno de ellos posiblemente compuesto de una ciudad amurallada y algunas aldeas, una configuración que los hallazgos arqueológicos referidos a la cultura Longshan parecieran corroborar.
El pensamiento teorético concerniente a la evolución cultural en la arqueología china fue dominado durante mucho tiempo por la versión sinificada del marxismo. Se prefirió una perspectiva unilineal de evolución social que, todavía a mediados de los años ochenta y noventa, algunos autores suscribían (Tong Enzheng, Shi Xingbang). Todas las sociedades primitivas progresarían desde una organización clánica matrilineal-matrilocal-matriarcal, a una sociedad patrilineal-patrilocal-patriarcal, lo que suponía la transición de una sociedad “igualitaria” a otra estratificada, como resultado de la diferenciación en los medios de producción económica (sobre todo los útiles de metal). La división del trabajo habría formado la condición esencial para la acumulación de beneficios y el intercambio de mercancías. Así, las ciudades, centros artesanales y centros comerciales se habrían desarrollado, y una clase social basada en la propiedad privada y en la explotación se habría consolidado. Naturalmente, este armazón teórico ha sido puesto en duda porque la evidencia de una sociedad neolítica en China matrilineal y matriarcal es muy vaga, y porque son muy escasos los ejemplos de herramientas de metal usadas para la producción de subsistencia durante el período Longshan, o incluso durante la Edad del Bronce.
El modelo evolucionista se ha amalgamado con los nuevos conceptos de nacionalismo (Li Xueqin), formando el componente esencial, aplicado a través de la arqueología, en la reconstrucción de la historia nacional[1].
En la construcción de un esquema evolutivo cultural y social para China, un nuevo concepto gucheng guguo guwenhua shidai (período de ciudades arcaicas, estados arcaicos y cultura arcaica), propuesto por Su Bingqi hace unas décadas, ha ganado bastante popularidad recientemente. Gucheng, núcleo arcaico, se refiere al tipo de “ciudades” más antiguo que se separaron de las villas ordinarias, pero que no se desarrollaron plenamente como urbes; guguo, o estado arcaico, significa entidad política estable e independiente que trasciende la organización tribal basada en el clan. Los dos conceptos se incorporaron posteriormente en la primera parte de una trilogía evolutiva llamada guguo-fangguo-diguo (estado arcaico, estado regional e imperio). El período guguo, descrito como equivalente a chengbang (ciudades-estado), habría comenzado en la cultura Hongshan, hace más de cinco milenios en el noreste de China; el período fangguo, representaría un tipo madura de sociedad estatal, y habría sido visible en algunas culturas prehistóricas, como Liangzhu, en el valle del río Yanzi, y en el bajo Xiajiadian. Más tarde habría caracterizado las famosas Tres Dinastías. El último período comenzaría en la etapa de los Reinos Combatientes (siglo V a.e.c.), cuando algunos estados regionales mayores entrarían en conflicto militar por la dominación política[2].
Otra estrategia investigadora, como resultado del énfasis puesto sobre el desarrollo cultural regional (quxi leixing ya comentado), ha sido trazar los orígenes de la civilización china en cada región en una época más antigua de lo que se suponía. Se han intentado vincular ciertos logros culturales (manufactura de objetos de jade, construcción de monumentos ceremoniales), con el surgimiento de la civilización, o conectar desarrollos culturales neolíticos regionales con las actividades de los reyes y sabios legendarios. En consecuencia, sin embargo, los orígenes de la civilización china no se han podido correlacionar, en antigüedad, con sus contrapartidas mesopotámicas o egipcia, si bien el lugar de nacimiento de la dinastía Xia se ha identificado en localidades del norte y también del sur de China. Ha habido siempre una clara confusión entre civilización y estado, entendiendo la primera como una gran tradición cultural que contiene rasgos definidos, como un estilo artístico refinado, una arquitectura especializada, una escritura, un calendario, y el segundo como una forma de organización política. Ni quxi leixing ni los relatos mítico-legendarios proveen información suficiente para un análisis sistemático del desarrollo de la complejidad social en la antigua China.
El primer estado pudo haberse desarrollado en el norte de China, bien sea a partir de la cultura Yangshao, donde se construyó el primer asentamiento amurallado conocido, por mediación de la cultura Longshan, en donde diversos grupos de sitios amurallados y patrones mortuorios jerárquicos han sido arqueológicamente evidenciados, o desde la cultura Erlitou, momento en el que se desarrolló el primer urbanismo, asociado con complejos palaciales bien definidos, así como una especialización artesanal. Los estudiosos occidentales son más conservadores y cautelosos al respecto, y creen que el estado no se desarrolló hasta la etapa dinástica Shang, cuando se hacen observables las características de los estados burocráticos en los registros arqueológicos. Aquí se apuntará que Erlitou pudo haber sido ese primer estado, caracterizado por una nuclearización de la población, un control político y ritual centralizado, el desarrollo de una actividad artesanal especializada y por una más que presumible expansión territorial.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. UGR (Granada). 11 de octubre del 2015



[1] El modelo neo evolucionista, que implica la sucesión de banda a tribu, y de ahí a jefatura y estado, no ha sido, en realidad, extensamente adoptado.
[2] En este orden de cosas, Yan Wenming señala que el proceso de desarrollo de la civilización china puede ser categorizado en tres etapas: guguo shidai, período del estado arcaico, que incluye el período Longshan, equivalente a una “jefatura” y, por tanto, al origen de la civilización china; wangguo shidai, período del estado dinástico, que representarían las Tres Dinastías, período formativo de la civilización; y diguo shidai, o etapa imperial, que comienza en la dinastía Qin y finaliza en la Qing, cuerpo principal civilizatorio. 

2 de octubre de 2015

Los avatares de Visnú y la divinización de los ríos en India





IMÁGENES, DE ARRIBA HACIA ABAJO: EL DIOS VISNÚ DURMIENDO SOBRE LA SIERPE SESHA. TEMPLO DE DASAVATARA, DEOGARH, SIGLO VII; ESTATUA DE VISNÚ EN BRONCE, DE KERALA. SIGLO VIII; VISHNU CON TRIPLE ASPECTO, ANTROPOMORFO, COMO UN LEÓN Y COMO UN JABALÍ. GUJARAT SIGLO XI, Y LA DIOSA GANGA SOBRE UN MAKARA. TEMPLO DE BESHNAGAR, ÉPOCA GUPTA HACIA 500. MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON.

El dios Visnú, el medidor y protector del universo, establece el mundo como casa de los dioses y de la humanidad. Esta benevolente deidad, cuyo consorte es Shri o Lakshmi, hermosa diosa de la buena fortuna, se involucra con el género humano y por ello desciende a la tierra para encarnarse en los momentos en que el mundo de los mortales se encuentra amenazado por el mal. Sus avatares (encarnaciones, descensos), siguieron un modelo evolutivo: peces y reptiles; luego otras formas animales; después el enano Vamana hasta los seres humanos, y de ahí al futuro creador, Kalki. Tradicionalmente se fijó en diez el número de sus avatares. Las encarnaciones siete y ocho, Rama y Krishna, son héroes de la mitología hindú, en tanto que la novena, Buda, se asimiló más tarde, en torno a los siglos III o IV.
Matsya, el pez, fue la primera encarnación. Fue rescatado por Manu de ser devorado por un pez de mayor tamaño. Una vez crecido, y como compensación a la acción de Manu, el pez le advirtió de una inminente inundación catastrófica. Ayudó a Manu a construir un bote en el cual pondría a salvo semillas y animales con los que repoblar el mundo[1]. Kurma, la tortuga, su segundo avatar, soportó sobre su dorso el Monte Mandara durante el batido del océano cósmico. En su tercera encarnación, Varaha, en forma de jabalí, rescató la tierra. El demonio Hiranyaksha agitó la tierra en el océano cósmico, pero el dios se sumergió en el océano y mató al demonio. Encontró a la tierra en forma de una hermosa mujer y la condujo hasta la superficie sobre sus colmillos. Narasimha el león fue su cuarta encarnación. Hiranyakashipu (demonio hermano gemelo de Hiranyaksha), había destronado al dios Indra y se había proclamado soberano del universo[2]. Como su propio hijo veneraba a Visnú le condena a muerte, pero no es capaz de matarlo. Airado, el demonio golpea un pilar demandando saber por qué Visnú no se muestra él mismo. En ese momento, el pilar se abre, y la deidad encarnada en el hombre-león, lo desmembra.
Vamana, el enano, rescata al universo del demonio Bali. Para liberarse del poder de Bali asume la forma de un enano. Una vez que escapa, se convierte en gigante (Trivikrama), y cubre el mundo subterráneo, la tierra y los cielos en tres zancadas. En su sexta encarnación, Parashurama, había nacido como un brahmán, pero su destino indicaba que su vida debía de ser la de un guerrero. Armado con un hacha proporcionada por Siva, y en venganza por los insultos que se habían proferido contra su padre, eliminó a todos los miembros masculinos  de la casta guerrera y ordenó a sus viudas que cohabitasen con brahmanes para producir una nueva y más pura casta de guerreros. Como Rama (rey de Ayodhya), su séptimo descenso, asumió la propuesta de los dioses de destruir a Ravana, el malvado gobernante de Lanka, tal y como se narra en el Ramayana, Por su parte, como Krishna, octavo avatar, su nacimiento se ocultó a causa de una profecía que señalaba que el octavo niño de su madre mataría al malévolo rey Kamsa. Por ese motivo, Krishna fue traído al mundo en una comunidad de pastores. Tras matar a una serie de demonios, incluyendo a Vatsasura, asesinó a Kamsa. Fue el asistente del héroe Arjuna en la gran batalla de Kurukshetra, tal y como se relata en la gran epopeya Mahabharata.
Se decía que Visnú asumió el avatar de Buda (el noveno), para convertir a los demonios al budismo, o con la intención de debilitarles en sus luchas contra los dioses. También es factible que esta encarnación tenga que ver con la intención de Visnú de abolir los sacrificios de animales. El décimo y último avatar será Kalki, aun por venir. Se aparecerá al final de la presente era, el Kali Yuga, que comenzó en 3102 a.C. y finalizará más de cuatrocientos mil años después. En sus últimos períodos, la humanidad encarará la ruptura de la civilización y perderá los valores morales y espirituales. Esta divina encarnación, cabalgando un caballo blanco, será imprescindible para establecer una nueva era.
El río Ganges, que nace en el Himalaya y fluye des de el norte hacia el este de India, es sagrado para los hindúes, quienes creen que bañarse en sus aguas les posibilita alcanzar el cielo de Indra, Svarga (Monte Meru). Sacralizado como Ganga, hija del dios de la montaña Himavat[3], es su aspecto de gran diosa madre, Devi, se dice que emergió de un dedo de Visnú, descendiendo desde el cielo, sobre el cabello de Siva, sentado en el monte Kailasa (permitiendo con ello separar el río en diversas corrientes que impidiesen la inundación de la tierra), con la intención de limpiar la tierra de las cenizas acumuladas de los muertos. Todavía hoy las cenizas de los fieles se encomiendan a su cuidado[4]. Se cree que Ganga fluye también a través del mundo subterráneo, vinculando así los tres mundos o esferas. Se la percibe como un símbolo de pureza y se la retrata como una bella mujer joven, consorte de Visnú y Siva, y asimismo como un rey mortal, Shantanu.
Los hindúes reverencian además la ciudad de Prayaga (actual Allahabad), porque es el lugar en donde confluyen con el Ganges dos tributarios, el Yamuna y el subterráneo Sarasvati[5]. Este lugar de peregrinaje se considera tan sagrado que se cree que un pequeño pedazo de su suelo es capaz de borrar el pecado. La diosa Yamuna era la hija del dios Surya y su esposa Sanjna, aunque algunas veces se consideraba hermana de Yama, deidad védica de la muerte. Se piensa que propicia la fertilidad y las buenas cosechas; por ello se la identifica con la prosperidad. Algunas versiones míticas señalan como el río Yamuna se partió en dos milagrosamente para permitir a Vasudeva, el padre de Krishna, salvarle cuando era un bebé[6].
Sarasvati es una deidad de las fuerzas naturales. Tiene el poder de quebrar las montañas y de conversar con el bramido de las cascadas. Más tarde fue convertida en la creación, y consorte, de Brahma. Diosa de la música, la fertilidad de la tierra y la sabiduría, se la asoció con la invención del sánscrito y por tal motivo es conocida como la Madre de los Vedas. En tal sentido, fue identificada con Vak, diosa de la elocuencia, y por ello es concebida como una deidad del lenguaje, el arte y el aprendizaje. En muchas ocasiones, los escolares antes de sus clases le hacen ofrendas. Hermosa y temperamental a un tiempo era, en ocasiones, representada con cuatro brazos y cabalgando un cisne o un pavo real, o bien sentada sobre un loto. En ciertas ramas del budismo hace las veces de diosa de la instrucción y es la compañera del bodhisattva Manjushri.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. UGR, España


[1] Como Matsya, Visnú tuvo que matar a Hayagriva, uno de los daityas (asuras gigantes hijos de Diti, hermana de Aditi, una de las esposas del sabio Kasyapa, padre de Garuda), que se oponen a los dioses. Hayagriva había atacado a Brahma y robado los cuatro libros de los Vedas. Matsya lo mata y recupera los sagrados textos.
[2] Hiranyakashipu era una encarnación de Ravana. El demonio había persuadido a Brahma de otorgarle el poder de destronar al dios de las tormentas, Indra, y así enviar al exilio a los dioses del cielo. De este modo, se proclama rey del universo.
[3] Himavat, rey de los Himalayas, y personificación deificada de las montañas, fue también el padre de la diosa Parvati, cuyo nombre significa, precisamente, “hija de la montaña”.
[4] Los hindúes creen que morir en Varanasi, o brindar sus cenizas al río, liberarán sus almas del ciclo de renacimiento y muerte.
[5] La confluencia de los tres ríos se conoce como Tirtha, cruce ce lugares que capacita a los creyentes a transitar hacia la liberación de un círculo de renacimientos sin fin. Los siete grandes ríos de India particularmente reverenciados son, además del Ganges, el Yamuna y el Sarasvati, el Godavari, Narmada, Kaveri y el Sindhu.
[6] Sobre la bancada del Yamuna se erige la ciudad de Mathura, mítico lugar de nacimiento de Krishna. La ciudad es también un lugar de peregrinaje para jainas y budistas.

27 de septiembre de 2015

Aspectos mítico-legendarios del budismo en Occidente

En el año 1761, el sinólogo francés Joseph de Guignes, a la sazón miembro de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras francesa, publica un artículo, cuya extraña teoría, aunque no desprovista de cierto fundamento, impacta profundamente el concepto que del budismo tenía el Occidente de su época. En su ensayo, afirma que mediado el siglo V, seis monjes budistas chinos se trasladaron a México por vía terrestre y en embarcaciones a través de Alaska y la costa occidental de EE.UU. La teoría es sustentada por parte del erudito francés, en un documento, fechado en 499, y hallado en los archivos imperiales chinos. En dicho documento se registra la relación de tan extraordinario periplo hecha por uno de los monjes, de nombre Hui Shan, al emperador, el año 458. El monje designa el país que visitan con el término Fusang (un árbol de hojas semejantes a las de la encina). A partir de un minucioso estudio de las distancias, los personajes, las direcciones y los paisajes que recoge el documento, de Guignes concluye que el país de Fusang es México. Los detractores del sinólogo apuntaron que no hay ninguna prueba material de este descubrimiento, y si bien el documento ofrece garantías de autenticidad, su contenido puede deberse a la imaginación de un monje del siglo V.
En el último cuarto del siglo XIX, E. Payson Vining, publica el documento traducido, e identifica el árbol de Fusang con cierta planta nativa de México. Incluso sugiere que el nombre Guatemala podría provenir de Gautama (nombre que designa el clan de pertenecía de Buda) y de mala (denominación del rosario budista), y que el pueblo maya tendría su origen en la reina Maya (Mahamaya), madre del Despierto. A mediados del siglo XX, en concreto en 1953, Gordon Ekholm destaca diversas similitudes entre el arte budista y el de algunas culturas mesoamericanas, mientas que en los años setenta, Henriette Metz, a partir del documento original “reconstruye” el plausible recorrido de Hui Shan y sus compañeros. A lo largo de la ruta identifica nombres cuya etimología podría derivar de términos budistas o que comienzan con el prefijo hui (como el que identifica a los indígenas huichol). Estos indígenas, de hecho diseñan joyas sacras que presentan símbolos búdicos y a las que denominan sakai-mona (semejante al nombre Sakyamuni), y sus rasgos fenotípicos son muy parecidos a los de los chinos.
Otro buen ejemplo de los referentes míticos-legendarios que rodean el budismo que empezó a ser comprendido en Occidente, es el que rodea la vida cristianizada de Buda. En el siglo XVII, un viajero portugués, de nombre Diogo do Couto, conocedor de la versión ofrecida por Marco Polo de la vida de Buda, llega a Sri Lanka (antigua Ceilán), y emprende la relación entre el relato sobre la vida del Iluminado y la extendida narración, conocida en Europa desde el siglo XI, sobre las andanzas de un tal Josafat, hijo de un antiguo rey que, tras un encuentro con un ciego, un leproso, un asceta y un anciano, renuncia al mundo.
La versión novelesca de la vida de Buda llamada Vida del Bodhisattva, escrita en sánscrito a comienzos del siglo I, en India, fue, con posterioridad, traducida al iranio por maniqueos (entonces bodhisattva se convierte en Budasaf), luego al árabe, hacia el siglo VIII (ahora el nombre es Judasaf), y se vertió al georgiano, en donde la historia se cristianiza y se habla de Iodasaph, un joven príncipe que, contrariamente a lo deseado por su padre, es convertido al mensaje de Cristo por un anciano eremita llamado Barlaam. La versión cristianizada es traducida al griego en el siglo X por Eutimio Hagiorita (Joasap), y una centuria después al latín, de donde Josafat. La narración se amplía y se divulga en la cristiandad a través de Jacobo de la Vorágine y su La leyenda dorada, quien convirtió al príncipe indio y al eremita en dos santos heroicos de la lejana “cristiandad india”. Como la vida de Josafat alcanzó tanta popularidad, la Iglesia inscribió al santo indio en el primer martirologio oficial (a fines del siglo XVI). Desde esa época, y hasta hoy en día, la Iglesia Católica festeja a san Buda, el veintisiete de noviembre.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB Caracas.

20 de septiembre de 2015

El chamanismo y sus aspectos esenciales

El control y el aprovechamiento de los estados de conciencia alterada son la base del fenómeno que se conoce como chamanismo. Las experiencias de los chamanes son alucinaciones, y no simples visiones, que afectan, en grados profundos, a los sentidos. Estos estados profundos incluyen el trance, mundo en el que los chamanes penetran. Los estados de trance pueden ser provocados por diversos factores (además de ciertas condiciones patológicas), sobre todo por el consumo de drogas psicotrópicas, la privación sensorial, el aislamiento social muy prolongado, danzas desenfrenadas, intensos dolores, sonidos rítmicos constantes e insistentes y cánticos. Hay varios estados del trance. En el primero se observan formas geométricas (zigzags, puntos, líneas y curvas paralelas, meandros), que pueden tener colores vivos que se “mueven”. Algunas sociedades chamánicas les atribuyen u significado (los puntos brillantes pueden ser la Vía Láctea, ciertas líneas curvas el arco iris. En el segundo estado se intentan racionalizar las percepciones geométricas, transformándolas, dentro de sus ilusiones, en objetos plenos de significado emocional, religioso (el zigzag, por ejemplo, podría ser el movimiento ondulante de una serpiente).
El tercer estadio se alcanza a través de un túnel, al final del cual hay una fuerte luz. En los laterales de ese túnel se configura una malla en las que el chamán observa las verdaderas alucinaciones en forma de animales, personas y toda suerte de elementos. Al salir del túnel espera un extraño mundo  en el que seres monstruosos y humanos son de una realidad intensa. Las representaciones se pueden proyectar, como las del  primer estado, en las superficies que rodean a los chamanes cuando abren los ojos. Además, las superficies se “animan”, cambia la dimensionalidad, las cosas pueden transformarse en algo vivo. En esta última fase el chamán siente que puede volar, y se transforma en ave o en otra serie de animales. Los significados que puedan atribuirse a las imágenes de cualquiera de los tres estadios del trance van a estar condicionadas por la cultura. Así, un inuit, por ejemplo, verá un oso polar o una foca.
Los chamanes acceden a un estado alterado de conciencia con la finalidad de lograr curaciones, encontrarse con espíritus animales, modificar el tiempo, predecir el futuro o controlar, mágicamente, a los animales reales por un medio sobrenatural. Todas sus experiencias y actividades tienen lugar en el seno de un cosmos, de un universo propio. La iniciación chamánica principal es la que se denomina búsqueda de visiones, en lugares aislados y en condiciones extremas, lo que incluye la consumición de alucinógenos sacados de plantas con propiedades psicotrópicas. El chamán establece una relación con un espíritu-animal o incluso con una planta y absorbe su poder sobrenatural[1].
Los estados profundos de la conciencia alterada pueden interpretarse como una posesión por espíritus o como una pérdida del alma. Las sociedades agrícolas más sofisticadas suelen creer que el éxtasis del trance es provocado por un espíritu externo, bien sea malévolo o benéfico, que penetra en la persona, apoderándose de ella. En las sociedades de cazadores-recolectores, al contrario, piensan que los efectos y las alucinaciones del último estado del trance son el resultado de la salida o pérdida del alma; es decir, el espíritu del chamán abandona temporalmente su cuerpo, volando o desplazándose bajo tierra hasta mundos habitados por monstruos y espíritus de toda clase[2]. El “vuelo” puede darse también en sociedades agrarias.
El Universo chamánico suele estructurarse en tres estratos básicos o niveles, el mundo superior, el inferior y el de la vida cotidiana[3]. Los dos primeros están habitados por los espíritus y animales-espíritu. Cada mundo del cosmos chamánico está separado de los demás, y cada uno tiene una localización topográfica propia, pero están interconectados. No hay una distinción tajante y radical entre lo sobrenatural y lo real. Al explorar el cosmos también se revisan los universos espirituales. Los chamanes funcionan dentro del cosmos estratificado que ellos mismos “crean”. En tal sentido, son mediadores pues visitan los distintos mundos. El poste en el centro de la Danza del Sol de las culturas de las llanuras americanas representa los niveles del universo. Un águila en la cúspide del poste simboliza el cielo, mientras que un cráneo de bisonte sobre el tronco o en la base del mismo encarna el mundo humano y de los animales. Las ofrendas sobre el suelo, al pie del poste, representan entonces el mundo inferior. Entre los inuit el espíritu del mundo superior (Silapinua) habita en los cielos, mientras que el espíritu del mundo inferior vive en el fondo del mar (Sedna).
En general, la conducta del chamán es expresión de la representación de un rol que está culturalmente definido y socialmente organizado. Las creencias chamánicas, asociadas a ritos, mitos y símbolos propios, no constituyen, sin embargo, una religión ni un sistema doctrinal, si bien en diversas partes del mundo y entre culturas de diferentes características las tradiciones chamánicas asocian la realidad y la experiencia humana de maneras análogas. Dicha globalidad posibilita considerar que acciones y conceptos chamánicos hayan podido tener un origen muy arcaico, quizá remontable al Paleolítico.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV Caracas- UG Granada

Bibliografía referencial

-Clottes, J. & Lewis-Williams, D., Los chamanes de la prehistoria, edit. Ariel Prehistoria, Barcelona, 2001
-Eliade, M., El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, edit. F.C.E., México, D.F., 1976
-Halifax, J., Shamanism: the Wounded Healer, edic. Crossroad, Nueva York, 1982
-Harner, M.-J. (Edit.), Hallucinogens and Shamanism, Oxford University Press, Oxford, 1973
-Hultkranz, A., Native Religions of North America: the Power of Visions and Fertility, edic. Harper & Row, San Francisco, 1987
-Siegel, R.K. & West, L.J. (Edits.), Hallucinations Behaviour, Experience and Theory, edit. Wiley-Blackwell, Nueva York, 1975
-Smith, N.W., An Analysis of Ice Age Art its Psychology and Belief System, edic. Peter Lang, Nueva York, 1992
-Vazeilles, D., Les Chamanes, maitres de l’univers, edic. Le Cerf, París, 1991
-Vitebsky, P., El chamán, edit. Debate, Barcelona, 1996



[1] La noción de un poder sobrenatural no visible puede tener su origen en las sensaciones físicas que se experimentan durante el trance, como temblores o picores. Podría concebirse como una especie de fuerza vital.
[2] Se suele asimilar el viaje a distintas aves. Los buriatos de Siberia dicen que el águila es el prototipo del chamán; los san de Sudáfrica creían que los chamanes podían controlar las golondrinas y convertirse en ellas. La sensación de elevación se expresa también en historias de ascenso a los cielos por escaleras, árboles o postes. El viaje bajo tierra puede adquirir la forma de inmersión en el mar. El descenso puede ser, en esencia, parte de la iniciación chamánica.
[3] No siempre son tres los niveles. En algunas sociedades el número de niveles corresponde a la complejidad de la estructura social, como el caso de los zuñi.

2 de septiembre de 2015

Mitología griega en urnas cinerarias etruscas



IMÁGENES, DE ARRIBA HACIA ABAJO: URNA CINERARIA CON ULISES Y LAS SIRENAS. VOLTERRA, SIGLO II A.E.C.; URNA CINERARIA DE CHIUSI. SIGLO III A.E.C.; URNA CINERARIA DE LA FAMILIA CEICNA FETIU. VOLTERRA, SIGLO II A.E.C.

La mitología griega está muy presente en la cultura material etrusca. Uno de los ejemplos más notables lo constituyen las urnas cinerarias. Se verán tres casos concretos. El primero corresponde a una urna cineraria del siglo III a.e.c., de Chiusi, hecha en mármol, un producto característico del periodo helenístico. En la misma se presenta al muerto en un banquete, recostado sobre la tapa de la urna-sarcófago, en tanto que uno de los lados frontales más largos del sarcófago aparece decorado con una escena mitológica en alto relieve, que puede ser el reconocimiento de Orestes por su hermana Ifigenia en Tauris[1] o el mito etrusco del adivino Caco capturado por los hermanos Vibenna.
El segundo se refiere a la urna cineraria de la familia Ceicna Fetiu, datada en la primera mitad del siglo II a.e.c. En ella se encuentra, sobre la tapa, al difunto, que es retratado semi reclinado participando en un banquete. Está apenas vestido con una túnica y un manto. En la base de la tapa aparece la inscripción Arnth Fethiu Larisal. Por tal motivo, se ha atribuido la urna a una poderosa familia de Volterra denominada de Ceicna Fethiu. En el lateral frontal del sarcófago se representa la escena de la muerte de Mirtilo en muy alto relieve[2]; tanto, que las figuras parecen moverse en un escenario enmarcado por dos columnas estriadas. El conductor de carros, responsable de la muerte de Enómao, se refugia en un templo, representado por otras dos columnas coronadas por urnas. Mirtilo, hipnotizado por la presencia de Pélope con una espada, busca refugio junto a un altar. Mientras, Hipodamía, intenta rescatar de las manos de Mirtilo la rueda recortada del carro en el que su padre murió. A la derecha, un sacerdote huye horrorizado ante la visión del sacrilegio. El artesano de la urna, conocido como el Maestro de Mirtilo, encabezaba un taller que introdujo en Volterra el estilo barroquizante propio de los reinos helenísticos de Asia Menor. De aquí derivan los coloristas efectos y los movimientos dramáticos de las figuras.
El tercero se trata de otra urna cineraria fechada en la segunda mitad del siglo II a.e.c. Hecha en alabastro, fue hallada en Volterra. Es obra de un taller especializado en temáticas vinculadas a los mitos de Odiseo-Ulises. En el frontal de la urna se representa el conocido episodio de Ulises y las sirenas, enmarcado en un rico armazón decorativo. El héroe aparece atado al mástil de la nave, y se encuentra escuchando las canciones de tres sirenas, representadas a la izquierda, retratadas como mujeres suntuosamente vestidas. Las sirenas están sentadas sobre unos escollos, y están tocando la flauta de pan, la cítara y una flauta doble, conformando entre las tres algo semejante a una pequeña orquesta. Se consideraba en la antigüedad que este episodio mítico de Ulises era especialmente apropiado para las mujeres.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV-Caracas


[1] Ifigenia, tras salvarse de ser sacrificada por mano de su propio padre, Agamenón, vivió mucho tiempo en Tauris al servicio de la diosa Ártemis. Se encargaba de sacrificar a los náufragos extranjeros que recalaban en la costa. En una ocasión, reconoció a Orestes entre los extranjeros, que habían sido enviados por el oráculo de Delfos a buscar la estatua de diosa Artemisa. Ifigenia entregó la imagen y huyó con su hermano.
[2] Mirtilo, hijo de Hermes, era el cochero de Enómao, a su vez, hijo de Ares, y rey de Pisa, en Élide. Enómao impuso como condición a los pretendientes de su hija Hipodamía que debían de vencerle en una carrera, pero los retadores corriendo a pie y él en su carro. Uno de los pretendientes, Pélope, compró a Mirtilo para que traicionase a su amo quitando la clavija de una rueda del carro. Tal maniobra provocó que volcase el carruaje, lo cual hizo perder la carrera, y su propia vida, a Enómao.